jueves, 12 de febrero de 2026

VI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 VI Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 15, 2026 
Eclesiástico 15, 15-20 / Salmo 118  / 1 Corintios 2, 6-10


Este domingo, previo al Miércoles de Ceniza, que da inicio al tiempo de Cuarezma, nos prepara para saber cómo ejercer nuestra libertad, con sabiduría, para elegir lo mejor para nuestra vida …

Evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antepasados: «No matarás» y: «Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte». Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: «Raca» a su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: «Idiota», será reo del infierno de fuego. Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Reconcíliate pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno. También se dijo: «Cualquiera que repudie a su mujer, que le de carta de divorcio». Pero yo os digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada, comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antepasados: «No jurarás falsamente, sino que cumplirás tus juramentos al Señor». Pero yo os digo: no juréis de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jurarás por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni un solo cabello. Antes bien, sea vuestro hablar: «Sí, sí» o «No, no»; y lo que es más de esto, procede del mal.

Reflexión:

¿Qué elijo para mi vida?

En los días anteriores a este domingo, se han ido dando pautas en la liturgia diaria, para conocer cuales son las actitudes y acciones que nos llevan a conocer y hacer vida, la voluntad de Dios para nosotros.

Comencemos esta reflexión, aclarando cual es la Voluntad de Dios: es aquello que, en cada situación concreta, me conduce a amar más y servir mejor, con mayor libertad interior y mayor vida. No siempre es lo más fácil, pero nunca deshumaniza, no aplasta, no violenta la conciencia, es el camino concreto por el cual Dios me conduce a ser más humano, más libre y capaz de amar.

Dios quiere la vida plena de la persona, no su aplastamiento, la Voluntad de Dios nunca va contra la vida; si algo destruye, encoge el corazón o deshumaniza, no viene de Dios, aunque se disfrace de “bueno”, de “regla”, de “legal” ... la Ley de Dios y los Mandamientos de Jesús, son para ayudarnos a vivir en fraternidad y con ella tener una vida plena terrenal (que nos lleva la vida Plena o Eterna).

Hoy se nos invita a saber elegir, pero no cualquier cosa, sino lo que más nos lleva a tener “una vida que valga la pena vivir”, para mí y los demás. Por eso, para elegir bien, al estilo de lo que Dios quiere, tengo que (a) conocer lo que es de Dios, (b) revisar mis aprendizajes, y así, en la vida ordinaria, evitar conductas y acciones que me alejen del deseo de Dios (y de los demás), y en momentos decisivos saber cómo discernir, para elegir, lo que me lleve a darle más gloria a Dios (cfr. Principio y Fundamento Ignaciano).

¿Cómo me puede ayudar la Cuaresma a vivir fraternalmente?... ¿Cómo ser constructor de relaciones interpersonales sanas?... ¿Cómo puedo en todo, elegir la vida?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

VI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 VI Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 15, 2026 
Eclesiástico 15, 15-20 / Salmo 118  / 1 Corintios 2, 6-10

Evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antepasados: «No matarás» y: «Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte». Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: «Raca» a su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: «Idiota», será reo del infierno de fuego. Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Reconcíliate pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno. También se dijo: «Cualquiera que repudie a su mujer, que le de carta de divorcio». Pero yo os digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada, comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antepasados: «No jurarás falsamente, sino que cumplirás tus juramentos al Señor». Pero yo os digo: no juréis de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jurarás por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni un solo cabello. Antes bien, sea vuestro hablar: «Sí, sí» o «No, no»; y lo que es más de esto, procede del mal.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Cuenta

IMPORTANCIA SOCIAL DEL PERDÓN

José Antonio Pagola

Una de las tareas más urgentes de la Iglesia de hoy y de siempre es conseguir que la fe llegue a los hombres como «buena noticia».

No es fácil escuchar la llamada de Jesús al perdón ni sacar todas las implicaciones que puede tener el aceptar que un hombre es más humano cuando perdona que cuando se venga.

Sin duda hay que entender bien el pensamiento de Jesús. Perdonar no significa ignorar las injusticias cometidas, ni aceptarlas de manera pasiva o indiferente. Al contrario, si uno perdona es precisamente para destruir, de alguna manera, la espiral del mal, y para ayudar al otro a rehabilitarse y actuar de manera diferente en el futuro.

En la dinámica del perdón hay un esfuerzo por superar el mal con el bien. El perdón es un gesto que cambia cualitativamente las relaciones entre las personas y busca plantearse la convivencia futura de manera nueva. Por eso el perdón no ha de ser solo una exigencia individual, sino que debería tener una traducción social.

La sociedad no debe dejar abandonado a ningún hombre, ni siquiera al culpable. Toda persona tiene derecho a ser amada. No podemos aceptar que la represión penal solo «devuelva mal por mal» al encarcelado, hundiéndolo en su delito, degradando su existencia e impidiendo su verdadera rehabilitación.

