jueves, 16 de julio de 2026

XVI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 XVI Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A julio 19, 2026 
Sabiduría 12, 13.16-19 / Salmo 85 / Romanos 8, 26-27


El evangelio de hoy nos dice como Jesús, con tres parábolas, nos describe como es el “Reino de los cielos”, el cual estamos llamados a vivir en nuestra vida …

Evangelio según san Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: "El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: 'Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?' El amo les respondió: 'De seguro lo hizo un enemigo mío'. Ellos le dijeron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?' Pero él les contestó: 'No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero' ".

Luego les propuso esta otra parábola: "El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas".

Les dijo también otra parábola: "El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar".

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".

Jesús les contestó: "El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga''.

Reflexión:

¿Dónde está el Reino de los cielos?

El evangelio de hoy es continuación del domingo pasado, y Jesús nos describe el Reino de los cielos, mediante comparaciones que nos permiten comprender no sólo qué es, sino también cómo vivirlo.

·        se parece a un hombre que siembre buena semilla

·        es semejante a un grano de mostaza

·        se parece a un poco de levadura

Para ser parte del Reino de los cielos, tenemos que dejarnos guiar por el amor de Dios, que nos permite vivir en fraternidad, armonía y en paz; nos invita a ser pacientes y diligentes, a cuidar la semilla del amor que Dios ha sembrado en nuestro corazón, para que su reinado vaya creciendo en nosotros, como la semilla de mostaza o la levadura que permite que la masa crezca, se hagan esponjosa y adquieran aroma y sabor, … y se vaya extendiendo en todos.

Así, es que somos nosotros, guiados por el Espíritu de Dios, quienes estamos llamados a hacer presente el Reino de los cielos, el reinado del amor, aquí en la tierra; requiere tiempo, paciencia y perseverancia.  El Padre, creador de todo lo que existe, no nos deja solos, nos cuida a todos, con misericordia y justicia (cfr. Sab 12, 13.16-19).

Sin embargo, hay que estar alertas, pues aunque Dios deseo solo el bien, hay otra semilla, la cizaña, la del mal, que rompe las relaciones entre las personas y provoca discordia, dolor y sufrimiento.

Para no “caer en sus garras y librarnos del mal” (cfr. Padrenuestro), debemos estar atentos y saber discernir que “espíritu” nos mueve, el del mal o el de Espíritu de Dios; al del mal, hay que rechazarlo y al de Dios, hay que escucharlo y permitir que el Espíritu nos conduzca conforme a la voluntad de Dios. (cfr. Rom 8, 26-27).

Ser parte y hacer presente el Reino de los cielos, requiere de nuestra parte, recibir las enseñanzas de Jesús, impregnarnos de ellas y vivirlas en nuestra vida ordinaria. No solo es darnos cuenta del mal y rechazarlo, sino hacer el bien, viviendo en verdad, justicia y paz; siendo colaboradores para que el reinado de Dios esté entre nosotros.

También hoy, es buen momento, para recobrar la esperanza de que el Espíritu del Padre, está con nosotros para construir el Reino de amor.

PD. Te invito a participar en el Taller de Autoconocimiento, desde la autobiografía de San Ignacio de Loyola, para revisar la vida y la presencia de Dios en nosotros (https://tinyurl.com/TallerDeAutoconocimiento).

¿Cómo discernir que espíritu me mueve, el bueno o el malo?... ¿Cómo saber de qué manera trabaja el mal espíritu, en mí, para desenmascararlo?... ¿Cómo puedo ser constructor de verdad, justicia y paz?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XVI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 XVI Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A julio 19, 2026 
Sabiduría 12, 13.16-19 / Salmo 85 / Romanos 8, 26-27


Evangelio según san Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: "El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: 'Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?' El amo les respondió: 'De seguro lo hizo un enemigo mío'. Ellos le dijeron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?' Pero él les contestó: 'No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero' ".

Luego les propuso esta otra parábola: "El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas".

Les dijo también otra parábola: "El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar".

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".

Jesús les contestó: "El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

FERMENTO DE UNA VIDA MÁS HUMANA

José Antonio Pagola

Sorprende ver con qué frecuencia se dirige Jesús a sus discípulos para ponerles en guardia contra una falsa «impaciencia mesiánica» que no sabe respetar el ritmo de la acción discreta pero vigorosa de Dios.

A los que esperan de él la puesta en marcha de un movimiento contundente y arrollador, capaz de terminar con otras corrientes y alternativas, Jesús les habla de una acción de Dios más humilde y respetuosa. El mundo es un campo de siembras opuestas. Y el reino de Dios crece ahí, en la densidad de esa vida a veces tan ambigua y compleja.

