miércoles, 29 de abril de 2026

V Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

V Domingo de Pascua Ciclo A mayo 3, 2026 
Hechos 6, 1-7 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 4-9


Continuamos en el tiempo Pascual, y en este domingo la liturgia nos ayuda a ubicarnos por dónde vamos, en quién creemos y cuál es el sentido de la vida 

Evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy".

Entonces Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le respondió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto".

Le dijo Felipe: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le replicó: "Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre".

Reflexión:

¿Qué camino sigo en mi vida?

Al igual que en las primeras comunidades cristianas, hoy también, en cuanto escuchamos la Palabra, conocemos al Padre, a través de Jesús, y vamos entendiendo mejor en que consiste su Reino y cuál es su Voluntad.

Nos dice la primera lectura que Jesús es “piedra vida”, “piedra angular” y quien crea en Él, “no quedará defraudado”, esto es, que si le hacemos caso, tendremos una vida plena (“… que vale la pena vivir”) y la vida eterna.

Creer en Jesús, es confiar, adherirse y apoyarse en él; es más que solo aceptarlo (ciegamente), sino fiarme de su palabra, de sus enseñanzas y ejemplo, que me muestran como ser y hacer el bien, allí donde esté y con quién esté…

La Buena Nueva (Evangelio, buena noticia) de Jesús es que es posible tener “una nueva y mejor manera de vivir”; es la guía y camino que nos lleva a ese estilo de vida, terrenal y eterno.

En palabras de Jesús, la vida eterna es, “que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” Jn 17, 3 … “El que escucha mi palabra y cree… tiene vida eterna… ha pasado de la muerte a la vida” Jn 5, 24

Por ello la gran importancia de escucharlo, para conocerlo, y así poder reconocerlo “en todo y en todos” (cfr. EE 234), y estar ya desde ahora, gozando de la vida que el Padre desea para cada uno de nosotros…

Hoy, y cada día, se nos invita a estar atentos a la presencia de Jesús, en nuestra vida ordinaria, y seguirlo, pues  Él es:

·        Camino, que nos lleva al Padre, fuente y compañero de vida.

·        Verdad, Hijo del Padre, trasparente y coherente en palabras y obras, que nos trasforma interiormente.

·        Vida, que da sentido a nuestra existencia en el amor, respeto y servicio.

 

¿Cómo saber que voy por el camino correcto?... ¿Cómo ser veraz y auténtico discípulo de Jesús?... ¿Cómo dar sentido a mi vida?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

V Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 V Domingo de Pascua Ciclo A mayo 3, 2026 
Hechos 6, 1-7 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 4-9


Evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy".

Entonces Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le respondió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto".

Le dijo Felipe: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le replicó: "Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

CREERLE A JESÚS, EL CRISTO

José Antonio Pagola

Hay en la vida momentos de verdadera sinceridad en que surgen de nuestro interior, con lucidez y claridad desacostumbradas, las preguntas más decisivas: en definitiva, yo ¿en qué creo?, ¿qué es lo que espero?, ¿en quién apoyo mi existencia?

Ser cristiano es, antes que nada, creerle a Cristo. Tener la suerte de habernos encontrado con él. Por encima de toda creencia, fórmula, rito o ideologización, lo verdaderamente decisivo en la experiencia cristiana es el encuentro con Jesús, el Cristo.

Ir descubriendo por experiencia personal, sin que nadie nos lo tenga que decir desde fuera, toda la fuerza, la luz, la alegría, la vida que podemos ir recibiendo de Cristo. Poder decir desde la propia experiencia que Jesús es «camino, verdad y vida».

En primer lugar, descubrirlo como camino. Escuchar en él la invitación a caminar, avanzar siempre, no detenernos nunca, renovarnos constantemente, ahondar en la vida, construir un mundo justo, hacer una Iglesia más evangélica. Apoyarnos en Cristo para andar día a día el camino doloroso y al mismo tiempo gozoso que va desde la desconfianza a la fe.

En segundo lugar, encontrar en Cristo la verdad. Descubrir desde él a Dios en la raíz y en el término del amor que los seres humanos damos y acogemos. Darnos cuenta, por fin, que la persona solo es humana en el amor. Descubrir que la única verdad es el amor, y descubrirlo acercándonos al ser concreto que sufre y es olvidado.

