miércoles, 4 de febrero de 2026

V Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 IV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 8, 2026
Isaías 58, 7-10 / Salmo 111 / 1 Corintios 2, 1-5


Continuamos en este domingo con exhortaciones de parte de parte de Jesús, para de manera puntual, con nuestras acciones ser testimonio vivo de Jesús …

Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos''.

Reflexión:

¿Cómo reflejar la Luz de Jesús?

Como dice el dicho popular, “más claro, ni el agua” … y así es con las lecturas, el salmo y el evangelio de este domingo: nos indican como podemos ser, si seguimos a Jesús y ponemos nen práctica sus enseñanzas.

Para poner en práctica las Bienaventuranzas (que reflexionamos la semana pasada), hoy, de manera concreta nos dice la Palabra, cuáles son las acciones que tenemos que hacer, con los siguientes verbos: compartir con, acoger y vestir, a quien tiene necesidad; además de evitar oprimir, amenazar, ofender, a cualquier persona. Actuar de la manera anterior nos trae, es precisamente como colaboramos con Jesús a que el reinado del amor se haga presente hoy, es la forma de llevar la felicidad, y así, nos transformamos en gente luz, justa, clemente, compasiva, con corazón sano…

Acercar un pedacito de “cielo”, “de amor”, a este mundo terreno, es como dice Ignacio de Loyola, “el amor, se pone más en obras que en palabras” … y lo hacemos con acciones concretas, que son fruto de la Palabra sembrada por el Señor, en nuestro corazón (cfr. Mt 13, 1-9).

San Pablo, por otra parte, como con la humildad de nuestras acciones, es cómo podemos predicar mejor la buena noticia del reino del amor; es dejarnos guiar por el espíritu de Dios, el Espíritu Santo, para que nos lleve a ser reflejo de la luz de Cristo en el mundo… en mi mundo: en casa, el trabajo, con amistades, en la calle…

Jesús lo confirma con su analogía, de “ustedes son” … sal y luz:

·        Sal, para darle sabor a lo que alimenta y conserva lo que da vida… donde ando y vivo.

·        Luz, que me da claridad y despeja la tiniebla, que impide ver hacia dónde voy, para poder ser feliz, bienaventurado, dichoso … y que los demás también puedan serlo.

Ser sal y luz en este mundo, son medio para que el Reino de los cielos / el Reino de Dios se haga presente. Si, equivocadamente los hacemos nuestro fin, entonces sería para destacar nuestro egoísmo, luciéndonos, exhibiéndonos; así, como mucha sal, empalaga.

Andar por el mundo, haciendo el bien, por amor, como reflejo de Jesús, es la manera humilde de ser testigos que reina en nuestro corazón y entre nosotros el Amor de Dios.

“Hoy, Jesús nos sigue llamando a ser sal y luz en el mundo, preservando la verdad e iluminando en nuestro corazón con su amor. Si perdemos nuestra escencia, no cumplimos nuestra misión: transformar la realidad que nos rodea” (cfr. Eliomar Ribeiro, SJ)

¿Qué actitudes cristianas debo pulir?... ¿Cómo ser luz que ilumina y orienta?... ¿Cómo puedo “dar buen sabor” en mi familia, iglesia y sociedad?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

V Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 V Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 8, 2026 
Isaías 58, 7-10 / Salmo 111 / 1 Corintios 2, 1-5



Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“ ”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 


DAR SABOR A LA VIDA

José Antonio Pagola

Una de las tareas más urgentes de la Iglesia de hoy y de siempre es conseguir que la fe llegue a los hombres como «buena noticia».

Con frecuencia entendemos la evangelización como una tarea casi exclusivamente doctrinal. Evangelizar sería llevar la doctrina de Jesucristo a aquellos que todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.

Entonces nos preocupamos de asegurar la enseñanza religiosa y la propagación de la fe frente a otras ideologías y corrientes de opinión. Buscamos hombres y mujeres bien formados, que conozcan perfectamente el mensaje cristiano y lo transmitan de manera correcta. Tratamos de mejorar nuestras técnicas y organización pastoral.

Naturalmente, todo esto es importante, pues la evangelización implica anunciar el mensaje de Jesucristo. Pero no es esto lo único ni lo más decisivo. Evangelizar no significa solo anunciar verbalmente una doctrina, sino hacer presente en la vida de las gentes la fuerza humanizadora, liberadora y salvadora que se encierra en el acontecimiento y la persona de Jesucristo.

Entendida así la evangelización, lo más importante no es contar con medios poderosos y eficaces de propaganda religiosa, sino saber actuar con el estilo liberador de Jesús.

Lo decisivo no es tener hombres y mujeres bien formados doctrinalmente, sino poder contar con testigos vivientes del evangelio. Creyentes en cuya vida se pueda ver la fuerza humanizadora y salvadora que encierra el evangelio cuando es acogido con convicción y de manera responsable.

Los cristianos hemos confundido muchas veces la evangelización con el deseo de que se acepte socialmente «nuestro cristianismo». Las palabras de Jesús llamándonos a ser «sal de la tierra» y «luz del mundo» nos obligan a hacernos preguntas muy graves.

¿Somos los creyentes una «buena noticia» para alguien? Lo que se vive en nuestras comunidades cristianas, lo que se observa entre los creyentes, ¿es «buena noticia» para la gente de hoy?

