miércoles, 22 de abril de 2026

IV Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

IV Domingo de Pascua Ciclo A abril 26, 2026 
Hechos 2, 14.36-41 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 20-25


Avanzamos en el tiempo de Pascua, y este domingo se nos recuerda que para tener “una vida nueva”, tan solo hay que seguir a Jesús …

Evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.

 

Reflexión:

¿Cómo es mi vida?

Como he comentado en estas reflexiones, el deseo de Dios para cada uno de nosotros, es que “tengamos una vida que valga la pena vivir”. Para tenerla tenemos que buscar el camino y seguir por el, cuidando de no apartarnos, y poder gozar durante el trayecto; esta manera de caminar, al estilo de las enseñanzas de Jesús, es la vida misma.

Jesús, es el Señor y Mesías (ungido / elegido) por Dios, para salvarnos de todo lo que nos corrompe y quita vida, de lo que nos aparta del deseo de Dios. (cfr. Hech 2, 14.36-41). Él es el maestro de Vida, que con sus palabras y obras nos muestra cuál es el camino que nos conviene seguir, para ir accediendo a esa vida “que vale la pena vivir”.

En un mundo, donde parece que la norma es, mentiras, insultos, maltratos, abusos y opresiones, Jesús, nos invita y muestra constantemente que, hacer el bien es la manera de acceder a “esa vida que vale la pena”. Para seguirlo y andar por su camino (huellas), hay que aprender de él, vivir a su manera: confiar en el Padre, para anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios: justicia, misericordia, fraternidad (cfr. 1 Ped 2, 20-25).

Jesús, es la puerta de acceso a la salvación; distinguir y escuchar su voz, sus palabras, nos dan la guía para vivir de tal manera “que valga la pena”. Confiar en que su único deseo es que “tengamos vida abundante”, debería ser suficiente para hacerle caso y poner en práctica sus enseñanzas (cfr. Juan 10, 1-10).

Pascua es volver a renacer, a una nueva vida, es andar por la vida, con nueva actitud, siendo y haciendo el bien … es reflejar, en mis palabras y acciones, que quien me mueve es el “Señor, mi Pastor” y “nada me falta”, cuando ando “por el sendero recto”, pues Él me “cuida y acompaña” en mi vida (cfr. Sal 22).

¿Cuál es la vida que vale la pena vivir?... ¿Cómo distinguir entre tantas voces, cuál es la Jesús?... ¿Cómo evitar ser engañados por quienes nos mienten, confunden, oprimen y nos quitan vida?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

IV Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 IV Domingo de Pascua Ciclo A abril 26, 2026 
Hechos 2, 14.36-41 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 20-25


Evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

ACERTAR CON LA PUERTA

José Antonio Pagola

El evangelio de Juan presenta a Jesús con imágenes originales y bellas. Quiere que sus lectores descubran que solo él puede responder plenamente a las necesidades más fundamentales del ser humano. Jesús es «el pan de la vida»: quien se alimente de él no tendrá hambre. Es «la luz del mundo»: quien le siga no caminará en la oscuridad. Es «el buen pastor»: quien escuche su voz encontrará la vida.

Entre estas imágenes hay una, humilde y casi olvidada, que, sin embargo, encierra un contenido profundo. «Yo soy la puerta». Así es Jesús. Una puerta abierta. Quien le sigue cruza un umbral que conduce a un mundo nuevo: una manera nueva de entender y vivir la vida.

El evangelista lo explica con tres rasgos: «Quien entre por mí se salvará». La vida tiene muchas salidas. No todas llevan al éxito ni garantizan una vida plena. Quien, de alguna manera, sintoniza con Jesús y trata de seguirle, está entrando por la puerta acertada. No echará a perder su vida. La salvará.

El evangelista dice algo más. Quien entra por Jesús «podrá salir y entrar». Tiene libertad de movimientos. Entra en un espacio donde puede ser libre, pues solo se deja guiar por el Espíritu de Jesús. No es el país de la anarquía o del libertinaje. «Entra y sale» pasando siempre a través de esa «puerta» que es Jesús, y se mueve siguiendo sus pasos.