En tercer lugar, encontrar en Cristo la vida. En realidad, las personas creemos a aquel que nos da vida. Por eso, ser cristiano no es admirar a un líder ni formular una confesión sobre Cristo. Es encontrarnos con un Cristo vivo y capaz de hacernos vivir.

Jesús es «camino, verdad y vida». Es otro modo de caminar por la vida. Otra manera de ver y sentir la existencia. Otra dimensión más honda. Otra lucidez y otra generosidad. Otro horizonte y otra comprensión. Otra luz. Otra energía. Otro modo de ser. Otra libertad. Otra esperanza. Otro vivir y otro morir.

 

JESÚS ES ÉL MISMO DIOS-VIDA

Fray Marcos

Se trata de reflexiones de la comunidad. Se nota la dificultad que tiene para expresar su experiencia. Esta vivencia está anclada en la presencia de Jesús, del Espíritu y del Padre. Los tres forman una Realidad que los acompaña y les transforma.

Creed en Dios y creed también en mí. “Pisteuete eis”, no significa creer, en el sentido que damos hoy a la palabra. Sería “creer” en sentido bíblico, es decir, poner la confianza en alguien. Juan utiliza esta construcción 30 veces aplicada a Jesús. Solo en 12,44 y aquí pone como término a Dios. La confianza en Jesús y la confianza en Dios son la misma. Sería confiar en lo que cada uno es ya.

En el hogar de mi Padre, hay sitio para todos. El lenguaje mítico nos puede despistar. Jesús va al Padre, para procurarles un tipo de relación con Dios, similar a la suya. No se trata de un lugar, sino del ámbito del amor de Dios. En el corazón de Dios, todos tienen cabida. Todos estamos llamados a formar una Realidad con Él.

Todo lenguaje es mítico-simbólico. Me voy, me quedo, vuelvo, no se puede entender literalmente. Esta teología es clave para entender la marcha de Jesús y a la vez, su permanencia. Aunque la formulación es mítica, el mensaje sigue siendo válido. Lo que tenemos que descubrir y vivir ya aquí es esa identificación con Dios.

Yo soy Camino, Verdad y Vida. Lo que se quiere decir está más allá de la capacidad del lenguaje. Camino, Verdad, Vida hacen referencia al Padre que está identificado con Jesús. No hay un Jesús separado que se identifica con Dios sino una única Realidad que se manifiesta en Jesús.

Jesús es Camino, que empieza y termina en Dios. No hay ningún espacio entre Jesús y Dios. Desde Dios hasta Dios no puede haber ningún trecho. Jesús es, como todo ser humano, un proyecto, pero ya realizado, recorrió el camino que le llevó a la plenitud humana. Ese camino es el amor total que abarca toda su vida. Los que le siguen deben recorrer también ese camino, es decir ir de Dios que es su origen hasta Dios que es la meta. En el AT el camino era el cumplimiento de la Ley. Ahora es Jesús.

Yo soy verdad, es decir, soy lo que tengo que ser. No se trata de la verdad lógica sino de la verdad ontológica que hace referencia al ser. Jesús es auténtico, hace presente a Dios, que es su verdadero ser. Lo contrario sería ser falso. “Yo soy” es el nombre que se dio a sí mismo Dios en la zarza, para responder a Moisés.

Yo soy Vida, es decir, lo esencial de mi ser está en la energía (Dios) que hace que sea lo que soy. "El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me coma, vivirá por mí." Está hablando de la misma Vida-Dios que se le ha comunicado a él y que se está comunicando siempre a todos.

Nadie va al Padre sino por mí. También había dicho: nadie viene a mí si el Padre no lo atrae. Las dos ideas se complementan. Para el que nace del Espíritu, el Padre no es alguien lejano ni en espacio ni en tiempo, su presencia es inmediata.

“Si llegáis a conocerme, conoceréis también a mi Padre”. No se trata de progresar en el conocimiento racional, sino en la comunión por amor. El conocimiento vivencial de Jesús, hará que el Padre se manifieste en el discípulo.