El gran jurista G. Radbruch entiende que el castigo como imposición del mal por el mal ha de ir desapareciendo para convertirse, en lo posible, en «estímulo para saldar el mal con el bien, único modo en que puede ejercerse en la tierra una justicia que no empeora a esta, sino que la transforma en un mundo mejor».

No existe justificación alguna para actuar de manera vejatoria o injusta con ningún encarcelado, sea delincuente común o político. Nunca avanzaremos hacia una sociedad más humana si no abandonamos posturas de represalia, odio y venganza.

Por eso es también una equivocación incitar a la gente a la revancha. El grito de «el pueblo no perdonará» es, por desgracia, comprensible, pero no es el camino acertado para enseñarle a construir un futuro más humano.

El rechazo del perdón es un grito que, como creyentes, no podemos suscribir nunca, porque, en definitiva, es un rechazo de la fraternidad querida por Aquel que nos perdona a todos.

 

SI LA LEY PUEDE PERFECCIONARSE, NO ES PERFECTA

Fray Marcos

Cómo armonizar la predicación y la praxis de Jesús con la Ley de Dios, que para los judíos era sagrada y definitiva. Ir más allá de lo establecido es el problema radical que se plantea en todos los órdenes de la vida. Damos valor absoluto a lo ya conocido pero nuestro conocimiento será necesariamente limitado; debemos ir siempre más allá.

Tuvo que ser muy difícil para un judío aceptar que la Ley no era absoluta. Jesús fue contundente en esto. Abrió una nueva manera de relacionarnos con Dios. El Dios todopoderoso que está en los cielos y ordena y manda, deja paso al Abba, amor que se identifica con cada uno de nosotros y nos invita a descubrirlo en los demás.

Toda norma metida en palabras nunca podrá ser definitiva. El hombre siempre tiene que estar diciendo lo que dijo Jesús en el evangelio: habéis oído que se dijo …, pero yo os digo; porque conocemos cada vez mejor la naturaleza del ser humano. Si Jesús hubiera creído que la Ley era de Dios, no se hubiera atrevido a darle plenitud.

No existe ninguna “Ley de Dios”, porque no es un ser que tenga una voluntad que impone desde fuera. Toda ley es producto del hombre. Dios no se comunica a través de signos externos; la voluntad de Dios es la misma naturaleza de cada criatura.

La voluntad de Dios no es nada añadido a mi propio ser, no me viene de fuera. Está siempre ahí, pero no soy capaz de descubrirla. Esta es la razón por la que tenemos que echar mano de lo que nos han dicho algunos que sí fueron capaces de bajar hasta el fondo de su ser y descubrir lo que Dios es y lo que somos cada uno de nosotros.

No es que Dios haya manifestado a Moisés su voluntad, es que él supo aprovechar las circunstancias especiales para profundizar en sí mismo. Lo que descubrió es voluntad de Dios, porque lo único que Él quiere es que seamos fieles a lo que ya somos.

Cumplir la Ley es algo muy distinto de lo que acostumbramos a pensar. Una ley de tráfico se puede cumplir perfectamente pero solo de manera externa. En lo que llamamos Ley de Dios, las cosas no funcionan así. Si no descubro la razón de bien en lo que hago, no significará nada para mí. Los fariseos se conformaban con cumplir la Ley literalmente.

Nos queda mucho camino por andar para superar la idea de un Dios Legislador que impone su voluntad a pesar nuestro. En la Biblia hay 613 preceptos. Nos parecen infinitos, pero el Código de Derecho Canónico tiene 1.752 cánones. Jesús nos dejó un solo mandamiento: que os améis, y además el amor nunca puede ser fruto de una ley.

Jesús no fue contra la Ley, sino más allá de ella. Quiso decirnos que toda ley es solo un apunte, se queda siempre corta. Siempre tenemos que ir más allá de la pura literalidad, hasta descubrir el espíritu que hay más allá y superando cualquier formulación.

Jesús pasó de un cumplimiento externo de leyes a un descubrimiento de las exigencias de su propio ser. Esa revolución que intentó Jesús está aún sin hacer. Todas las propuestas de Jesús, en el sentido de vivir en el espíritu, han sido ignoradas. Seguimos más pendientes de lo que está mandado que de descubrir lo que somos.

Las propuestas concretas son ejemplos de lo que deberíamos hacer con todas las normas. Superar la trampa de un cumplimiento literal y entrar en el Espíritu. Si no somos capaces de ir más allá de la norma, nos quedaremos siempre a medio camino.

