miércoles, 6 de mayo de 2026

VI Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

 VI Domingo de Pascua Ciclo A mayo 10, 2026 
Hechos 8, 5-8. 14-17 / Salmo 65 / 1 Pedro 3, 15-18



En este VI Domingo de Pascua, escuchamos como Jesús intercede ante el Padre, para que envíe “otro” Paráclito, que esté siempre con nosotros …

Evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Consolador para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Reflexión:

¿Quién mueve mi vida?

El término paráclito proviene del griego parakletos y significa “aquel que es llamado al lado de uno” para ayudar, defender, consolar o interceder; en el contexto cristiano, se utiliza principalmente para referirse al Espíritu Santo, como consolador, abogado y guía fiel prometido por Jesús.

El Espíritu Santo, tercera Persona de la Trinidad, es el ruaj (רוּחַ), una fuerza invisible pero poderosa, como el viento o el aliento de vida que Dios sopla en el ser humano.

El Espíritu Santo es el maestro interior que guía el discernimiento de los espíritus: entre el “buen espíritu” (que trae paz, alegría y consuelo) y el “mal espíritu” (que trae inquietud y tristeza), y así poder encontrar y hacer la voluntad de Dios en la vida cotidiana.

Cuando conozco a Jesús, conozco al Padre; conocerlos y poner en práctica sus enseñanzas, es dejarme habitar por su Espíritu, y permitirle me conduzca a ser y hacer el bien; como Felipe, en la primera lectura, que además de anunciar el Evangelio del Resucitado, hacía cosas extraordinarias, con la fuerza del Espíritu.

Cuando el Espíritu de Dios sopla, nos mueve a ser reflejo de la imagen de Dios (así fuimos creados), a través de poner nuestros dones y habilidades al servicio del Reino. Conocer a Jesús, transforma nuestro corazón, nos enamora de su mensaje y misión; nos mueve a colaborar con Él.

Se le llama Espíritu de Verdad (Jn 14, 17) porque su función principal es revelar la realidad profunda de Dios y desenmascarar los engaños que nos alejan de Él; el Espíritu de Verdad actúa como una luz que:

§  Ayuda a distinguir si un deseo nace del amor de Dios o del egoísmo.

§  Rompe con las “mentiras” de la sociedad o del propio orgullo que nos hacen creer que la felicidad está en cosas pasajeras.

Es Jesús, el primer Paráclito, que nos revela al Padre y su deseo de que tengamos una “vida que valga la pena vivir”; el “otro” paráclito, es el Espíritu santo, que nos recuerda las enseñanzas de Jesús, nos acompaña y guía en cada momento de nuestra vida.

La Pascua, es el tiempo de alcanzar la nueva vida, que transforma nuestro interior y nos invita a transformar el mundo (en el que vivimos), con la guía del Espíritu de Dios, y que su amor, misericordia, justicia y paz, reine entre nosotros.

PD. ¡Felicidades a todas las mamás, biológicas y espirituales, en este día. Dios las bendiga!

¿Cómo permitir que el Espíritu esté en mí?... ¿Cómo transparentar en mi vida al Espíritu?... ¿A dónde y a qué, me mueve el Espíritu de Dios?...

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP

Para profundizar: https://tinyurl.com/BN-6PA-260510

VI Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 VI Domingo de Pascua Ciclo A mayo 10, 2026 
Hechos 8, 5-8. 14-17 / Salmo 65 / 1 Pedro 3, 15-18


Evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Consolador para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

NO ESTAMOS HUÉRFANOS

José Antonio Pagola

Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas recordado de manera rutinaria es una Iglesia que corre el riesgo de irse extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.

En la Iglesia de Jesús necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Necesitamos comunidades cristianas marcadas por la experiencia viva de Jesús. Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta y se le viva a Jesús de manera nueva. Podemos hacer que sea más de Jesús, que viva más unida a él. ¿Cómo?

Juan recrea en su evangelio la despedida de Jesús en la última cena. Los discípulos intuyen que dentro de muy poco les será arrebatado. ¿Qué será de ellos sin Jesús? ¿A quién le seguirán? ¿Dónde alimentarán su esperanza? Jesús les habla con ternura especial. Antes de dejarlos quiere hacerles ver cómo podrán vivir unidos a él, incluso después de su muerte.

Antes que nada, ha de quedar grabado en su corazón algo que no han de olvidar jamás: «No os dejaré huérfanos. Volveré». No han de sentirse nunca solos. Jesús les habla de una presencia nueva que los envolverá y les hará vivir, pues los alcanzará en lo más íntimo de su ser. No los olvidará. Vendrá y estará con ellos.