Ahí está Dios salvando al ser humano. En esos comportamientos colectivos, animados unas veces por grandes ideales y otras por oscuros egoísmos. En esos mil gestos que hacemos cada día y donde se mezcla la generosidad con las mezquindades más inconfesables.

A quienes esperan el despliegue de algo espectacular y poderoso, Jesús les habla de un reinado de Dios más sencillo y discreto. Algo que no está hecho para desencadenar movimientos grandiosos de masas. El reino de Dios está ya actuando, pero al modo de un grano de mostaza minúsculo y casi irrisorio que germina con humildad, o como un trozo imperceptible de levadura que se pierde en la masa fermentándola desde dentro.

Al reino de Dios no le abriremos camino lanzando excomuniones sobre otros grupos, partidos o ideologías, ni condenando todo lo que no coincide con nuestro pensamiento. No lo implantaremos en la sociedad concentrando grandes masas o logrando el aplauso pasajero de las muchedumbres.

El reino de Dios es un «fermento de humanidad» y crece en cualquier rincón oscuro del mundo donde se ama al ser humano y donde se lucha por una humanidad más digna. Al reino de Dios le abriremos camino dejando que la fuerza del evangelio transforme nuestro estilo de vivir, amar, trabajar, disfrutar, luchar y ser.

 

DESCUBRIR LA CIZAÑA EN MÍ

Fray Marcos

Como todas las parábolas se trata de un relato anodino e inofensivo por sí mismo, pero puede llevarnos a una reflexión muy seria sobre la manera que tenemos de catalogar a las personas como buenos y malos. Bien y mal se encuentran inextricablemente unidos en todos y cada uno de nosotros.

El punto de inflexión está en las palabras del dueño: “dejadlos crecer juntos hasta la siega”. Lo lógico sería que se arrancara la cizaña en cuanto aparezca. Contra toda lógica, el amo ordena que la dejen crecer con el trigo. El dueño no se haya vuelto loco, quiere hacernos ver que otra actitud ante el mal es posible.

Si en el trigo se nos pide hacer lo contrario de lo que se debe, nos obliga a saltar a otro nivel en que eso sea no solo posible, sino necesario. En el orden espiritual no solo no se debe arrancar la cizaña, sino que no se puede separar.

Desde siempre el hombre buscó una respuesta coherente a la existencia del mal. Hoy sabemos que no tiene que venir ningún maligno a sembrar mala semilla. Las limitaciones que inevitablemente nos acompañan como criaturas, da razón suficiente para explicar los fallos de toda vida humana.

Cuatro mil millones de años de evolución han ido siempre en la dirección de asegurar la supervivencia del individuo y de su especie. El ser humano descubre que hay un objetivo más valioso que el de la simple supervivencia. Al intentar caminar hacia esa nueva plenitud el hombre tropieza con esa enorme inercia.

Como en el caso de la cizaña y el trigo, solo cuando llega la hora de dar fruto queda patente lo que los distingue. Es inútil todo intento de dilucidad teóricamente lo que es bueno o lo que es malo. La mayoría de las veces el hombre solo descubre lo bueno o lo malo después de sufrirlo o disfrutarlo.

En el hombre, la cosa se complica, porque en cada uno de nosotros coexisten cizaña y trigo. Nunca conseguiremos eliminar del todo nuestra cizaña. Solo aceptándola, superaremos el puritanismo y nos aceptaremos tal como somos.

Esta mezcla inextricable no es un defecto de fábrica, como se ha hecho creer con mucha frecuencia; por el contrario, se trata de nuestra misma naturaleza. Dejaríamos de ser humanos si anularan todas nuestras limitaciones.

No solo es absurdo el considerar a uno bueno y a otro malo, sino que el solo pensar que una persona se pueda considerar perfecta, es descabellado. Arrancar la cizaña en nosotros y en los demás, ha sido una tentación inmemorial.

La explicación del evangelio muestra con claridad la diferencia entre parábola y alegoría. Podemos apreciar cómo se desvía el acento desde la necesidad de convivir con el diferente a la insistencia en que los malos serán quemados.

Si la Iglesia hubiera hecho caso de esta parábola, ¡cuánto sufrimiento se hubieran evitado! Siempre se ha perseguido al que discrepa, solo por preservar el trigo. Se ha excomulgado, se ha desterrado, se ha quemado miles de cristianos solo porque no coincidían con la verdad o la norma oficial.