Todavía añade el evangelista otro detalle: quien entre por esa puerta que es Jesús «encontrará pastos», no pasará hambre ni sed. Encontrará alimento sólido y abundante para vivir.

Cristo es la «puerta» por la que hemos de entrar también hoy los cristianos, si queremos reavivar nuestra identidad. Un cristianismo formado por bautizados que se relacionan con un Jesús mal conocido, vagamente recordado, afirmado de vez en cuando de manera abstracta, un Jesús mudo que no dice nada especial al mundo de hoy, un Jesús que no toca los corazones… es un cristianismo sin futuro.

Solo Cristo nos puede conducir a un nivel nuevo de vida cristiana, mejor fundamentada, motivada y alimentada en el evangelio. Cada uno de nosotros podemos contribuir a que, en la Iglesia de los próximos años, se le sienta y se le viva a Jesús de manera más viva y apasionada. Podemos hacer que la Iglesia sea más de Jesús.

 

JESÚS ALCANZÓ PLENITUD DÁNDOSE A LOS DEMÁS

Fray Marcos

Estos Las metáforas del pastor y de la puerta tienen menos peligro de entenderlas de forma literal, pero siguen teniendo un significado pascual. “Yo he venido para que tengan Vida y la tengan abundante”. De todos modos, hay mucho que aquilatar.

Puerta y pastor son la misma metáfora. La única puerta del aprisco era el pastor. El aprisco consistía en una cerca de piedra con una entrada muy estrecha para que tuvieran que pasar las ovejas de una en una. La única puerta era el guarda.

Por la mañana cada pastor iba a sacar las suyas para llevarlas a pastar. Cuando oían la voz, las ovejas que se identificaban con ella, salían. Con estos datos se entiende perfectamente el relato. Jesús se identifica con el pastor que cuida las ovejas como algo propio. No le mueve ningún provecho personal sino el fortalecer a cada oveja.

Las ovejas escuchan la voz porque la conocen. Llama a cada una por su nombre, la relación es personal. Jesús quiere personas libres. No las saca de un corral para meterlas en otro. No son los miembros de la comunidad los que deben estar al servicio de la institución. Es la institución la que debe estar al servicio de cada uno.

En un mismo aprisco había ovejas de muchos dueños, por eso dice que saca todas las suyas que conocen su voz y le siguen. El texto quiere dejar claro que las ovejas no podían salir por sí mismas del estado de opresión, para ellas no había alternativa.

Es Jesús el que les ofrece libertad y capacidad para decidir por sí mismas. Los dirigentes judíos son “extraños”, que no buscan la vida de las ovejas. Ellos las llevan a la muerte. Jesús les da vida. La diferencia no puede ser más radical. Por muy oveja que te sientas, tienes la obligación de distinguir al pastor auténtico del falso.

Él camina delante y las ovejas le siguen. Jesús recorrió una trayectoria humana. Esa experiencia nos sirve para recorrer el mismo camino. No pasó por la vida humana de manera ficticia y con el comodín de la divinidad en la chistera. Esta falsa idea nos ha hecho creer que lo que hizo Jesús es marcarnos el camino desde fuera.

Yo soy la puerta. No se refiere al elemento que gira para cerrar o abrir, sino al hueco por donde se accede a un recinto. El pastor que cuidaba las ovejas era la única puerta. Por eso dice que es la puerta de las ovejas, no del redil. Todos los que han venido antes, son ladrones y bandidos, no han dado libertad/vida a las ovejas.

Entrar por la puerta que es Jesús, es lo mismo que "acercarse a él", "darle nuestra adhesión", asemejarse a él, ir como él a la búsqueda del bien del hombre. Él da la Vida definitiva, y el que posee esa Vida quedará a salvo de la explotación.

