jueves, 19 de febrero de 2026

I Domingo de Cuaresma – Ciclo A – (Reflexión)

 I Domingo de Cuaresma Ciclo A febrero 22, 2026 
Génesis 2, 7-9; 3, 1-7 / Salmo 118  / 1 Romanos 5, 12-19




En este primer domingo de Cuaresma, la Palabra, nos muestra el camino para prepararnos hacia la Pascua, por medio de la Oración, el Ayuno y la Limosna

Evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.

Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.

Reflexión:

¿Cuáles son mis tentaciones?

La reflexión a este Primer Domingo de Cuaresma, la baso en el podcast «Ve y diles», de la revista CHRISTUS, donde entrevistan al padre Nerio Solís Chin, SJ., sobre el tema: “Cuaresma, abrir el corazón(https://tinyurl.com/Cuaresma26):

·      El episodio reflexiona la Cuaresma como un camino espiritual, no solo como un tiempo litúrgico que se recuerda o se cumple externamente. A partir de la espiritualidad ignaciana, el P. Nerio Solís presenta la Cuaresma como una experiencia de desierto, silencio, conversión y discernimiento, orientada a reenfocar la vida hacia lo verdaderamente esencial. El desierto no es evasión, sino espacio de purificación interior y de encuentro con Dios; el ayuno no se reduce a prácticas alimenticias, sino que implica desapego de aquello que roba libertad; y el discernimiento permite reconocer los movimientos interiores, las trampas y las invitaciones de Dios en la vida personal y social. Todo este proceso conduce a una conversión concreta que se expresa en amor, servicio, justicia y mayor humanidad, siguiendo el modo de proceder de Jesús.

·   La Cuaresma tiene tres pilares:  ORACIÓN, encuentro personal con Dios, para conocerlo internamente: su corazón, criterios, valores y modo de proceder, que nos confronta con nosotros mismos, para trabajar en nuestra purificación interior. El AYUNO, no solo es dejar de comer, sino desapegarse de lo que se ha vuelto absoluto en nuestras vidas, como podrían ser bienes materiales, éxito, reconocimiento, prestigio, aprobación o relaciones codependientes; El ayuno recupera la libertad interior y reordena la vida. La LIMOSNA (caridad), es la expresión concreta del amor, que abre a la compasión activa y la justicia social; desplaza la mirada del “yo” al prójimo.

·     La Cuaresma, es entonces una oportunidad de conversión, de cambio de camino, no es solo “portarse mejor”, sino voltear la mirada hacia como puedo elegir el bien, con discernimiento, a la manera de Jesús, que me permite reconocer qué está pasando dentro de mí y hacia dónde me muevo. Discernir ayuda a reenfocar la vida hacia amar y servir, ahí donde se juega la plenitud humana.

En el evangelio de hoy, Mateo 4, 1-11, se nos muestra como Jesús se prepara para su vida pública y en el desierto, es tentado por el demonio (el mal), la serpiente de la primera lectura (Gén 2, 7-9), con riquezahonor propio → soberbia … mismas tentaciones que todos nosotros enfrentamos en nuestra vida y, pedimos en la oración que Jesús nos enseñó, que “no me dejes caer…”. Discernir que espíritu nos nueve y hacia donde, nos ayuda a no alejarnos, o volver al camino del bien, de Dios; esta es la oportunidad que nos da la Cuaresma, ¡hay que aprovecharla!

¿Qué me está pidiendo hoy Dios que suelte para volver al centro de mi vida?... ¿Qué mueve realmente mis decisiones y reacciones diarias?... ¿Qué paso pequeño, pero real, puedo dar para amar más y mejor, ahí donde estoy?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

I Domingo de Cuaresma – Ciclo A – (Profundizar)

 I Domingo de Cuaresma Ciclo A febrero 22, 2026 
Génesis 2, 7-9; 3, 1-7 / Salmo 118  / 1 Romanos 5, 12. 17-19


Evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.

Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

"Serán como Dios", le dijo la serpiente a Eva. Ellos comieron y así cayeron en la trampa del tentador. Y es que querer ser Dios es atrayente y cautivador; es nuestro pecado recurrente de donde brotan muchos males.

