miércoles, 8 de abril de 2026

II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia – Ciclo A – (Reflexión)

 II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia Ciclo A abril 12, 2026 
Hechos 2, 42-47 / Salmo 117 / 1 Pedro 1, 3-9


Durante este tiempo Pascual, estamos recordando como nacieron las primeras comunidades cristianas y actualizando hoy, cada uno de nosotros, la manera de ser Iglesia, pueblo de Dios …

Evangelio según san Juan 20, 19-31  

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

Reflexión:

¿Cómo creer en el Resucitado?

Las lecturas y el Evangelio de hoy, nos dan varios tips tanto para seguir renovando nuestra fe y esperanza, como para que cada uno podamos ser proactivamente testigos de la Resurrección.

Vivir la Resurrección es una experiencia personal, en cuanto caemos en cuenta que es posible tener una Nueva Vida, que hace presente el reinado del amor de Dios, allí en medio de la comunidad donde vivimos (nuestra Galilea), con los valores y a la manera de Jesús. Al igual que los primeros cristianos, hoy, tenemos que seguir conociendo “internamente” a Jesús, esto para conocer, entender y vivir los valores que guiaban e impulsaban su vida.

Jesús nos ha dejado la Eucaristía, donde juntos (la iglesia, pueblo de Dios) en torno a la mesa (altar) seguimos “escuchando sus enseñanzas”, “conviviendo fraternalmente en comunidad” (cfr. Primera lectura) … o sea que al participar en la misa, oramos la Palabra, la meditamos, con ayuda de la homilía del sacerdote o reflexiones de Papa u Obispos, para seguir profundizando en conocimiento de Jesús y del Reino del Padre … lo que posibilita podamos tener una nueva vida, una al estilo de la de Jesús.

Lo que nos salva es precisamente, vivir como Jesús vivió: es nuestra resurrección, nuestro despertar, nuestro renacer interiormente a una nueva manera de vivir… alegre y fraterna que busca en bien comú… (cfr. Segunda lectura)

Como Tomás, podremos tener duda sobre la Resurrección (Nueva Vida), pero al experimentar como el Espíritu del Resucitado nos muestra su presencia en las llagas de los que sufren y mueve nuestro corazón para tender una mano que los sane / salve, es que estamos despertando y viviendo al estilo de Jesús.

No hemos visto al Resucitado, pero al sentirlo internamente y reflejar su presencia en nuestras palabras y acciones, porque creemos y confiamos en sus enseñanzas … ¡estamos viviendo nuestra Resurrección!

¿Cómo conocer mejor los principios y valores de Jesús?... ¿Cómo preparar mejor mi participación en la Eucaristía?... ¿Cómo aumentar mi fe?...

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia – A – (Profundizar)

 II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia Ciclo A abril 12, 2026 
Hechos 2, 42-47 / Salmo 117 / 1 Pedro 1, 3-9


Evangelio según san Juan 20, 19-31  

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

VIVIR DE SU PRESENCIA

José Antonio Pagola

El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelante. Solo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.

La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen en un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada que una experiencia vivida.

Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus primeros discípulos y discípulas.

Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente habitada por esa presencia invisible, pero real y operante, de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.

Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?

Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu.

 

SOLO VIVIENDO DESCUBRIMOS A JESÚS VIVO

Fray Marcos

La aparición a la comunidad reunida es la clave de la experiencia pascual. Está claro que el relato está elaborado cuando las comunidades ya estaban constituidas. No tiene sentido pensar, como sugieren los textos, que el domingo por la tarde ya había una comunidad establecida. Los exégetas han descubierto que los textos quieren decir algo muy distinto.

“Todos lo abandonaron y huyeron”. Eso fue lo más lógico, desde el punto de vista histórico y teológico. La muerte de Jesús en la cruz perseguía precisamente ese efecto demoledor para sus seguidores. Seguramente lo dieron todo por perdido y escaparon a Galilea, como indican Mt y Mc para no correr la misma suerte que su Maestro.

Esa experiencia de que seguía vivo y les estaba dando Vida no era fácil de comunicar. Antes de hablar de resurrección, en las comunidades primitivas, se habló de exaltación y glorificación, del juez escatoló­gico, del Jesús taumaturgo, de Jesús como Sabiduría. Estas maneras de entender a Jesús fueron condensadas más tarde en la idea de resurrección.

