miércoles, 7 de octubre de 2026

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – A – (Reflexión)

 XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 11, 2026 
Isaίas 25, 6-10 / Salmo 22 / Filipenses 4, 12-14.19-20


La Palabra de este domingo, nos invita a reconocer y agradecer al Señor, que siempre está atento a nuestras necesidades, para que tengamos una vida plena, que valga la pena vivir …

Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

Reflexión:

¿Acepto la invitación a gozar del Reino?

Con una analogía más, Jesús nos explica a qué se parece el Reino de su Padre: a una fiesta de un banquete de boda … en el cual podemos estar todos, si aceptamos la invitación.

Cuando conozco a la familia y/o a los novios, es “normal” que asistamos, cuando nos invitan, y estemos contentos con ellos, acompañando a los novios que inician una vida nueva; nos unimos y gozamos con ellos, en su alegría, con la convivencia, la comida y la fiesta… ¡todos queremos ir y gozar en la fiesta!

Pero, no todos aceptan la invitación, unos por no quieren, otros no pueden o no les interesa asistir. Así estamos hoy también, con la invitación que Jesús nos hace para “ser felices”, “tener una vida plena” o “gozar la vida”… no todos le hacemos caso a su “invitación” a vivir y gozar de la vida, a su manera.

Como que no le creemos a Jesús, que su “buena noticia” es para que, al hacerla realidad en nuestra vida ordinaria, seamos felices. Eso es lo que Dios quiere para nosotros, que seamos felices. La Buena Nueva de Jesús el “festín con platillos suculentos para todos… es alegría y gozo … ” (cfr. Is 25, 6-10)

Cuando pedimos en la oración del Padrenuestro, “que venga a nosotros tu Reino”, implica de nuestra parte, aceptar su invitación a estar con el Señor, habitando en su Casa, participando de su fiesta; es dejarme amar por Él, ponerme en sus manos, dejarme abrazar y cuidar por Él (cfr. Sal 22).

Pero, otro pero, participar del deseo de Dios, “de su fiesta”, requiere de cada uno, estar dispuestos a llevar “el traje adecuado”, es decir revestirnos de Cristo: que sus enseñanzas, principios y valores guíen nuestra vida, para ambientar con su fraternidad, justicia y paz, mi vida y la de los demás.

Por tanto, ser parte del Reino de Dios, es que reine en mí, en mi corazón, el amor generoso, compasivo, inclusivo y compartido, del Padre, que solo desea el bien de todos y cada uno.

¿Qué necesito para poder participar dignamente del banquete?... ¿Cómo se nota que he aceptado la invitación a vivir en Reino del Padre?... ¿A quiénes podría yo invitar a la fiesta del Señor?

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 11, 2026 
Isaίas 25, 6-10 / Salmo 22 / Filipenses 4, 12-14.19-20

Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

   #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

LA INVITACIÓN DE DIOS

José Antonio Pagola

Al parecer, la parábola del banquete fue muy popular entre las primeras generaciones cristianas, y ha quedado recogida en Lucas, Mateo e incluso en el evangelio apócrifo de Tomás. Las versiones son tan diferentes y las aplicaciones que se extraen tan diversas que solo nos podemos aproximar a los elementos esenciales del relato original.

Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos, pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plena. Esta fue ciertamente una de las imágenes más queridas por Jesús para «sugerir» el final último de la historia humana. No se contentaba solo con decirlo con palabras. Se sentaba a la mesa con todos, y comía hasta con pecadores e indeseables, pues quería que todos pudieran ver plásticamente algo de lo que Dios deseaba llevar a cabo.

Por eso Jesús entendió su vida como una gran invitación en nombre de Dios. No imponía nada, no presionaba a nadie. Anunciaba la buena noticia de Dios, despertaba la confianza en el Padre, quitaba los miedos, encendía la alegría y el deseo de Dios. A todos debía llegar su invitación, sobre todo a los más necesitados de esperanza.

Jesús era realista. Sabía que la invitación podía ser rechazada. En la versión de Mateo se describen diversas reacciones. Unos la rechazan de manera consciente: «No quisieron ir». Otros responden con la indiferencia: «No hicieron caso». Les importan más sus tierras y negocios. Hubo quienes reaccionaron de manera hostil contra los criados.

