jueves, 4 de junio de 2026

X Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 X Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A junio 7, 2026 
Oseas 6, 3-6 / Salmo 49 / Romanos 4, 18-25


El Tiempo Ordinario de la Liturgia, nos va ayudando a conocer internamente a Jesús, quien nos muestra el camino de salvación y además, nos invita a seguirlo en su misión …

Evangelio según san Mateo 9, 9-13

Jesús se fue de allí y vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos para Roma. Jesús le dijo: —Sígueme.

Entonces Mateo se levantó y lo siguió.

Sucedió que Jesús estaba comiendo en la casa, y muchos de los que cobraban impuestos para Roma, y otra gente de mala fama, llegaron y se sentaron también a la mesa junto con Jesús y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: —¿Cómo es que su maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?

Jesús lo oyó y les dijo: —Los que están buenos y sanos no necesitan médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan el significado de estas palabras: “Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios.” Pues yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Reflexión:

¿Cómo seguir a Jesús?

Este domingo, en la lectura del profeta Oseas, se nos recuerdan la necesidad de esforzarnos en conocer a Dios y como el Señor, hoy, seguramente se lamentaría de que muchos de nosotros, nuestro amor por Él, es muy poco y efímero en la práctica: nos llamamos cristianos, asistimos a mis (a veces), le pedimos cosas, favores, le prendemos veladoras, ofrecemos “sacrificios”, pero … ¡no vivimos sus enseñanzas!

Tal vez, solo tal vez, será por que precisamente: no conocemos a Jesús (ni a su Padre).

Al igual que, para conocer a una persona, necesitamos escucharla, pasar tiempo con ella, entender que le gusta sobre tal o cual tema, el por qué y para qué de su vida … lo mismo es necesario para conocer a Jesús.

Una forma de conocer a Jesús es, orando, meditando y reflexionando la Palabra, que se nos describe en los evangelios quien fue Jesús, que decía, que hacía, con quién andaba, cuál era su misión, y cómo anunciaba el Reino de su Padre:

·     San Ignacio de Loyola, en la segunda etapa de los Ejercicios Espirituales, nos invita a pedir el “conocimiento interno del Señor, que por mi se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga” [104] … Porque, cuanto más escucho a Jesús, más lo voy conociendo y comprendo su propuesta … y como dice el jesuita Adolfo María Chércoles, me puedo responder las preguntas: ¿qué me parece su propuesta? ¿la quiero?

·     Cuando escucho una propuesta, y afectivamente me toca internamente, en el corazón, entonces me importa, confío en quién la propone y me muevo para que se haga realidad.

·     Eso le pasó a Abraham, nos recuerda Pablo en la segunda lectura de hoy, confió en “la promesa de Dios, de una gran descendencia”, … eso también le pasó a Levi (Mateo), quien seguramente “había escuchado” a Jesús, atiende a su llamado y lo sigue … sin la excusa de ser un pecador (fallaba).

Otra manera de conocer a Jesús, es participando de la Eucaristía, recibiendo su Cuerpo y Sangre: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida" (Jn 6, 51)   

Hoy, nos toca a cada uno de nosotros, justos o pecadores, a estar atentos y escuchar la invitación a conocer mejor a Jesús, a seguirlo en nuestra vida diaria, haciendo su proyecto … ¡así nos salva!

Total, lo que Jesús quiere es que vivamos “el amor”, para tener una vida “que valga la pena vivir” ya desde ahora, en nuestro tiempo.  ¿Qué me parece? ¿lo quiero?

 

¿Cómo conocer mejor a Jesús?... ¿Cómo estar atento a las llamadas que me hace Jesús?... ¿Qué necesito dejar, para seguir a Jesús?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

X Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 X Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A junio 7, 2026
Oseas 6, 3-6 / Salmo 49 / Romanos 4, 18-25

Evangelio según san Mateo 9, 9-13

Jesús se fue de allí y vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos para Roma. Jesús le dijo: —Sígueme.

Entonces Mateo se levantó y lo siguió.

Sucedió que Jesús estaba comiendo en la casa, y muchos de los que cobraban impuestos para Roma, y otra gente de mala fama, llegaron y se sentaron también a la mesa junto con Jesús y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: —¿Cómo es que su maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?

Jesús lo oyó y les dijo: —Los que están buenos y sanos no necesitan médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan el significado de estas palabras: “Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios.” Pues yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

YO SOY PAN QUE SE PARTE Y SE REPARTE

José Antonio Pagola

El domingo ya no es lo que era hace unos años. En poco tiempo ha crecido y se ha convertido en el «fin de semana», que comienza ya el viernes por la tarde y en el que la mayoría puede vivir de manera diferente, escapando de las obligaciones del trabajo, de los horarios impuestos y de la rutina diaria.

No todos vivimos el fin de semana de la misma manera. Para algunos es una verdadera suerte: tienen iniciativa, posibilidades y amigos para disfrutar esos días. Para otros es un tiempo cruel, pues sienten con más fuerza su soledad, enfermedad o vejez; el domingo solo despierta en ellos tristeza y nostalgia. Otros temen el domingo, no saben qué hacer con él, se aburren; si no hubiera fútbol sería insoportable.

Teólogos y liturgistas se preguntan hoy cómo será en el futuro el domingo cristiano. ¿Se reducirá a una celebración de la misa aislada y sin conexión alguna con el fin de semana de la gente? Por el contrario, «¿no será posible –se pregunta Xabier Basurko– una integración dinámica de los valores humanos del fin de semana en la mística del domingo?». El liturgista vasco nos ofrece algunas pistas.