Queremos ser Dios porque nos hacen creer que podemos controlarlo todo, poseerlo todo y no necesitar de nadie. Y, sin darnos cuenta, vamos siendo "dioses" arrodillados, limosneando reconocimiento, poder y control, hasta que un día descubrimos que hemos quedado desnudos, desposeídos y solos.

Jesús, ante las tentaciones, nos enseña que con el tentador nunca se dialoga: nuestro recurso y refugio es solo Dios. Un Dios que es misericordia y compasión; capaz de renovarnos por dentro y darnos un corazón firme, puro y nuevo.

Examinemos nuestro corazón en este tiempo de Cuaresma, y pidamos a Dios que, libres de la tentación de ser Dios, nos devuelva la alegría y nos afiance con un espíritu generoso.

No somos Dios, somos sus creaturas y necesitamos de Él y de todos.

#FelizDomingo

“Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto (...)”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

«Si ya has encontrado a Dios, avísame dónde está, porque yo llevo muchos años buscándolo y no lo encuentro». La tía Lucía me dejó caer hace un tiempo esas palabras que quedaron retumbando en mi alma como un eco sordo al fondo de un abismo... «Avísame dónde está...». Evidentemente, la frase condicional con la que comenzó fue la que más me inquietó: «Si ya has encontrado a Dios...». Es bien arriesgado decir que he encontrado a Dios, pero lo que sí no me da miedo decir es que descubro pistas de su presencia en la Palabra que ilumina la Vida y que invita a construir Comunidad. Como la tía Lucía, muchas personas que nos rodean nos piden señales, pruebas, huellas de Dios en su vida cotidiana. No es que no lo quieran ver; es que no lo ven por ninguna parte y de verdad están buscando el sentido de sus vidas.

El Señor Jesús, Palabra transparente de Dios en nuestra historia, conducido por el Espíritu, fue probado en el desierto. Lo que lo sostuvo, en medio de la tentación, fue el apoyo que encontró en la Escritura. Tal como lo describe el Evangelio de san Mateo, Jesús dijo ante la tentación: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que salga de los labios de Dios» (Mateo 4,4); más adelante añadió: «No pongas a prueba al Señor tu Dios» (Mateo 4,7); y, por último, dijo; «Adora al Señor tu Dios y sírvelo sólo a él» (Mateo 4,10). Tres referencias a la Escritura con las que Jesús supo defenderse de las tentaciones que lo acosaban de muchas formas: Deseos de lucirse ante los demás haciendo milagros: “Si de veras eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en panes”. Deseos de tener honores y ser reconocido por los demás: “Si de veras eres Hijo de Dios, tírate abajo (...)”. Deseos de poder y dominación: “Yo te daré todo esto, si te arrodillas y me adoras”.

¡Cuántas veces sentimos la tentación de tener el poder de hacer milagrosamente lo que queremos! Como convertir las piedras en panes... ¡Cuántas veces sentimos la tentación de probar a Dios exigiéndole lo imposible! Como lanzarse al vacío desde lo alto del templo, esperando que los ángeles vengan a rescatarnos... ¡Cuántas veces sentimos la tentación dominar a los demás arrodillándonos ante dioses falsos! Como cuando colocamos el poder, el tener y el saber por encima del ser mismo de cada persona...

Hay que notar que en la segunda tentación, el mismo tentador cita la Escritura para presentar al Señor su tentación: “Si de veras eres Hijo de Dios, tírate abajo; porque la Escritura dice: ‘Dios mandará que sus ángeles te cuiden. Te levantarán con sus manos para que no tropieces con piedra alguna”. La habilidad del mal llega a valerse de la Escritura para poner zancadillas a gente buena. Por eso la invitación del Señor no es a referirse a la Escritura como arrancando frases de sus contextos literarios, ni para lanzarlas sin más sobre nuestros contextos existenciales. De lo que se trata es de saber apoyarnos en su Palabra para desentrañar el misterio de Dios en el corazón de nuestra propia historia. ¿Cómo vamos a encontrar a Dios en medio de nuestras vidas si no nos encontramos cotidianamente con su Palabra? Confío en que esto le haya servido de pista a la tía Lucía, y a tantas otras personas que buscan sinceramente el sentido de sus vidas, para que algún día puedan decirme que se han encontrado cara a cara con Dios.