Son muchos los que ya no escuchan llamada alguna de Dios. Les basta con responder de sí mismos ante sí mismos. Sin ser tal vez muy conscientes de ello, viven una existencia «solitaria», encerrados en un monólogo perpetuo consigo mismos. El riesgo siempre es el mismo: vivir cada día más sordos a toda llamada que pueda transformar de raíz su vida.

Tal vez una de las tareas más importantes de la Iglesia sea hoy crear espacios y facilitar experiencias donde las personas puedan escuchar de manera sencilla, transparente y gozosa la invitación de Dios proclamada en el evangelio de Jesús.

DAMOS MIL EXCUSAS PARA NO ACEPTAR EL REINO

Fray Marcos

El domingo pasado el símbolo era la viña, hoy la imagen es el banquete. Es un relato polémico que acusa a los dirigentes judíos de haber rechazado la oferta de salvación que Dios hace por medio de Jesús. El relato intenta superar el trauma de la separación de la religión judía y advertir del peligro de repetir los mismos errores en la comunidad.

El texto de Is es una joya. El profeta tiene que hablar a un pueblo que atraviesa la peor crisis de su historia. Lo hace con una visión de futuro muy lúcida. Habla de manjares enjundiosos y vinos generosos, de quitar el luto de todos los pueblos, de alejar el oprobio y enjugar las lágrimas de todos los rostros, de aniquilar la muerte.

Bella oferta para un pueblo hundido en la miseria. Se trata de una salvación total por parte de un Dios en quien confía el profeta a pesar de las circunstancias adversas. Dios salva a todos. Apuntado, porque también allí se ponen condiciones: los que no son judíos se ven obligados a venir a “este” monte (Jerusalén) para encontrar salvación.

El banquete es una imagen muy repetida en el AT. Para Jesús significa el Reino de Dios. Para los que pasan hambre diariamente, es una ocasión única para quitar las penas. El banquete de boda era la única ocasión que tenía el pueblo de celebrar una fiesta. Se trata de una metáfora para indicar que Dios está con el pueblo.

Los primeros invitados son los jefes religiosos judíos que se negaron a aceptar el mensaje de Jesús. El prender fuego a la ciudad hace una alusión clara a la destrucción de Jerusalén. Los nuevos invitados son todos los seres humanos, sin importar ni raza ni condición social y, lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos.

El Dios de Jesús no es un señor que monta en cólera y manda acabar con aquellos asesinos. Esto no tiene nada que ver con la idea que Jesús tiene de Dios, pero responde muy bien al Dios del AT que a su vez refleja la manera de ser del hombre. Nos sentimos más a gusto con el Dios que premia y castiga que con el de Jesús.

Tampoco el añadido del individuo que no llevaba traje de fiesta tiene mucho que ver con el evangelio. Si salen a los cruces de los caminos para obligar a toda la gente que encuentren, ¿qué sentido tiene que se le exija un vestido de boda? La intención del evangelista es buena, pero se ha entendido literalmente y nos ha despistado.

El texto quiere evitar malas interpretaciones de la pertenencia a la comunidad. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar las ventajas sin vivir de acuerdo con el evangelio. No basta pertenecer a una comunidad. Solo el que de verdad se revista de Cristo (Pablo) puede estar seguro de entrar en el Reino.

Cuando el texto dice que los primeros invitados no se lo merecían, tiene razón, pero existe el peligro grave de creer que los llamados en segunda convocatoria lo merecían. El centro del mensaje del evangelio está en que invitan a todos: malos y buenos. Seguimos creyéndonos los elegidos, los privilegiados, los buenos con derecho a excluir.

Ojo a los motivos de los primeros invitados para rechazar la oferta. La llamada a una vida en profundidad queda ofuscada, entonces y ahora, por el hedonismo. Los cantos de sirenas de los placeres inmediatos son más persuasivos que las posibilidades de plenitud que podíamos desplegar desde nuestro ser más profundo.