En ninguna parte de los escritos canónicos del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no es un fenómeno constata­ble empíricamente. La experiencia pascual sí fue un hecho histórico. Para transmitir esa experiencia a los demás, no tuvieron más remedio que encuadrarla en el tiempo y el espacio para que fuera comprensible.

El primer día de la semana. En este relato todo son símbolos. Jesús comienza la creación del hombre nuevo el primer día de una nueva semana. El texto manifiesta la práctica de reunirse el domingo que se hizo común muy pronto entre los cristianos.

Se hizo presente en medio sin recorrer ningún espacio. Jesús había dicho: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Él es para la comunicad fuente de Vida, referencia y factor de unidad. La comunidad cristiana está centrada en Jesús y solo en él. Jesús se pone en medio y les saluda con el ‘shalom’.

Los signos de su amor (las manos y el costado) evidencian que es el mismo que murió en la cruz. Este es el objetivo de todos los relatos pascuales. Ahora descubren que la verdadera Vida está en Jesús y en ellos. Tienen la experiencia de que les comunica Vida.

“Sopló” es el verbo usado por los LXX en Gn 2,7 par indicar que Dios convirtió el hombre barro en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da la verdadera Vida. Queda completada así la creación del hombre nuevo. "Del Espíritu nace espíritu".

Al decir que Tomás no estaba con ellos aporta una lección magistral. Separado de la comunidad es imposible llegar a la experiencia de Jesús vivo. Solo unido a la comunidad se puede ver a Jesús, porque solo se manifiesta en el amor, imposible sin comunidad.

¡Señor mío y Dios mío! La respuesta de Tomás es tan extrema como su incredulidad. Se negó a creer si no tocaba sus manos traspasadas. Ahora renuncia a la certeza física y va mucho más allá de lo que ve, proclamando su divinidad. Al llamarle Señor y Dios, reconoce la grandeza, y al decir mío, el amor de Jesús y lo acepta dándole su adhesión.

Naturalmente Tomás no es una persona concreta sino un personaje que representa a cada uno de los miembros de la comunidad que dudan, pero terminan por supera esas dudas. La comunidad reunida es la única garantía de que Jesús está en medio de ellos.

Dichosos los que crean sin haber visto. Todos tienen que creer sin haber visto. Lo que Jesús le reprocha es la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Eso ya no es posible. La comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo desde una perspectiva nueva.

 

domingo, 5 de abril de 2026

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (Reflexión)

Hechos 10, 34.37-43 / Salmo 117 / 1 Corintios 5, 6-8




Es el día de Pascua, paso de la muerte a la vida.

Evangelio según san Juan 20, 1–9  

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Reflexión:

¿Cuál es la Nueva Vida?

Parece que todo terminó con la pasión y muerte del Justo (Jesús), pero, no. El amor, tuvo y tiene la última palabra.

La Resurrección de Jesús, es el triunfo de la Vida sobre la muerte, de la Libertad, sobre la opresión.

Con su entrega total y su Resurrección, por amor a nosotros, Jesús da cabal cumplimento a su Palabra de salvarnos, para que tengamos la vida que vale la pena vivir.

Jesús, quien “pasó haciendo el bien” (1ª lectura), sanado gente, liberando a los oprimidos por el pecado y perdonándolos, triunfa sobre el mal, que provoca: opresión, sufrimiento, llanto, hambre, esclavitud.

Hoy, la Resurrección de Jesús, nos despierta y lanza a ser testigos de su triunfo, a salir y anunciar que sigue vivo, que su Buena Noticia y enseñanzas nos dan la vida que Él desea para nosotros. La Resurrección es llamado a la misión de hacer presente la vida, allí donde vivimos y trabajamos. Tendremos que salir de las dinámicas de muerte, que nos disminuyen e impiden, personal y comunitariamente, a vivir fraternalmente.

La Resurrección, para nosotros es signo de vida, que vence lo que nos la quita; volver a la vida es el proceso interior que reconoce, rechaza y vence el mal (pecado), que nos distancia de nosotros mismo, de los demás y de Dios.

En este tiempo de Pascua, de manera especial, habremos de poder reconocer la presencia viva del Resucitado, que se revelará en todo y en todos; al sintonizarnos con Él, podremos ver nuevas todas las cosas; poco a poco, en un proceso, que nos saca del duelo de muerte, para volver a encontrarnos con la vida, en lo cotidiano.

¡ FELIZ PASCUA !

¿Qué significa que la resurrección es un proceso?... ¿Porqué la Resurrección es misión?... ¿Cómo se diferencia la alegría de Cristo de la del mundo?...