Dice un proverbio oriental: si te empeñas en cerrar la puerta a todos los errores, dejarás inevitablemente fuera la verdad. En la doctrina, en el culto, hemos estado quemando la cizaña. En la moral es más sangrante, hemos predicado como voluntad de Dios lo que no son más que preceptos humanos.

 

miércoles, 8 de julio de 2026

XV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 XV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A julio 12, 2026
Isaías 55, 10-11 / Salmo 64 / Romanos 8, 18-23



Con la parábola del evangelio de hoy, Jesús nos muestra cómo la Palabra de Dios puede transformar nuestra vida... …

Evangelio según san Mateo 13, 1-23

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

"Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga."

Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.

Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador.

A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta''.

Reflexión:

¿Cómo dar frutos del Reino?

Jesús tiene una manera muy especial de enseñar, a través de parábolas, pequeñas historias tomadas de la vida cotidiana, que ayudan a descubrir verdades profundas sobre el Reino de Dios.

Es Jesús mismo, la Palabra hecha carne, que desciende del cielo, como lluvia que “empapa y fecunda” la tierra, a cada persona, para que la semilla, su Palabra y enseñanzas, se enraícen y crezcan en nuestros corazones, y produzca frutos (acciones) de misericordia, justicia, paz y fraternidad, que nos permitan tener “una vida que valga la pena vivir” (cfr. Carlos Morfín, SJ).

Escuchar, entender y vivir las “palabras”, la “buena nueva” del Padre, que nos comunica Jesús, es la forma en que podemos ser transformados y salvarnos de aquello que nos provoca sufrimiento, el cual es provocado por nuestros desórdenes, personales y sociales.

La invitación de este domingo es, a disponernos y prepararnos para transformar nuestro corazón, liberarlo de esclavitudes egoístas, para entonces colaborar en la construcción de un mundo justo y fraterno, donde todos podamos vivir, crecer y disfrutar lo que Dios ha dispuesto para nosotros. Esos son los frutos que estamos llamados a dar.

PD. Próximo mes de agosto, tendremos un Taller de Autoconocimiento, para revisar la vida y la presencia de Dios en ella (https://tinyurl.com/TallerDeAutoconocimiento).

¿Qué tipo de “suelo” es mi corazón?... ¿Qué necesito cambiar para que la Palabra eche raíces en mi corazón?... ¿De qué manera, con mis dones, puedo colaborar en la sociedad, para que haya justicia y fraternidad?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 XV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A julio 12, 2026 
Isaías 55, 10-11 / Salmo 64 / Romanos 8, 18-23


Evangelio según san Mateo 13, 1-23

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

"Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga."

Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.

Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador.

A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Hoy hemos leído un Evangelio muy particular, porque es explicado por el mismo Jesús. Sí, Jesús explica la parábola del sembrador que le acaba de compartir a la gente. No hay mucho que agregar.

Pero miremos la actitud del sembrador (que solemos pasar de largo): no deja espacio sin sembrar. Este sembrador no deja de tirar semilla en donde es casi seguro que nada brotará o que los pájaros se la comerán. Y es que así es Dios: ahí, en el corazón por el que nadie apuesta, Él tira la semilla y confía en que algo brotará. Dios es el sembrador sin pausa, con el único criterio de la confianza en que ahí algo puede brotar.

Esta actitud del Sembrador, de nuestro Dios, ha de darnos confianza, porque no nos abandona ni renuncia a sembrar cuando parece que de nuestro corazón ya nada brotará. Y es que hay momentos en nuestra vida en que los sufrimientos nos han "desertificado" el corazón; y en esos momentos, la iniciativa no es nuestra, es de nuestro Dios, el Sembrador, el sembrador que colocará en nuestros corazones su semilla hasta que algo logre brotar.

Repitamos este domingo con el salmista: "Danos de tu agua", y confiemos en que inundará nuestras sequías y nos renovará.

#FelizDomingo

“Un sembrador salió a sembrar”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.