No puede haber banquete, no puede haber alegría, si alguno de los invitados tiene motivos para llorar. Solamente cuando hayan desaparecido las lágrimas de todos los rostros, podremos sentarnos a celebrar la gran fiesta. La realidad de nuestro mundo nos muestra muchas lágrimas y sufrimiento causados por nuestro egoísmo.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

XXVII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 XXVII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 4, 2026 
Isaίas 5, 1-7 / Salmo 79 / Filipenses 4, 6-9

El evangelio de hoy, narra de una manera irónica, la historia del pueblo de Israel, que también es la nuestra como cristianos…

Evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: "Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?'' Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".

Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos''.

Reflexión:

¿Qué frutos del Reino doy?

La primera lectura y el evangelio nos describen muy bien actualmente, como vivimos en la sociedad: donde la inseguridad, violencia, abusos y egoísmo, parecen dominar; se da en todos los ambientes, familiares, laborares, comunitarios, políticos… personas y grupos queriendo sacar ventaja para beneficio propio.

Así es la viña que se describe en los textos de hoy, desde la mirada de nuestro Padre, creador de todo cuanto hay en este mundo, y quien nos ha arrendado / encargado todo para nuestro propio bien; sin embargo, al igual que en la narración, “ya nos consideramos dueños” de todo y de todos, incluso de la vida de los demás.

Ahí está el problema de los seres humanos, la voracidad y egoísmo nos impide poder convivir y disfrutar, todos,  de lo que el Señor nos ha previsto para vivir. Seguimos siendo como los “malos viñadores”, cerrados en “nuestro propio querer e interés”, ignorando que, de todo lo que gozamos, tan solo somos administradores…

Afortunadamente, el dueño de la viña (la vida), el Padre, es misericordioso con nosotros y más que destruir o quitarnos la viña, ha enviado (y lo sigue haciendo) mensajeros que nos recuerden como hacer realidad el deseo del Padre para nosotros, para que tengamos “una vida que valga la pena”. San Ignacio de Loyola, en los Ejercicios Espirituales ignacianos, en la contemplación de la Encarnación [106-107], ante la realidad del mal y el caos en el mundo, decide la Trinidad hacer redención, en el Hijo, Jesucristo.

La invitación personal es a, escuchar y aprender de Jesús, que nos muestra el camino para dar frutos de vida, en palabras de san Pablo, para que, “pidamos en oración, que la paz custodie nuestros corazones, apreciemos lo verdadero y noble, lo justo y puro, lo amable y honroso”, que es lo que nos permitía vivir en fraternidad y en paz, entre nosotros.

Esa manera de con-vivir, es lo que nos salva; es lograr el bien común, fruto de tener en nuestro corazón, como “piedra angular”, las enseñanzas de Jesús. ¡A ponerlas en práctica!

¿Cómo administrar lo que se me ha confiado, para el bien común?... ¿Qué frutos son urgentes, en mi familio y comunidad?... ¿De qué manera puedo producir frutos de bien?


Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XXVII Domingo de Tiempo Ordinario - Ciclo A - (Profundizar)

 XXVII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 4, 2026 
Isaίas 5, 1-7 / Salmo 79 / Filipenses 4, 6-9

Evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: "Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?'' Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".

Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

¿Por qué, si ponemos todo el esfuerzo, el cuidado y el amor, las cosas salen mal? Esa pregunta nos la presenta la primera lectura con la metáfora de un viñador que preparó la tierra, puso la semilla, cuidó de ella y, sin embargo, el fruto falló: «¿Por qué, cuando yo esperaba uvas dulces, dio uvas amargas?».

El relato parece ilustrarnos lo que sentimos en el corazón cuando nos damos cuenta de que los frutos que brotan no fueron «uvas dulces», sino cardos amargos. Esto que pensamos sobre nuestra frustración también podríamos pensarlo del corazón de Dios: Él, que nos ha creado, ¿qué siente cuando lo que brota de nuestro corazón no es lo que Él esperó?

Pero ¿qué hacemos? Pues lo mismo que hace Dios: seguir sembrando, sin dejar que nos aniquile la frustración. Y para ello llegan las palabras de san Pablo: «Presenten sus peticiones a Dios, sigan sembrando lo verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud; y el Dios de la paz estará con ustedes».