De todas formas, las leyes solo se pueden tirar por la borda cuando la persona ha llegado a un conocimiento profundo de su propio ser y descubre las más auténticas exigencias del verdadero ser. Ya no necesita apoyaturas externas para caminar hacia su meta. “Ama y haz lo que quieras” o “el que ama ha cumplido el resto de la Ley”.

miércoles, 4 de febrero de 2026

V Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 IV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 8, 2026
Isaías 58, 7-10 / Salmo 111 / 1 Corintios 2, 1-5


Continuamos en este domingo con exhortaciones de parte de parte de Jesús, para de manera puntual, con nuestras acciones ser testimonio vivo de Jesús …

Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos''.

Reflexión:

¿Cómo reflejar la Luz de Jesús?

Como dice el dicho popular, “más claro, ni el agua” … y así es con las lecturas, el salmo y el evangelio de este domingo: nos indican como podemos ser, si seguimos a Jesús y ponemos en práctica sus enseñanzas.

Para poner en práctica las Bienaventuranzas (que reflexionamos la semana pasada), hoy, de manera concreta nos dice la Palabra, cuáles son las acciones que tenemos que hacer, con los siguientes verbos: compartir con, acoger y vestir, a quien tiene necesidad; además de evitar oprimir, amenazar, ofender, a cualquier persona. Actuar de la manera anterior nos trae, es precisamente como colaboramos con Jesús a que el reinado del amor se haga presente hoy, es la forma de llevar la felicidad, y así, nos transformamos en gente luz, justa, clemente, compasiva, con corazón sano…

Acercar un pedacito de “cielo”, “de amor”, a este mundo terreno, es como dice Ignacio de Loyola, “el amor, se pone más en obras que en palabras” … y lo hacemos con acciones concretas, que son fruto de la Palabra sembrada por el Señor, en nuestro corazón (cfr. Mt 13, 1-9).

San Pablo, por otra parte, como con la humildad de nuestras acciones, es cómo podemos predicar mejor la buena noticia del reino del amor; es dejarnos guiar por el espíritu de Dios, el Espíritu Santo, para que nos lleve a ser reflejo de la luz de Cristo en el mundo… en mi mundo: en casa, el trabajo, con amistades, en la calle…

Jesús lo confirma con su analogía, de “ustedes son” … sal y luz:

·        Sal, para darle sabor a lo que alimenta y conserva lo que da vida… donde ando y vivo.

·        Luz, que me da claridad y despeja la tiniebla, que impide ver hacia dónde voy, para poder ser feliz, bienaventurado, dichoso … y que los demás también puedan serlo.

Ser sal y luz en este mundo, son medio para que el Reino de los cielos / el Reino de Dios se haga presente. Si, equivocadamente los hacemos nuestro fin, entonces sería para destacar nuestro egoísmo, luciéndonos, exhibiéndonos; así, como mucha sal, empalaga.

Andar por el mundo, haciendo el bien, por amor, como reflejo de Jesús, es la manera humilde de ser testigos que reina en nuestro corazón y entre nosotros el Amor de Dios.

“Hoy, Jesús nos sigue llamando a ser sal y luz en el mundo, preservando la verdad e iluminando en nuestro corazón con su amor. Si perdemos nuestra escencia, no cumplimos nuestra misión: transformar la realidad que nos rodea” (cfr. Eliomar Ribeiro, SJ)

¿Qué actitudes cristianas debo pulir?... ¿Cómo ser luz que ilumina y orienta?... ¿Cómo puedo “dar buen sabor” en mi familia, iglesia y sociedad?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

V Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 V Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 8, 2026 
Isaías 58, 7-10 / Salmo 111 / 1 Corintios 2, 1-5



Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

En tiempos insípidos y de oscuridad, tenemos la sensación de que podemos hacer poco; entonces optamos por lamentarnos y quejarnos, acariciamos la desesperanza y nos hacen sentir que nuestras propias vidas, no sirven para nada.

Hoy Jesús, en medio de esta realidad, se dirige a nosotros con fuerza y, me atrevo a decir, incluso con esperanza: "Ustedes son la sal de la tierra", "Ustedes son la luz del mundo".

Y ¿cómo?, ¿cómo le hacemos para devolver sabor, para iluminar tinieblas? La Palabra nos responde:

Sé justo, clemente y compasivo; parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, no te desentiendas de los tuyos. Aleja de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia; ofrece de lo tuyo y sacia el alma afligida. No se trata de dar de lo que nos sobra, sino de lo nuestro, de lo que también necesitamos; no se trata solo de compartir, sino de compartirnos.

La llamada a la acción es muy concreta y no deja lugar ni a la inacción ni a la desesperanza; nos toca y podemos, somos llamados a actuar.

Pero no solo recibimos una llamada, sino una promesa: si eres sal y luz, se curarán tus heridas, delante de ti irá la justicia y detrás de ti la gloria de Dios; cuando clames al Señor, él te responderá: "Aquí estoy".

¿Qué respondes a tal llamada? ¿Concretamente cómo vas a comenzar?

