miércoles, 20 de mayo de 2026

Pentecostés – Ciclo A – (Reflexión)

 Pentecostés Ciclo A mayo 24, 2026 
Hechos 2, 1-11 / Salmo 103 / 1 Corintios 12, 3-7. 12-13

En este domingo de Pentecostés, celebramos la presencia del Espíritu Santo, en cada uno de nosotros, como luz y fuego, que nos guía y nos pone en acción …

Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado.

Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo".

Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".

Reflexión:

¿Cómo se manifiesta en mí, el Espíritu Santo?

Pentecostés, etimológicamente proviene del griego πεντηκοστή (pentekoste), que significa "quincuagésimo", el día número 50 después de la Pascua, cuando se recuerda y celebra la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, marcando así el nacimiento de la Iglesia.

No es que antes “no estuviera”, es más bien, cuándo los apóstoles toman conciencia de su presencia, en cada uno de ellos, en la comunidad; se transparenta esa presencia y los llena de esa fuerza interior para dar testimonio de la Buena Noticia que Jesús les había mostrado.

El Espíritu aparece desde el primer capítulo de la Biblia "Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas." (Gen  1,2); en el Antiguo Testamento, el Ruaj Elohim (רוּחַ אֱלֹהִים), término hebreo que se traduce literalmente como "Espíritu de Dios" o "Soplo divino", proviene de Ruaj (viento, aliento o espíritu) y Elohim (Dios), que describe la presencia activa y el poder creador de Dios moviéndose en el mundo, inspirando a personas clave del proceso de salvación, dándoles fuerza, sabiduría o habilidad estratégica; a Moises y a los ancianos, dotados de discernimiento y liderazgo para guiar al pueblo (Núm 11,17), a profetas y líderes como José para interpretar sueños; “pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Quitaré de ustedes ese corazón duro como la piedra y les pondré un corazón dócil. Pondré en ustedes mi espíritu, y haré que cumplan mis leyes y decretos” (Ez 36, 26-27)

Con la llegada de Jesús, la relación con el Espíritu Santo se vuelve más íntima y permanente. El Espíritu descendió sobre Él en su bautismo, marcando el inicio de su misión (Mt 3,16); Jesús prometió el Paráclito (domingo pasado), como un "Ayudador" o "Espíritu de verdad" que estaría con sus seguidores para siempre.

Hoy, como seguidores y creyentes en Jesús, al tomar conciencia de la presencia del Espíritu de Dios en nuestra vida, en nuestra persona, en nuestra comunidad, nos hace recordar, vivir y dar testimonio activo de las enseñanzas de Jesús, que hacen presente el Reino de Dios.

Hoy, también tenemos el "fruto del Espíritu" (amor, gozo, paz) y otorga dones espirituales para servir a otros; hoy nos sigue guiando y enseñando, nos conduce a la verdad y recuerda las enseñanzas de Jesús. Así está el Espíritu Santo en nosotros, en cada uno, a lo largo y ancho del mundo. Hablamos para compartir nuestra experiencia del Dios de Jesús, hablamos de tal manera que nuestras palabras y obras muestran quién nos guía.

Reflejar la imagen de nuestro creador (Cfr. Gen 1,27) también es fruto del Espíritu, que nos mueve a ser colaboradores de la misión de Jesucristo, para que “tengamos una vida plena, que valga la pena vivir”, a través de darlo a conocer Él y a su Padre.

Hoy, las palabras de Pablo siguen vigentes: “¿cómo se puede esperar lo que ya se posee?” (Rom 8, 22-27) … el Espíritu, que es uno, nos une en un mismo cuerpo, la Iglesia; está en nosotros y se manifiesta cuando lo que hacemos es “de bien y para el bien común” (1 Corintios 12, 3-7. 12-13).

Es el Espíritu Santo el que nos da el valor, la sabiduría y la paz, que nos hace ser como los primeros apóstoles: heraldos de Jesús Resucitado, del Reino del Padre; es el Espíritu quien nos quita el miedo, la tibieza y la cobardía, para ir y anunciar, por todos lados el Evangelio.

¿Cómo abrirme a la presencia del Espíritu Santo?... ¿Cuál es el lenguaje del Espíritu?... ¿Cómo mis palabras y acciones dan testimonio del Evangelio?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

Pentecostés – Ciclo A – (Profundizar)

 Pentecostés Ciclo A mayo 24, 2026 
Hechos 2, 1-11 / Salmo 103 / 1 Corintios 12, 3-7. 12-13


Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado.

Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo".

Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU

José Antonio Pagola

Ven, Espíritu Santo. Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Enséñanos a vivir confiando en el amor insondable de Dios, nuestro Padre, a todos sus hijos e hijas, estén dentro o fuera de tu Iglesia. Si se apaga esta fe en nuestros corazones, pronto morirá también en nuestras comunidades e iglesias.