FIELES A JESÚS EN MEDIO DE LAS TENTACIONES

José Antonio Pagola

Los cristianos de la primera generación se interesaron muy pronto por las «tentaciones» de Jesús. No querían olvidar el tipo de conflictos y luchas que tuvo que superar para mantenerse fiel a Dios. Les ayudaba a no desviarse de su única tarea: construir un mundo más humano siguiendo los pasos de Jesús.

El relato es sobrecogedor. En el «desierto» se puede escuchar la voz de Dios, pero se puede sentir también la atracción de fuerzas oscuras que nos alejan de él. El «diablo» tienta a Jesús empleando la Palabra de Dios y apoyándose en salmos que se rezan en Israel: hasta en el interior de la religión se puede esconder la tentación de distanciarnos de Dios.

En la primera tentación, Jesús se resiste a utilizar a Dios para «convertir» las piedras en pan. Lo primero que necesita una persona es comer, pero «no solo de pan vive el hombre». El anhelo del ser humano no se apaga solo alimentando su cuerpo. Necesita mucho más.

Precisamente, para liberar de la miseria, del hambre y de la muerte a quienes no tienen pan, hemos de despertar el hambre de justicia y de amor en el mundo deshumanizado de los satisfechos.

En la segunda tentación, el diablo le sugiere, desde lo alto del templo, buscar en Dios seguridad. Podrá vivir tranquilo, «sostenido por sus manos», y caminar sin tropiezos ni riesgos de ningún tipo. Jesús reacciona: «No tentarás al Señor, tu Dios».

Es diabólico organizar la religión como un sistema de creencias y prácticas que dan seguridad. No se construye un mundo más humano refugiándose cada uno en su propia religión. Es necesario asumir a veces compromisos arriesgados, confiando en Dios como Jesús.

La última escena es impresionante. Jesús está mirando el mundo desde una montaña alta. A sus pies se le presentan «todos los reinos», con sus conflictos, guerras e injusticias. Ahí quiere él introducir el reino de la paz y la justicia de Dios. El diablo, por el contrario, le ofrece poder y gloria si lo adora.

La reacción de Jesús es inmediata: «Al Señor, tu Dios, adorarás». El mundo no se humaniza con la fuerza del poder. No es posible imponer el poder sobre los demás sin servir al diablo. Quienes siguen a Jesús buscando poder y gloria viven «arrodillados» ante el diablo. No adoran al verdadero Dios.

 

SE TRATA DE BUSCAR LO MEJOR PARA MÍ, AUNQUE ME CUESTE

Fray Marcos

La cuaresma no es un tiempo de examen para sentirnos pecadores y pedir a Dios que nos saque de ahí. Pasada la alegría de sentirnos perdonados, seguía la angustia de volver a fallar. Debemos dar paso a una toma de conciencia de nuestras posibilidades de absoluto.

La cuaresma es un tiempo para analizar nuestra vida y descubrir los pasos que nos alejan de la meta. No te pares a analizar la piedra en la que has tropezado; pon más atención al caminar para evitar el tropiezo. Tampoco se trata de hacer penitencia para que Dios te perdone. Tomar conciencia de que alcanzar la meta es cosa tuya y supone esfuerzo.

Más importante que mirar hacia atrás angustiándome por los pasos mal dados, es descubrir el rumbo adecuado y caminar en esa dirección. Pero resulta que no puedo saber dónde está la meta, porque nunca estuve allí. Aquí viene en nuestra ayuda la experiencia de otros seres humanos que sí han llegado a ella y pueden indicarnos el camino.

El relato de las tentaciones de Jesús nos advierte de la necesidad de superar lo fácil para no ser engañados por el placer inmediato. No se trata de ningún diablo externo, sino de una tendencia que permitió a la vida enriquecerse durante casi cuatro mil años.

La primera tentación pretende convertir a Jesús en oprimido y le ofrece liberarse a cambio de pan. La segunda le ofrece honor y gloria a cambio de servidumbre. La tercera es una oferta de poder absoluto sobre todo. Tanto oprimir como dejarse oprimir son opciones satánicas. La opresión es el único pecado que nos impide ser humanos.