#FelizDomingo

“(...) procuren ustedes que su luz brille delante de la gente”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Ésta huía rápido con miedo de la feroz predadora y la serpiente al mismo tiempo no desistía. Huyó un día y ella la seguía, dos días y la seguía. Al tercer día, ya sin fuerzas, la Luciérnaga se detuvo y le dijo a la serpiente: ¿Puedo hacerte tres preguntas? – No acostumbro dar entrevistas a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar, contestó la serpiente. –¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?, preguntó la luciérnaga –No, contestó la serpiente –¿Te hice algún mal?, volvió a preguntar la luciérnaga –No, respondió la serpiente –Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo? –Porque no soporto verte brillar, fue la respuesta simple que dio la serpiente, antes de devorar a la luciérnaga.

“Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea. Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en lo alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo”. Estas palabras de Jesús son el mensaje que nos regala hoy el Evangelio. Toda una buena noticia que se constituye en una tarea para todos los cristianos.

La sal servía antiguamente para evitar la putrefacción de los alimentos. Incluso, la sal fue para muchas sociedades el elemento que permitió realizar las primeras actividades comerciales de las que se tiene noticia. Hoy en día, en los lugares en los que no hay energía eléctrica y no se cuenta con medios para conservar los alimentos, se sigue teniendo la costumbre de salar las comidas para evitar que se dañen. Con los alimentos salados se podían hacer largos viajes sin perder las provisiones necesarias. La sal, por tanto, da sabor, y evita la descomposición. Sin sal, una sociedad está abocada a la corrupción y a la descomposición de sus miembros y de sus instituciones. Por su parte, la luz ha servido siempre para alumbrar y dar calor al hogar. Alrededor de la luz se reunían y se reúnen las familias para compartir la sabiduría de los mayores. Por esto, la luz también representa el saber necesario para la supervivencia humana. La luz ha señalado también el rumbo de los caminantes en medio de la noche. Una sociedad que pierda la luz, termina perdiendo el saber y el sentido de su marcha hacia el futuro.

El sabor y el saber se convierten en una dualidad fundamental en el camino de la vida, porque vivir es ante todo encontrarle a la vida sentido (luz) y gusto (sal). Es decir, hay que aprender a vivir con saber y con sabor. Si logramos encontrarle a nuestra vida sentido pero no encontramos gusto, viviremos densamente, pero tristes. Si vivimos con gusto, pero sin encontrarle un sentido profundo, viviremos divertidos pero vacíos. Vivir con saber es vivir con sentido, saber por qué se vive. Vivir con sabor es vivir con gusto, encontrar cómo hay que vivir. Y no tenemos que perder de vista que a los corruptos, y a los que no quieren que el mundo encuentre su camino, les molesta la sal y luz. Como la serpiente primordial, hoy también hay quienes no soportan sentir el sabor de la sal ni el resplandor de la luz que estamos llamados a regalarle a la sociedad y a la iglesia.


DAR SABOR A LA VIDA

José Antonio Pagola

Una de las tareas más urgentes de la Iglesia de hoy y de siempre es conseguir que la fe llegue a los hombres como «buena noticia».

Con frecuencia entendemos la evangelización como una tarea casi exclusivamente doctrinal. Evangelizar sería llevar la doctrina de Jesucristo a aquellos que todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.

Entonces nos preocupamos de asegurar la enseñanza religiosa y la propagación de la fe frente a otras ideologías y corrientes de opinión. Buscamos hombres y mujeres bien formados, que conozcan perfectamente el mensaje cristiano y lo transmitan de manera correcta. Tratamos de mejorar nuestras técnicas y organización pastoral.

Naturalmente, todo esto es importante, pues la evangelización implica anunciar el mensaje de Jesucristo. Pero no es esto lo único ni lo más decisivo. Evangelizar no significa solo anunciar verbalmente una doctrina, sino hacer presente en la vida de las gentes la fuerza humanizadora, liberadora y salvadora que se encierra en el acontecimiento y la persona de Jesucristo.

Entendida así la evangelización, lo más importante no es contar con medios poderosos y eficaces de propaganda religiosa, sino saber actuar con el estilo liberador de Jesús.

Lo decisivo no es tener hombres y mujeres bien formados doctrinalmente, sino poder contar con testigos vivientes del evangelio. Creyentes en cuya vida se pueda ver la fuerza humanizadora y salvadora que encierra el evangelio cuando es acogido con convicción y de manera responsable.

Los cristianos hemos confundido muchas veces la evangelización con el deseo de que se acepte socialmente «nuestro cristianismo». Las palabras de Jesús llamándonos a ser «sal de la tierra» y «luz del mundo» nos obligan a hacernos preguntas muy graves.

¿Somos los creyentes una «buena noticia» para alguien? Lo que se vive en nuestras comunidades cristianas, lo que se observa entre los creyentes, ¿es «buena noticia» para la gente de hoy?