El domingo cristiano puede ser el alma del fin de semana, que ayude a los creyentes a experimentar mejor su libertad de hijos de Dios, sin imposiciones ni fines utilitaristas. La eucaristía podría ayudar a recuperar el sosiego y reavivar el aliento interior. El fin de semana podemos ser un poco más «nosotros mismos».

Por otra parte, se podría recuperar el sábado como fiesta de la creación; de esta manera se podría proseguir el domingo con la celebración de la salvación. Así piensan algunos liturgistas. La fe ayudaría entonces a vivir el fin de semana como una celebración al Creador y un encuentro con la naturaleza, no a través del trabajo, sino del disfrute y la contemplación.

Por último, la celebración de la «asamblea eucarística» puede dar un sentido más hondo a esa otra dimensión del fin de semana, que es la comunicación entrañable y gratificante con amigos y familiares, o el encuentro con otras personas y otros pueblos. El fin de semana puede ser experiencia de encuentro y comunión de hermanos. ¿Crecerá el domingo cristiano hasta ser «fermento y sal» del fin de semana de la actual cultura? En cualquier caso, podemos hacernos una pregunta: ¿sabemos los cristianos extraer de la eucaristía dominical aliento y alegría para vivir el nuevo domingo?

 

DIOS NO ES NADA DE LO QUE PODAMOS PENSAR

Fray Marcos

La eucaristía es una realidad muy compleja, que forma parte de la más antigua tradición. Tiene tantos aspectos que es imposible abarcarlos todos. Podemos quedarnos en la superficialidad del rito y perder así su riqueza. Podíamos considerarla como ‘acción de gracias’ (eucaristía), ‘Sacrificio’, ‘Presencia’, ‘recuerdo’, ‘alimento’, ‘fiesta’, ‘unidad’, ágape.

La eucaristía es un sacramento. Los sacramentos ni son milagros ni son magia. Se realiza un sacramento cuando un signo nos conecta con una realidad trascendente que no podemos ver ni oír ni tocar. La realidad trascendente, ni se crea ni se destruye; ni se trae ni se lleva; ni se pone ni se quita. Es inmutable y eterna. Está siempre ahí pero no se ve.

Para que haya conexión entre un signo y la realidad significada tiene que haber una mente activa que realice la conexión. La Realidad significada no es objetivable, más allá del sujeto que establece la relación no hay nada. La relación entre el signo y lo significado es real, pero solo mientras mi mente está activando esa conexión entre ambos.

Los signos no son el pan y el vino sino el pan partido y el vino servido. No se trata del pan como cosa, sino del gesto de partir y comer. Al partirse y dejarse comer, Jesús está haciendo presente a Dios, que es don infinito y total. Si quieres ser cristiano tienes que partirte, repartirte, dejarte comer, asimilar, desapare­cer en beneficio de los demás.

Es más tajante aún el signo del vino. Cuando Jesús dice: esto es mi sangre, está diciendo: esto es mi vida que se derrama en beneficio de todos. Eso que los judíos tenían por la cosa más horrorosa, apropiarse de la vida (la sangre) de otro, eso es lo que pretende Jesús. Tienes que hacer tuya, mi vida y derramar la tuya en beneficio de los demás.

La realidad significada no es Jesús en sí mismo, sino Jesús como don cuya entrega tengo que imitar. Ese es el significado que yo tengo que descubrir y vivir. Puedo oír misa sin que me obligue a nada, pero no puedo celebrar la eucaristía sin comprometerme con los demás. Si la celebración no cambia mi vida en nada, es que me he quedado en el rito.

No debemos confundir la eucaristía con la comunión. Tanto la eucaristía sin comunión, como la comunión sin referencia a la eucaristía dejan al sacramento incompleto. Ir a misa solo con la intención de comulgar es sencillamente una trampa.

La eucaristía no la celebra el sacerdote, sino la comunidad. El cura puede decir misa. Solo la comunidad puede hacer presente el don de sí mismo que Jesús significó. Es el sacramento del amor. No puede haber signo de amor en ausencia del otro. Por eso dice Mt: “donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

La comunión no es un premio para los buenos. No son los que “que están en gracia” los que deben acercarse a comulgar. Somos los desgraciados que necesitamos descubrir el amor gratuito de Dios. Solo si me siento pecador estoy necesitado de realizar el último signo del sacramento. Necesito el signo del amor cuando me siento separado de Dios.

Haced esto, no se refiere a que perpetuemos un acto de culto. Jesús no dio importancia al culto. Jesús quiso decir que recordáramos el significado de lo que acababa de hacer. Esto soy yo que me parto y me reparto, que me dejo comer. Haced también vosotros esto. Solo entregando vuestra vida a los demás como he hecho yo, llegaréis a plenitud humana.

Celebrar la Eucaristía es comprometerse a ser para los demás. Todas las estructu­ras que están basadas en el interés personal o de grupo, no son cristianas. Una celebración de la Eucaristía compatible con nuestros egoísmos, con nuestro desprecio por los demás, con nuestros odios y rivalidades, con nuestros complejos de superioridad, sean personales o grupales, no tiene nada que ver con lo que queremos expresar en este sacramento.

 

X Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

  X Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – junio 7, 2026  Oseas 6, 3-6 / Salmo 49 / Romanos 4, 18-25 El Tiempo Ordinario de la Litur...