Jesús no podrá ya ser visto con la luz de este mundo, pero podrá ser captado por sus seguidores con los ojos de la fe. ¿No hemos de cuidar y reavivar mucho más esta presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros? ¿Cómo vamos a trabajar por un mundo más humano y una Iglesia más evangélica si no le sentimos a él junto a nosotros?

Jesús les habla de una experiencia nueva que hasta ahora no han conocido sus discípulos, mientras lo seguían por los caminos de Galilea: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo». Esta es la experiencia básica que sostiene nuestra fe. En el fondo de nuestro corazón cristiano sabemos que Jesús está con el Padre y nosotros estamos con él. Esto lo cambia todo.

Esta experiencia está alimentada por el amor: «Al que me ama… yo también lo amaré y me revelaré a él». ¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día sin amarlo y sin sentirnos amados entrañablemente por él? ¿Es posible evitar la decadencia del cristianismo sin reavivar este amor? ¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo dejamos apagar? ¿Quién podrá llenar el vacío de Jesús? ¿Quién podrá sustituir su presencia viva en medio de nosotros?

 

 

DIOS TRINO ES VIDA Y ESTÁ EN MÍ

Fray Marcos

Se habla de la presencia del Padre, Jesús y el Espíritu en los miembros de la comunidad. Quiere hacer ver que no estaban en inferioridad de condiciones con relación a los que habían conocido a Jesús; por eso es tan importante para nosotros hoy. Nos pone ante la realidad de Jesús vivo que nos hace vivir a nosotros con la misma Vida que él tenía.

No debemos dejarnos confundir por la manera de formular estas ideas sobre la relación de Jesús, el Padre y el Espíritu. No se trata de una relación con alguna entidad exterior al ser humano. Tampoco se está hablando de tres realidades separadas, Padre, Jesús, Espíritu. Se habla de la misma realidad con nombres distintos. Insiste en la identidad de los tres.

Si me amáis, guardaréis mis mandatos. En el capítulo siguiente, quedan reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los demás no ama a Jesús, ni al Padre, porque están en cada ser humano. Lo mandado es el amor. Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera, sino urgencia que viene del interior y que se manifiesta en obras.

Yo pediré al Padre que os mande otro defensor que esté con vosotros siempre. No está hablando de una realidad distinta de lo que él o el Padre es. Será una nueva manera de experimentar el amor. Dice que mandará al Espíritu, después que él volverá y por fin que el Padre y él vendrán y se quedarán. Se trata de una realidad múltiple y a la vez única.

Defensor (paraklêtos) es el que ayuda en cualquier circunstancia; abogado, defensor en un juicio. Tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús y dar seguridad y guiar a los discípulos. Mientras estaba con ellos, era el mismo Jesús quien les defendía. Ahora, será el Espíritu el único defensor, pero más eficaz, porque los defenderá desde dentro.

No os voy a dejar desamparados. En el AT el huérfano era prototipo de aquel con quien se pueden cometer impunemente toda clase de injusticias. Jesús no va a dejar a los suyos indefensos ante el poder del mal. Esa fuerza no se manifestará eliminando al enemigo sino fortaleciendo al agredido, de forma que la supere sin que le afecte en nada.

El mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo tengo Vida y también vosotros la tendréis. No se trata de la visión sensorial, sino de descubrir que sigue dándoles Vida. El mundo dejará de verlo. Ellos que durante la vida terrena lo habían visto como el mundo, ahora serán capaces de verlo de una manera nueva.

Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Al participar de la Vida del Padre, experimentarán la unidad con Jesús y con el Padre. Es el sentido más profundo del amor, unidad (ágape). Ya no hay sujeto que ama ni objeto amado. Es una experiencia de unidad tan viva que nadie podrá arrancarles.

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”. Su mensaje es el del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios se experimenta como una cercanía interior, no externa. El domingo pasado iba a preparar sitio en el hogar del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen a vivir con el discípulo.

Un versículo después dice: el que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y permaneceremos con él. Tienen garantizada la presencia del Padre de Jesús y del Espíritu. Dios no tiene que venir de ninguna parte porque está en nosotros antes de empezar a ser. Queda confirmada la identidad de Jesús y del Padre.

Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. A esa misma identificación estamos llamados nosotros. Hacernos una cosa con Dios, que es espíritu y que no está en nosotros como parte alícuota de un todo que soy yo, sino como fundamento de mi ser, sin el cual nada puede haber de mí mismo. Yo soy totalmente humano y divino.