¿Cómo dices tú, muéstranos al Padre? Esta queja es una clara reflexión pascual. En su vida pública, sus seguidores no entendieron lo que era Jesús. Felipe sigue separando a Dios del hombre. No ha descubierto el alcance del amor-Dios ni su proyecto sobre el hombre. Dios solo es visible en el hombre concreto.

miércoles, 22 de abril de 2026

IV Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

IV Domingo de Pascua Ciclo A abril 26, 2026 
Hechos 2, 14.36-41 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 20-25


Avanzamos en el tiempo de Pascua, y este domingo se nos recuerda que para tener “una vida nueva”, tan solo hay que seguir a Jesús …

Evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.

 

Reflexión:

¿Cómo es mi vida?

Como he comentado en estas reflexiones, el deseo de Dios para cada uno de nosotros, es que “tengamos una vida que valga la pena vivir”. Para tenerla tenemos que buscar el camino y seguir por el, cuidando de no apartarnos, y poder gozar durante el trayecto; esta manera de caminar, al estilo de las enseñanzas de Jesús, es la vida misma.

Jesús, es el Señor y Mesías (ungido / elegido) por Dios, para salvarnos de todo lo que nos corrompe y quita vida, de lo que nos aparta del deseo de Dios. (cfr. Hech 2, 14.36-41). Él es el maestro de Vida, que con sus palabras y obras nos muestra cuál es el camino que nos conviene seguir, para ir accediendo a esa vida “que vale la pena vivir”.

En un mundo, donde parece que la norma es, mentiras, insultos, maltratos, abusos y opresiones, Jesús, nos invita y muestra constantemente que, hacer el bien es la manera de acceder a “esa vida que vale la pena”. Para seguirlo y andar por su camino (huellas), hay que aprender de él, vivir a su manera: confiar en el Padre, para anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios: justicia, misericordia, fraternidad (cfr. 1 Ped 2, 20-25).

Jesús, es la puerta de acceso a la salvación; distinguir y escuchar su voz, sus palabras, nos dan la guía para vivir de tal manera “que valga la pena”. Confiar en que su único deseo es que “tengamos vida abundante”, debería ser suficiente para hacerle caso y poner en práctica sus enseñanzas (cfr. Juan 10, 1-10).

Pascua es volver a renacer, a una nueva vida, es andar por la vida, con nueva actitud, siendo y haciendo el bien … es reflejar, en mis palabras y acciones, que quien me mueve es el “Señor, mi Pastor” y “nada me falta”, cuando ando “por el sendero recto”, pues Él me “cuida y acompaña” en mi vida (cfr. Sal 22).

¿Cuál es la vida que vale la pena vivir?... ¿Cómo distinguir entre tantas voces, cuál es la de Jesús?... ¿Cómo evitar ser engañados por quienes nos mienten, confunden, oprimen y nos quitan vida?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

IV Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 IV Domingo de Pascua Ciclo A abril 26, 2026 
Hechos 2, 14.36-41 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 20-25


Evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

«Yo soy la puerta», nos dice Jesús en el Evangelio de hoy.

La puerta es una imagen que nos evoca movimiento: entrar y salir; nos evoca rechazo y acogida, apertura y cerrazón.

«Sálvense de esta generación perversa», nos dice la Palabra hoy; y es que el mundo nos ofrece puertas falsas, puertas que excluyen o atrapan, puertas que no nos llevan a ningún lado; puertas hechas para dejar entrar al ladrón.

Jesús no solo es el buen pastor, sino la puerta por la que cruzan las ovejas, la que nos da cuidado y protección; es la puerta por la que salen los enviados y por la que llegan los necesitados de descanso y cobijo.

Jesús es la puerta que transitamos, por la que salimos y por la que entramos; es la puerta que nos lleva a «los pastos» que nos dan buena nutrición.

Detengámonos un poco; veamos, con la vista de la imaginación, las promesas de puertas falsas, las puertas que no nos dan salvación.

Veamos «La Puerta», date cuenta de a qué te sientes invitado o invitada hoy. ¿Es tiempo para entrar? ¿Es tiempo para salir? ¿Es tiempo para abrir o para cerrar? ¿A qué te invita Jesús, tu puerta, hoy?.