Sembrador Incansable

Padre amoroso y bueno,
sembrador incansable de los tiempos,
tu que desde el principio del mundo,
cuando todo era caos y oscuridad,
saliste a los caminos de la historia
con tu costal repleto de semillas generosas
y fuiste repartiendo con paciencia
los gérmenes fecundos de una vida nueva.
No nos dejes caer en la tentación
de hacernos caminos resbalosos
que no recogen en su seno
las maravillas infinitas
de tu exuberante creación.
Señor Jesús,
semilla primordial,
tu que sabes de siembras dadivosas,
de dar sin recibir,
de amor hasta el extremo,
enséñanos a estar dispuestos
para acoger tu vida
que explota hasta nosotros.
No nos dejes caer en la tentación
del crecimiento fácil y veloz
que brota sin raíces
y muere prematuro
sin ofrecer al mundo
su cosecha amanecida de belleza.
Espíritu de sabiduría,
luz que penetras las almas,
e iluminas sin descanso
nuestras oscuras tinieblas,
haz germinar en nosotros
la Palabra de la vida.
No nos dejes caer en la tentación
de ahogar en nuestro surco
la semilla humilde y débil
que crece vacilante
en medio de las preocupaciones,
las riquezas y placeres de la vida.

Dios uno y trino,
que sigues repartiendo tus semillas
con paciencia sin fronteras
y la libertad del viento,
ayúdanos a ser tierra buena, 
que se abre a tu Palabra para recibir sin condiciones
tu semilla siempre nueva.
Hágase tu voluntad en nuestra tierra
y danos un corazón perseverante,
para ofrecer al mundo
los desbordantes gozos
de una cosecha centuplicada
que salte con la alegría
de la espiga agradecida.

Amén
Escribí esta oración para algún encuentro, intentando combinar las imágenes de la parábola del sembrador con algunas peticiones del Padrenuestro… A través de esas cuatro imágenes que Jesús nos ofrece en su parábola, nos invita a revisar cómo nos disponemos para el “Encuentro con la Palabra”. Podemos ser resbalosos y duros como el camino que permite que las aves se coman lo que Dios quiere sembrar en nosotros; o producir resultados rápidos y superficiales que no soportan el castigo del sol, por falta de raíces y hondura en el corazón; podemos también dejar que los espinos nos ahoguen en medio de la preocupaciones y afanes de la vida. Por último, es posible que la Palabra encuentre en nosotros tierra buena, que acoge la semilla y la deja crecer, para ofrecer al mundo los desbordantes gozos de una cosecha centuplicada.


SEMBRAR CON FE

José Antonio Pagola

En pocos años estamos pasando de una sociedad profundamente religiosa, donde el cristianismo jugaba un papel decisivo en la vida de las personas y en la convivencia social, a otro estilo de vida más laico e increyente, donde lo religioso va perdiendo importancia.

Acostumbrados a una «sociedad de cristiandad» donde lo religioso estaba presente visiblemente en nuestras calles, plazas, escuelas y hogares, son muchos los creyentes que sienten malestar y sufren ante la nueva situación.

Más aún. Casi sin darnos cuenta podemos llegar a pensar que el evangelio ha perdido su anterior virtualidad, y el mensaje de Jesús no tiene ya garra ni fuerza de convicción para el hombre moderno.

Por eso se hace necesario escuchar con atención la parábola de Jesús. Aun en su aparente insignificancia y modestia, el evangelio sigue encerrando una virtualidad poderosa para «salvar» al hombre de lo que le deshumaniza. Difícilmente encontraremos algo o a alguien que pueda dar un sentido más humano y liberador a nuestras vidas.

Es cierto que, para ejercer su fuerza liberadora, este evangelio ha de ser presentado con fidelidad, en toda su verdad, sus exigencias y su esperanza. Sin deformaciones ni cobardías. Sin parcialismos intencionados ni manipulaciones interesadas. 

Es cierto también que el evangelio exige una acogida sincera y una disponibilidad total. Y son muchos los factores que, como la riqueza, los intereses egoístas o la cobardía, pueden ahogar y anular la eficacia de la palabra de Jesús.

Pero el evangelio sigue teniendo hoy una energía humanizadora insospechada. Olvidarlo sería un error lamentable para la sociedad moderna. En cualquier caso, los creyentes hemos de recordar que no es momento de «cosechar», sino hora de sembrar con fe en la fuerza renovadora que se encierra en el evangelio.

 

CREERME TIERRA BUENA ES EL MAYOR PELIGRO

Fray Marcos

Las parábolas son muy apropiadas para hablar de la trascendencia. Al partir de conceptos simples, tomados de la vida cotidiana y que todo el mundo conoce, nos proyecta hacia una realidad que va más allá de lo material. La parábola por estar pegada a la vida conserva el frescor de lo genuino y auténtico a través del tiempo.

Es una de las parábolas más comentadas, pero siempre en la dirección que marca el mismo evangelio al alegorizarlas en su comentario. Otras explicaciones son posibles y vamos a intentar mostrar algunas de ellas y veréis que pueden ser interesantes.