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (Profundizar)

 Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor Ciclo A abril 5, 2026 
Hechos 10, 34.37-43 / Salmo 117 / 1 Corintios 5, 6-8


Evangelio según san Juan 20, 1–9  

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

   #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

«Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó».

Ayer, al inicio de la celebración de la Vigilia Pascual, en el atrio de la Iglesia de la Compañía en Arequipa, Perú, ardía un fuego que los sacristanes habían preparado; ardía con fuerza e iluminaba la noche. El templo, todo de piedra blanca, permanecía en total oscuridad; dentro, algunos fieles aguardaban a oscuras.

Fuera se bendijo el fuego: «¡Oh, Dios..., santifica este fuego nuevo!». Luego, el celebrante sostuvo el cirio pascual. «Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega...», proclamó con voz fuerte el sacerdote, y lo encendió. Poco a poco, los presentes se acercaron a encender sus velas; unos a otros se pasaban la luz. Presididos por la luz del cirio pascual, ahora la luz de Cristo, los celebrantes nos dirigimos al templo que nos esperaba en total silencio y oscuridad. Entramos y, poco a poco, se iluminó. La luz de Cristo irradiaba desde la velita de cada fiel; algunos llegaban tarde y corrían a encender su vela para sumarse a esta iluminación colectiva que acababa con la oscuridad del templo y revelaba toda la belleza del recinto. La oscuridad se había disipado, y dos jóvenes acabaron con el silencio entonando con voces hermosas el Pregón Pascual: «Esta es la noche... ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!».

Cuántas realidades nuestras y del mundo nos hacen sentir como en un templo a oscuras; momentos de nuestras vidas, violencias, miedos y enfermedades que nos hacen permanecer envueltos en silencio y tinieblas. Permanecemos sin darnos cuenta de que otros están a nuestro lado, limitados y recogidos.

El Resucitado arde, y su fuego enciende el fuego de nuestros corazones; el fuego del Resucitado se contagia y es capaz de iluminarlo todo. 

En los momentos en los que permanecemos a oscuras, en los que ya no arde fuego en nuestro corazón; pero hasta donde estamos llega el fuego de Cristo: Él llega, otros nos lo llevan; nos encienden de nuevo y volvemos a tener luz. Reconocemos que no estamos solos, sino acompañados, y nuestros corazones, antes a oscuras, comienzan también a sumarse a la luz del Resucitado que lo ilumina todo, que disipa nuestros miedos, pacifica nuestros corazones y nos envía a construir la paz.

Que el Fuego Nuevo que se nos regala en esta Pascua permanezca en nuestro corazón, reavive y fortalezca nuestra esperanza, y nos movilice a la misión. ¡Feliz Pascua!

“No tengan miedo”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

El miedo es un sentimiento de angustia por un riesgo o daño real o imaginario. El miedo nos paraliza y bloquea. No somos capaces de superarlo si no desaparece la amenaza que tenemos delante. Cuando sentimos miedo, regresamos un poco a nuestra propia infancia, reviviendo situaciones en las que nos sentíamos indefensos ante situaciones que no éramos capaces de manejar o frente a las cuales nos sentíamos impotentes. Pero la única manera de superar el miedo es también recurriendo a las experiencias propias de la infancia: recordando momentos en los que nos hemos sentido acompañados, apoyados, respaldados, afirmados por alguien que nos inspiraba seguridad.

Recuerdo una historia que me contó alguna vez el Padre Luis Carlos Herrera: “Viajando de Lima a Río de Janeiro una noche de junio, se desató de improviso una tempestad entre las nubes densas del Mato grosso. Temblaba como una hoja el gigantesco aparato, en medio de fogonazos y relámpagos que causaban revuelo y nerviosismo entre todos los pasajeros. Yo leía El Relato de un Náufrago de García Márquez. Permanecí tranquilo en un primero momento, pero no fui capaz de seguir la lectura... Una niña, a mi lado, leía con pasmosa serenidad, recostada en su silla. Ni siquiera se ajustó el cinturón. Al arreciar la tormenta, le dijo la azafata: «¡Ponte el cinturón! ¿No te das cuenta del peligro en el que estamos en estos momentos?» La niña cerró el libro y dijo con tono sosegado: «Papá es el piloto. ¡Tranquila, señora, que él maneja muy bien!» Recordé las palabras de Jesús en la tormenta del lago: «¡Hombres de poca fe!» Al llegar a Río, al amanecer, no hubo ningún contratiempo. Bajamos apresurados la escalerilla... y vimos el abrazo y el beso de felicitación que la niña daba a su padre. Emocionados aplaudimos el hecho”.