¿Ponemos los cristianos en la actual sociedad algo que dé sabor a la vida, algo que purifique, sane y libere de la descomposición espiritual y del egoísmo brutal e insolidario? ¿Vivimos algo que pueda iluminar a las gentes en estos tiempos de incertidumbre, ofreciendo una esperanza y un horizonte nuevo a quienes buscan salvación?

 

TIENES TU LUZ BAJO EL CELEMÍN

Fray Marcos

Continuamos Continuamos con el primer discurso de Jesús en el evangelio de Mateo. Es, por tanto, un texto al que se le quiere dar suma importancia. Se trata de dos comparaciones aparentemente sin importancia, pero que tienen un mensaje de gran calado para la vida humana. La tarea más importante de todo ser humano sería estar ardiendo e iluminar. 

Todo el que ha alcanzado la iluminación, iluminará. Si una vela está encendida, necesariamente tiene que dar luz. Si echas sal a un alimento, quedará salado. Pero, ¿qué queremos decir cuando aplicamos a una persona humana el concepto iluminado? 

Somos plenitud de luz, pero no es fácil tomar conciencia de ello. Solo lo comprenderemos en la medida que descubramos esa luz. Está claro que no nos referimos a ninguna clase de luz material o conocimiento especial. Nos referimos más bien a un ser humano que ha despertado, es decir que ha desplegado todas sus posibilidades de ser humano. 

El evangelio da por supuesto todo el proceso de despertar y considera a los discípulos ya iluminados y capaces de iluminar a los demás y eso no es lo que dicen los evangelios. Estar despierto no se puede dar por supuesto, tenemos que emprender la tarea de despertar. Sería inútil que intentáramos iluminar a los demás antes de estar ardiendo. 

Ni la sal ni la luz son provechosas por sí mismas. La sal solo es útil cuando acompaña a los alimentos. La luz no se puede ver, es absolutamente oscura hasta que los fotones tropiezan con un objeto material. La sal, para salar, tiene que deshacerse, disolverse, dejar de ser ella. La lámpara o la vela producen luz, pero el aceite o la cera se consumen. 

La sal actúa desde el anonimato, ni se ve ni se aprecia. Si un alimento tiene la cantidad precisa, pasa desapercibida. Si a un alimento le falta o le sobra, nos acordamos de ella. No es importante la sal, sino la comida sazonada. Era tan apreciada que se repartía en pequeñas cantidades a los trabajadores, de ahí procede la palabra “salario” y “asalariado”. 

Jesús dice: sois la sal, sois la luz. El artículo determinado nos advierte que no hay otra sal ni otra luz. Todos esperan algo de nosotros. El mundo de los cristianos no es un mundo cerrado y aparte. La salvación que propone Jesús es la salvación para todos. El mundo tiene que quedar sazonado e iluminado a través de los que siguen a Jesús. 

Cuando se nos pide que seamos luz, se nos está exigiendo algo decisivo para la vida espiritual propia y de los demás. La luz brota siempre de una fuente incandescente. Si no ardes no podrás emitir luz. Pero si estás ardiendo, no podrás dejar de emitir luz y calor. 

Debemos iluminar, no deslumbrar. Debe estar al servicio del otro, pensando en su bien no en mi vanagloria. Debemos dar lo que el otro espera y necesita, no lo que nosotros queremos imponerle. Los cristianos somos más aficionados a deslumbrar que a iluminar. 

En el último párrafo, hay una enseñanza esclarecedora: “Para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre”. La única manera eficaz de transmitir el mensaje son las obras. Evangelizar no es proponer una doctrina elaborada y convincente. No es obligar a los demás a aceptar nuestra ideología o manera de entender la realidad. 

Solo las obras que nacen de una actitud auténtica pueden iluminar. Lo que hay en mi interior solo puede llegar a los demás a través de las obras. Toda obra hecha desde el amor es luz. Si nos conformamos con una programación, nadie nos hará caso. 

En el centro de ti mismo hay una hoguera, no necesitas que llegue del exterior. Toda la energía está ya dentro de ti. Si no ahogas la llama iluminará a todos. Lo más profundo de ti mismo es lo eterno. Eres una sola cosa con la Esencia universal que lo atraviesa todo. No mires hacia fuera, solo dentro de ti encontrarás la Última Realidad que te atraviesa.

miércoles, 28 de enero de 2026

IV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 IV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 1, 2026 
Sofonías 2, 3; 3, 12-13 / Salmo 145 / 1 Corintios 1, 26-31


La liturgia de este día nos recuerda las actitudes que de vivirlas, nos conducen a la vida plena que Dios desea para cada uno; Jesús nos enseña cómo ponerlas en practica…,

Evangelio según san Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran,
porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos".

Reflexión:

¿Qué me hace feliz?