Ven, Espíritu Santo. Haz que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que nada ni nadie lo suplante ni oscurezca. No vivas entre nosotros sin atraernos hacia su Evangelio y sin convertirnos a su seguimiento. Que no huyamos de su Palabra, ni nos desviemos de su mandato del amor. Que no se pierda en el mundo su memoria.

Ven, Espíritu Santo. Abre nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y mujeres de nuestros días. Haznos vivir abiertos a tu poder para engendrar la fe nueva que necesita esta sociedad nueva. Que, en tu Iglesia, vivamos más atentos a lo que nace que a lo que muere, con el corazón sostenido por la esperanza y no minado por la nostalgia.

Ven, Espíritu Santo. Purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre nosotros. Enséñanos a reconocer nuestros pecados y limitaciones. Recuérdanos que somos como todos: frágiles, mediocres y pecadores. Libéranos de nuestra arrogancia y falsa seguridad. Haz que aprendamos a caminar entre los hombres con más verdad y humildad.

Ven, Espíritu Santo. Enséñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, las personas. Que aprendamos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, los que lloran, los que caen, los que viven solos y olvidados. Si cambia nuestra mirada, cambiará también el corazón y el rostro de tu Iglesia. Los discípulos de Jesús irradiaremos mejor su cercanía, su comprensión y solidaridad hacia los más necesitados. Nos pareceremos más a nuestro Maestro y Señor.

Ven, Espíritu Santo. Haz de nosotros una Iglesia de puertas abiertas, corazón compasivo y esperanza contagiosa. Que nada ni nadie nos distraiga o desvíe del proyecto de Jesús: hacer un mundo más justo y digno, más amable y dichoso, abriendo caminos al reino de Dios.

 

DIOS ES ESPÍRITU

Fray Marcos

Las Hablar del Espíritu Santo es pretender recoger agua de lluvia en un cesto de mimbres. Espíritu es el concepto más escurridizo de la teología. Más de 500 veces encontramos la palabra en la Biblia y apenas podremos descubrir dos pasajes en los que tenga el mismo significado. En ningún caso podemos entenderlo como una entidad separada.

Los evangelios escenifican diversas venidas del Espíritu, aunque más sencillas que la de Lucas. Esas “venidas” indican claramente que Dios-Espíritu-Vida no tiene que venir de ninguna parte. No estamos recordando un hecho que aconteció en el pasado. Estamos viviendo una realidad que está sucediendo en este instante como hace dos mil años.

La fiesta de Pentecostés es la expresión más completa de la experiencia pascual. Los primeros cristianos tenían muy claro que todo lo que estaba pasando en ellos era obra de Dios-Espíritu-Vida. Vivieron la presencia de Jesús de una manera más real que su presencia física. Ahora, Jesús estaba de verdad realizando su obra de salvación en ellos.

Pablo dijo que sin el Espíritu no podríamos decir: “Jesús es el Señor”, ni: “Abba”. Pero con la misma rotundidad hay que decir que nunca podrá faltarnos el Espíritu, porque no puede faltarnos Dios. El Espíritu no es un privilegio ni siquiera para los que creen. Todos estamos fundamentados en Dios-Espíritu, aunque no seamos conscientes de ello.

El evangelio no deja ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios-Espíritu: Lo llama papá, hace su voluntad; le escucha siempre. El mensaje de Jesús se reduce a manifestar esa experiencia de Dios. Su predicación estuvo encaminada a hacer ver a sus seguidores que tenían que vivir esa misma experiencia para alcanzar la plenitud que él alcanzó.

El Espíritu nos hace libres. “No habéis recibido un espíritu de esclavos, sino de hijos”. El Espíritu tiene como misión hacernos ser nosotros mismos. Eso supone no dejarnos atrapar por cualquier clase de sometimiento alienante. El Espíritu es la energía que lucha contra las fuerzas desintegradoras: “demonios”, pecado, ley, ritos, teologías, intereses, miedos.

Si Dios está en todos, no puede haber privilegiados. Dios no se puede partir. Si todos los miembros de la comunidad son una cosa con Dios, ninguna estructura de poder o dominio se justifica apelando a Él. "El que quiera ser primero sea el servidor de todos." “No llaméis a nadie padre, no llaméis a nadie Señor, no llaméis a nadie maestro".

El Espíritu es la fuerza que mantiene a cada uno integrado en la comunidad. En el relato de los Hechos, las personas de distinta lengua se entienden. La lengua del Espíritu es el amor, es el único lenguaje que todos entienden. Es lo contrario de lo que pasó en Babel. “Dios hace de todos los pueblos uno, destruyendo el muro que los separaba, el odio”.

Para las primeras comunidades, Pentecostés fue el fundamento de la Iglesia naciente. Está claro que para ellas la única fuerza de cohesión era la fe en Jesús que seguía presente en ellos por el Espíritu. No duró mucho esa vivencia generalizada y pronto dejó de ser comunidad de Espíritu para convertirse en una institución jurídica.