“Pasado el día de reposo, cuando ya amanecía, el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron al sepulcro. De pronto hubo un fuerte temblor de tierra porque un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra que lo tapaba y se sentó sobre ella. El ángel brillaba como un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. Al verlo, los soldados temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel dijo a las mujeres: – No tengan miedo. Yo sé que están buscando a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, sino que ha resucitado. Como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. Vayan pronto y digan a los discípulos: ‘Ha resucitado, y va a ir a Galilea antes que ustedes; allí lo verán’. Esto es lo que tenía que decirles.

Mientras las mujeres abandonaban rápidamente el sepulcro, llenas de miedo, pero con mucha alegría por la noticia que habían acabado de recibir, se encontraron con el Resucitado, que les dijo casi lo mismo: “– No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y que allá me verán”. Tal vez este sea el mensaje más importante que nos trae la Pascua: “No tengan miedo”. No se dejen vencer por las dudas, por la desconfianza, por el temor. Jesús se hará presente en su vida ordinaria, en la cotidianidad de Galilea. Jesús estará junto a nosotros en el trabajo, en la vida de familia, en el encuentro con la misión. Las situaciones que vivimos, muchas veces nos pueden llenar de miedo, pero la presencia del resucitado nos invita a confiar en su presencia constante. No podemos olvidar nunca que «Papá es el piloto y él maneja muy bien».

MISTERIO DE ESPERANZA

José Antonio Pagola

Creer en el Resucitado es resistirnos a aceptar que nuestra vida es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándonos en Jesús, resucitado por Dios, intuimos, deseamos y creemos que Dios está conduciendo hacia su verdadera plenitud el anhelo de vida, de justicia y de paz que se encierra en el corazón de la humanidad y en la creación entera.

Creer en el Resucitado es rebelarnos con todas nuestras fuerzas contra el hecho de que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo ha conocido en esta vida miseria, humillación y sufrimientos, quede olvidada para siempre.

Creer en el Resucitado es confiar en una vida en la que ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podremos ver a los que vienen en pateras llegar a su verdadera patria. Creer en el Resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas sin salud, enfermos crónicos, discapacitados físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión, cansadas de vivir y de luchar. Un día conocerán lo que es vivir con paz y salud total. Escucharán las palabras del Padre: «Entra para siempre en el gozo de tu Señor».

Creer en el Resucitado es no resignarnos a que Dios sea para siempre un «Dios oculto» del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos. Lo encontraremos encarnado para siempre gloriosamente en Jesús.

Creer en el Resucitado es confiar en que nuestros esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no se perderán en el vacío. Un día feliz, los últimos serán los primeros y las prostitutas nos precederán en el reino.

Creer en el Resucitado es saber que todo lo que aquí ha quedado a medias, lo que no ha podido ser, lo que hemos estropeado con nuestra torpeza o nuestro pecado, todo alcanzará en Dios su plenitud. Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor.

Creer en el Resucitado es esperar que las horas alegres y las experiencias amargas, las «huellas» que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que hemos construido con amor, quedará transfigurado. Ya no conoceremos la amistad que termina, la fiesta que se acaba ni la despedida que entristece. Dios será todo en todos.

Creer en el Resucitado es creer que un día escucharemos estas increíbles palabras que el libro del Apocalipsis pone en labios de Dios: «Yo soy el origen y el final de todo. Al que tenga sed, yo le daré gratis del manantial del agua de la vida». Ya no habrá muerte ni habrá llanto, no habrá gritos ni fatigas, porque todo eso habrá pasado.

 

NO HAY ARGUMENTOS PARA LA RESURRECCIÓN

Fray Marcos

Estamos ante el misterio más profundo de nuestra religión, imposible de desvelar a través de conceptos. Es una osadía intentar explicarlo, sabiendo de antemano que la tarea es imposible. Lo más que puedo hacer es ayudaros a evitar errores.

Los relatos de apariciones de los evangelios pueden ser una trampa en la que, con gran facilidad caemos. No hablar de hechos reales, porque nada de lo que acontece puede llevar al sobrenatural. Lo que puedo ver no puede llevarme a lo trascendente.