 

 

miércoles, 29 de abril de 2026

V Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

V Domingo de Pascua Ciclo A mayo 3, 2026 
Hechos 6, 1-7 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 4-9


Continuamos en el tiempo Pascual, y en este domingo la liturgia nos ayuda a ubicarnos por dónde vamos, en quién creemos y cuál es el sentido de la vida 

Evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy".

Entonces Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le respondió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto".

Le dijo Felipe: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le replicó: "Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre".

Reflexión:

¿Qué camino sigo en mi vida?

Al igual que en las primeras comunidades cristianas, hoy también, en cuanto escuchamos la Palabra, conocemos al Padre, a través de Jesús, y vamos entendiendo mejor en que consiste su Reino y cuál es su Voluntad.

Nos dice la primera lectura que Jesús es “piedra vida”, “piedra angular” y quien crea en Él, “no quedará defraudado”, esto es, que si le hacemos caso, tendremos una vida plena (“… que vale la pena vivir”) y la vida eterna.

Creer en Jesús, es confiar, adherirse y apoyarse en él; es más que solo aceptarlo (ciegamente), sino fiarme de su palabra, de sus enseñanzas y ejemplo, que me muestran como ser y hacer el bien, allí donde esté y con quién esté…

La Buena Nueva (Evangelio, buena noticia) de Jesús es que es posible tener “una nueva y mejor manera de vivir”; es la guía y camino que nos lleva a ese estilo de vida, terrenal y eterno.

En palabras de Jesús, la vida eterna es, “que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” Jn 17, 3 … “El que escucha mi palabra y cree… tiene vida eterna… ha pasado de la muerte a la vida” Jn 5, 24

Por ello la gran importancia de escucharlo, para conocerlo, y así poder reconocerlo “en todo y en todos” (cfr. EE 234), y estar ya desde ahora, gozando de la vida que el Padre desea para cada uno de nosotros…

Hoy, y cada día, se nos invita a estar atentos a la presencia de Jesús, en nuestra vida ordinaria, y seguirlo, pues  Él es:

·        Camino, que nos lleva al Padre, fuente y compañero de vida.

·        Verdad, Hijo del Padre, trasparente y coherente en palabras y obras, que nos trasforma interiormente.

·        Vida, que da sentido a nuestra existencia en el amor, respeto y servicio.

 

¿Cómo saber que voy por el camino correcto?... ¿Cómo ser veraz y auténtico discípulo de Jesús?... ¿Cómo dar sentido a mi vida?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

V Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 V Domingo de Pascua Ciclo A mayo 3, 2026 
Hechos 6, 1-7 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 4-9


Evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy".

Entonces Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le respondió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto".

Le dijo Felipe: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le replicó: "Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

«Yo soy el camino, la verdad y la vida», escuchamos exclamar a Jesús hoy en el Evangelio. Y esa es una frase a la que todos los amigos y amigas de Jesús hemos de recurrir en los momentos complejos, de elección y de discernimiento en nuestra vida. Y es que, cuando no nos queda claro cómo, por dónde o qué, esta afirmación de Jesús ha de sonar fuerte en nuestra mente y corazón, transformada en un: «¿Qué haría Jesús en mi lugar?».

En los momentos en los que se nos antoja «tirar la toalla», decir algunas verdades o saborear un buen bocadillo de venganza, pero en nuestro corazón se enciende la «alarma» de la incomodidad y perdemos la paz; es entonces cuando nos detenemos y ponemos en práctica esto de hacer lo que Él haría, decir lo que Él diría y creer lo que Él creería. Así, contra toda lógica del mundo, e incluso la propia, actuamos de un modo que nos devuelve la paz, nos construye y nos llena de esperanza.

Finalmente, no olvidemos lo que nos anuncia Pedro hoy: somos piedras rechazadas por los hombres, pero elegidas y preciosas para Dios; piedras vivas llamadas a ser parte de la construcción. A quien el mundo rechaza, Dios lo convierte en piedra angular de su templo. Dios nos mira como a una piedra hermosa, nos elige y llama, confía en nosotros y espera proezas maravillosas en el regalo de su amor.

Pero ahí tenemos el primer desafío o llamada: quiere que tengamos esa misma mirada, «ese modo», hacia los demás. ¿A qué te invita el Señor hoy? Siente cómo te mira: como a su «piedra preciosa», amada, cuidada y deseada.