“Obediencia” fue la palabra que caracterizó la vida de Jesús. Pero si nos acercamos a Jesús con el concepto equivocado de obediencia, quedamos desconcertados. No fue obediente en absoluto, ni a su familia ni a los sacerdotes ni a la Ley ni a las autoridades civiles. Pero se atrevió a decir: “mi alimento es hacer la voluntad del Padre”.

Para salir de una falsa obediencia debemos entrar en la dinámica de la escucha del Espíritu. Tanto el superior como el inferior, tienen que abrirse al Espíritu y dejarse guiar por él. Pero debemos estar también atentos a las experiencias de los demás. Creernos privilegiados con relación a los demás anulará una verdadera escucha del Espíritu.

 

 

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

Ascensión del Señor – Ciclo A – (Reflexión)

 Ascensión del Señor Ciclo A mayo 17, 2026 
Hechos 1, 1-11 / Salmo 46 / Efesios 1, 17-23

En este domingo, recordamos la Ascensión de Jesús, al cielo, es decir al Padre, de donde procede, y también como Él mismo nos deja continuar con su misión salvadora aquí en la tierra…

Evangelio según san Mateo 28, 16-20

Así pues, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al cerro que Jesús les había indicado. Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo:

“Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

Reflexión:

¿Cómo unir lo del cielo, en la tierra?

La Ascensión de Jesús, es más “que subir al cielo”, es la culminación de toda su vida, muerte y resurrección. Es la revelación de quién es Jesús y también de qué está llamado a ser el ser humano.

La Ascensión significa que Jesús participa de la Vida Divina, que es el Señor y que su misión en la tierra se ha cumplido; es volver a su origen, al Padre, de donde procede. Jesús, ha vencido la muerte de manera definitiva, es decir, venció aquello que nos “quita vida” y nos impide vivir plenamente. Jesús, “asciende a su trono“, “desde donde Reina”, (cfr. Sal 46).

La Ascensión muestra el camino al que estamos llamados todos y cada uno de nosotros, creaturas del Padre, y rescatadas / salvadas por la entrega del Hijo, Jesucristo.

Jesús nos ha mostrado que Él es Camino, Verdad y Vida. Sus enseñanzas, puestas en práctica, nos llevan a vivir “el cielo” en la tierra … en cuanto reine entre nosotros su justicia, misericordia y paz.

La Ascensión de Jesús al Padre, no nos deja “huérfanos”, nos deja su Espíritu, para que como brisa suave nos refresque, recuerde sus enseñanzas y nos impulse a ser constructores de la fraternidad, que nos de la paz y unidad necesarias para que podamos disfrutar de “una vida que valga la pena vivir”, la cual es fruto de cuando “hacemos lo que nos ha mandado Jesús”, … amar.

Cuando “amamos al prójimo, como a uno mismo”, cuando vivimos fraternalmente, en comunión, nos elevamos humanamente, reflejamos la imagen del Padre y del Hijo, de donde venimos y hacia donde estamos llamados a volver, al final de nuestro tiempo terrenal (vida eterna).

“Hagan discípulos a todos los pueblos”, es la misión que nos encomienda Jesús, es colaborar para más personas conozcan a Jesús, su propuesta de vida, se enamoren del proyecto del Reino de su Padre  y lo sigan, colaborando para que sea una realidad humana…

“El Cielo”, no es un lugar allá, arriba entre las nubes, es la comunión con Dios, es vivir el Amor, en la Verdad, desde ahora, aquí en la tierra…

Conocer a Jesús, es comenzar a vivir la vida eterna (cfr. Jn 17,3), en cuanto ponemos en práctica sus enseñanzas: amando, perdonando, siendo justos … echándonos una mano, unos a otros, sirviendo, para que ya gocemos la vida a la que somos llamados.

La Ascensión, es una llamada a la acción, es “no quedarnos mirando al cielo”, sino un llamado a ser “contemplativos en la acción”, es nuestra respuesta de "amor y servicio" ha de ser más en obras que en palabras, "haciéndonos prójimos" (cfr 1Jn 3,18) de todo el que reclama nuestra solidaridad... es una mirada nueva, con una actitud de la entrega total para: «en todo amar y servir», a Dios en nuestros hermanos.

¿Cómo escuchar y dejarme guiar por Espíritu?... ¿Cómo colaboro para hacer presente el Reinado de Dios, en la tierra?... ¿Cómo hacemos presente hoy su modo de amar en el mundo?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

Ascensión del Señor – Ciclo A – (Profundizar)

 Ascensión del Señor Ciclo A mayo 17, 2026 
Hechos 1, 1-11 / Salmo 46 / Efesios 1, 17-23


Evangelio según san Mateo 28, 16-20

Así pues, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al cerro que Jesús les había indicado. Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo:

“Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

«¿Qué hacen allí parados, mirando al cielo?»