A nadie se le ocurrirá hoy tomar el relato del Génesis como hecho histórico. El pecado de Adán es un mito ancestral que encontramos en muchas culturas. Esto no quiere decir que sea mentira. El mito es un intento de explicar lo inexplicable. El relato del pecado original intenta explicar el problema del mal, partiendo de las categorías de aquel tiempo.

Tampoco el relato de las tentaciones es histórico. Se trata de un relato mítico igual que el de Adán y Eva. Jesús se retiró muchas veces al desierto para descubrir su auténtico ser. El relato resume las pruebas que tuvo que superar Jesús en su vida. En Jesús la tentación tiene una connotación especial, porque se plantea conforme a su situación personal.

Nos cuentan con pelos y señales lo que pasó después de los cuarenta días de ayuno, pero no nos dicen nada de lo que hizo Jesús durante ese tiempo. Jesús no fue al desierto a ser tentado por el diablo sino a meditar profundamente sobre sí mismo.

A Jesús no le tentó ningún demonio. La tentación es algo inherente a todo ser humano. Es el mejor argumento a favor de su humanidad. Quien no se haya enterado de que la vida es lucha, tiene asegurado el fracaso absoluto. A todos se nos dan infinitas posibilidades de plenitud, pero alcanzarlas supone poner toda la carne en el asador para lograrlo.

No se trata de una elección entre el bien y el mal. Esa alternativa no es real porque el mal no puede mover la voluntad. Se trata de discernir lo bueno y lo malo, yendo más allá de las apariencias. La lucha se plantea entre el bien real y el aparente (mal). Una vez que descubro que algo es malo para mí, no tengo que hacer ningún esfuerzo para evitarlo.

No necesitamos ningún diablo que nos tiente. La tentación es inherente al ser humano. Al surgir la inteligencia tiene capacidad de conocer dos metas y no tiene más remedio que elegir. Como el conocimiento es limitado, la posibilidad de equivocarse está siempre ahí. Y suele suceder que adhiriéndose a lo que creía bueno, se encuentra con lo que es malo.

Si el problema no está en la voluntad, no lo resolveremos con voluntarismo. Aquí está una de las causas de nuestro fracaso en la lucha contra el pecado. Nos han insistido en la fuerza de voluntad para superar la tentación, pero esa estrategia es ineficaz.

jueves, 12 de febrero de 2026

VI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 VI Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 15, 2026 
Eclesiástico 15, 15-20 / Salmo 118  / 1 Corintios 2, 6-10


Este domingo, previo al Miércoles de Ceniza, que da inicio al tiempo de Cuarezma, nos prepara para saber cómo ejercer nuestra libertad, con sabiduría, para elegir lo mejor para nuestra vida …

Evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antepasados: «No matarás» y: «Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte». Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: «Raca» a su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: «Idiota», será reo del infierno de fuego. Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Reconcíliate pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno. También se dijo: «Cualquiera que repudie a su mujer, que le de carta de divorcio». Pero yo os digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada, comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antepasados: «No jurarás falsamente, sino que cumplirás tus juramentos al Señor». Pero yo os digo: no juréis de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jurarás por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni un solo cabello. Antes bien, sea vuestro hablar: «Sí, sí» o «No, no»; y lo que es más de esto, procede del mal.

Reflexión:

¿Qué elijo para mi vida?

En los días anteriores a este domingo, se han ido dando pautas en la liturgia diaria, para conocer cuales son las actitudes y acciones que nos llevan a conocer y hacer vida, la voluntad de Dios para nosotros.

Comencemos esta reflexión, aclarando cual es la Voluntad de Dios: es aquello que, en cada situación concreta, me conduce a amar más y servir mejor, con mayor libertad interior y mayor vida. No siempre es lo más fácil, pero nunca deshumaniza, no aplasta, no violenta la conciencia, es el camino concreto por el cual Dios me conduce a ser más humano, más libre y capaz de amar.