Yo he venido para que tengan Vida y les rebose. Los dirigentes no solo despojan a la gente del pueblo de lo que es suyo, sino que sacrifican a las ovejas, es decir, les quitan la vida. La misión de Jesús es exactamente la contraria. Jesús no busca su provecho ni el de Dios. Su interés es que cada oveja alcance su plenitud.

Es muy importante el versículo siguiente, “El pastor modelo (ho poimên ho kalos) se entrega él mismo por las ovejas”. "kalos" significa: bello, ideal, modelo de perfección, único en su género. No se trata de resaltar el carácter de bondad. En griego hay una palabra (agathos), “bueno”; pero no es la que aquí se emplea.

Entrega su vida. En griego hay tres palabras para vida: zoê, bios y psukhê; pero no significan lo mismo. El evangelio dice psykhên = vida psicológica, no biológica. Se trata de poner a disposición de los demás lo que uno es como ser humano.

jueves, 16 de abril de 2026

III Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

 III Domingo de Pascua Ciclo A abril 19, 2026 
Hechos 2, 14. 22-33 / Salmo 15 / 1 Pedro 1, 17-21


La liturgia de este Tercer Domingo de Pascua nos recuerda el camino que podemos seguir, una vez que reconocemos la presencia del Resucitado en nuestra vida diaria …

Evangelio según san Lucas 24, 13-35  

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?"

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?" Él les preguntó: "¿Qué cosa?" Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?" Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión:

¿Dónde encuentro al Resucitado?

Partiendo de la exhortación de Pedro en la primera lectura, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza en Dios”, podremos reflexionar como es que podemos lograrlo, en nuestra vida ordinaria.

Creer en Dios, es tomar por veraz lo que se nos ha revelado acerca de Él, por Jesús, su Hijo, quien en su vida apostólica nos dio a conocer el deseo de Dios Padre, para nosotros, sus creaturas: “que tengamos una vida que valga la pena vivir”.

Creer que Dios Padre resucitó a Jesús de la muerte, es poner nuestra esperanza en el deseo de Dios, para todos y cada uno de nosotros.

Creer en el Padre y en Jesús, es abrir los ojos, en nuestra realidad terrena, para descubrir su presencia permanente, que se manifiesta “en todo y en todos” (cfr. EE 23, 230-237), y que por permite acceder a “una vida que valga la pena vivir”.

Necesitamos, obviamente la gracia de Dios (regalo) para poder comprender, aceptar y vivir, que, es Jesús quien nos “enseña el camino de la vida” (cfr Sal 15); y es precisamente, en la vida ordinaria, cuando todo parece terminar, como les aconteció a los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35), que en su desesperanza, al poner atención en lo que estaban viviendo, “se les abren los ojos y el entendimiento”, y reconocen a Jesús.

Como ellos, también cada uno de nosotros, podemos reconocerlo, al escuchar su Palabra, compartir sus enseñanzas y ponerlas en obras concretas, que permitan colaborar en la construcción de una “vida que vale la pena vivir”, que es precisamente, la vida nueva que nos trae la Pascua.


¿Cómo el Resucitado se hace presente en mi vida?... ¿Quiénes reflejan la presencia viva de Jesús?... ¿Cómo la Comunión me abre ojos y corazón?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

III Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 III Domingo de Pascua Ciclo A abril 19, 2026  
 Hechos 2, 14. 22-33 / Salmo 15 / 1 Pedro 1, 17-21


Evangelio según san Lucas 24, 13-35  

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?"

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?" Él les preguntó: "¿Qué cosa?" Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?" Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Aquellos discípulos, que se dirigían a Emaús, habían conocido y creído en Jesús. Pero lo habían visto colgado de la cruz, humillado y exclamando al cielo: «¿Por qué me has abandonado?». Podemos imaginar el nivel de frustración, confusión y tristeza de aquellos hombres: ese que los iba a salvar, que iba a transformarlo todo, había sido asesinado y de la peor manera. La estrategia de estos dos era la desesperanzadora huida.