Los cristianos compartimos una llamada, y esta no es una fuerza centrípeta que nos paraliza, sino una fuerza centrífuga que nos lanza al mundo a anunciar y ser buena noticia para los demás: «Vayan y enseñen a todas las naciones».

Pidamos en este domingo que nos conceda espíritu de sabiduría y reflexión para conocerlo; sí, sabiduría y reflexión, un binomio que es capaz de iluminar nuestras mentes de manera que entendamos la esperanza que nos da nuestro llamamiento.

Hay que dudar de todo seguimiento que paraliza y detiene nuestros pasos, nuestra mirada y nuestro horizonte, y nos deja, quizás, llamando «culto a Dios» a un culto a nosotros mismos.

El encuentro con Jesús quizás no nos lleva muy lejos, pero sí nos lleva fuera, nos lleva a darnos cuenta de las necesidades de quienes nos rodean, nos lleva a ser profetas del amor y la esperanza en este mundo herido.

#FelizDomingo

“Yo estaré con ustedes todos los días”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Hay personas a las que les cuestan, particularmente, las despedidas. Son momentos muy intensos, en los que se expresan muchos sentimientos que duermen en el fondo del corazón y tienen miedo de salir a la luz y expresarse de una manera directa. Pero, en estos momentos, saltan inesperadamente y sorprenden a unos y a otros... Despedirse es decirse todo y dejar que el otro se diga todo en un abrazo que contiene la promesa de seguir presente a pesar de la ausencia.

Salta a mi memoria, en esta solemnidad de la Ascensión del Señor, la poesía que Gloria Inés Arias de Sánchez escribió para sus hijos, y que lleva por título: «No les dejo mi libertad, sino mis alas». Como ella, el Señor se despide de sus discípulos, ofreciéndoles un abrazo en el que se dice todo y nos regala la promesa de su presencia misteriosa, en medio de la ausencia:

“Les dejo a mis hijos no cien cosechas de trigo sino un rincón en la montaña, con tierra negra y fértil, un puñado de semillas y unas manos fuertes labradas en el barro y en el viento.

No les dejo el fuego ya prendido sino señalado el camino que lleva al bosque y el atajo a la mina de carbón.

No les dejo el agua servida en los cántaros, sino un pozo de ladrillo, una laguna cercana, y unas nubes que a veces llueven.

No les dejo el refugio del domingo en la Iglesia, sino el vuelo de mil palomas, y el derecho a buscar en el cielo, en los montes y en los ríos abiertos.

No les dejo la luz azulosa de una lámpara de metal, sino un sol inmenso y una noche llena de mil luciérnagas.

No les dejo un mapa del mundo, ni siquiera un mapa del pueblo, sino el firmamento habitado por estrellas, y unas palmas verdes que miran a occidente.

No les dejo un fusil con doce balas, sino un corazón, que además del beso sabe gritar.

No les dejo lo que pude encontrar, sino la ilusión de lo que siempre quise alcanzar.

No les dejo escritas las protestas, sino inscritas las heridas.

No les dejo el amor entre las manos, sino una luna amarilla, que presencia cómo se hunde la piel sobre la piel, sobre un campo, sobre un alma clara.

No les dejo mi libertad sino mis alas.

No les dejo mis voces ni mis canciones, sino una voz viva y fuerte, que nadie nunca puede callar.

Y que ellos escriban, ellos sus versos, como los escribe la madrugada cuando se acaba la noche.

Que escriban ellos sus versos; por algo, no les dejo mi libertad sino mis alas...”

“Los once discípulos se fueron a Galilea, al cerro que Jesús les había indicado. Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó y les dijo: – Dios me ha dado autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

HACER DISCÍPULOS DE JESÚS

José Antonio Pagola

Mateo describe la despedida de Jesús trazando las líneas de fuerza que han de orientar para siempre a sus discípulos, los rasgos que han de marcar a su Iglesia para cumplir fielmente su misión.

El punto de arranque es Galilea. Ahí los convoca Jesús. La resurrección no los ha de llevar a olvidar lo vivido con él en Galilea. Allí le han escuchado hablar de Dios con parábolas conmovedoras. Allí lo han visto aliviando el sufrimiento, ofreciendo el perdón de Dios y acogiendo a los más olvidados. Es esto precisamente lo que han de seguir transmitiendo.

Entre los discípulos que rodean a Jesús resucitado hay «creyentes» y hay quienes «vacilan». El narrador es realista. Los discípulos «se postran». Sin duda quieren creer, pero en algunos se despierta la duda y la indecisión. Tal vez están asustados, no pueden captar todo lo que aquello significa. Mateo conoce la fe frágil de las comunidades cristianas. Si no contaran con Jesús, pronto se apagaría.