Unamos nuestras voces a la del salmista: «Ven a visitar tu viña».

#FelizDomingo

“¿Qué creen ustedes que hará con esos labradores?”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 Les presento hoy algunos datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que me parece que pueden ayudar a pensar algunas cosas. En primer lugar, algunas cifras sobre la evolución de la distribución de los ingresos en los últimos dos siglos:

En 1820: el 20% más rico ganaba 3 veces más que el 20% más pobre.

En 1870: el 20% más rico ganaba 7 veces más que el 20% más pobre.

En 1913: el 20% más rico ganaba 11 veces más que el 20% más pobre.

En 1960: el 20% más rico ganaba 30 veces más que el 20% más pobre.

En 1990: el 20% más rico ganaba 60 veces más que el 20% más pobre.

En 1997: el 20% más rico ganaba 74 veces más que el 20% más pobre.

En un informe del Banco Mundial (2016), se afirma que “La aritmética es brutalmente simple. Si menos de 100 personas controlan la misma cantidad de riqueza que los 3.500 millones más pobres del planeta, el resultado puede expresarse con una sola palabra: Desigualdad”.

Y podríamos ofrecer alguna información adicional sobre la situación general de los países: De los casi 7.800 millones de seres humanos que habitamos el planeta, aproximadamente 1.300 millones viven en el norte, en países industrializados, mientras que 6.500 millones vivimos en el sur en países pobres, o como eufemísticamente se les llamó durante algunos años, países en ‘vías de desarrollo’. Se calcula que el 25% de la población mundial, es decir 1.950 millones de personas viven por debajo de los niveles de pobreza. 670 millones son analfabetas y cerca de 2.000 millones de personas carece de agua potable. Mas de 2.800 millones sobreviven con menos de 2 dólares al día, de los cuales la mayoría habitan en América Latina, Asia y África.

Junto a esto, anualmente, las empresas japonesas gastan 35.000 millones de dólares en recreación. 50.000 millones de dólares se gastan en cigarrillos y 105.000 millones en bebidas alcohólicas los europeos. En el mundo se gastan 400.000 millones de dólares en drogas estupefacientes y 780.000 millones en gastos militares. Junto a esto, contrastan las tres cifras siguientes para garantizar el acceso a los servicios básicos en todos los países pobres: Bastarían 6.000 millones de dólares para garantizar la enseñanza básica. 9.000 millones para dar agua potable y saneamiento. 13.000 millones para ofrecer salud y nutrición básicas.

Aunque la parábola que nos cuenta Jesús este domingo está dirigida a los jefes de los sacerdotes, a los que Jesús quería cuestionar sobre su responsabilidad en el manejo de la obra de Dios, comparándolos con los labradores de una finca que les había alquilado un señor, estas cifras nos cuestionan como seres humanos, en la medida en que también a nosotros nos corresponde administrar correctamente este mundo, según la voluntad del Padre, que quiere que todos sus hijos tengan vida, y la tengan en abundancia.

En este contexto de desigualdad creciente, en el que los pobres han dejado de ser importantes para los dueños de este mundo, levantar la voz para reclamar justicia y denunciar el desorden establecido es un verdadero peligro. Como a los enviados por el dueño de la viña, los profetas de ayer y de hoy han sido asesinados, como fue asesinado el mismo Hijo de Dios. ¿Cuándo le daremos a Dios la debida cosecha?

EL PELIGRO DE AHOGAR LA VOZ DE LOS PROFETAS

José Antonio Pagola

Cuando el año 70 las tropas romanas destruyeron Jerusalén y el pueblo judío desapareció como nación, los cristianos hicieron una lectura terrible de este trágico hecho. Israel, aquel pueblo tan querido por Dios, no ha sabido responder a sus llamadas. Sus dirigentes religiosos han ido matando a los profetas enviados por él; han crucificado, por último, a su propio Hijo. Ahora, Dios los abandona y permite su destrucción: Israel será sustituido por la Iglesia cristiana.