En el camino, se encuentran con el Resucitado, pero «sus ojos no eran capaces de reconocerlo». El Resucitado camina con ellos, los escucha, les explica, y ellos siguen sin entender. (La experiencia de la Resurrección no entra por la razón). Hoy hemos escuchado en el Evangelio el resto de la historia. Ya al atardecer, cuando la noche llega, el Resucitado, sentado a la mesa con ellos, hace lo que siempre hacía: partir el pan, compartir; y a aquellos dos se les «abrieron los ojos y lo reconocieron», pero Él ya no estaba. Pero se dieron cuenta de que el Resucitado había encendido su corazón. Los que antes iban de huida, en las penumbras del día, fueron capaces de levantarse y regresar a Jerusalén, al sitio del conflicto. Llenos de valentía, supieron que eran ellos quienes, con los otros, habrían de continuar lo que Jesús había comenzado.

Nosotros, tantas veces, somos como estos dos discípulos: llenos de frustración y miedo, optamos por la huida. Y en nuestro plan de escape, nos sale en el camino el Resucitado, y cuando ya viene la noche, nos devuelve la esperanza y aviva el fuego de nuestro corazón. Entonces nos volvemos valientes y le decimos: «Señor, me enseñarás el sendero de la vida», y nos levantamos, regresamos; volvemos a creer y a esperar.

En este Domingo de Pascua, pongamos atención en cómo y en dónde nos viene saliendo al paso el Resucitado. Pidamos que se nos abran los ojos para que lo reconozcamos. Que el Resucitado avive nuestro fuego y seamos capaces de «levantarnos».

#FelizDomingo

“El corazón nos ardía”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 Cuando llegamos a nuestra habitación o a nuestra casa, ya caída la noche, cansados por las labores del día, casi sin darnos cuenta, mecánicamente, dirigimos nuestra mano hasta el interruptor que está junto a la puerta. Lo oprimimos y se desencadenan una serie de órdenes que hacen que los dos polos de la corriente eléctrica se unan a través de un filamento para producir el milagro de la luz. Este es, exactamente, el mecanismo que se produce en la vida espiritual cuando dejamos que entren en contacto dos realidades que están a la mano en nuestra cotidianidad: la Vida y la Palabra; cuando se unen la Vida y la Palabra, se produce, casi milagrosamente, la luz en nuestro interior. Eso que parecía oscuro, al fondo del túnel de la desesperanza, se ilumina y hace que nuestro corazón arda al calor del encuentro con el Resucitado. Te invito a que mires tu realidad, alegre o trágica; mírala en toda su verdad, sin decirte mentiras ni pretender maquillarla para que aparezca más bonita y presentable ante tus ojos. Mira tu realidad de frente, sin engaños ni apariencias. Deja que surjan, ante esta realidad, tus sentimientos, tus emociones, tus pensamientos... Puedes responder preguntas como: ¿Qué ha pasado hoy en tu vida? ¿Qué te duele? ¿Qué te aflige? ¿Dónde sientes que te está tallando el zapato?

En un segundo momento, busca en la Escritura un texto que te ayude a entender los planes de Dios para ti y para toda la creación. Hay gente que abre la Biblia, sin muchos cálculos, en la página que sea y lee algunos párrafos. Cuentan que así lo hacían san Antonio Abad o san Francisco de Asís, para descubrir lo que Dios les pedía en un momento determinado de sus vidas. Sin embargo, si conoces la Escritura y estás familiarizado con ella, te vendrán a la memoria unas palabras de Jesús o de san Pablo... Recordarás, desde lo que estés viviendo, un pasaje bíblico en el que descubras un alimento especial, de acuerdo a tus circunstancias. Puedes estar seguro de que, poco a poco, casi sin darte cuenta, casi milagrosamente, comenzarás a sentir que te arde el corazón, y lo que parecía oscuro, empezará a aparecer luminoso y claro. A lo mejor salten en tu interior expresiones parecidas a estas: ¡Cómo no me había dado cuenta, si está tan claro! ¿Por qué no veía las salidas si estaban delante de mis narices?