Hoy la exégesis explica cómo debemos entender esos relatos. Nunca intentan decirnos que lo que vieron fue lo que cambió su visión de Jesús, al contrario, todos los textos nos quieren llevar a la vivencia interna que es donde descubrirás la Realidad.

Jesús había alcanzado la VIDA antes de morir. Y él fue consciente de ello. Él era el agua viva, dice a la Samaritana; Él había nacido del Espíritu, como pidió a Nicodemo; Él vive por el Padre; Él es la resurrección y la Vida. Ya en ese momento cuando habla con sus interlocutores, está en posesión de la verdadera Vida.

Salgamos de la trampa de entender la resurrección como la reanimación de un cadáver. Un instante después de la muerte, el cuerpo no es más que estiércol. La muerte devuelve al cuerpo al universo de la materia de una manera irreversible.

Jesús resucitó antes de morir, porque hizo suya la misma Vida de Dios mientras vivía esta vida biológica. Debo descubrir que estoy llamado a esa misma Vida. No tengo que esperar nada. Todo lo que necesito está dentro de mí y no me faltará nunca. Ni creencias ni ritos ni conducta moral pueden suplir esta actitud vital que se me exige.

A la Samaritana: el agua que yo le daré se convertirá en un surtidor que salta hasta la Vida eterna. A Nicodemo: Hay que nacer de nuevo; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es Espíritu. También: El Padre vive y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me asimile, vivirá por mí. Yo soy la resurrección y la Vida, el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá. Jesús no habla del más allá, sino en presente.

La liturgia de Pascua no está diciendo que, en cada uno de nosotros, hay zonas muertas que tenemos que resucitar. Debemos preocuparnos por la vida biológica, pero no olvidemos la verdadera Vida. Tenemos que estar muriendo todos los días y al mismo tiempo pasando de la muerte a la Vida. Si al celebrar la resurrección de Jesús no experimentamos una nueva Vida, es que nuestra celebración ha sido folclore.

La experiencia pascual de sus inmediatos seguidores consistió en darse cuenta de esta Vida de Jesús, descubriéndola en ellos mismos. Es inútil tratar de descubrir a Jesús resucitado y viviendo, si antes no descubrimos en nosotros esa misma Vida.

Esa toma de conciencia no puede llegar a través de explicaciones o argumentos teológicos. La razón no puede tener arte ni parte en este proceso. Para lo que nos puede servir la inteligencia es para superar los errores que nos impiden descubrirla.

En la medida que haga mía esa Vida, estoy garantizando mi resurrección. Por olvidar una cosa tan obvia, la religión nos ha metido en un enredo. Nadie me tiene que dar nada porque lo tengo todo. Descubrirlo y vivirlo es cosa mía. Si me dejo llevar por la corriente, nada conseguiré y el hedonismo me arrastrará en sus olas.

No te preocupes de lo que va a ser de ti cuando te mueras. Lo importante es vivir aquí y ahora esa VIDA. Todo lo que no sea trabajar en esa dirección será perder el tiempo. Solo permanecerá lo que en esta vida despliegue desde mi ser profundo.

 

Para profundizar

Cómo puede resucitar el que está vivo.

Jesús no estuvo muerto ni un instante.

Cambiemos el concepto de esa VIDA

Y cambiará la idea de la Pascua.

No hay sombra en un objeto si no le da la luz.

Podemos vivir en la sombra sin descubrir la luz.

Podemos vivir en la luz, sabiendo que la sombra está a la vuelta.

No podemos separar la muerte de la Vida,

Pero podemos olvidarnos de una de ellas.

No hay que pasar la muerte para vivir la Vida

Como nos han contado tantas veces.

La Vida es ya mi ámbito, aunque no la descubra.

La pascua no es un tiempo, es un estado,

En el que todos permanecemos siempre.

Muerte y resurrección caminan de la mano

Y nunca pueden separarse del todo.

Jesús había resucitado antes de muerto,

Pero no lo pudieron sospechar sus seguidores.

La experiencia pascual obró el milagro

Y fue una bendición para nosotros.

Gracias a ellos sabemos que está vivo

Y que esa misma Vida está en nosotros.

Si solo nos fijamos en él, seguimos muertos.

La Pascua atañe a cada uno en lo más hondo.

No hay nada que esperar cuando lo tienes todo.

Busca dentro de ti lo que celebras,

y todo cambiará radicalmente.