Así leían los primeros cristianos la parábola de los «viñadores homicidas», dirigida por Jesús a los sumos sacerdotes de Israel. Los labradores encargados de cuidar la «viña del Señor» van matando uno tras otro a los criados que él les envía para recoger los frutos. Por último matan también al hijo del propietario, con la intención de suprimir al heredero y quedarse con la viña. El señor no puede hacer otra cosa que darles muerte y entregar su viña a otros labradores más fieles.

Esta parábola no fue recogida por los evangelistas para alimentar el orgullo de la Iglesia, nuevo Israel, frente al pueblo judío, derrotado por Roma y dispersado por todo el mundo. La preocupación era otra: ¿le puede suceder a la Iglesia cristiana lo mismo que le sucedió al antiguo Israel? ¿Puede defraudar las expectativas de Dios? Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, ¿qué caminos seguirá Dios para llevar a cabo sus planes de salvación?

El peligro siempre es el mismo. Israel se sentía seguro: tenían las Escrituras Sagradas; poseían el templo; se celebraba escrupulosamente el culto; se predicaba la Ley; se defendían las instituciones. No parecía necesario nada nuevo. Bastaba conservarlo todo en orden. Es lo más peligroso que le puede suceder a una religión: que se ahogue la voz de los profetas y que los sacerdotes, sintiéndose los dueños de la «viña del señor», quieran administrarla como propiedad suya.

Es también nuestro peligro. Pensar que la fidelidad de la Iglesia está garantizada por pertenecer a la Nueva Alianza. Sentirnos seguros por tener a Cristo en propiedad. Sin embargo, Dios no es propiedad de nadie. Su viña le pertenece solo a él. Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, Dios seguirá abriendo nuevos caminos de salvación.

 

DIOS NUNCA RECHAZA A NADIE

Fray Marcos

Al rechazo de los jefes responde Jesús con suma crudeza. Esta parábola se narra ya en el evangelio de Mc, del que copian Mt y Lc. Cuando se escriben ya se había producido la muerte de Jesús, la destrucción de Jerusalén y la separación de los cristianos de la religión judía. Era muy fácil anunciar como profecía lo que había sucedido ya.

El relato es a la vez parábola y alegoría. A cada elemento del relato, corresponde un elemento espiritual. El propietario es Dios. La viña es el pueblo judío. Los labradores son los jefes religiosos. Los enviados son los profetas. El hijo es el mismo Jesús. Los frutos que Dios espera son derecho y justicia. El nuevo pueblo es la comunidad cristiana.

El relato del evangelio es copia del texto de Isaías. Pero si nos fijamos, descubriremos matices que cambian sustancialmente el mensaje. En Is el protagonista es el pueblo (viña), que no ha respondido a las expectativas de Dios; en vez de uvas, dio agrazones.

En Mt los protagonistas son los jefes religiosos (viñadores), que quieren apropiarse de los frutos e incluso de la misma viña. No quieren reconocer los derechos del propietario. Pero al final se retoma la perspectiva de Isaías porque se dice que la viña será entregada a otro pueblo, cosa que ni a Isaías ni a Jesús se les podía ocurrir.

No es probable que Jesús la relatara tal como la encontramos en los evangelios. No solo porque en él se da por supuesta la muerte de Jesús y el total rechazo del pueblo de Israel, sino también porque a ningún judío le podía pasar por la cabeza que Dios los rechazara para elegir a otro pueblo. Refleja una reflexión de la comunidad cristiana.

Se os quitará la viña y se dará a otro pueblo que produzca sus frutos. Una manera muy bíblica de justificar que los cristianos se consideraran ahora el pueblo elegido. El relato no solo justifica la separación, sino que también advierte a las autoridades de la comunidad que pueden caer en la misma trampa y ser rechazadas.

Recordemos que entre la Torá y el mensaje del Jesús existe un peldaño, los profetas que dieron chispazos en la dirección correcta: “esto sucedió para que se cumpliesen las Escrituras”. Muchas de las enseñanzas de Jesús ya las encontramos en ellos.