El relato en sí no es significativo, poco importa cómo nace y da fruto ese relato, en sí anodino, da que pensar, cuestiona mi manera de ser, me dice que otro mundo es posible y espera de mí una respuesta vital. En toda parábola existe un punto de inflexión que rompe la lógica del relato. Ahí está el verdadero mensaje.

El objetivo de la parábola es sustituir una manera simple de ver el mundo, por otra abierta a una nueva realidad llena de sentido. Obliga a mirar a lo profundo del ser y descubrir posibilidades increíbles. La parábola no dice nada al que no está dispuesto a cambiar. Dice más de lo que se puede decir, al que está dispuesto a escuchar.

La alegorización de esta parábola es fruto de la primera comunidad, que intenta moralizarla. Para descubrir el sentido hay que dejarse empapar por las imágenes. Exige una respuesta personal y vital; obliga a tomar postura ante la alternativa que propone. Si no tomas la decisión de cambiar, ya has definido tu postura.

Los exegetas apuntan a que, en un principio, los protagonistas de la parábola fueron el sembrador y la semilla. El sembrador como ejemplo de generosidad y la semilla como ejemplo de potencial ilimitado. El objetivo habría sido animar a predicar sin calcular la respuesta de antemano. Hay que sembrar a voleo, sin reserva alguna.

No debemos dar importancia al número de los que responden. La intensidad de una sola respuesta da sentido a toda sinuosa y larga trayectoria de la existencia humana queda justificada con la aparición de un solo Francisco de Asís. Por eso Jesús pudo decir: El Reino ya está aquí, yo lo estoy haciendo presente.

Más tarde se dio importancia a las condiciones de la tierra (actitud del oyente). Esta alegorización no sería original de Jesús sino un intento de acomodarla a la nueva situación de los cristianos, cambiando el sentido y haciéndola más moralizante.

Incluso en un sentido alegórico, no debemos pensar en unas personas como tierra buena y otras como tierra mala. Más bien debemos descubrir en cada uno de nosotros la tierra dura, las zarzas, las piedras que impiden a la semilla fructificar.

El fruto no es el éxito externo o las obras, sino el cambio de mentalidad del que escucha. El fruto sería una nueva manera de relacionarse con Dios, consigo, con los demás y con la naturaleza. No se puede crecer en humanidad sin esas relaciones.

Esta relación tiene que ser como persona, porque generalmente nos relacionamos con los demás como cosas, de las que nos podemos aprovechar. Cuando hago esto me deshumanizo. Descubriendo al otro y volcándome en él, despliego mis posibilidades de ser. Solo desde esta actitud podremos desplegar a la esencia de lo humano.

“El que tenga oídos que oiga”. En aquel tiempo, era la doctrina oficial la que impedía aceptar el mensaje. Hoy siguen siendo los prejuicios religiosos los que nos mantienen atados a falsas seguridades que nos impiden una respuesta al mensaje.

jueves, 2 de julio de 2026

XIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 XIV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A julio 5, 2026 
Zacarías 9, 9-10 / Salmo 144 / Romanos 8, 9. 11-13


Es interesante lo que este domingo se nos recuerda en la Palabra: nuestro Padre, quiere salvarnos de lo que impide tengamos una vida que valga la pena vivir, ya desde aquí, en la tierra …

Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera''.

Reflexión:

¿Dónde encuentro el verdadero descanso?

Hoy, en este domingo de tiempo ordinario, seguimos conociendo a Jesús, que nos revela en qué consiste el Reino de su Padre y cómo es que podemos hacerlo realidad en nuestra vida.

En situaciones, como las que vivimos actualmente, como: polarización, precariedad, violencia y muerte, el profeta Zacarías, sigue vigente y con sus palabras nos recuerda que es de alegrarnos porque el Señor está con nosotros para traernos paz y salvarnos de todo aquello que produce enfrentamientos y conflictos. Pero, esto no sucede de manera mágica, hay que estar atentos a su presencia en nuestra vida, hay que reconocerlo, y a su vez, hacerlo presente en nuestras acciones cotidianas (cfr. Zacarías 9, 9-10).

Sin lugar a duda, las situaciones que provocan impedimentos para “tener una vida que valga la pena vivir”, son nuestros “desórdenes egoístas”, personales y sociales, como dice san Pablo (Rom 8, 9. 11-13). Darnos cuenta de qué y cuales son “nuestros desórdenes”, es el principio del camino espiritual según Sn. Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales [1], y poder “ordenar la vida, para buscar y hallar la voluntad divina”.