Jesús «se acerca» y entra en contacto con ellos. Él tiene la fuerza y el poder que a ellos les falta. El Resucitado ha recibido del Padre la autoridad del Hijo de Dios con «pleno poder en el cielo y en la tierra». Si se apoyan en él no vacilarán.

Jesús les indica con toda precisión cuál ha de ser su misión. No es propiamente «enseñar doctrina», no es solo «anunciar al Resucitado». Sin duda, los discípulos de Jesús habrán de cuidar diversos aspectos: «dar testimonio del Resucitado», «proclamar el evangelio», «implantar comunidades»… pero todo estará finalmente orientado a un objetivo: «hacer discípulos» de Jesús.

Esta es nuestra misión: hacer «seguidores» de Jesús que conozcan su mensaje, sintonicen con su proyecto, aprendan a vivir como él y reproduzcan hoy su presencia en el mundo. Actividades tan fundamentales como el bautismo, compromiso de adhesión a Jesús, y la enseñanza de «todo lo mandado» por él son vías para aprender a ser sus discípulos. Jesús les promete su presencia y ayuda constante. No estarán solos ni desamparados. Ni aunque sean pocos. Ni aunque sean solo dos o tres.

Así es la comunidad cristiana. La fuerza del Resucitado la sostiene con su Espíritu. Todo está orientado a aprender y enseñar a vivir como Jesús y desde Jesús. Él sigue vivo en sus comunidades. Sigue con nosotros y entre nosotros curando, perdonando, acogiendo… salvando.

 

LA ASCENSIÓN DE JESÚS SE INICIÓ EN SU NACIMIENTO Y TERMINÓ EN LA MUERTE

Fray Marcos

Las cuatro fiestas que vienen: subida de Jesús al cielo, venida del Espíritu, Trinidad, y eucaristía se presentan como realidades externas que se dieron en un tiempo y lugar. Al entender literalmente los textos, perdemos su verdadero sentido. Son realidades que están fuera del tiempo y del espacio, de las que no podemos hablar estrictamente.

No podemos seguir falseando el lenguaje. De Jesús se dice: Bajó del cielo, se hizo hombre, descendió a los infiernos y volvió al cielo. Dios no está en el cielo, el infierno es un invento nuestro y el hombre no está debatiéndose entre las dos. Nuestra manera de ver la realidad ha cambiado. Hoy no nos dice nada un cielo o un infierno.

Decir: a los tres días, a los ocho días, a los cuarenta días, a los cincuenta días, no tiene sentido ninguno. Hablar de Galilea o de Jerusalén, o decir que está sentado a la derecha de Dios, es literalmente absurdo. Se trata de una realidad única que está sucediendo en este mismo instante, porque está fuera del tiempo y del espacio.

No se trata de una realidad inventada, todo lo contrario, esa es la ÚNICA REALIDAD. Es lo que está sujeto al tiempo y al espacio la que no tiene consistencia. Esa realidad intangible ha tenido una repercusión real en la vida de los seguidores de Jesús. Esa realidad es la que debo descubrir para que tenga también en mí la misma eficacia.

La ascensión empezó en el pesebre y terminó en la cruz. ¡Todo está cumplido! Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús. Después de eso no existe el tiempo para él, no puede suceder nada. Es como un chispazo que dura toda la eternidad. Él había llegado a la plenitud total en Dios. Permaneció de él solo lo que había de Dios.

¿De verdad queremos ser cristianos? ¿Tenemos la intención de recorrer la misma senda, de alcanzar la misma plenitud, la misma meta? ¿Estamos dispuestos a dejarnos aniquilar en esa empresa, a aceptar que no quedará nada de lo que creo ser? Es duro, pero no puede haber otro camino. Si renuncio al don total, renuncio a la meta.

La idea de que Dios o Jesús o el Espíritu pueden hacer en un momento determinado algo por mí, ha desvirtuado la religiosidad cristiana. Dios, Jesús y el Espíritu lo han hecho todo por mí y lo siguen haciendo en todo instante. Yo soy quien tengo que hacer algo en un momento determinado para descubrir esa realidad y vivirla.

En el relato de Mateo no hay ninguna alusión a la subida al cielo, ni a dejar de verlo. Situar la escena en un monte, es una suficiente indicación de que lo que le interesa no es el lugar, sino el simbolismo. Situarlo en Galilea, tiene un significado muy concreto. Judea había rechazado a Jesús, no era ya el lugar donde encontrar a Dios.

Jesús no pudo decir que ‘se le ha dado todo poder’, porque después del bautismo rechazó el poder como una tentación. Este doble lenguaje nos ha despistado. No hay un poder bueno y otro malo. Todos son perversos. Se trata de expresar que ha alcanzado la plenitud absoluta por haberse identificado con Dios en el don total de sí.