#FelizDomingo

“Yo soy la puerta”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Hace varios años, a las afueras de Villa Carrillo, un pequeño pueblo de la provincia de Jaén, en España, conocí a Francisco, un pastor que cuidaba un rebaño de unas 400 ovejas y algunas cabras que, efectivamente, están más locas que las ovejas... Pasé todo un día caminando con Francisco por valles y collados, pastoreando su rebaño. Fue un día lleno de novedad y enseñanzas para mí; experimentar de cerca la vida de un pastor, ver cómo conoce a sus ovejas y cómo las ovejas lo conocen a él; cuando se iban alejando demasiado del rebaño, Francisco les gritaba y, todas, reconociendo su voz, volvían la cabeza y regresaban, caminando mansamente, hacia el pastor. Fue un día maravilloso de contemplación de la naturaleza y de esa hermosa relación entre el pastor que guía a sus ovejas hacia fuentes tranquilas, y las conduce por verdes praderas, donde las hace recostar... Al caer la tarde me tocó ser testigo de la forma como las ovejas y las cabras, con una sumisión admirable, entraban, casi saltando de la dicha, al corral para pasar una noche tranquila y segura con la vigilancia del buen pastor. Evidentemente, las ovejas entran por una puerta, y las cabras por otra...

San Juan suele poner en boca de Jesús expresiones como: Yo soy la luz del mundo, yo soy el pan de vida, yo soy la vid verdadera, yo soy la resurrección y la vida, yo soy el camino, la verdad y la vida. Todas son expresiones que nos ayudan a entender la misión de Jesús como fuente de vida, y de una vida abundante. Sin embargo, casi nunca consideramos la identificación de Jesús con una puerta: La expresión, Yo soy la puerta, aparece dos veces en este evangelio: “Jesús volvió a decirles: ‘Esto les aseguro: Yo soy la puerta por donde pasan las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí, fueron unos ladrones y bandidos; pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entre, será salvo. Será como una oveja que entra y sale y encuentra pastos”.

Una puerta, como lo dice el mismo Jesús, sirve para entrar y salir... Hay un dicho popular que dice: “Si puerta, para qué abierta; y si abierta, para qué puerta”; sin embargo, la puerta tiene sentido en la medida en que permanezca abierta y cerrada; no tendría sentido una puerta que esté siempre cerrada, o una puerta que esté siempre abierta... Dejar entrar y dejar salir, es el sentido más profundo de la puerta... Tengo un compañero jesuita que, por principio, siempre tiene la puerta de su cuarto abierta de par en par; ha llegado incluso a molestar a sus vecinos por el ruido que genera con su música o cuando habla por teléfono. Hay otras personas que siempre están con su puerta cerrada y, no raras veces, hasta con seguro. ¿Cómo está tu puerta? ¿Permites a otros entrar y salir por tu puerta? ¿Estás tan abierto que no tienes espacio para tu propia intimidad y para permitir la intimidad de los demás? ¿Vives bajo llave, encerrado frente a lo distinto, frente a los otros?

Benjamín González Buelta, dice en una de sus poesías estas palabras: “No quiero que mi casa sea de una sola puerta, entrada sin salida, como una trampa para cazar ciguas palmeras...”. Si quieres tener vida, y vida en abundancia, deja que otros entren y salgan por tu puerta y busca entrar por la Puerta que es Jesús, saltando de la dicha, como las ovejas y las cabras de Francisco, el pastor de Villa Carrillo.

ACERTAR CON LA PUERTA

José Antonio Pagola

El evangelio de Juan presenta a Jesús con imágenes originales y bellas. Quiere que sus lectores descubran que solo él puede responder plenamente a las necesidades más fundamentales del ser humano. Jesús es «el pan de la vida»: quien se alimente de él no tendrá hambre. Es «la luz del mundo»: quien le siga no caminará en la oscuridad. Es «el buen pastor»: quien escuche su voz encontrará la vida.

Entre estas imágenes hay una, humilde y casi olvidada, que, sin embargo, encierra un contenido profundo. «Yo soy la puerta». Así es Jesús. Una puerta abierta. Quien le sigue cruza un umbral que conduce a un mundo nuevo: una manera nueva de entender y vivir la vida.

El evangelista lo explica con tres rasgos: «Quien entre por mí se salvará». La vida tiene muchas salidas. No todas llevan al éxito ni garantizan una vida plena. Quien, de alguna manera, sintoniza con Jesús y trata de seguirle, está entrando por la puerta acertada. No echará a perder su vida. La salvará.

El evangelista dice algo más. Quien entra por Jesús «podrá salir y entrar». Tiene libertad de movimientos. Entra en un espacio donde puede ser libre, pues solo se deja guiar por el Espíritu de Jesús. No es el país de la anarquía o del libertinaje. «Entra y sale» pasando siempre a través de esa «puerta» que es Jesús, y se mueve siguiendo sus pasos.