#FelizDomingo

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Cada vez que nace un niño o una niña, la gente va a visitar a los nuevos padres, que se alegran de una vida nueva que llega al mundo. El comentario que no puede faltar nunca en este tipo de visitas es: “Igualito al papá”... “Tiene la misma nariz de la mamá”... “Cómo se parece al abuelo”... “sacó los mismos cachetes de la abuela”... Las mujeres son más capaces de encontrar estas similitudes que, muchas veces, a los hombres nos parecen exageraciones propias de la sensiblería. No voy a entrar a dirimir quién tiene la razón, pero sí creo que es “normal” que los hijos y las hijas se parezcan a su papá y a su mamá... Eso es lo menos que se puede esperar...

Van pasando los años y, efectivamente, los rasgos físicos, la barriga, las canas, la calvicie, la forma del rostro, la estructura corporal, absolutamente todo se va revelando más claramente parecido. “De tal palo, tal astilla”, solemos decir coloquialmente. Y, ¡oh sorpresa!, no sólo terminamos pareciéndonos en los rasgos físicos, sino que, muchas veces, es sorprendente reconocer similitudes en los movimientos mismos: cómo menea la cabeza, cómo camina, cómo mueve las manos, cómo se sonríe... Y, aún más, no es raro que el hijo o la hija se parezca, o llegue a ser una versión mejorada (o empeorada) de lo que es su padre o su madre en su carácter, en su humor, en su personalidad...

Algo parecido pasa entre Jesús y su Padre Dios: “Solamente por mí se puede llegar al Padre. Si ustedes me conocen a mí, también conocerán a mi Padre; y ya lo conocen desde ahora, pues lo han estado viendo”. (...) “El que me ve a mí, ha visto al Padre” (...) “El Padre, que vive en mí, es el que hace sus propias obras. Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí; si no, crean al menos por las obras mismas”. Jesús hace lo que ve hacer al Padre y nos revela al Padre con toda su vida. Por eso, cuando Felipe le pide que les deje ver al Padre, Jesús le responde: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces?”

Así como Jesús fue un reflejo claro del Padre para los suyos, nosotros estamos invitados a ser también un reflejo de Dios para este mundo. El testimonio de vida es el mejor canal de evangelización. No se trata tanto de hacer cosas para dar ejemplo, ni de repetir gestos que nos parecen simpáticos, ni de copiar actitudes que nos parecen loables. Es algo que debe ir surgiendo por connaturalidad con el origen de la vida que es Dios. Valdría la pena preguntarnos hoy: ¿Cuánto nos parecemos nosotros a nuestro Padre Dios? ¿Podemos decir, como Jesús: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”? Porque, como bien dice Jesús, “Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes”.

Dios permita que nuestra vida sea, como la de Jesús, un reflejo de la vida de Dios para los que nos rodean. Que aquellos que viven junto a nosotros y conocen nuestra forma de amar, vivir, trabajar y actuar, puedan decir de nosotros lo que dicen los que visitan al niño recién nacido: “Es igualito a su papá”.

CREERLE A JESÚS, EL CRISTO

José Antonio Pagola

Hay en la vida momentos de verdadera sinceridad en que surgen de nuestro interior, con lucidez y claridad desacostumbradas, las preguntas más decisivas: en definitiva, yo ¿en qué creo?, ¿qué es lo que espero?, ¿en quién apoyo mi existencia?

Ser cristiano es, antes que nada, creerle a Cristo. Tener la suerte de habernos encontrado con él. Por encima de toda creencia, fórmula, rito o ideologización, lo verdaderamente decisivo en la experiencia cristiana es el encuentro con Jesús, el Cristo.

Ir descubriendo por experiencia personal, sin que nadie nos lo tenga que decir desde fuera, toda la fuerza, la luz, la alegría, la vida que podemos ir recibiendo de Cristo. Poder decir desde la propia experiencia que Jesús es «camino, verdad y vida».

En primer lugar, descubrirlo como camino. Escuchar en él la invitación a caminar, avanzar siempre, no detenernos nunca, renovarnos constantemente, ahondar en la vida, construir un mundo justo, hacer una Iglesia más evangélica. Apoyarnos en Cristo para andar día a día el camino doloroso y al mismo tiempo gozoso que va desde la desconfianza a la fe.

En segundo lugar, encontrar en Cristo la verdad. Descubrir desde él a Dios en la raíz y en el término del amor que los seres humanos damos y acogemos. Darnos cuenta, por fin, que la persona solo es humana en el amor. Descubrir que la única verdad es el amor, y descubrirlo acercándonos al ser concreto que sufre y es olvidado.