Dios quiere la vida plena de la persona, no su aplastamiento, la Voluntad de Dios nunca va contra la vida; si algo destruye, encoge el corazón o deshumaniza, no viene de Dios, aunque se disfrace de “bueno”, de “regla”, de “legal” ... la Ley de Dios y los Mandamientos de Jesús, son para ayudarnos a vivir en fraternidad y con ella tener una vida plena terrenal (que nos lleva la vida Plena o Eterna).

Hoy se nos invita a saber elegir, pero no cualquier cosa, sino lo que más nos lleva a tener “una vida que valga la pena vivir”, para mí y los demás. Por eso, para elegir bien, al estilo de lo que Dios quiere, tengo que (a) conocer lo que es de Dios, (b) revisar mis aprendizajes, y así, en la vida ordinaria, evitar conductas y acciones que me alejen del deseo de Dios (y de los demás), y en momentos decisivos saber cómo discernir, para elegir, lo que me lleve a darle más gloria a Dios (cfr. Principio y Fundamento Ignaciano).

¿Cómo me puede ayudar la Cuaresma a vivir fraternalmente?... ¿Cómo ser constructor de relaciones interpersonales sanas?... ¿Cómo puedo en todo, elegir la vida?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

VI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 VI Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 15, 2026 
Eclesiástico 15, 15-20 / Salmo 118  / 1 Corintios 2, 6-10

Evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antepasados: «No matarás» y: «Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte». Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: «Raca» a su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: «Idiota», será reo del infierno de fuego. Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Reconcíliate pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno. También se dijo: «Cualquiera que repudie a su mujer, que le de carta de divorcio». Pero yo os digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada, comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antepasados: «No jurarás falsamente, sino que cumplirás tus juramentos al Señor». Pero yo os digo: no juréis de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jurarás por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni un solo cabello. Antes bien, sea vuestro hablar: «Sí, sí» o «No, no»; y lo que es más de esto, procede del mal.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Y es que somos libres, no seres predestinados.

«Él te ha puesto delante fuego y agua; extiende tu mano a lo que quieras». «Ante los seres humanos está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera», nos recuerda la Palabra hoy.

Y es que, por ser libres, siempre podemos elegir, y lo que elegimos es lo que vamos a tener y ser. Ningún otro viviente en la faz de la tierra tiene libertad; por ello, sólo nosotros tenemos responsabilidad: construimos o destruimos.

Dios nos ha regalado sabiduría, una que no es la del mundo, sino una divina y misteriosa, escondida en nuestro corazón. Con ella hay que discernir, es decir, elegir cuidadosamente no sólo lo bueno, sino lo mejor; no para uno, sino para todos los que están alrededor. Elegir lo justo, la reconciliación; elegir respeto y precisión: «hay que decir sí cuando es sí, y no cuando es no». Y paradójicamente, al elegir lo mejor para los otros, nosotros somos mejor versión.

Jesús, en su Evangelio, nos llama a la determinación de elegir la vida para toda la creación.

Para discernir, para ser sabios, hay que ir despacio, hay que detenerse en el silencio para encontrar cada día la voluntad de Dios, para elegir bien, lo mejor. 

#FelizDomingo

“Ustedes han oído que se dijo… pero yo les digo…”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Jesús no vino a suprimir la ley judía, ni las enseñanzas de los profetas de Israel. Jesús vino a llevar esta enseñanza a su plenitud, que es la ley del amor. El texto del evangelio que nos presenta hoy la liturgia, está marcado por esta alternancia entre lo que decía la ley del Antiguo Testamento, y lo que Jesús propone de parte de Dios, fundamentado solamente en el amor. Se trata de un cambio que no elimina el momento anterior, sino que, conteniéndolo, lo supera. Va mucho más allá de lo que los mismos profetas hubieran querido y más allá de lo que la ley pretendía alcanzar, en lo que toca a la regulación de las relaciones entre las personas y con Dios.

Muchos seguidores de Jesús hubieran disfrutado mucho si Jesús hubiera acabado con todo lo pasado. De la misma manera, había muchos otros que hubieran querido un Mesías que no los hiciera cambiar nada de sus tradiciones y costumbres. Conservar todo o cambiarlo todo, son dos extremos que se juntan. Los radicales que no aceptan nada de lo pasado y los radicales que se apegan a las tradiciones porque ‘así se ha hecho siempre’, están hechos con el mismo material dogmático y cerrado.