El envío a predicar también tiene un carácter absoluto “todos los pueblos”. El tema de la misión es crucial en todos los relatos pascuales. La primera comunidad intenta justificar lo que era práctica generalizada de los cristianos. Predicar el Reino de Dios no es un capricho de unos iluminados sino mandato expreso de Jesús.

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Fue el tema del evangelio de los dos domingos pasados. Ya habían dejado claro que todo lo que hizo Jesús era obra del Padre y del Espíritu. Ahora sigue siendo Dios en sus tres dimensiones el que va a continuar la obra de salvación a través de sus seguidores.

 

 

miércoles, 6 de mayo de 2026

VI Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

 VI Domingo de Pascua Ciclo A mayo 10, 2026 
Hechos 8, 5-8. 14-17 / Salmo 65 / 1 Pedro 3, 15-18



En este VI Domingo de Pascua, escuchamos como Jesús intercede ante el Padre, para que envíe “otro” Paráclito, que esté siempre con nosotros …

Evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Consolador para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Reflexión:

¿Quién mueve mi vida?

El término paráclito proviene del griego parakletos y significa “aquel que es llamado al lado de uno” para ayudar, defender, consolar o interceder; en el contexto cristiano, se utiliza principalmente para referirse al Espíritu Santo, como consolador, abogado y guía fiel prometido por Jesús.

El Espíritu Santo, tercera Persona de la Trinidad, es el ruaj (רוּחַ), una fuerza invisible pero poderosa, como el viento o el aliento de vida que Dios sopla en el ser humano.

El Espíritu Santo es el maestro interior que guía el discernimiento de los espíritus: entre el “buen espíritu” (que trae paz, alegría y consuelo) y el “mal espíritu” (que trae inquietud y tristeza), y así poder encontrar y hacer la voluntad de Dios en la vida cotidiana.

Cuando conozco a Jesús, conozco al Padre; conocerlos y poner en práctica sus enseñanzas, es dejarme habitar por su Espíritu, y permitirle me conduzca a ser y hacer el bien; como Felipe, en la primera lectura, que además de anunciar el Evangelio del Resucitado, hacía cosas extraordinarias, con la fuerza del Espíritu.

Cuando el Espíritu de Dios sopla, nos mueve a ser reflejo de la imagen de Dios (así fuimos creados), a través de poner nuestros dones y habilidades al servicio del Reino. Conocer a Jesús, transforma nuestro corazón, nos enamora de su mensaje y misión; nos mueve a colaborar con Él.

Se le llama Espíritu de Verdad (Jn 14, 17) porque su función principal es revelar la realidad profunda de Dios y desenmascarar los engaños que nos alejan de Él; el Espíritu de Verdad actúa como una luz que:

  Ayuda a distinguir si un deseo nace del amor de Dios o del egoísmo.

  Rompe con las “mentiras” de la sociedad o del propio orgullo que nos hacen creer que la felicidad está en cosas pasajeras.

Es Jesús, el primer Paráclito, que nos revela al Padre y su deseo de que tengamos una “vida que valga la pena vivir”; el “otro” paráclito, es el Espíritu Santo, que nos recuerda las enseñanzas de Jesús, nos acompaña y guía en cada momento de nuestra vida.

La Pascua, es el tiempo de alcanzar la nueva vida, que transforma nuestro interior y nos invita a transformar el mundo (en el que vivimos), con la guía del Espíritu de Dios, y que su amor, misericordia, justicia y paz, reine entre nosotros.

PD. ¡Felicidades a todas las mamás, biológicas y espirituales, en este día. Dios las bendiga!

¿Cómo permitir que el Espíritu esté en mí?... ¿Cómo transparentar en mi vida al Espíritu?... ¿A dónde y a qué, me mueve el Espíritu de Dios?...

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP

Para profundizar: https://tinyurl.com/BN-6PA-260510

VI Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 VI Domingo de Pascua Ciclo A mayo 10, 2026 
Hechos 8, 5-8. 14-17 / Salmo 65 / 1 Pedro 3, 15-18


Evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Consolador para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Hoy la Palabra nos narra cómo se va expandiendo el cristianismo. Nos dice la primera lectura: "De muchos poseídos salían los espíritus inmundos... paralíticos y lisiados se curaban".

Luego, la segunda lectura nos comparte el mensaje de Pedro: "Glorifiquen a Cristo en sus corazones". —¿Cómo?, podríamos preguntarnos hoy. La respuesta sigue: —Den razón de su esperanza, pero con delicadeza y respeto. Esto da por hecho que quien sigue a Cristo y ha recibido el Espíritu tiene esperanza; no va por ahí siendo profeta de calamidades. Ese "dar cuenta" no es violento, se hace con "delicadeza y respeto".

Después, el Evangelio nos recuerda que todo esto nace desde el amor: "Si me aman, guardarán mis mandamientos" y "el que me ama será amado por mi Padre; yo también lo amaré y me manifestaré en él". Se trata de una promesa que lo funda todo: Él permanece con nosotros, siempre. Por ello, en medio de toda crisis y conflicto, quienes le amamos nos mantenemos de pie.