Esto es lo que nos regala san Lucas en el texto de los discípulos de Emaús. Jesús resucitado camina junto a los discípulos que van apesadumbrados por la dura realidad de la muerte del Señor; comienza por preguntarles por lo que van conversando y por lo que les ha sucedido. Pero no los deja allí; les habla de lo que Moisés y los Profetas habían dicho sobre el Mesías. Y, poco a poco, comienzan a percibir el ardor en sus corazones y la luz en sus caminos... Esta experiencia espiritual los pone en movimiento, los lanza a construir la comunidad a través de su palabra y su testimonio; aun en medio de la noche, que ya ha caído, los discípulos salen hacia Jerusalén a llevar la Buena Noticia de su encuentro con el Señor resucitado que los anima y consuela con su presencia.

Cuando te sientas cansado y en medio de la oscuridad, no dudes en oprimir el interruptor que está junto a la puerta de tu corazón, para desencadenar el milagro de la luz en tu propio interior, que nace del contacto de la Vida con la Palabra; sólo así, podrás llevar a la Comunidad la Buena Noticia de la resurrección del Señor en tu propia vida.

RECORDAR MÁS A JESÚS

José Antonio Pagola

El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.

Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?

Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscar algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos. ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia, pero lo siguen recordando?

La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su Evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel «desconocido» se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos alimentando su fe!

Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Jesús no está ausente. Camina junto a nosotros.

 

A JESÚS VIVO LE HARÉ PRESENTE AL COMPARTIR

Fray Marcos

Estos dos discípulos pasan de creer en un Jesús profeta a descubrirlo vivo y dándoles Vida. De la desesperanza, pasan a vivir la presencia de Jesús. Se alejaban de Jerusalén tristes y decepcionados; vuelven a toda prisa, contentos e ilusionados.

Es un prodigio de teología narrativa. En ella podemos descubrir el verdadero sentido de los relatos de apariciones. El objetivo es llevarnos a la experiencia pascual que ellos vivieron. En ningún caso intentan dar noticias de acontecimientos puntuales.

Es Jesús quien toma la iniciativa, como siempre en los relatos de apariciones. Los dos discípulos se alejaban de Jerusalén, solo querían apartar de su cabeza aquella pesadilla. Pero a pesar de lo ocurrido y muy a pesar suyo, llevan a Jesús en su corazón. Lo primero que hace Jesús es pedirles que manifiesten su amargura.

Es lo que sucedió a todos sus seguidores. La muerte les destrozó, pero permaneció un rescoldo que terminó siendo más fuerte que las terribles evidencias.

La manera en que el relato describe el reconocimiento (después de haber caminado y discutido con él durante tres kilómetros) y la instantánea desaparición, nos indican claramente que la presencia de Jesús, después de su muerte, no es la de una persona normal. Los sentidos ya no sirven para reconocer a Jesús. Estos detalles nos vacunan contra la tentación de interpretar de manera física los relatos de apariciones.

Nosotros esperábamos… Esperaban que se cumplieran sus expectativas. No podían sospechar que ya se había cumplido. Esa frase refleja nuestras decepciones. Esperamos que la Iglesia... Esperamos que el Obispo... esperamos que el concilio... Esperamos que el Papa... Esperamos lo que nadie puede darnos desde fuera y surge la desilusión.

No es Jesús el que cambia para que le reconozcan, son los ojos de los discípulos los que se abren y se capacitan para reconocerle. No se trata de ver algo nuevo, sino de ver con ojos nuevos lo que tenían delante. No es la realidad la que debe cambiar, somos nosotros los que tenemos que descubrir la realidad de Jesús Vivo, que tenemos delante.