En la Iglesia de hoy, encontramos también estas dos tendencias que se encontró Jesús en su tiempo. Hay quienes quieren que no les cambien nada de lo que han pensado y hecho toda su vida. Y hay otros que quieren que todo se reforme o se cambie de modo radical. La propuesta de Jesús es vivir desde la plenitud y la libertad del amor. En esta perspectiva, quisiera ofrecer hoy apartes de una reflexión que me parece muy sugerente. Se trata de un escrito del famoso y polémico teólogo católico, Hans Küng sobre su permanencia en la Iglesia. Cuando fue sancionado por el Vaticano y le suspendieron su cátedra de teología en una universidad católica, había personas que le preguntaban por qué seguía en la Iglesia y por qué no abandonaba su sacerdocio. Su respuesta fue esta:

“Habiendo asistido a horas mejores, ¿debía yo abandonar el barco en la tempestad y dejar a los demás con los que he navegado hasta ahora que se enfrentarán al viento, extraerán el agua y lucharán por la supervivencia? He recibido demasiado en la comunidad de fe para poder defraudar ahora a aquellos que se han comprometido conmigo. No quisiera alegrar a los enemigos de la renovación, ni avergonzar a los amigos… Pero no renunciaré a la eficacia EN la Iglesia. Las alternativas –otra Iglesia, sin Iglesia– no me convencen: los rompimientos conducen al aislamiento del individuo o a una nueva institucionalización. Cualquier fanatismo lo demuestra (…)”.

“Mi respuesta decisiva sería: permanezco en la Iglesia porque el asunto de Jesús me ha convencido, y porque la comunidad eclesial en y a pesar de todo fallo ha sido la DEFENSORA DE LA CAUSA DE JESUCRISTO y así debe seguir siendo. La posibilidad efectiva dependerá de que en algún lugar un párroco predique a este Jesús; un catequista enseñe cristianamente; un individuo, una familia o una comunidad recen seriamente, sin frases; de que se haga un bautismo en nombre de Jesucristo; se celebre la Cena de una comunidad comprometida y que tenga consecuencias en lo cotidiano; se prometa misteriosamente por la fuerza de Dios el perdón de los pecados; de que en el servicio divino y en el servicio humano, en la enseñanza y en la pastoral, en la conversación y en la diaconía el Evangelio sea predicado, pre-vivido y post-vivido de verdad. En pocas palabras, se realiza el verdadero seguimiento de Cristo; el «asunto de Jesucristo» es tomado en serio. (…) ”.

Que estas palabras nos ayuden a reflexionar sobre nuestra apertura al amor que Jesús vino a proponer, para llevar a plenitud la ley y los profetas.


IMPORTANCIA SOCIAL DEL PERDÓN

José Antonio Pagola

Una de las tareas más urgentes de la Iglesia de hoy y de siempre es conseguir que la fe llegue a los hombres como «buena noticia».

No es fácil escuchar la llamada de Jesús al perdón ni sacar todas las implicaciones que puede tener el aceptar que un hombre es más humano cuando perdona que cuando se venga.

Sin duda hay que entender bien el pensamiento de Jesús. Perdonar no significa ignorar las injusticias cometidas, ni aceptarlas de manera pasiva o indiferente. Al contrario, si uno perdona es precisamente para destruir, de alguna manera, la espiral del mal, y para ayudar al otro a rehabilitarse y actuar de manera diferente en el futuro.

En la dinámica del perdón hay un esfuerzo por superar el mal con el bien. El perdón es un gesto que cambia cualitativamente las relaciones entre las personas y busca plantearse la convivencia futura de manera nueva. Por eso el perdón no ha de ser solo una exigencia individual, sino que debería tener una traducción social.

La sociedad no debe dejar abandonado a ningún hombre, ni siquiera al culpable. Toda persona tiene derecho a ser amada. No podemos aceptar que la represión penal solo «devuelva mal por mal» al encarcelado, hundiéndolo en su delito, degradando su existencia e impidiendo su verdadera rehabilitación.