Todavía añade el evangelista otro detalle: quien entre por esa puerta que es Jesús «encontrará pastos», no pasará hambre ni sed. Encontrará alimento sólido y abundante para vivir.

Cristo es la «puerta» por la que hemos de entrar también hoy los cristianos, si queremos reavivar nuestra identidad. Un cristianismo formado por bautizados que se relacionan con un Jesús mal conocido, vagamente recordado, afirmado de vez en cuando de manera abstracta, un Jesús mudo que no dice nada especial al mundo de hoy, un Jesús que no toca los corazones… es un cristianismo sin futuro.

Solo Cristo nos puede conducir a un nivel nuevo de vida cristiana, mejor fundamentada, motivada y alimentada en el evangelio. Cada uno de nosotros podemos contribuir a que, en la Iglesia de los próximos años, se le sienta y se le viva a Jesús de manera más viva y apasionada. Podemos hacer que la Iglesia sea más de Jesús.

 

JESÚS ALCANZÓ PLENITUD DÁNDOSE A LOS DEMÁS

Fray Marcos

Estos Las metáforas del pastor y de la puerta tienen menos peligro de entenderlas de forma literal, pero siguen teniendo un significado pascual. “Yo he venido para que tengan Vida y la tengan abundante”. De todos modos, hay mucho que aquilatar.

Puerta y pastor son la misma metáfora. La única puerta del aprisco era el pastor. El aprisco consistía en una cerca de piedra con una entrada muy estrecha para que tuvieran que pasar las ovejas de una en una. La única puerta era el guarda.

Por la mañana cada pastor iba a sacar las suyas para llevarlas a pastar. Cuando oían la voz, las ovejas que se identificaban con ella, salían. Con estos datos se entiende perfectamente el relato. Jesús se identifica con el pastor que cuida las ovejas como algo propio. No le mueve ningún provecho personal sino el fortalecer a cada oveja.

Las ovejas escuchan la voz porque la conocen. Llama a cada una por su nombre, la relación es personal. Jesús quiere personas libres. No las saca de un corral para meterlas en otro. No son los miembros de la comunidad los que deben estar al servicio de la institución. Es la institución la que debe estar al servicio de cada uno.

En un mismo aprisco había ovejas de muchos dueños, por eso dice que saca todas las suyas que conocen su voz y le siguen. El texto quiere dejar claro que las ovejas no podían salir por sí mismas del estado de opresión, para ellas no había alternativa.

Es Jesús el que les ofrece libertad y capacidad para decidir por sí mismas. Los dirigentes judíos son “extraños”, que no buscan la vida de las ovejas. Ellos las llevan a la muerte. Jesús les da vida. La diferencia no puede ser más radical. Por muy oveja que te sientas, tienes la obligación de distinguir al pastor auténtico del falso.

Él camina delante y las ovejas le siguen. Jesús recorrió una trayectoria humana. Esa experiencia nos sirve para recorrer el mismo camino. No pasó por la vida humana de manera ficticia y con el comodín de la divinidad en la chistera. Esta falsa idea nos ha hecho creer que lo que hizo Jesús es marcarnos el camino desde fuera.

Yo soy la puerta. No se refiere al elemento que gira para cerrar o abrir, sino al hueco por donde se accede a un recinto. El pastor que cuidaba las ovejas era la única puerta. Por eso dice que es la puerta de las ovejas, no del redil. Todos los que han venido antes, son ladrones y bandidos, no han dado libertad/vida a las ovejas.

Entrar por la puerta que es Jesús, es lo mismo que "acercarse a él", "darle nuestra adhesión", asemejarse a él, ir como él a la búsqueda del bien del hombre. Él da la Vida definitiva, y el que posee esa Vida quedará a salvo de la explotación.

Yo he venido para que tengan Vida y les rebose. Los dirigentes no solo despojan a la gente del pueblo de lo que es suyo, sino que sacrifican a las ovejas, es decir, les quitan la vida. La misión de Jesús es exactamente la contraria. Jesús no busca su provecho ni el de Dios. Su interés es que cada oveja alcance su plenitud.