1) En el camino de la vida. Es posible caminar junto a él y no reconocerlo. Habrá que estar más atento si queremos entrar en contacto con él. Es una crítica a nuestra religiosidad demasiado apoyada en lo externo. A Jesús no lo vamos a encontrar en el templo ni en los rezos ni en los ritos sino en la vida real, en el contacto con los demás.

2) En la Escritura. Pero el mensaje de la Escritura no está en la letra sino en la vivencia espiritual que hizo posible el relato. Dios habla únicamente desde lo hondo del ser. La Escritura es palabra humana, pero se volverá palabra de Dios si la vivimos.

3) Al partir el pan: Se trata de una manera muy personal de partir y repartir el pan. Referencia a tantas comidas en común, a la multiplicación de los panes, etc. Al ver el signo, se les abren los ojos. Un gesto es más eficaz que la explicación de la Escritura.

4) En la comunidad reunida. Cristo resucitado solo se hace presente en la experiencia de cada uno, pero solo la experiencia compartida me da la seguridad de que es auténtica. Por eso él se hace presente en la comunidad. La comunidad (aunque sean dos) es el marco adecuado para provocar la vivencia.

La experiencia compartida nos empuja en la misma dirección. El ser humano solo desarrolla sus posibilidades de ser en la relación con los demás. Jesús hizo presente a Dios amando, es decir, dándose a los demás. Esto es imposible si el ser humano se encuentra aislado y sin contacto alguno con el otro. El otro será siempre imprescindible.

miércoles, 8 de abril de 2026

II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia – Ciclo A – (Reflexión)

 II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia Ciclo A abril 12, 2026 
Hechos 2, 42-47 / Salmo 117 / 1 Pedro 1, 3-9


Durante este tiempo Pascual, estamos recordando como nacieron las primeras comunidades cristianas y actualizando hoy, cada uno de nosotros, la manera de ser Iglesia, pueblo de Dios …

Evangelio según san Juan 20, 19-31  

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

Reflexión:

¿Cómo creer en el Resucitado?

Las lecturas y el Evangelio de hoy, nos dan varios tips tanto para seguir renovando nuestra fe y esperanza, como para que cada uno podamos ser proactivamente testigos de la Resurrección.

Vivir la Resurrección es una experiencia personal, en cuanto caemos en cuenta que es posible tener una Nueva Vida, que hace presente el reinado del amor de Dios, allí en medio de la comunidad donde vivimos (nuestra Galilea), con los valores y a la manera de Jesús. Al igual que los primeros cristianos, hoy, tenemos que seguir conociendo “internamente” a Jesús, esto para conocer, entender y vivir los valores que guiaban e impulsaban su vida.

Jesús nos ha dejado la Eucaristía, donde juntos (la iglesia, pueblo de Dios) en torno a la mesa (altar) seguimos “escuchando sus enseñanzas”, “conviviendo fraternalmente en comunidad” (cfr. Primera lectura) … o sea que al participar en la misa, oramos la Palabra, la meditamos, con ayuda de la homilía del sacerdote o reflexiones de Papa u Obispos, para seguir profundizando en conocimiento de Jesús y del Reino del Padre … lo que posibilita podamos tener una nueva vida, una al estilo de la de Jesús.

Lo que nos salva es precisamente, vivir como Jesús vivió: es nuestra resurrección, nuestro despertar, nuestro renacer interiormente a una nueva manera de vivir… alegre y fraterna que busca en bien comú… (cfr. Segunda lectura)

Como Tomás, podremos tener duda sobre la Resurrección (Nueva Vida), pero al experimentar como el Espíritu del Resucitado nos muestra su presencia en las llagas de los que sufren y mueve nuestro corazón para tender una mano que los sane / salve, es que estamos despertando y viviendo al estilo de Jesús.

No hemos visto al Resucitado, pero al sentirlo internamente y reflejar su presencia en nuestras palabras y acciones, porque creemos y confiamos en sus enseñanzas … ¡estamos viviendo nuestra Resurrección!