En tercer lugar, encontrar en Cristo la vida. En realidad, las personas creemos a aquel que nos da vida. Por eso, ser cristiano no es admirar a un líder ni formular una confesión sobre Cristo. Es encontrarnos con un Cristo vivo y capaz de hacernos vivir.

Jesús es «camino, verdad y vida». Es otro modo de caminar por la vida. Otra manera de ver y sentir la existencia. Otra dimensión más honda. Otra lucidez y otra generosidad. Otro horizonte y otra comprensión. Otra luz. Otra energía. Otro modo de ser. Otra libertad. Otra esperanza. Otro vivir y otro morir.

 

JESÚS ES ÉL MISMO DIOS-VIDA

Fray Marcos

Se trata de reflexiones de la comunidad. Se nota la dificultad que tiene para expresar su experiencia. Esta vivencia está anclada en la presencia de Jesús, del Espíritu y del Padre. Los tres forman una Realidad que los acompaña y les transforma.

Creed en Dios y creed también en mí. “Pisteuete eis”, no significa creer, en el sentido que damos hoy a la palabra. Sería “creer” en sentido bíblico, es decir, poner la confianza en alguien. Juan utiliza esta construcción 30 veces aplicada a Jesús. Solo en 12,44 y aquí pone como término a Dios. La confianza en Jesús y la confianza en Dios son la misma. Sería confiar en lo que cada uno es ya.

En el hogar de mi Padre, hay sitio para todos. El lenguaje mítico nos puede despistar. Jesús va al Padre, para procurarles un tipo de relación con Dios, similar a la suya. No se trata de un lugar, sino del ámbito del amor de Dios. En el corazón de Dios, todos tienen cabida. Todos estamos llamados a formar una Realidad con Él.

Todo lenguaje es mítico-simbólico. Me voy, me quedo, vuelvo, no se puede entender literalmente. Esta teología es clave para entender la marcha de Jesús y a la vez, su permanencia. Aunque la formulación es mítica, el mensaje sigue siendo válido. Lo que tenemos que descubrir y vivir ya aquí es esa identificación con Dios.

Yo soy Camino, Verdad y Vida. Lo que se quiere decir está más allá de la capacidad del lenguaje. Camino, Verdad, Vida hacen referencia al Padre que está identificado con Jesús. No hay un Jesús separado que se identifica con Dios sino una única Realidad que se manifiesta en Jesús.

Jesús es Camino, que empieza y termina en Dios. No hay ningún espacio entre Jesús y Dios. Desde Dios hasta Dios no puede haber ningún trecho. Jesús es, como todo ser humano, un proyecto, pero ya realizado, recorrió el camino que le llevó a la plenitud humana. Ese camino es el amor total que abarca toda su vida. Los que le siguen deben recorrer también ese camino, es decir ir de Dios que es su origen hasta Dios que es la meta. En el AT el camino era el cumplimiento de la Ley. Ahora es Jesús.

Yo soy verdad, es decir, soy lo que tengo que ser. No se trata de la verdad lógica sino de la verdad ontológica que hace referencia al ser. Jesús es auténtico, hace presente a Dios, que es su verdadero ser. Lo contrario sería ser falso. “Yo soy” es el nombre que se dio a sí mismo Dios en la zarza, para responder a Moisés.

Yo soy Vida, es decir, lo esencial de mi ser está en la energía (Dios) que hace que sea lo que soy. "El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me coma, vivirá por mí." Está hablando de la misma Vida-Dios que se le ha comunicado a él y que se está comunicando siempre a todos.

Nadie va al Padre sino por mí. También había dicho: nadie viene a mí si el Padre no lo atrae. Las dos ideas se complementan. Para el que nace del Espíritu, el Padre no es alguien lejano ni en espacio ni en tiempo, su presencia es inmediata.

“Si llegáis a conocerme, conoceréis también a mi Padre”. No se trata de progresar en el conocimiento racional, sino en la comunión por amor. El conocimiento vivencial de Jesús, hará que el Padre se manifieste en el discípulo.