¡Vaya intensidad de mensaje el de la Palabra este domingo!

Respiremos y pensemos en lo que Dios nos dice a cada uno: Permanece, no estás solo, ten esperanza. Ama y mantente fiel, contra viento y marea, en el amor.

-¿Qué "espíritus inmundos" —miedo, soberbia, rencor, avaricia, pesimismo— necesitas que el Señor eche hoy de tu corazón?

-¿Qué te provoca recordar que Jesús nos ha prometido: "No los dejaré huérfanos"?

-¿Tienes esperanza? ¿A qué te invita el Señor hoy?

En varios países hoy celebramos el Día de la Madre. Son ellas, en la mayoría de los casos, nuestras maestras del amor y la esperanza, testimonio de entrega incondicional. Demos gracias a Dios por sus vidas y enseñanzas.

#FelizDomingo #FelizDíaDeLaMadre

“No los voy a dejar huérfanos”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Hace ya vario años, leí en un periódico colombiano un mini cuento que se llamaba Un minuto de silencio: “Antes del encuentro de fútbol –graderías llenas, grandes manchas humanas de colores movedizos– se pidió un minuto de silencio por cada uno de los asesinados. El país permaneció 50 años en silencio".

En un editorial de la revista Theologica Xaveriana (Enero-Marzo de 2002), titulada «Ni guerra santa, ni justicia infinita», se incluyó la declaración que hizo pública la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, con motivo del “vil asesinato de Monseñor Isaías Duarte Cancino”, Arzobispo de Cali, asesinado por sus críticas a una sociedad narcotizada y arrodillada ante el poder de los violentos. En uno de sus apartes, esta declaración decía: “Y en medio del silencio en el que nos deja la consternación frente a este magnicidio, creemos que es insoslayable preguntarnos en profundidad por las complejas causas no sólo de este homicidio sino el de tantas colombianas y colombianos que mueren de similar forma todos los días y que ya suman la aterradora cifra de 250.000 en los últimos diez años”… han pasado 25 años desde esta declaración… y el número de los muertos ha seguido aumentando, a pesar de que se haya firmado un tratado de paz con uno de los grupos guerrilleros y que la sociedad colombiana haya hecho un esfuerzo por dirimir sus diferencias de una manera civilizada.

Cuando pensamos en la cantidad de personas desaparecidas o asesinadas, debemos preguntarnos cuántas personas están heridas por la muerte violenta de un ser querido en este país... Cada muerto ha dejado una familia entera herida... padres, madres, hermanos hermanas, hijos, hijas... ¿Cuántos huérfanos ha dejado esta guerra fratricida? ¿Cuántos huérfanos ha dejado la guerra entre palestinos e israelitas? ¿Cuántos huérfanos han dejado las guerras y la violencia en este mundo? ¿Cuántos huérfanos más necesitamos para detener esta espiral de violencia que nos absorbe sin compasión?

“Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les mande otro Defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con ustedes. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los voy a dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes”, es lo que nos dice Jesús este domingo.

En la Escritura, los huérfanos casi siempre aparecen junto a las viudas y a los forasteros... El Deuteronomio y los Profetas invitan, de una y otra forma, a hacer justicia a los huérfanos, a las viudas y a los forasteros. Hoy también el Señor nos está pidiendo a gritos, que hagamos justicia a tantos huérfanos que dejó el conflicto armado; a las viudas y a los desplazados que tienen que abandonar su tierra para proteger la propia vida y la de sus seres queridos. A las familias de los líderes sociales asesinados.

El Señor nos envía un Defensor y promete que no nos dejará huérfanos cuando se vaya; esta promesa de Jesús nos compromete a hacer lo mismo hoy para aquellos que sufren con las consecuencias de la guerra; tenemos que ser defensores del huérfano, de la viuda y del forastero. Que el Espíritu de la verdad nos impulse a colaborar en la construcción de un país en el que no tengamos que permanecer cincuenta años en silencio...


NO ESTAMOS HUÉRFANOS

José Antonio Pagola

Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas recordado de manera rutinaria es una Iglesia que corre el riesgo de irse extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.

En la Iglesia de Jesús necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Necesitamos comunidades cristianas marcadas por la experiencia viva de Jesús. Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta y se le viva a Jesús de manera nueva. Podemos hacer que sea más de Jesús, que viva más unida a él. ¿Cómo?

Juan recrea en su evangelio la despedida de Jesús en la última cena. Los discípulos intuyen que dentro de muy poco les será arrebatado. ¿Qué será de ellos sin Jesús? ¿A quién le seguirán? ¿Dónde alimentarán su esperanza? Jesús les habla con ternura especial. Antes de dejarlos quiere hacerles ver cómo podrán vivir unidos a él, incluso después de su muerte.