¿Cómo conocer mejor los principios y valores de Jesús?... ¿Cómo preparar mejor mi participación en la Eucaristía?... ¿Cómo aumentar mi fe?...

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia – A – (Profundizar)

 II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia Ciclo A abril 12, 2026 
Hechos 2, 42-47 / Salmo 117 / 1 Pedro 1, 3-9


Evangelio según san Juan 20, 19-31  

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

"Estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo..."

El miedo nos encierra, y encerrados nos atrapa la confusión y la desesperanza. El encierro que provoca el miedo no es físico, sino espiritual. Con miedo nos volvemos reactivos, violentos y tristes; porque al final nos vamos quedando solos. El Resucitado se planta frente a nosotros y nos da su paz; nos muestra sus manos y costado, quizás para que nosotros también heridos, nos sintamos identificados; porque la resurrección no borra las heridas, pero sí sus efectos.

El Resucitado provoca la alegría, afirma la paz, envía y nos da el Espíritu Santo.

Este domingo de Pascua hay que respirar profundo, darnos cuenta de nuestros miedos que provocan "encierros"; pero sobre todo darnos cuenta de las veces en que se nos ha hecho presente el Resucitado; se nos ha presentado sutilmente y hemos sentido chispas de alegría, hemos sentido con su presencia nuestro corazón arder. Son momentos de esperanza en que podemos reconocer nuestras heridas, pero dejamos de vivir atrapados en sus efectos, son momentos donde alguien, algo, despertó de nuevo la esperanza.

Que el Resucitado en esta Pascua nos dé su paz, nos envíe y nos llene del Espíritu que nos vuelve valientes y libres.

“No seas incrédulo; ¡cree!”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 En alguna parte leí la historia de un montañista que, desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía, después de años de preparación. Quería la gloria sólo para él, por lo tanto subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y no se preparó para acampar, sino que siguió subiendo, decidido a llegar a la cima. Oscureció, la noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña; ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era oscuro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes. Subiendo por un acantilado, a solo cien metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... Bajaba a una velocidad vertiginosa; solo podía ver veloces manchas cada vez más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida; pensaba que iba a morir; sin embargo, de repente sintió un tirón tan fuerte que casi lo parte en dos... Como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura. En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar: «¡Ayúdame, Dios mío!»

De repente una voz grave y profunda de los cielos le contesta: –«¿Qué quieres que haga por ti, hijo mío?» –«¡Sálvame, Señor!» –«¿Realmente crees que puedo salvarte?» –«Por supuesto, Señor». –«Entonces, corta la cuerda que te sostiene...» Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda... y no se soltó como le indicaba la voz. Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... a tan solo dos metros del suelo...

La duda mata, dice la sabiduría popular. Y para demostrarlo, basta ver una gallina tratando de cruzar una carretera por la que transitan camiones con más de diez y ocho llantas... El Evangelio que nos propone la liturgia del segundo domingo de Pascua nos muestra a un Tomás exigiendo pruebas y señales claras para creer: “Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después los otros discípulos le dijeron: – Hemos visto al Señor. Pero Tomás contestó: – Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer”. Seguramente, muchas veces en nuestra vida hemos dicho palabras parecidas a Dios. Este domingo tenemos una buena oportunidad para revisar la confianza que tenemos en el Señor.

Cuando el Señor volvió a aparecerse en medio de sus discípulos, llamó a Tomás y le dijo: – Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado...” Será necesario que el Resucitado nos diga «¡No seas incrédulo sino creyente!» o, por el contrario, seremos merecedores de esa bella bienaventuranza que dice: «Dichosos los que creen sin haber visto». Sinceramente, preguntémonos: ¿Dónde tenemos puesta nuestra confianza? ¿Dónde está nuestra seguridad? ¿Estamos llenos de dudas que nos van matando? ¿Qué tanto confiamos en la cuerda que nos sostiene en medio del abismo?

VIVIR DE SU PRESENCIA

José Antonio Pagola

El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelante. Solo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.