Es muy importante el versículo siguiente, “El pastor modelo (ho poimên ho kalos) se entrega él mismo por las ovejas”. "kalos" significa: bello, ideal, modelo de perfección, único en su género. No se trata de resaltar el carácter de bondad. En griego hay una palabra (agathos), “bueno”; pero no es la que aquí se emplea.

Entrega su vida. En griego hay tres palabras para vida: zoê, bios y psukhê; pero no significan lo mismo. El evangelio dice psykhên = vida psicológica, no biológica. Se trata de poner a disposición de los demás lo que uno es como ser humano.

jueves, 16 de abril de 2026

III Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

 III Domingo de Pascua Ciclo A abril 19, 2026 
Hechos 2, 14. 22-33 / Salmo 15 / 1 Pedro 1, 17-21


La liturgia de este Tercer Domingo de Pascua nos recuerda el camino que podemos seguir, una vez que reconocemos la presencia del Resucitado en nuestra vida diaria …

Evangelio según san Lucas 24, 13-35  

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?"

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?" Él les preguntó: "¿Qué cosa?" Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?" Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión:

¿Dónde encuentro al Resucitado?

Partiendo de la exhortación de Pedro en la primera lectura, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza en Dios”, podremos reflexionar como es que podemos lograrlo, en nuestra vida ordinaria.

Creer en Dios, es tomar por veraz lo que se nos ha revelado acerca de Él, por Jesús, su Hijo, quien en su vida apostólica nos dio a conocer el deseo de Dios Padre, para nosotros, sus creaturas: “que tengamos una vida que valga la pena vivir”.

Creer que Dios Padre resucitó a Jesús de la muerte, es poner nuestra esperanza en el deseo de Dios, para todos y cada uno de nosotros.

Creer en el Padre y en Jesús, es abrir los ojos, en nuestra realidad terrena, para descubrir su presencia permanente, que se manifiesta “en todo y en todos” (cfr. EE 23, 230-237), y que por permite acceder a “una vida que valga la pena vivir”.

Necesitamos, obviamente la gracia de Dios (regalo) para poder comprender, aceptar y vivir, que, es Jesús quien nos “enseña el camino de la vida” (cfr Sal 15); y es precisamente, en la vida ordinaria, cuando todo parece terminar, como les aconteció a los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35), que en su desesperanza, al poner atención en lo que estaban viviendo, “se les abren los ojos y el entendimiento”, y reconocen a Jesús.

Como ellos, también cada uno de nosotros, podemos reconocerlo, al escuchar su Palabra, compartir sus enseñanzas y ponerlas en obras concretas, que permitan colaborar en la construcción de una “vida que vale la pena vivir”, que es precisamente, la vida nueva que nos trae la Pascua.


¿Cómo el Resucitado se hace presente en mi vida?... ¿Quiénes reflejan la presencia viva de Jesús?... ¿Cómo la Comunión me abre ojos y corazón?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

III Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 III Domingo de Pascua Ciclo A abril 19, 2026  
 Hechos 2, 14. 22-33 / Salmo 15 / 1 Pedro 1, 17-21


Evangelio según san Lucas 24, 13-35  

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?"

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?" Él les preguntó: "¿Qué cosa?" Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?" Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Aquellos discípulos, que se dirigían a Emaús, habían conocido y creído en Jesús. Pero lo habían visto colgado de la cruz, humillado y exclamando al cielo: «¿Por qué me has abandonado?». Podemos imaginar el nivel de frustración, confusión y tristeza de aquellos hombres: ese que los iba a salvar, que iba a transformarlo todo, había sido asesinado y de la peor manera. La estrategia de estos dos era la desesperanzadora huida.

En el camino, se encuentran con el Resucitado, pero «sus ojos no eran capaces de reconocerlo». El Resucitado camina con ellos, los escucha, les explica, y ellos siguen sin entender. (La experiencia de la Resurrección no entra por la razón). Hoy hemos escuchado en el Evangelio el resto de la historia. Ya al atardecer, cuando la noche llega, el Resucitado, sentado a la mesa con ellos, hace lo que siempre hacía: partir el pan, compartir; y a aquellos dos se les «abrieron los ojos y lo reconocieron», pero Él ya no estaba. Pero se dieron cuenta de que el Resucitado había encendido su corazón. Los que antes iban de huida, en las penumbras del día, fueron capaces de levantarse y regresar a Jerusalén, al sitio del conflicto. Llenos de valentía, supieron que eran ellos quienes, con los otros, habrían de continuar lo que Jesús había comenzado.