Antes que nada, ha de quedar grabado en su corazón algo que no han de olvidar jamás: «No os dejaré huérfanos. Volveré». No han de sentirse nunca solos. Jesús les habla de una presencia nueva que los envolverá y les hará vivir, pues los alcanzará en lo más íntimo de su ser. No los olvidará. Vendrá y estará con ellos.

Jesús no podrá ya ser visto con la luz de este mundo, pero podrá ser captado por sus seguidores con los ojos de la fe. ¿No hemos de cuidar y reavivar mucho más esta presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros? ¿Cómo vamos a trabajar por un mundo más humano y una Iglesia más evangélica si no le sentimos a él junto a nosotros?

Jesús les habla de una experiencia nueva que hasta ahora no han conocido sus discípulos, mientras lo seguían por los caminos de Galilea: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo». Esta es la experiencia básica que sostiene nuestra fe. En el fondo de nuestro corazón cristiano sabemos que Jesús está con el Padre y nosotros estamos con él. Esto lo cambia todo.

Esta experiencia está alimentada por el amor: «Al que me ama… yo también lo amaré y me revelaré a él». ¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día sin amarlo y sin sentirnos amados entrañablemente por él? ¿Es posible evitar la decadencia del cristianismo sin reavivar este amor? ¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo dejamos apagar? ¿Quién podrá llenar el vacío de Jesús? ¿Quién podrá sustituir su presencia viva en medio de nosotros?

 

 

DIOS TRINO ES VIDA Y ESTÁ EN MÍ

Fray Marcos

Se habla de la presencia del Padre, Jesús y el Espíritu en los miembros de la comunidad. Quiere hacer ver que no estaban en inferioridad de condiciones con relación a los que habían conocido a Jesús; por eso es tan importante para nosotros hoy. Nos pone ante la realidad de Jesús vivo que nos hace vivir a nosotros con la misma Vida que él tenía.

No debemos dejarnos confundir por la manera de formular estas ideas sobre la relación de Jesús, el Padre y el Espíritu. No se trata de una relación con alguna entidad exterior al ser humano. Tampoco se está hablando de tres realidades separadas, Padre, Jesús, Espíritu. Se habla de la misma realidad con nombres distintos. Insiste en la identidad de los tres.

Si me amáis, guardaréis mis mandatos. En el capítulo siguiente, quedan reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los demás no ama a Jesús, ni al Padre, porque están en cada ser humano. Lo mandado es el amor. Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera, sino urgencia que viene del interior y que se manifiesta en obras.

Yo pediré al Padre que os mande otro defensor que esté con vosotros siempre. No está hablando de una realidad distinta de lo que él o el Padre es. Será una nueva manera de experimentar el amor. Dice que mandará al Espíritu, después que él volverá y por fin que el Padre y él vendrán y se quedarán. Se trata de una realidad múltiple y a la vez única.

Defensor (paraklêtos) es el que ayuda en cualquier circunstancia; abogado, defensor en un juicio. Tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús y dar seguridad y guiar a los discípulos. Mientras estaba con ellos, era el mismo Jesús quien les defendía. Ahora, será el Espíritu el único defensor, pero más eficaz, porque los defenderá desde dentro.

No os voy a dejar desamparados. En el AT el huérfano era prototipo de aquel con quien se pueden cometer impunemente toda clase de injusticias. Jesús no va a dejar a los suyos indefensos ante el poder del mal. Esa fuerza no se manifestará eliminando al enemigo sino fortaleciendo al agredido, de forma que la supere sin que le afecte en nada.

El mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo tengo Vida y también vosotros la tendréis. No se trata de la visión sensorial, sino de descubrir que sigue dándoles Vida. El mundo dejará de verlo. Ellos que durante la vida terrena lo habían visto como el mundo, ahora serán capaces de verlo de una manera nueva.

Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Al participar de la Vida del Padre, experimentarán la unidad con Jesús y con el Padre. Es el sentido más profundo del amor, unidad (ágape). Ya no hay sujeto que ama ni objeto amado. Es una experiencia de unidad tan viva que nadie podrá arrancarles.

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”. Su mensaje es el del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios se experimenta como una cercanía interior, no externa. El domingo pasado iba a preparar sitio en el hogar del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen a vivir con el discípulo.

Un versículo después dice: el que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y permaneceremos con él. Tienen garantizada la presencia del Padre de Jesús y del Espíritu. Dios no tiene que venir de ninguna parte porque está en nosotros antes de empezar a ser. Queda confirmada la identidad de Jesús y del Padre.

Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. A esa misma identificación estamos llamados nosotros. Hacernos una cosa con Dios, que es espíritu y que no está en nosotros como parte alícuota de un todo que soy yo, sino como fundamento de mi ser, sin el cual nada puede haber de mí mismo. Yo soy totalmente humano y divino.

 

 

Pentecostés – Ciclo A – (Reflexión)

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