 

miércoles, 25 de marzo de 2026

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor – A – (Reflexión)

 Domingo de Ramos de la Pasión del Señor Ciclo A marzo 29, 2026 
Isaías 50, 4-7 / Salmo 21 / Filipenses 2, 6-11




Con el Domingo de Ramos, iniciamos la Semana Santa, como un tiempo especial para recordar y acompañar a Jesús, tanto en su dolor más profundo como en su alegría más intensa …

Evangelio según san Mateo 21, 1–11 Procesión de las Palmas

Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá”.

Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.

Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban: “¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”

Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían: “¿Quién es éste?” Y la gente respondía: “Éste es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”.

Evangelio según san Mateo 26, 14–27, 66 Pasión de Nuestro Señor

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo…

NOTA: continúa leyendo el Evangelio completo en: https://tinyurl.com/PasionSegunSnMateo

 

Reflexión:

¿Quiénes son los “Cristos” de hoy?

En esta semana estaremos recordando, como después de tres años (aproximadamente) de predicar, enseñar y dar testimonio veraz, de la Buena Noticia del Reino de su Padre, Jesús llega a Jerusalén, centro religioso y político de Judea, la cual estaba ocupada militarmente por los romanos, para culminar su misión de: salvarnos.

Habremos de permitir que Cristo nos transforme, acampándolo en los últimos momentos de su vida terrena y en su manera de amar sin límites hasta el final. Entra en Jerusalén, humildemente, sobre un burro, en una escena contradictoria que presenta a un "rey-mendigo" en lugar de un monarca con carruajes poderosos; y nos invita a abrir las puertas de nuestra propia "Jerusalén" interior, derribando las murallas que resisten lo nuevo, para que Jesús habite en nosotros, aún en momentos de hostilidad en el entorno.

Cada día de esta semana, nos puede ayudar a comprender y vivir, como la la entrega y el servicio a los que sufren es el camino de la salvación; Jesús nos muestra y enseña cómo hacerlo. Cada uno tenemos que elegir como seguir a Jesús y colaborar junto con Él, como hacer redención, en nuestra vida. Reflexionemos, para cada día:

Domingo de Ramos: Llega a la Ciudad, como ofrenda, para nuestra salvación; quienes lo han escuchado y visto, en su empeño por sanar y restaurar la dignidad de las personas, lo vitorean: ¡Hosana, hosana! (Sálvanos ahora).

Lunes Santo: María de Betania, quien unge los pies de Jesús con un perfume costoso y los seca con sus cabellos. Este acto representa la generosidad pura y la profecía de la sepultura de Jesús, contrastando con la actitud calculadora y mezquina de Judas. ¿Qué tengo yo para ofrecer a Jesús?

Martes Santo: Ante la infidelidad de Judas, Jesús actúa con caridad y sin violencia, permitiendo que Judas entre en contacto con la maldad de su propio corazón. La reflexión sugiere que todos tenemos una parte de "Judas" que ofrece resistencia a la conversión y prefiere caminar en la oscuridad de los afectos desordenados. ¿Cómo permanecer fiel a Jesús?

Miércoles Santo: Se advierte que hoy en día también se puede "negociar" la vida de los pobres cuando se olvida la fraternidad. Es un momento para cuestionar el nivel de compromiso personal al participar del pan y del cáliz del Señor. ¿Por cuánto dinero traicionaría a una persona?

Jueves Santo: La grandeza de Jesús reside en gestos que salvan y restauran, estableciendo que el verdadero "poder es servicio". Se nos exhorta a los seguidores a descender hacia los hermanos que están solos, sin casa o sin salud. ¿A quiénes puedo tender una mano, para levantarlos?

Viernes Santo: Es el momento de la oscuridad y la crucifixión, donde Jesús se une a todos los humillados de la tierra. La cruz es presentada como un signo de amor y fidelidad absoluta ante la maldad del mundo. Se invita a contemplar al Crucificado como un ser libre que no se deja mover por el odio, y a depositar en su sepulcro nuestros propios dolores, pecados y falta de esperanza. ¿Quiénes son injustamente, los crucificados de hoy?

Sábado Santo: Este día representa el proceso de despertar de los sentidos tras el desánimo. Así como la piedra del sepulcro fue removida, se pide que la piedra del corazón sea arrancada para que entre la luz. Jesús invita a sus discípulos a ir a Galilea, lo que significa que no hay lugar para la venganza, sino para un nuevo comienzo en la fraternidad.

Parece que todo termina, pero, no. El amor, tiene la última palabra.

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP

Para profundizar: https://tinyurl.com/BN-SSA-260329

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