¿Cómo dices tú, muéstranos al Padre? Esta queja es una clara reflexión pascual. En su vida pública, sus seguidores no entendieron lo que era Jesús. Felipe sigue separando a Dios del hombre. No ha descubierto el alcance del amor-Dios ni su proyecto sobre el hombre. Dios solo es visible en el hombre concreto.

miércoles, 22 de abril de 2026

IV Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

IV Domingo de Pascua Ciclo A abril 26, 2026 
Hechos 2, 14.36-41 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 20-25


Avanzamos en el tiempo de Pascua, y este domingo se nos recuerda que para tener “una vida nueva”, tan solo hay que seguir a Jesús …

Evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.

 

Reflexión:

¿Cómo es mi vida?

Como he comentado en estas reflexiones, el deseo de Dios para cada uno de nosotros, es que “tengamos una vida que valga la pena vivir”. Para tenerla tenemos que buscar el camino y seguir por el, cuidando de no apartarnos, y poder gozar durante el trayecto; esta manera de caminar, al estilo de las enseñanzas de Jesús, es la vida misma.

Jesús, es el Señor y Mesías (ungido / elegido) por Dios, para salvarnos de todo lo que nos corrompe y quita vida, de lo que nos aparta del deseo de Dios. (cfr. Hech 2, 14.36-41). Él es el maestro de Vida, que con sus palabras y obras nos muestra cuál es el camino que nos conviene seguir, para ir accediendo a esa vida “que vale la pena vivir”.

En un mundo, donde parece que la norma es, mentiras, insultos, maltratos, abusos y opresiones, Jesús, nos invita y muestra constantemente que, hacer el bien es la manera de acceder a “esa vida que vale la pena”. Para seguirlo y andar por su camino (huellas), hay que aprender de él, vivir a su manera: confiar en el Padre, para anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios: justicia, misericordia, fraternidad (cfr. 1 Ped 2, 20-25).

Jesús, es la puerta de acceso a la salvación; distinguir y escuchar su voz, sus palabras, nos dan la guía para vivir de tal manera “que valga la pena”. Confiar en que su único deseo es que “tengamos vida abundante”, debería ser suficiente para hacerle caso y poner en práctica sus enseñanzas (cfr. Juan 10, 1-10).

Pascua es volver a renacer, a una nueva vida, es andar por la vida, con nueva actitud, siendo y haciendo el bien … es reflejar, en mis palabras y acciones, que quien me mueve es el “Señor, mi Pastor” y “nada me falta”, cuando ando “por el sendero recto”, pues Él me “cuida y acompaña” en mi vida (cfr. Sal 22).

¿Cuál es la vida que vale la pena vivir?... ¿Cómo distinguir entre tantas voces, cuál es la de Jesús?... ¿Cómo evitar ser engañados por quienes nos mienten, confunden, oprimen y nos quitan vida?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

IV Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 IV Domingo de Pascua Ciclo A abril 26, 2026 
Hechos 2, 14.36-41 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 20-25


Evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

«Yo soy la puerta», nos dice Jesús en el Evangelio de hoy.

La puerta es una imagen que nos evoca movimiento: entrar y salir; nos evoca rechazo y acogida, apertura y cerrazón.

«Sálvense de esta generación perversa», nos dice la Palabra hoy; y es que el mundo nos ofrece puertas falsas, puertas que excluyen o atrapan, puertas que no nos llevan a ningún lado; puertas hechas para dejar entrar al ladrón.

Jesús no solo es el buen pastor, sino la puerta por la que cruzan las ovejas, la que nos da cuidado y protección; es la puerta por la que salen los enviados y por la que llegan los necesitados de descanso y cobijo.

Jesús es la puerta que transitamos, por la que salimos y por la que entramos; es la puerta que nos lleva a «los pastos» que nos dan buena nutrición.

Detengámonos un poco; veamos, con la vista de la imaginación, las promesas de puertas falsas, las puertas que no nos dan salvación.

Veamos «La Puerta», date cuenta de a qué te sientes invitado o invitada hoy. ¿Es tiempo para entrar? ¿Es tiempo para salir? ¿Es tiempo para abrir o para cerrar? ¿A qué te invita Jesús, tu puerta, hoy?.