El Rey (del amor) que ha venido y permanece para salvarnos es Jesús; es Él quien nos revela la voluntad divida del Padre; para recibirla y conocerla, hay que, además de estar atentos, necesitamos ser “sencillos” y “humildes”, para captar lo que Jesús quiere revelarnos. Como nos recuerda el salmista, el Señor es bueno con todos y que su ternura alcanza a todas sus criaturas. Esa es la manera de reinar de Dios: no desde la imposición, sino desde la misericordia, la justicia y el amor.

Jesús nos muestra que existe una forma de vivir que nos libera de nuestros egoísmos y de todo aquello que destruye nuestras relaciones. Con sus palabras y con su ejemplo nos enseña a construir vínculos marcados por el amor, la justicia y la compasión, cuyo fruto es la paz y el bien común.

Cuando Jesús nos invita a cargar con su yugo, no nos está imponiendo un peso más. Nos está proponiendo compartir su manera de amar. Su yugo es aprender a vivir desde el amor (ágape), la misericordia y el servicio. Paradójicamente, es ahí donde encontramos el descanso que tanto buscamos.

Cuando vivimos como Jesús nos enseña, descubrimos que la verdadera paz no depende de que desaparezcan los problemas, sino de caminar con Él. Entonces nuestra vida, y también la de quienes nos rodean, comienza a convertirse en una vida que verdaderamente vale la pena vivir.

PD. Próximo mes de agosto, tendremos un Taller de Autoconocimiento, para revisar la vida y la presencia de Dios en ella (https://tinyurl.com/TallerDeAutoconocimiento).

¿Cómo puedo tomar conciencia de la presencia de Dios en mi vida?... ¿Qué cargas o afectos desordenados me impiden tener una vida plena?... ¿Cómo aprender a ser manso y humilde de corazón?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 XIV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A julio 5, 2026 
Zacarías 9, 9-10 / Salmo 144 / Romanos 8, 9. 11-13


Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Imaginemos la vida como un gran campo en el que hay que sembrar y cosechar. Como en el campo, en nuestra vida hay que preparar la tierra, hay que arrancar cardos y hay que remover piedras; hay que arar para sembrar. "La tarea de la vida" cansa, agobia, pesa. Hoy la Palabra nos recuerda la propuesta de Jesús: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

Y es que podemos tomar otros yugos; podemos fabricar nuestros propios yugos con soberbia y violencia, creyendo que no necesitamos de nada ni de nadie, hasta que un día desfallecemos.

Ahí tenemos su oferta, libre y amorosa, pero no impositiva. Y es que podemos "trabajar la vida" sin Él o con Él.

Dios nos conceda la humildad para pedir ayuda, un corazón tranquilo, libre de prisas y violencias, que nos permita ser de esos pequeños a quienes el Señor les revela todo.

#FelizDomingo 


“Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Conocí a Carlos Riesgo en Madrid, España, en una comunidad de Fe y Luz que lleva por nombre Ephetá, que significa: ¡Ábrete! Una comunidad que reúne, alrededor de la Palabra de Dios y de la construcción de la fraternidad, a niños y niñas con alguna deficiencia mental o psíquica, a sus familiares y a sus amigos. Jean Vanier y Marie Hélène Mathieu, fundaron estas comunidades hace ya más de cincuenta años y se han ido extendiendo a lo largo y ancho del mundo. En Colombia existe ya una comunidad de Fe y Luz que se llama ‘Camino de Betania’ y en muchos países estas comunidades han ido creciendo de modo lento y pausado, como debe ser el proceso de cualquier obra que de verdad quiera llegar a ser grande, como las ceibas de nuestros campos o el grano de mostaza del Evangelio.

Carlos sufre de una parálisis cerebral y tiene muchos problemas para moverse y para hablar; pero sus ojos, vivos como centellas, dicen más de lo que sus difíciles palabras alcanzan a expresar. Un buen día, a propósito de un encuentro al que fuimos un fin de semana junto con otras comunidades llegadas de otras ciudades, me pidieron que estuviera especialmente pendiente de Carlos los tres días que estaríamos reunidos. Él se defiende muy bien y hace prácticamente todo por sí mismo; lo único que necesitaba era apoyo y respaldo por cualquier eventualidad. Yo acepté el reto con mucho gusto.