El gran jurista G. Radbruch entiende que el castigo como imposición del mal por el mal ha de ir desapareciendo para convertirse, en lo posible, en «estímulo para saldar el mal con el bien, único modo en que puede ejercerse en la tierra una justicia que no empeora a esta, sino que la transforma en un mundo mejor».

No existe justificación alguna para actuar de manera vejatoria o injusta con ningún encarcelado, sea delincuente común o político. Nunca avanzaremos hacia una sociedad más humana si no abandonamos posturas de represalia, odio y venganza.

Por eso es también una equivocación incitar a la gente a la revancha. El grito de «el pueblo no perdonará» es, por desgracia, comprensible, pero no es el camino acertado para enseñarle a construir un futuro más humano.

El rechazo del perdón es un grito que, como creyentes, no podemos suscribir nunca, porque, en definitiva, es un rechazo de la fraternidad querida por Aquel que nos perdona a todos.

 

SI LA LEY PUEDE PERFECCIONARSE, NO ES PERFECTA

Fray Marcos

Cómo armonizar la predicación y la praxis de Jesús con la Ley de Dios, que para los judíos era sagrada y definitiva. Ir más allá de lo establecido es el problema radical que se plantea en todos los órdenes de la vida. Damos valor absoluto a lo ya conocido pero nuestro conocimiento será necesariamente limitado; debemos ir siempre más allá.

Tuvo que ser muy difícil para un judío aceptar que la Ley no era absoluta. Jesús fue contundente en esto. Abrió una nueva manera de relacionarnos con Dios. El Dios todopoderoso que está en los cielos y ordena y manda, deja paso al Abba, amor que se identifica con cada uno de nosotros y nos invita a descubrirlo en los demás.

Toda norma metida en palabras nunca podrá ser definitiva. El hombre siempre tiene que estar diciendo lo que dijo Jesús en el evangelio: habéis oído que se dijo …, pero yo os digo; porque conocemos cada vez mejor la naturaleza del ser humano. Si Jesús hubiera creído que la Ley era de Dios, no se hubiera atrevido a darle plenitud.

No existe ninguna “Ley de Dios”, porque no es un ser que tenga una voluntad que impone desde fuera. Toda ley es producto del hombre. Dios no se comunica a través de signos externos; la voluntad de Dios es la misma naturaleza de cada criatura.

La voluntad de Dios no es nada añadido a mi propio ser, no me viene de fuera. Está siempre ahí, pero no soy capaz de descubrirla. Esta es la razón por la que tenemos que echar mano de lo que nos han dicho algunos que sí fueron capaces de bajar hasta el fondo de su ser y descubrir lo que Dios es y lo que somos cada uno de nosotros.

No es que Dios haya manifestado a Moisés su voluntad, es que él supo aprovechar las circunstancias especiales para profundizar en sí mismo. Lo que descubrió es voluntad de Dios, porque lo único que Él quiere es que seamos fieles a lo que ya somos.

Cumplir la Ley es algo muy distinto de lo que acostumbramos a pensar. Una ley de tráfico se puede cumplir perfectamente pero solo de manera externa. En lo que llamamos Ley de Dios, las cosas no funcionan así. Si no descubro la razón de bien en lo que hago, no significará nada para mí. Los fariseos se conformaban con cumplir la Ley literalmente.

Nos queda mucho camino por andar para superar la idea de un Dios Legislador que impone su voluntad a pesar nuestro. En la Biblia hay 613 preceptos. Nos parecen infinitos, pero el Código de Derecho Canónico tiene 1.752 cánones. Jesús nos dejó un solo mandamiento: que os améis, y además el amor nunca puede ser fruto de una ley.

Jesús no fue contra la Ley, sino más allá de ella. Quiso decirnos que toda ley es solo un apunte, se queda siempre corta. Siempre tenemos que ir más allá de la pura literalidad, hasta descubrir el espíritu que hay más allá y superando cualquier formulación.

Jesús pasó de un cumplimiento externo de leyes a un descubrimiento de las exigencias de su propio ser. Esa revolución que intentó Jesús está aún sin hacer. Todas las propuestas de Jesús, en el sentido de vivir en el espíritu, han sido ignoradas. Seguimos más pendientes de lo que está mandado que de descubrir lo que somos.