Nosotros, tantas veces, somos como estos dos discípulos: llenos de frustración y miedo, optamos por la huida. Y en nuestro plan de escape, nos sale en el camino el Resucitado, y cuando ya viene la noche, nos devuelve la esperanza y aviva el fuego de nuestro corazón. Entonces nos volvemos valientes y le decimos: «Señor, me enseñarás el sendero de la vida», y nos levantamos, regresamos; volvemos a creer y a esperar.

En este Domingo de Pascua, pongamos atención en cómo y en dónde nos viene saliendo al paso el Resucitado. Pidamos que se nos abran los ojos para que lo reconozcamos. Que el Resucitado avive nuestro fuego y seamos capaces de «levantarnos».

#FelizDomingo

“El corazón nos ardía”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 Cuando llegamos a nuestra habitación o a nuestra casa, ya caída la noche, cansados por las labores del día, casi sin darnos cuenta, mecánicamente, dirigimos nuestra mano hasta el interruptor que está junto a la puerta. Lo oprimimos y se desencadenan una serie de órdenes que hacen que los dos polos de la corriente eléctrica se unan a través de un filamento para producir el milagro de la luz. Este es, exactamente, el mecanismo que se produce en la vida espiritual cuando dejamos que entren en contacto dos realidades que están a la mano en nuestra cotidianidad: la Vida y la Palabra; cuando se unen la Vida y la Palabra, se produce, casi milagrosamente, la luz en nuestro interior. Eso que parecía oscuro, al fondo del túnel de la desesperanza, se ilumina y hace que nuestro corazón arda al calor del encuentro con el Resucitado. Te invito a que mires tu realidad, alegre o trágica; mírala en toda su verdad, sin decirte mentiras ni pretender maquillarla para que aparezca más bonita y presentable ante tus ojos. Mira tu realidad de frente, sin engaños ni apariencias. Deja que surjan, ante esta realidad, tus sentimientos, tus emociones, tus pensamientos... Puedes responder preguntas como: ¿Qué ha pasado hoy en tu vida? ¿Qué te duele? ¿Qué te aflige? ¿Dónde sientes que te está tallando el zapato?

En un segundo momento, busca en la Escritura un texto que te ayude a entender los planes de Dios para ti y para toda la creación. Hay gente que abre la Biblia, sin muchos cálculos, en la página que sea y lee algunos párrafos. Cuentan que así lo hacían san Antonio Abad o san Francisco de Asís, para descubrir lo que Dios les pedía en un momento determinado de sus vidas. Sin embargo, si conoces la Escritura y estás familiarizado con ella, te vendrán a la memoria unas palabras de Jesús o de san Pablo... Recordarás, desde lo que estés viviendo, un pasaje bíblico en el que descubras un alimento especial, de acuerdo a tus circunstancias. Puedes estar seguro de que, poco a poco, casi sin darte cuenta, casi milagrosamente, comenzarás a sentir que te arde el corazón, y lo que parecía oscuro, empezará a aparecer luminoso y claro. A lo mejor salten en tu interior expresiones parecidas a estas: ¡Cómo no me había dado cuenta, si está tan claro! ¿Por qué no veía las salidas si estaban delante de mis narices?

Esto es lo que nos regala san Lucas en el texto de los discípulos de Emaús. Jesús resucitado camina junto a los discípulos que van apesadumbrados por la dura realidad de la muerte del Señor; comienza por preguntarles por lo que van conversando y por lo que les ha sucedido. Pero no los deja allí; les habla de lo que Moisés y los Profetas habían dicho sobre el Mesías. Y, poco a poco, comienzan a percibir el ardor en sus corazones y la luz en sus caminos... Esta experiencia espiritual los pone en movimiento, los lanza a construir la comunidad a través de su palabra y su testimonio; aun en medio de la noche, que ya ha caído, los discípulos salen hacia Jerusalén a llevar la Buena Noticia de su encuentro con el Señor resucitado que los anima y consuela con su presencia.

Cuando te sientas cansado y en medio de la oscuridad, no dudes en oprimir el interruptor que está junto a la puerta de tu corazón, para desencadenar el milagro de la luz en tu propio interior, que nace del contacto de la Vida con la Palabra; sólo así, podrás llevar a la Comunidad la Buena Noticia de la resurrección del Señor en tu propia vida.