Ese bendito fin de semana recibí una de las lecciones más importantes de mi vida; en esos tiempos estaba yo haciendo unos estudios de especialización en teología y contaba con un grupo de distinguidos profesores, todos ellos doctores. Sin embargo, el mejor profesor que tuve durante esos años fue Carlos Riesgo, no lo puedo dudar. El necesitaba apoyo y yo necesité paciencia... mucha paciencia, porque Carlos lo hace todo lentamente, a su ritmo: comer, moverse de un lugar a otro, acomodarse en su silla, arreglarse por las mañanas... Y, dentro de lo que hace lentamente, lo que más me costó trabajo fue su forma de hablar... Desacelerarse un fin de semana completo, para los que vamos por la vida como una moto, no resulta un trabajo fácil.

Cada vez que Carlos quería decirme algo, comenzaba a articular difícilmente las palabras, tratando de hacer una frase comprensible. Y yo, con el acelere de siempre, trataba de adivinar lo que quería decir, sin dejar que él terminara. Tan pronto yo lo interrumpía con una frase que no era la que él estaba tratando de armar, hacía un gesto con la mano y comenzaba de nuevo su tortuoso esfuerzo por expresarse. De nuevo, el hábil sabelotodo, que quiere apurar el paso y ganar tiempo, se me salía con otra frase que tampoco lograba adivinar el trabalenguas. Y vuelva a empezar... Hasta que, poco a poco, fui aprendiendo que cuando yo me quedaba callado y esperaba a que Carlos terminara de decir lo que quería decir, a la velocidad que él iba, entonces, ¡oh milagro!, entendía que lo que quería era un vaso con agua o que le alcanzara fruta...

“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido”. Este grito de júbilo de Jesús debió nacer después de haberse encontrado con alguna de estas personas que la sociedad desprecia o considera inútiles. Son ellos los depositarios de los secretos del Reino de Dios. Por eso, gracias a Carlos, el Señor me gritó: ¡Ephetá! para enseñarme a escuchar a los demás sin interrumpirlos; para aprender a callar y a respetar el ritmo de los sencillos... No se si he logrado vivir todo esto, pero siento la responsabilidad de alabar con Jesús la ocurrencia de Dios de revelarle los misterios del Reino a los más pequeños, ocultándolos de los sabios y entendidos. Por eso, tenemos que pedir todos los días que el Señor quiera abrir nuestros oídos para saber escuchar sus mensajes y dejarnos evangelizar por los más pobres de nuestra sociedad. “Sí, Padre, porque así lo has querido”.

DIOS ES PARA GENTE SENCILLA

José Antonio Pagola

Fue hace muchos años, en L’École Biblique de Jerusalén, un maestro de exégesis nos iniciaba en el difícil arte de desentrañar el evangelio de Mateo. Todo parecía poco para captar el sentido último del texto: crítica textual, análisis literario, estructura del pasaje. Un día llegamos a esos versículos en los que Jesús exclama: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla». El profesor hizo un largo silencio. Después nos dijo muy despacio: «No olviden nunca estas palabras. Todo lo demás lo pueden olvidar». Fue probablemente la mejor lección de exégesis que he recibido nunca. Luego, a lo largo de los años, he podido ver que es así.

Siempre que he tenido la impresión de estar junto a una persona cercana a Dios, ha sido alguien de corazón sencillo. A veces una persona sin grandes conocimientos, otras alguien de notable cultura, pero siempre un hombre o mujer de alma humilde y limpia.

En más de una ocasión he podido comprobar que no basta hablar de Dios para que se despierte la fe. Para mucha gente, ciertos conceptos religiosos están muy gastados, y aunque uno trate de sacarles todo el vigor y sabor que tuvieron en su origen, Dios sigue como «fosilizado» en sus conciencias. Sin embargo, me he encontrado con gentes sencillas que no parecen necesitar grandes ideas ni razonamientos. Intuyen enseguida que Dios es «un Dios oculto», y de su corazón nace espontánea una invocación: «Señor, muéstrame tu rostro».

Me he encontrado también con personas que se mueven siempre en el terreno de lo útil. Algunas abandonan a Dios porque les resulta perfectamente inútil; otras le retienen y dan culto porque les sirve. Sin embargo, he podido conocer a gentes sencillas que viven dando gracias a Dios. Disfrutan de lo bueno de la vida, soportan con paciencia los males; saben vivir y hacer vivir. No sé cómo lo logran, pero de su corazón parece estar siempre brotando la alabanza al Creador. Su vida es un acierto.