Las propuestas concretas son ejemplos de lo que deberíamos hacer con todas las normas. Superar la trampa de un cumplimiento literal y entrar en el Espíritu. Si no somos capaces de ir más allá de la norma, nos quedaremos siempre a medio camino.

De todas formas, las leyes solo se pueden tirar por la borda cuando la persona ha llegado a un conocimiento profundo de su propio ser y descubre las más auténticas exigencias del verdadero ser. Ya no necesita apoyaturas externas para caminar hacia su meta. “Ama y haz lo que quieras” o “el que ama ha cumplido el resto de la Ley”.

miércoles, 4 de febrero de 2026

V Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 IV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 8, 2026
Isaías 58, 7-10 / Salmo 111 / 1 Corintios 2, 1-5


Continuamos en este domingo con exhortaciones de parte de parte de Jesús, para de manera puntual, con nuestras acciones ser testimonio vivo de Jesús …

Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos''.

Reflexión:

¿Cómo reflejar la Luz de Jesús?

Como dice el dicho popular, “más claro, ni el agua” … y así es con las lecturas, el salmo y el evangelio de este domingo: nos indican como podemos ser, si seguimos a Jesús y ponemos en práctica sus enseñanzas.

Para poner en práctica las Bienaventuranzas (que reflexionamos la semana pasada), hoy, de manera concreta nos dice la Palabra, cuáles son las acciones que tenemos que hacer, con los siguientes verbos: compartir con, acoger y vestir, a quien tiene necesidad; además de evitar oprimir, amenazar, ofender, a cualquier persona. Actuar de la manera anterior nos trae, es precisamente como colaboramos con Jesús a que el reinado del amor se haga presente hoy, es la forma de llevar la felicidad, y así, nos transformamos en gente luz, justa, clemente, compasiva, con corazón sano…

Acercar un pedacito de “cielo”, “de amor”, a este mundo terreno, es como dice Ignacio de Loyola, “el amor, se pone más en obras que en palabras” … y lo hacemos con acciones concretas, que son fruto de la Palabra sembrada por el Señor, en nuestro corazón (cfr. Mt 13, 1-9).

San Pablo, por otra parte, como con la humildad de nuestras acciones, es cómo podemos predicar mejor la buena noticia del reino del amor; es dejarnos guiar por el espíritu de Dios, el Espíritu Santo, para que nos lleve a ser reflejo de la luz de Cristo en el mundo… en mi mundo: en casa, el trabajo, con amistades, en la calle…

Jesús lo confirma con su analogía, de “ustedes son” … sal y luz:

·        Sal, para darle sabor a lo que alimenta y conserva lo que da vida… donde ando y vivo.

·        Luz, que me da claridad y despeja la tiniebla, que impide ver hacia dónde voy, para poder ser feliz, bienaventurado, dichoso … y que los demás también puedan serlo.

Ser sal y luz en este mundo, son medio para que el Reino de los cielos / el Reino de Dios se haga presente. Si, equivocadamente los hacemos nuestro fin, entonces sería para destacar nuestro egoísmo, luciéndonos, exhibiéndonos; así, como mucha sal, empalaga.

Andar por el mundo, haciendo el bien, por amor, como reflejo de Jesús, es la manera humilde de ser testigos que reina en nuestro corazón y entre nosotros el Amor de Dios.

“Hoy, Jesús nos sigue llamando a ser sal y luz en el mundo, preservando la verdad e iluminando en nuestro corazón con su amor. Si perdemos nuestra escencia, no cumplimos nuestra misión: transformar la realidad que nos rodea” (cfr. Eliomar Ribeiro, SJ)

¿Qué actitudes cristianas debo pulir?... ¿Cómo ser luz que ilumina y orienta?... ¿Cómo puedo “dar buen sabor” en mi familia, iglesia y sociedad?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

I Domingo de Cuaresma – Ciclo A – (Reflexión)

  I Domingo de Cuaresma – Ciclo A – febrero 22, 2026  Génesis 2, 7-9; 3, 1-7 / Salmo 118  / 1 Romanos 5, 12-19 En este primer domingo ...