El deseo de ser felices en esta época, por no decir que siempre lo ha sido, nos ha llevado a centrarnos en “lo que me hace feliz”, centrándonos en nuestras aspiraciones y en aquello que creemos nos traerá esa felicidad buscada. En contra parte, hoy se nos recuerda cual es el camino propuesto por Jesús para realmente alcanzar la vida plena (felicidad), en este mundo terrenal y en la vida eterna, cuando regresemos de donde venimos.

San Ignacio de Loyola, en el Principio y Fundamento de los Ejercicios Espirituales (EE.23), nos dice que “El hombre (y la mujer) es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediate esto salvar su ánima” … lo que podríamos traducir en lenguaje de hoy como: “Somos creaturas, con una para qué vivir, que la vida valga la pena; y el modo o actitudes que la hacen que valga la pena son: amistad gratuita (alabanza), respeto a los demás (reverencia) y servicio que tiende la mano, sin ahogar a quien se sirve..” (cfr. Carlos Morgín, SJ).

Conectando lo anterior con la liturgia de hoy, podemos relacionar las lecturas y el evangelio, de la siguiente manera, para lograr la felicidad que vale la pena vivir, a la manera de Jesús:

·      Las actitudes que nos disponen a la felicidad para la que somo creados son: humildad, verdad y justicia (cfr. Sof 2, 3; 3, 12-13)

De tal manera que la felicidad no sea una narcisista - egoísta, que solo busque “lo que me hace feliz”, sino que, encuentre dicha, alegría, plenitud, felicidad, en el construir relaciones interpersonales fraternas, cuyo fruto sea bien común.

En concreto, Jesús, con las bienaventuranzas nos muestra actitudes de cómo podemos lograr la fraternidad que nos da felicidad - plenitud:

·     Pobreza de espíritu: es evitar el poseer algo, a causa del abuso y sufrimiento de alguien más…

·     Mansedumbre: serenidad y paciencia que posibilita recuperar al otro, sin imponer ni dominar...

·     Sensibilidad: ante el llanto, dolor y lágrimas de quien sufre, de manera solidaria y pragmática…

·     Justicia: ser alimento que posibilite a quien carece de lo indispensable, para vivir en libertad y crecimiento con dignidad…

·     Misericordia: empatía activa en las acciones que reivindican a las personas que sufren o tienen carencias…

·     Corazón limpio: transparencia, buena intensión y sinceridad, que solo busca el bien…

·     Pacíficos: constructores de paz y armonía, que posibilita el con-vivir en fraternidad…

·     Fortaleza ante la persecución, cuando posibilite que el reinado del amor de Dios, se haga presente…

Vivir las bienaventuranzas, nos pone en el camino de crecer humanamente, seguir creciendo y avanzando hacia el horizonte de la vida plena para la que somos llamando, no individualmente, sino comunitariamente.

¿Cómo evitar el egoísmo?... ¿Qué actitud de las mencionadas, necesito desarrollar más?... ¿Cómo puedo vivir mejor cada una de las bienaventuranzas?...

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

IV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 IV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 1, 2026 
Sofonías 2, 3; 3, 12-13 / Salmo 145 / 1 Corintios 1, 26-31


Evangelio según san Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran,
porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Μακάριοι (Makarioi) es una palabra griega que quiere decir “estado de gracia”, bendición, felicidad plena que brota desde lo profundo del corazón. Quien es makarioi es absolutamente libre y pleno de sentido.

Todos queremos ser makarioi, pero el mundo nos engaña prometiendo que lo seremos cuando poseamos tal o cual cosa, cuando nos acepte tal o cual persona, cuando logremos realizar el viaje de nuestros sueños. Así, engañados, seguimos experimentando el sinsentido y el vacío existencial.

Hoy Jesús nos presenta el único y eficaz programa para el makarioi, para la felicidad profunda y duradera, para la libertad y el sentido:

Sé pobre en el espíritu; es decir, poseedor de humildad interior, reconoce que eres limitado y dependiente, necesitado de Dios.

No temas llorar, porque el llanto expresa tu vulnerabilidad que se abre a la acción divina, al consuelo de Dios.

Sé πραεῖς (praeis): manso, humilde, suave, gentil; es decir, no violento. No se trata de debilidad, sino de fuerza bajo control.

Ten hambre y sed de justicia.

Sé misericordioso.

Ten un corazón íntegro, sincero y transparente.

Trabaja por la paz.

Sé justo y busca la justicia, aunque te persigan, insulten y calumnien por ello y por la causa de Jesús.

Recuerda que el Señor es fiel, alimenta y libera; abre los ojos, endereza nuestros “dobleces”, nos ama, nos guarda y sustenta. No se trata de ser fuerte, sino de saber que en nuestra fragilidad somos sostenidos y fortalecidos por la gracia de Dios.

¿Cómo estás viviendo? ¿Eliges vivir el programa y la llamada de Dios?