He expuesto muchas veces temas religiosos y he hablado de Dios ante gentes muy diversas. En ocasiones me he encontrado con personas que planteaban preguntas y más preguntas sobre toda clase de cuestiones teológicas, sin mostrar el menor interés por encontrarse con Dios. Pero he visto también a gente sencilla cuyos ojos brillaban de forma especial cuando yo leía textos como este del profeta Isaías: «Yo soy el Señor, tu Dios… Tú eres de gran precio a mis ojos, eres valioso y yo te quiero… No temas, que estoy contigo» (Isaías 43,4); o cuando pronunciaba el Salmo 103: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente ternura el Señor por quienes le temen. Pues él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos barro» (Salmo 103,13-14). Sí, Dios se revela a gente sencilla.

 

DIOS NI ESCONDE NI REVELA NADA A NADIE

Fray Marcos

En el evangelio de hoy hay tres párrafos bien definidos. El primero se refiere a Dios. El segundo, a la interdependencia total entre Jesús y Dios. El tercero hace referencia a la relación entre nosotros y Jesús. En la primera comunidad cristiana todos eran personas sencillas. ¿Qué hubiera dicho Jesús después de Constantino?

Te doy gracias, Padre, porque…” Lo importante no es la acción de gracias, sino el motivo. Jesús no puede afirmar que Dios da a algunos lo que niega a otros. Lo que quiere decir es que el verdadero Dios no puede ser aceptado más que por la gente sencilla sin prejuicios. Los sabios son capaces de crearse su propio Dios.

¿Quiénes eran los sencillos? El “nepios” griego tiene muchos significados, pero todos van en la misma dirección: infantil, niño, menor de edad, incapaz de hablar; y también: tonto, infeliz, ingenuo, débil. Para la élite religiosa, los sencillos eran unos malditos, porque no conocían la Ley y, por lo tanto, no podían cumplirla.

Estas cosas no son conocimientos, sino las experiencias de Dios que Jesús vivió y que nos quiere transmitir. No se trata de saber más cosas, sino de una experiencia más profunda. “Todo me lo ha entregado mi Padre…” Ese conocimiento de Dios no es fruto del esfuerzo humano, sino puro don; aunque no se niegue a nadie.

El error de la teología fue creer que conocemos a Jesús porque conocíamos a Dios; si Jesús era Dios, sabíamos lo que era Jesús. El texto dice lo contrario, la manera de conocer a Dios es conocer a Jesús, haciendo nuestra su experiencia de Dios.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. El yugo era la Ley, que era ciertamente insoportable. El hombre desaparecía bajo el peso de más de 600 preceptos y 5.000 prescripciones. Para los fariseos, la Ley era lo único absoluto. La tarea de Jesús fue liberar al hombre de todas las ataduras religiosas.

Mi yugo es llevadero. Jesús libera del yugo que oprime al hombre. No propone un camino de rosas. Sin esfuerzo no hay verdadera humanidad. No es el trabajo duro lo que malogra una vida, sino los esfuerzos que no llevan a plenitud.

Jesús quiere ayudarnos a desplegar nuestro ser sin opresiones. El yugo y la carga serían, como el peso de las alas para el ave. Las alas tienen su peso, pero si se las quitas, ¿con qué volarán? El motor de un avión es una tremenda carga, pero gracias a ese peso el avión vuela. Nuestras limitaciones nos permiten avanzar.

No hemos hecho caso a este mensaje. En cuanto pasaron los primeros siglos de cristianismo, se olvidó este evangelio, y se recuperó “el sentido común”. Nunca más se ha reconocido que Dios se pueda revelar a la gente sencilla. Es tan sorprendente lo que nos dice Jesús, que nunca nos lo hemos creído.

Hacemos mal cuando nos dejamos guiar por entendidos. A todos los niveles estamos en manos de expertos. En religión la dependencia es absoluta, hasta el punto de impedirnos pensar por nosotros mismos. Doctores tiene la Iglesia…

Pío IX dijo: “solo hay dos clases de cristianos, los que tienen el derecho de mandar y los que tienen la obligación de obedecer”. Ningún jerarca hoy se atrevería a repetir esas palabras, pero en la práctica, todos actúan desde esa perspectiva.

Jesús propone una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Esa Vida profunda es la que da sentido a la existencia, tanto del sabio como del ignorante, tanto del rico como del pobre. Lo que nos lleve a plenitud, será ligero.

XVI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

  XVI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – julio 19, 2026  Sabiduría 12, 13.16-19 / Salmo 85 / Romanos 8, 26-27 El evangelio de ho...