La piedra desechada es ahora la piedra angular. Es la apreciación cristiana de la figura de Jesús. Jesús nunca pensó en una nueva religión ni un nuevo Dios. Jesús fue judío y nunca dejó de serlo. Muy a su pesar, su predicación dio lugar al nacimiento del cristianismo. El traspaso de la viña a otros sobrepasa el pensamiento bíblico.

Aquellos jefes religiosos no eran malvados. Su preocupación por el culto, por la Ley, por defender la institución, por el respeto a su Dios era sincera. Lo que los perdió fue confundir los derechos de Dios con sus propios intereses. De esta manera llegaron a identificar la voluntad de Dios con la suya propia y creerse dueños del pueblo.

La historia nos demuestra que es muy fácil caer en la trampa de identificar los intereses propios o de grupo con la voluntad de Dios. No se puede separar el interés de Dios del interés del hombre. Nunca se puede machacar al ser humano en nombre de Dios.

¿De qué frutos nos habla el evangelio? Isaías dice: “esperó de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos; esperó justicia y ahí tenéis lamentos”. Jesús da un paso más. No habla ya de “derecho y justicia” sino de amor total que es la norma suprema.

Dios no puede esperar nada de mí porque nada puedo darle. Lo que Dios espera de nosotros no es para Él sino para nosotros mismos. Siendo y dándose a los demás, Jesús alcanzó esa plenitud y nos marcó el camino para que todos podamos llegar a ella.

domingo, 27 de septiembre de 2026

XXVI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

XXVI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – septiembre 27, 2026 
Ezequiel 18, 25-28 / Salmo 24 / Filipenses 2, 1-11


Hoy, el evangelio interpela nuestra congruencia y cuestiona nuestra confianza en el proyecto del Reino de Dios, que nos anuncia Jesús…

Evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: 'Hijo, ve a trabajar hoy en la viña'. Él le contestó: 'Ya voy, señor', pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: 'No quiero ir', pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" Ellos le respondieron: "El segundo".

Entonces Jesús les dijo: "Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él''.

Reflexión:

¿Qué tan congruente soy con mi respuesta al Padre?

Ser una persona congruente es cuando no hay contradicción entre lo que uno dice (anuncia, promueve, pregona) y lo que hace al respecto. Hoy la pregunta que respondemos cada uno es: “¿cuál de los dos hace la voluntad del Padre?”.

San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales [EE 153-155 ], también habla de esta congruencia, en cuanto al seguimiento de Jesús, en los tipos de personas que dicen seguir a Jesús:

·       El primer: quiere seguirlo, pero no pone medios (incongruente)
·       El segundo: quiere, pero, que se haga como él quiere (conveniencia)
·       El tercero: quiere, y en efecto se da a la tarea de hacerlo (congruente)

Al escuchar la parábola del Evangelio,  la pregunta es para cada uno y la tenemos que responder: ¿acepto la invitación a trabajar por el Reino? La respuesta que demos será consecuencia de, por una parte, al haber  escuchado, entendido y aceptado la Buena Noticia y seguiremos a Jesús en nuestra vida, (y con ello, estaremos colaborando en la construcción del reinado del amor entre nosotros: en la familia, en la colonia, en el estado y en el país)… por la otra, la segunda lectura, nos recuerda que de aceptar la invitación del Padre,  implica que “nada hagan por espíritu de rivalidad ni presunción; antes bien, por humildad, cada uno considere a los demás como superiores a sí mismo y no busque su propio interés, sino el del prójimo”; de tal manera que nuestro servicio, sea como el mismo Jesús pone de ejemplo, al hacerse “como uno de nosotros”.

En nuestra respuesta, congruente a trabajar para que el Reino se haga presente, nos jugamos nuestra salvación, haciendo el bien a los demás, es decir: ayudando y sirviendo a otros, es que nos salvaremos y nuestra vida terrena, valdrá la pena y alcanzaremos la vida plena.

¿Cuál es la “voluntad del Padre”, que rezamos en el Padrenuestro?... ¿Cómo podría colaborar en construcción de la Paz?... ¿Es mi congruencia para el Bien Común?