#FelizDomingo

“(...) él tomó la palabra y comenzó a enseñarles”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 Leí alguna vez esta historia que me parece que puede ayudarnos a entender las Bienaventuranzas que nos presenta hoy san Mateo en su Evangelio. “El dueño de una tienda estaba clavando un letrero sobre la puerta que decía 'Cachorros para la venta'. Letreros como ese atraen a los niños, y tan es así que un niñito apareció bajo el letrero. –¿Cuánto cuestan los cachorros? – preguntó. – Entre quince y veinte mil pesos – replicó el dueño. El niño buscó en sus bolsillos y sacó unas monedas. Tengo ocho mil pesos – dijo – ¿Puedo verlos, por favor? El dueño sonrió y dio un silbido, y de la perrera salió Laika, corriendo por el pasillo de la tienda seguida de cinco diminutas bolas plateadas de pelaje. Uno de los cachorros se retrasaba considerablemente detrás de los demás.

– ¿Qué pasa con ese perrito? – dijo el niño señalando al cachorro que cojeaba rezagado. El dueño de la tienda le explicó que el veterinario lo había examinado, y había descubierto que no tenía la cavidad del hueso de la cadera. Siempre sería cojo. El niño se emocionó. Ese es el cachorro que quiero comprar. No tienes que comprar ese perrito – le dijo el dueño de la tienda –. Si realmente lo quieres te lo daré. El niño se molestó un poco. Miró directamente a los ojos del dueño de la tienda, y señalándolo con el dedo dijo: – No quiero que me lo regale. Ese perrito vale tanto como los demás, y pagaré todo su valor. En efecto, le daré ocho mil pesos ahora, y mil pesos mensuales hasta que lo haya pagado completamente. No creo que quieras comprar ese perrito – replicó el dueño –. Nunca va a poder correr ni jugar ni saltar contigo como los demás cachorros. En ese momento, el pequeño se agachó y arremangó su pantalón para mostrar una pierna malamente lisiada, retorcida y sujeta por una gran abrazadera de metal. ¡Bien – replicó suavemente el niño mirando al dueño de la tienda – yo tampoco corro muy bien, y el cachorrito necesitará a alguien que lo entienda!

Sólo una persona que tenga espíritu de pobre, podrá entender a los que tienen espíritu de pobres. Sólo alguien que haya sufrido, entenderá a los que sufren. Sólo entenderá a los humildes, quien sea verdaderamente humilde. Sólo quien ha tenido hambre y sed de justicia, entenderá a quienes tienen hambre y sed de justicia. Sólo una persona compasiva, podrá entender a quienes son compasivos. Sólo aquel que tienen un corazón limpio, podrá entender a los que tienen un corazón limpio. Sólo el que ha trabajado por la paz, entenderán a quienes trabajan por la paz. Sólo aquel que ha sufrido persecuciones por causa de la justicia, entenderá a quienes son perseguidos por causa de la justicia. Sólo quien han recibido insultos y maltratos, y haya sido atacado con toda clase de mentiras, podrá entender a quienes son insultados, maltratados y atacados con toda clase de mentiras...

Tal vez por eso es por lo que estas expresiones muchas veces nos rechinan interiormente cuando las escuchamos. Porque nuestro corazón ha estado alejado de los valores que nos presenta aquí el Señor. Valores que sólo podremos entender cuando los hayamos hecho nuestros. No es fácil predicar esto hoy en una sociedad hedonista que huye del dolor y se le esconde al sacrificio. Pero tampoco podemos dejar de pensar que Jesús vivió esto mismo y por eso pudo entender estas realidades como fuentes de salvación.

ESCUCHAR DE CERCA LAS BIENAVENTURANZAS

José Antonio Pagola

Cuando Jesús sube a la montaña y se sienta para anunciar las bienaventuranzas, hay un gentío en aquel entorno, pero solo «los discípulos se acercan» a él para escuchar mejor su mensaje. ¿Qué escuchamos hoy los discípulos de Jesús si nos acercamos a él?

Dichosos «los pobres de espíritu», los que saben vivir con poco, confiando siempre en Dios. Dichosa una Iglesia con alma de pobre porque tendrá menos problemas, estará más atenta a los necesitados y vivirá el evangelio con más libertad. De ella es el reino de Dios.

Dichosos «los sufridos», los que viven con corazón benévolo y clemente. Dichosa una Iglesia llena de mansedumbre. Será un regalo para este mundo lleno de violencia. Ella heredará la tierra prometida.

Dichosos «los que lloran», porque padecen injustamente sufrimientos y marginación. Con ellos se puede crear un mundo mejor y más digno. Dichosa la Iglesia que sufre por ser fiel a Jesús. Un día será consolada por Dios.

Dichosos «los que tienen hambre y sed de justicia», los que no han perdido el deseo de ser más justos ni el afán de hacer un mundo más digno. Dichosa la Iglesia que busca con pasión el reino de Dios y su justicia. En ella alentará lo mejor del espíritu humano. Un día su anhelo será saciado.