#FelizDomingo

“Yo soy la puerta”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Hace varios años, a las afueras de Villa Carrillo, un pequeño pueblo de la provincia de Jaén, en España, conocí a Francisco, un pastor que cuidaba un rebaño de unas 400 ovejas y algunas cabras que, efectivamente, están más locas que las ovejas... Pasé todo un día caminando con Francisco por valles y collados, pastoreando su rebaño. Fue un día lleno de novedad y enseñanzas para mí; experimentar de cerca la vida de un pastor, ver cómo conoce a sus ovejas y cómo las ovejas lo conocen a él; cuando se iban alejando demasiado del rebaño, Francisco les gritaba y, todas, reconociendo su voz, volvían la cabeza y regresaban, caminando mansamente, hacia el pastor. Fue un día maravilloso de contemplación de la naturaleza y de esa hermosa relación entre el pastor que guía a sus ovejas hacia fuentes tranquilas, y las conduce por verdes praderas, donde las hace recostar... Al caer la tarde me tocó ser testigo de la forma como las ovejas y las cabras, con una sumisión admirable, entraban, casi saltando de la dicha, al corral para pasar una noche tranquila y segura con la vigilancia del buen pastor. Evidentemente, las ovejas entran por una puerta, y las cabras por otra...

San Juan suele poner en boca de Jesús expresiones como: Yo soy la luz del mundo, yo soy el pan de vida, yo soy la vid verdadera, yo soy la resurrección y la vida, yo soy el camino, la verdad y la vida. Todas son expresiones que nos ayudan a entender la misión de Jesús como fuente de vida, y de una vida abundante. Sin embargo, casi nunca consideramos la identificación de Jesús con una puerta: La expresión, Yo soy la puerta, aparece dos veces en este evangelio: “Jesús volvió a decirles: ‘Esto les aseguro: Yo soy la puerta por donde pasan las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí, fueron unos ladrones y bandidos; pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entre, será salvo. Será como una oveja que entra y sale y encuentra pastos”.

Una puerta, como lo dice el mismo Jesús, sirve para entrar y salir... Hay un dicho popular que dice: “Si puerta, para qué abierta; y si abierta, para qué puerta”; sin embargo, la puerta tiene sentido en la medida en que permanezca abierta y cerrada; no tendría sentido una puerta que esté siempre cerrada, o una puerta que esté siempre abierta... Dejar entrar y dejar salir, es el sentido más profundo de la puerta... Tengo un compañero jesuita que, por principio, siempre tiene la puerta de su cuarto abierta de par en par; ha llegado incluso a molestar a sus vecinos por el ruido que genera con su música o cuando habla por teléfono. Hay otras personas que siempre están con su puerta cerrada y, no raras veces, hasta con seguro. ¿Cómo está tu puerta? ¿Permites a otros entrar y salir por tu puerta? ¿Estás tan abierto que no tienes espacio para tu propia intimidad y para permitir la intimidad de los demás? ¿Vives bajo llave, encerrado frente a lo distinto, frente a los otros?

Benjamín González Buelta, dice en una de sus poesías estas palabras: “No quiero que mi casa sea de una sola puerta, entrada sin salida, como una trampa para cazar ciguas palmeras...”. Si quieres tener vida, y vida en abundancia, deja que otros entren y salgan por tu puerta y busca entrar por la Puerta que es Jesús, saltando de la dicha, como las ovejas y las cabras de Francisco, el pastor de Villa Carrillo.

ACERTAR CON LA PUERTA

José Antonio Pagola

El evangelio de Juan presenta a Jesús con imágenes originales y bellas. Quiere que sus lectores descubran que solo él puede responder plenamente a las necesidades más fundamentales del ser humano. Jesús es «el pan de la vida»: quien se alimente de él no tendrá hambre. Es «la luz del mundo»: quien le siga no caminará en la oscuridad. Es «el buen pastor»: quien escuche su voz encontrará la vida.

Entre estas imágenes hay una, humilde y casi olvidada, que, sin embargo, encierra un contenido profundo. «Yo soy la puerta». Así es Jesús. Una puerta abierta. Quien le sigue cruza un umbral que conduce a un mundo nuevo: una manera nueva de entender y vivir la vida.

El evangelista lo explica con tres rasgos: «Quien entre por mí se salvará». La vida tiene muchas salidas. No todas llevan al éxito ni garantizan una vida plena. Quien, de alguna manera, sintoniza con Jesús y trata de seguirle, está entrando por la puerta acertada. No echará a perder su vida. La salvará.

El evangelista dice algo más. Quien entra por Jesús «podrá salir y entrar». Tiene libertad de movimientos. Entra en un espacio donde puede ser libre, pues solo se deja guiar por el Espíritu de Jesús. No es el país de la anarquía o del libertinaje. «Entra y sale» pasando siempre a través de esa «puerta» que es Jesús, y se mueve siguiendo sus pasos.

Todavía añade el evangelista otro detalle: quien entre por esa puerta que es Jesús «encontrará pastos», no pasará hambre ni sed. Encontrará alimento sólido y abundante para vivir.