RECORDAR MÁS A JESÚS

José Antonio Pagola

El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.

Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?

Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscar algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos. ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia, pero lo siguen recordando?

La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su Evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel «desconocido» se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos alimentando su fe!

Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Jesús no está ausente. Camina junto a nosotros.

 

A JESÚS VIVO LE HARÉ PRESENTE AL COMPARTIR

Fray Marcos

Estos dos discípulos pasan de creer en un Jesús profeta a descubrirlo vivo y dándoles Vida. De la desesperanza, pasan a vivir la presencia de Jesús. Se alejaban de Jerusalén tristes y decepcionados; vuelven a toda prisa, contentos e ilusionados.

Es un prodigio de teología narrativa. En ella podemos descubrir el verdadero sentido de los relatos de apariciones. El objetivo es llevarnos a la experiencia pascual que ellos vivieron. En ningún caso intentan dar noticias de acontecimientos puntuales.

Es Jesús quien toma la iniciativa, como siempre en los relatos de apariciones. Los dos discípulos se alejaban de Jerusalén, solo querían apartar de su cabeza aquella pesadilla. Pero a pesar de lo ocurrido y muy a pesar suyo, llevan a Jesús en su corazón. Lo primero que hace Jesús es pedirles que manifiesten su amargura.

Es lo que sucedió a todos sus seguidores. La muerte les destrozó, pero permaneció un rescoldo que terminó siendo más fuerte que las terribles evidencias.

La manera en que el relato describe el reconocimiento (después de haber caminado y discutido con él durante tres kilómetros) y la instantánea desaparición, nos indican claramente que la presencia de Jesús, después de su muerte, no es la de una persona normal. Los sentidos ya no sirven para reconocer a Jesús. Estos detalles nos vacunan contra la tentación de interpretar de manera física los relatos de apariciones.

Nosotros esperábamos… Esperaban que se cumplieran sus expectativas. No podían sospechar que ya se había cumplido. Esa frase refleja nuestras decepciones. Esperamos que la Iglesia... Esperamos que el Obispo... esperamos que el concilio... Esperamos que el Papa... Esperamos lo que nadie puede darnos desde fuera y surge la desilusión.

No es Jesús el que cambia para que le reconozcan, son los ojos de los discípulos los que se abren y se capacitan para reconocerle. No se trata de ver algo nuevo, sino de ver con ojos nuevos lo que tenían delante. No es la realidad la que debe cambiar, somos nosotros los que tenemos que descubrir la realidad de Jesús Vivo, que tenemos delante.

1) En el camino de la vida. Es posible caminar junto a él y no reconocerlo. Habrá que estar más atento si queremos entrar en contacto con él. Es una crítica a nuestra religiosidad demasiado apoyada en lo externo. A Jesús no lo vamos a encontrar en el templo ni en los rezos ni en los ritos sino en la vida real, en el contacto con los demás.

2) En la Escritura. Pero el mensaje de la Escritura no está en la letra sino en la vivencia espiritual que hizo posible el relato. Dios habla únicamente desde lo hondo del ser. La Escritura es palabra humana, pero se volverá palabra de Dios si la vivimos.

3) Al partir el pan: Se trata de una manera muy personal de partir y repartir el pan. Referencia a tantas comidas en común, a la multiplicación de los panes, etc. Al ver el signo, se les abren los ojos. Un gesto es más eficaz que la explicación de la Escritura.

4) En la comunidad reunida. Cristo resucitado solo se hace presente en la experiencia de cada uno, pero solo la experiencia compartida me da la seguridad de que es auténtica. Por eso él se hace presente en la comunidad. La comunidad (aunque sean dos) es el marco adecuado para provocar la vivencia.

La experiencia compartida nos empuja en la misma dirección. El ser humano solo desarrolla sus posibilidades de ser en la relación con los demás. Jesús hizo presente a Dios amando, es decir, dándose a los demás. Esto es imposible si el ser humano se encuentra aislado y sin contacto alguno con el otro. El otro será siempre imprescindible.

V Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

V Domingo de Pascua – Ciclo A – mayo 3, 2026  Hechos 6, 1-7 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 4-9 Continuamos en el tiempo Pascual, y en este d...