Dichosos «los misericordiosos» que actúan, trabajan y viven movidos por la compasión. Son los que, en la tierra, más se parecen al Padre del cielo. Dichosa la Iglesia a la que Dios le arranca el corazón de piedra y le da un corazón de carne. Ella alcanzará misericordia.

Dichosos «los que trabajan por la paz» con paciencia y fe, buscando el bien para todos. Dichosa la Iglesia que introduce en el mundo paz y no discordia, reconciliación y no enfrentamiento. Ella será «hija de Dios».

Dichosos los que, «perseguidos a causa de la justicia», responden con mansedumbre a las injusticias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien. Dichosa la Iglesia perseguida por seguir a Jesús. De ella es el reino de Dios.

 

 

A PESAR DE LLORAR, PUEDES SER FELIZ SI NO HACES LLORAR A OTROS

Fray Marcos

Después de sesenta años explicando las bienaventuranzas me he dado cuenta de que no tienen explicación posible. No van dirigidas a la racionalidad sino al ser, al corazón. Qué atrevimiento decirle a uno que pasa hambre: ¡Enhorabuena! Qué suerte tienes, da gracias a Dios por lo que te está pasando. Sería un sarcasmo cruel e inaceptable.

Es completamente absurdo decirle al pobre, al que pasa hambre, al que llora, al perseguido…. aguanta, porque algún día se cambiarán las tornas y tú serás como el que ahora te oprime. La formulación arcaica impide descubrir su sentido. Quieren decir que la verdadera humanidad no consiste en buscar el placer, sino en desplegarla al máximo.

Sobre las bienaventuranzas se han dicho las cosas más dispares. Para Gandhi eran la quintaesencia del evangelio. Para Nietzsche son una maldición ya que atentan contra la dignidad del hombre. ¿A qué se debe esta abismal diferencia? Muy sencillo. Uno habla desde la mística. El otro pretende comprenderlas desde la razón.

Mateo las coloca en el primer discurso programático de Jesús. No es verosímil que Jesús haya comenzado su predicación con un discurso tan solemne y radical. El escenario del sermón nos indica hasta qué punto lo considera importante. El “monte” está haciendo clara referencia al Sinaí. Jesús, un nuevo Moisés que promulga la “nueva Ley”.

No tiene importancia que Lucas proponga cuatro y Mateo, nueve. Bastaría con una para romper los esquemas mentales de cualquier ser humano. Se trata del ser humano que sufre limitaciones materiales o espirituales por caprichos de la naturaleza o por causa de otro, y que unas veces se manifiestan por el hambre y otras por las lágrimas.

La inmensa mayoría de los exegetas están de acuerdo en que las tres primeras de Lucas, recogidas también en Mateo, son las originales e incluso se puede afirmar con cierta probabilidad que se remontan al mismo Jesús. Parece que Mateo las espiritualiza, no solo porque dice pobre de espírituy hambre y sed de justicia, sino porque añade: bienaventurados los pacíficos, los limpios de corazón, que nos saca de la materialidad.

Las bienaventuranzas quieren decir: es preferible ser pobre, que ser rico a costa de la pobreza de los demás. Es preferible llorar a hacer llorar al otro. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros pasen hambre. Dichosos no por ser pobres, sino por no empobrecer a otro. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no ser opresores.

Si el ser pobre es motivo de dicha, por qué Jesús se empeñó en liberarlos de sus miserias. Y si la pobreza es una desgracia, por qué la disfrazamos de bienaventuranza. Ahí tenemos la contradicción más radical al intentar explicar racionalmente las bienaventuranzas.

Por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús tiene como objetivo el que deje de haber pobres. En ningún caso puede bendecirse la pobreza. Cualquier clase de pobreza causada por el hombre debe ser combatida como una lacra y la causada por los desastres naturales debe ser compartida y en lo posible paliada.

Las bienaventuranzas nos dicen que otro mundo es posible. No es justo que yo esté pensando en consumir más, mientras hay personas que mueren por no tener un puñado de arroz que comer. Si no quieres ser cómplice de la injusticia, escoge la pobreza, no pongas el objetivo en consumir. Comprende que mientras menos necesites, más rico eres.

Ni el pobre ni el rico se puede considerar aisladamente. La riqueza y la pobreza son dos términos correlativos, no existiría uno sin el otro. Es más, la pobreza es mayor cuanto mayor es la riqueza, y viceversa. Si desaparece la pobreza, desaparecerá la riqueza. Si todos fuésemos igualmente pobres o igualmente ricos no había problema alguno.

 

VI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

  VI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – febrero 15, 2026  Eclesiástico 15, 15-20 / Salmo 118  / 1 Corintios 2, 6-10 Este domingo,...