La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen en un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada que una experiencia vivida.

Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus primeros discípulos y discípulas.

Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente habitada por esa presencia invisible, pero real y operante, de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.

Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?

Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu.

 

SOLO VIVIENDO DESCUBRIMOS A JESÚS VIVO

Fray Marcos

La aparición a la comunidad reunida es la clave de la experiencia pascual. Está claro que el relato está elaborado cuando las comunidades ya estaban constituidas. No tiene sentido pensar, como sugieren los textos, que el domingo por la tarde ya había una comunidad establecida. Los exégetas han descubierto que los textos quieren decir algo muy distinto.

“Todos lo abandonaron y huyeron”. Eso fue lo más lógico, desde el punto de vista histórico y teológico. La muerte de Jesús en la cruz perseguía precisamente ese efecto demoledor para sus seguidores. Seguramente lo dieron todo por perdido y escaparon a Galilea, como indican Mt y Mc para no correr la misma suerte que su Maestro.

Esa experiencia de que seguía vivo y les estaba dando Vida no era fácil de comunicar. Antes de hablar de resurrección, en las comunidades primitivas, se habló de exaltación y glorificación, del juez escatoló­gico, del Jesús taumaturgo, de Jesús como Sabiduría. Estas maneras de entender a Jesús fueron condensadas más tarde en la idea de resurrección.

En ninguna parte de los escritos canónicos del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no es un fenómeno constata­ble empíricamente. La experiencia pascual sí fue un hecho histórico. Para transmitir esa experiencia a los demás, no tuvieron más remedio que encuadrarla en el tiempo y el espacio para que fuera comprensible.

El primer día de la semana. En este relato todo son símbolos. Jesús comienza la creación del hombre nuevo el primer día de una nueva semana. El texto manifiesta la práctica de reunirse el domingo que se hizo común muy pronto entre los cristianos.

Se hizo presente en medio sin recorrer ningún espacio. Jesús había dicho: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Él es para la comunicad fuente de Vida, referencia y factor de unidad. La comunidad cristiana está centrada en Jesús y solo en él. Jesús se pone en medio y les saluda con el ‘shalom’.

Los signos de su amor (las manos y el costado) evidencian que es el mismo que murió en la cruz. Este es el objetivo de todos los relatos pascuales. Ahora descubren que la verdadera Vida está en Jesús y en ellos. Tienen la experiencia de que les comunica Vida.

“Sopló” es el verbo usado por los LXX en Gn 2,7 par indicar que Dios convirtió el hombre barro en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da la verdadera Vida. Queda completada así la creación del hombre nuevo. "Del Espíritu nace espíritu".

Al decir que Tomás no estaba con ellos aporta una lección magistral. Separado de la comunidad es imposible llegar a la experiencia de Jesús vivo. Solo unido a la comunidad se puede ver a Jesús, porque solo se manifiesta en el amor, imposible sin comunidad.

¡Señor mío y Dios mío! La respuesta de Tomás es tan extrema como su incredulidad. Se negó a creer si no tocaba sus manos traspasadas. Ahora renuncia a la certeza física y va mucho más allá de lo que ve, proclamando su divinidad. Al llamarle Señor y Dios, reconoce la grandeza, y al decir mío, el amor de Jesús y lo acepta dándole su adhesión.

Naturalmente Tomás no es una persona concreta sino un personaje que representa a cada uno de los miembros de la comunidad que dudan, pero terminan por supera esas dudas. La comunidad reunida es la única garantía de que Jesús está en medio de ellos.

Dichosos los que crean sin haber visto. Todos tienen que creer sin haber visto. Lo que Jesús le reprocha es la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Eso ya no es posible. La comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo desde una perspectiva nueva.

 

IV Domingo de Pascua – Ciclo A – (Reflexión)

IV Domingo de Pascua – Ciclo A – abril 26, 2026  Hechos 2, 14.36-41 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 20-25 Avanzamos en el tiempo de Pascua, y...