 

Alfredo Aguilar Pelayo
#RecursosParaVivirMejor

 

XXVI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

XXVI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – septiembre 27, 2026 
Ezequiel 18, 25-28 / Salmo 24 / Filipenses 2, 1-11


Evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” Ellos le respondieron: “El segundo”.

Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él’’.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

 #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

«Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere; cuando el malvado se aparta de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida». El profeta Ezequiel nos recuerda dos realidades: nuestros actos nos matan o nos salvan, y, lo más importante, podemos cambiar. 

Sí, estamos abiertos a la conversión, es decir, podemos cambiar de rumbo, podemos ser una mejor versión de nosotros mismos.

En la misma dirección, el Evangelio nos describe esta misma realidad, pero subraya un matiz: no nos define lo que decimos, sino lo que hacemos. El primer hijo dijo «no quiero», pero se arrepintió y fue; el segundo dijo que iba, pero no fue.

Así pues, nos van definiendo nuestras acciones, pero no nos cancelan. Tenemos siempre la posibilidad de la conversión, tenemos siempre la posibilidad de elegir, porque Dios nos hizo libres. Pero esa libertad que Dios nos ha dado es ética, es decir, tiene una dirección, una llamada, porque los seres humanos somos siempre en relación. Esto nos lo recuerda san Pablo en la segunda lectura: «No se encierren en sus intereses», «manténganse unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir», «tengan ustedes los sentimientos de Cristo».

Aquí encontramos el criterio vital y cotidiano para vivir, para vivir con plenitud, sentido y felicidad: sentir lo que Él sentiría, hacer lo que Él haría si estuviera en mi lugar.

Deja que la Palabra toque tu corazón. ¿A qué te invita hoy?

#FelizDomingo 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

PARA JESÚS, LOS ÚLTIMOS SON LOS PRIMEROS

José Antonio Pagola

Jesús conoció una sociedad dividida por barreras de separación y atravesada por complejas discriminaciones. En ella encontramos judíos que pueden entrar en el templo y paganos excluidos del culto; personas «puras» con las que se puede tratar y personas «impuras» a las que hay que evitar; «prójimos» a los que se debe amar y «no prójimos» a los que se puede abandonar; hombres «piadosos» observantes de la ley y «gentes malditas» que ni conocen ni cumplen lo prescrito; personas «sanas» bendecidas por Dios y «enfermos» malditos que no tienen acceso al templo; personas «justas» y hombres y mujeres «pecadores».

La actuación de Jesús en esta sociedad resulta tan sorprendente que todavía hoy nos resistimos a aceptarla. No adopta la postura de los grupos fariseos, que evitan todo contacto con impuros y pecadores. No sigue la actitud elitista de Qumrán, donde se redactan listas precisas de los que quedan excluidos de la comunidad.

Jesús se acerca precisamente a los más discriminados. Se sienta a comer con publicanos. Se deja besar los pies por una pecadora. Toca con su mano a los leprosos. Busca salvar «lo que está perdido». La gente lo llama «amigo de pecadores». Con insistencia provocativa va repitiendo que «los últimos serán los primeros», y que los publicanos y las prostitutas van por delante de los escribas y sacerdotes en el camino del reino de Dios.

¿Quién sospecha hoy realmente que los alcohólicos, vagabundos, pordioseros y todos los que forman el desecho de la sociedad pueden ser ante Dios los primeros? ¿Quién se atreve a pensar que las prostitutas, los heroinómanos o los afectados por el sida pueden preceder a no pocos eclesiásticos de vida intachable

Sin embargo, aunque ya casi nadie os lo diga, vosotros, los indeseables y anatematizados, tenéis que saber que el Dios revelado en Jesucristo sigue siendo realmente vuestro amigo. Vosotros podéis «entender» y acoger el perdón de Dios mejor que muchos cristianos que no sienten necesidad de arrepentirse de nada.

Cuando nosotros os evitamos, Dios se os acerca. Cuando nosotros os humillamos, él os defiende. Cuando os despreciamos, os acoge. En lo más oscuro de vuestra noche no estáis solos. En lo más profundo de vuestra humillación no estáis abandonados. No hay sitio para vosotros en nuestra sociedad ni en nuestro corazón. Por eso precisamente tenéis un lugar privilegiado en el corazón de Dios.

  LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO

Fray Marcos

No se alude en el relato a las otras dos situaciones que se pueden dar: el hijo que dice sí y va a trabajar a la viña; y el hijo que dice no, y no va. En estos dos casos no hay posibilidad de equivocarse ni cabe la pregunta de quién cumple la voluntad del padre.

Jesús distingue dos hijos: los que se consideran verdaderos israelitas y los que los jefes religiosos consideran pecadores. Recordemos que ser hijo significaba hacer siempre la voluntad del padre. El que dejaba de hacer la voluntad del padre dejaba de ser hijo. ¿Quién hizo la voluntad del padre? quiere decir: ¿Quién es verdadero Hijo?

Los fariseos no tenían nada de qué arrepentirse, eran perfectos, porque decían “sí” a todos los mandamientos. Para ellos es intolerable que Dios pague lo mismo al que no ha trabajado. No se dan cuenta de que su respuesta es solamente formal, sin compromiso vital alguno. El espíritu de la Ley no les importaba y el ser humano, menos.

Para Jesús no hay duda, los que se consideran buenos fallan y los malos son los buenos. Los primeros eran los estrictos cumplidores de la Ley, los segundos ni la conocían ni podían cumplirla. Los primeros ponían su empeño en el cumplimiento externo de las normas. Los otros buscaban hacerse más humanos, porque se sabían pecadores.

No debemos engañarnos. La simplicidad del relato esconde una enseñanza fundamental. Los hechos son lo importante, las palabras sirven de poco. La praxis prevalece siempre sobre la teoría. El evangelio no nos invita a decir primero no y después sí. El ideal sería decir sí y hacer; pero lo maravilloso del mensaje está precisamente ahí: Dios comprende nuestra limitación radical y admite la posibilidad de rectificación, después de recapacitar.

La pretensión de ser perfectos no tiene sentido, porque somos limitados e imperfectos. Ni siquiera podemos saber de antemano lo que es bueno o malo. Necesitamos la experiencia para poder dilucidar lo que me edifica o lo que me deteriora como ser humano. Rectificar no es solo cosa de sabios, sino de todo hombre que quiere llegar.

Los recaudadores y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino. Es una de las frases más hirientes que pudo decir Jesús a los fariseos y escribas. Pero es también la mejor noticia que nos podían dar. El organigrama religioso-social de su tiempo era represivo e injusto. Que esa situación se mantuviera en nombre de Dios no podía aguantarlo quien había descubierto un Dios, que quiere el bien de todos los hombres.

Nuestra actitud religiosa es incoherente. Llevamos muchos siglos haciendo una religión de ritos externos. No hay más que ver lo que se entiende por “practicante” para darse cuenta de que no tiene nada que ver con las exigencias del evangelio. Doctrinas y preceptos. Desde el bautismo decimos “sí voy”, pero nos quedamos en donde estamos.

Solo la experiencia me dice qué es lo que me deteriora y qué es lo que me enriquece como ser humano. Cuando damos por absoluta una norma nos negamos a progresar. El gran peligro es creer que Dios mismo nos ha dado directamente esa norma. Desde esa perspectiva se siguen cometiendo verdaderas barbaridades en contra del ser humano.

También hoy podemos ir más allá de la parábola. Ni siquiera las obras tienen valor absoluto. Las obras pueden ser la manifestación de una actitud vital, pero pueden ser fruto de una programación desconectada de nuestro verdadero ser. Los fariseos cumplían todas las normas, pero lo hacían mecánicamente, sin ninguna sinceridad de corazón.

No pierdas el tiempo tratando de situarte en una de las partes. Todos estamos diciendo “no” cada tres por cuatro, y todos estamos diciendo “sí” con una pasmosa ligereza. Aceptar nuestras limitaciones es el primer paso para poder superarlas.

 

 

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – A – (Reflexión)

  XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 11, 2026  Isaίas 25, 6-10 / Salmo 22 / Filipenses 4, 12-14.19-20 La Palabra de...