Cristo es la «puerta» por la que hemos de entrar también hoy los cristianos, si queremos reavivar nuestra identidad. Un cristianismo formado por bautizados que se relacionan con un Jesús mal conocido, vagamente recordado, afirmado de vez en cuando de manera abstracta, un Jesús mudo que no dice nada especial al mundo de hoy, un Jesús que no toca los corazones… es un cristianismo sin futuro.

Solo Cristo nos puede conducir a un nivel nuevo de vida cristiana, mejor fundamentada, motivada y alimentada en el evangelio. Cada uno de nosotros podemos contribuir a que, en la Iglesia de los próximos años, se le sienta y se le viva a Jesús de manera más viva y apasionada. Podemos hacer que la Iglesia sea más de Jesús.

 

JESÚS ALCANZÓ PLENITUD DÁNDOSE A LOS DEMÁS

Fray Marcos

Estos Las metáforas del pastor y de la puerta tienen menos peligro de entenderlas de forma literal, pero siguen teniendo un significado pascual. “Yo he venido para que tengan Vida y la tengan abundante”. De todos modos, hay mucho que aquilatar.

Puerta y pastor son la misma metáfora. La única puerta del aprisco era el pastor. El aprisco consistía en una cerca de piedra con una entrada muy estrecha para que tuvieran que pasar las ovejas de una en una. La única puerta era el guarda.

Por la mañana cada pastor iba a sacar las suyas para llevarlas a pastar. Cuando oían la voz, las ovejas que se identificaban con ella, salían. Con estos datos se entiende perfectamente el relato. Jesús se identifica con el pastor que cuida las ovejas como algo propio. No le mueve ningún provecho personal sino el fortalecer a cada oveja.

Las ovejas escuchan la voz porque la conocen. Llama a cada una por su nombre, la relación es personal. Jesús quiere personas libres. No las saca de un corral para meterlas en otro. No son los miembros de la comunidad los que deben estar al servicio de la institución. Es la institución la que debe estar al servicio de cada uno.

En un mismo aprisco había ovejas de muchos dueños, por eso dice que saca todas las suyas que conocen su voz y le siguen. El texto quiere dejar claro que las ovejas no podían salir por sí mismas del estado de opresión, para ellas no había alternativa.

Es Jesús el que les ofrece libertad y capacidad para decidir por sí mismas. Los dirigentes judíos son “extraños”, que no buscan la vida de las ovejas. Ellos las llevan a la muerte. Jesús les da vida. La diferencia no puede ser más radical. Por muy oveja que te sientas, tienes la obligación de distinguir al pastor auténtico del falso.

Él camina delante y las ovejas le siguen. Jesús recorrió una trayectoria humana. Esa experiencia nos sirve para recorrer el mismo camino. No pasó por la vida humana de manera ficticia y con el comodín de la divinidad en la chistera. Esta falsa idea nos ha hecho creer que lo que hizo Jesús es marcarnos el camino desde fuera.

Yo soy la puerta. No se refiere al elemento que gira para cerrar o abrir, sino al hueco por donde se accede a un recinto. El pastor que cuidaba las ovejas era la única puerta. Por eso dice que es la puerta de las ovejas, no del redil. Todos los que han venido antes, son ladrones y bandidos, no han dado libertad/vida a las ovejas.

Entrar por la puerta que es Jesús, es lo mismo que "acercarse a él", "darle nuestra adhesión", asemejarse a él, ir como él a la búsqueda del bien del hombre. Él da la Vida definitiva, y el que posee esa Vida quedará a salvo de la explotación.

Yo he venido para que tengan Vida y les rebose. Los dirigentes no solo despojan a la gente del pueblo de lo que es suyo, sino que sacrifican a las ovejas, es decir, les quitan la vida. La misión de Jesús es exactamente la contraria. Jesús no busca su provecho ni el de Dios. Su interés es que cada oveja alcance su plenitud.

Es muy importante el versículo siguiente, “El pastor modelo (ho poimên ho kalos) se entrega él mismo por las ovejas”. "kalos" significa: bello, ideal, modelo de perfección, único en su género. No se trata de resaltar el carácter de bondad. En griego hay una palabra (agathos), “bueno”; pero no es la que aquí se emplea.

Entrega su vida. En griego hay tres palabras para vida: zoê, bios y psukhê; pero no significan lo mismo. El evangelio dice psykhên = vida psicológica, no biológica. Se trata de poner a disposición de los demás lo que uno es como ser humano.

VI Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

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