¿Ponemos los cristianos en la actual sociedad algo que dé sabor a la vida, algo que purifique, sane y libere de la descomposición espiritual y del egoísmo brutal e insolidario? ¿Vivimos algo que pueda iluminar a las gentes en estos tiempos de incertidumbre, ofreciendo una esperanza y un horizonte nuevo a quienes buscan salvación?

 

TIENES TU LUZ BAJO EL CELEMÍN

Fray Marcos

Continuamos con el primer discurso de Jesús en el evangelio de Mateo. Es, por tanto, un texto al que se le quiere dar suma importancia. Se trata de dos comparaciones aparentemente sin importancia, pero que tienen un mensaje de gran calado para la vida humana. La tarea más importante de todo ser humano sería estar ardiendo e iluminar.

Todo el que ha alcanzado la iluminación, iluminará. Si una vela está encendida, necesariamente tiene que dar luz. Si echas sal a un alimento, quedará salado. Pero, ¿qué queremos decir cuando aplicamos a una persona humana el concepto iluminado?

miércoles, 28 de enero de 2026

IV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 IV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 1, 2026 
Sofonías 2, 3; 3, 12-13 / Salmo 145 / 1 Corintios 1, 26-31


La liturgia de este día nos recuerda las actitudes que de vivirlas, nos conducen a la vida plena que Dios desea para cada uno; Jesús nos enseña cómo ponerlas en practica…,

Evangelio según san Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran,
porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos".

Reflexión:

¿Qué me hace feliz?

El deseo de ser felices en esta época, por no decir que siempre lo ha sido, nos ha llevado a centrarnos en “lo que me hace feliz”, centrándonos en nuestras aspiraciones y en aquello que creemos nos traerá esa felicidad buscada. En contra parte, hoy se nos recuerda cual es el camino propuesto por Jesús para realmente alcanzar la vida plena (felicidad), en este mundo terrenal y en la vida eterna, cuando regresemos de donde venimos.

San Ignacio de Loyola, en el Principio y Fundamento de los Ejercicios Espirituales (EE.23), nos dice que “El hombre (y la mujer) es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediate esto salvar su ánima” … lo que podríamos traducir en lenguaje de hoy como: “Somos creaturas, con una para qué vivir, que la vida valga la pena; y el modo o actitudes que la hacen que valga la pena son: amistad gratuita (alabanza), respeto a los demás (reverencia) y servicio que tiende la mano, sin ahogar a quien se sirve..” (cfr. Carlos Morgín, SJ).

Conectando lo anterior con la liturgia de hoy, podemos relacionar las lecturas y el evangelio, de la siguiente manera, para lograr la felicidad que vale la pena vivir, a la manera de Jesús:

·      Las actitudes que nos disponen a la felicidad para la que somo creados son: humildad, verdad y justicia (cfr. Sof 2, 3; 3, 12-13)

De tal manera que la felicidad no sea una narcisista - egoísta, que solo busque “lo que me hace feliz”, sino que, encuentre dicha, alegría, plenitud, felicidad, en el construir relaciones interpersonales fraternas, cuyo fruto sea bien común.

En concreto, Jesús, con las bienaventuranzas nos muestra actitudes de cómo podemos lograr la fraternidad que nos da felicidad - plenitud:

·     Pobreza de espíritu: es evitar el poseer algo, a causa del abuso y sufrimiento de alguien más…

·     Mansedumbre: serenidad y paciencia que posibilita recuperar al otro, sin imponer ni dominar...

·     Sensibilidad: ante el llanto, dolor y lágrimas de quien sufre, de manera solidaria y pragmática…

·     Justicia: ser alimento que posibilite a quien carece de lo indispensable, para vivir en libertad y crecimiento con dignidad…

·     Misericordia: empatía activa en las acciones que reivindican a las personas que sufren o tienen carencias…

·     Corazón limpio: transparencia, buena intensión y sinceridad, que solo busca el bien…

·     Pacíficos: constructores de paz y armonía, que posibilita el con-vivir en fraternidad…

·     Fortaleza ante la persecución, cuando posibilite que el reinado del amor de Dios, se haga presente…

Vivir las bienaventuranzas, nos pone en el camino de crecer humanamente, seguir creciendo y avanzando hacia el horizonte de la vida plena para la que somos llamando, no individualmente, sino comunitariamente.

¿Cómo evitar el egoísmo?... ¿Qué actitud de las mencionadas, necesito desarrollar más?... ¿Cómo puedo vivir mejor cada una de las bienaventuranzas?...

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

IV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 IV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 1, 2026 
Sofonías 2, 3; 3, 12-13 / Salmo 145 / 1 Corintios 1, 26-31


Evangelio según san Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran,
porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Μακάριοι (Makarioi) es una palabra griega que quiere decir “estado de gracia”, bendición, felicidad plena que brota desde lo profundo del corazón. Quien es makarioi es absolutamente libre y pleno de sentido.

Todos queremos ser makarioi, pero el mundo nos engaña prometiendo que lo seremos cuando poseamos tal o cual cosa, cuando nos acepte tal o cual persona, cuando logremos realizar el viaje de nuestros sueños. Así, engañados, seguimos experimentando el sinsentido y el vacío existencial.

Hoy Jesús nos presenta el único y eficaz programa para el makarioi, para la felicidad profunda y duradera, para la libertad y el sentido:

Sé pobre en el espíritu; es decir, poseedor de humildad interior, reconoce que eres limitado y dependiente, necesitado de Dios.

No temas llorar, porque el llanto expresa tu vulnerabilidad que se abre a la acción divina, al consuelo de Dios.

Sé πραεῖς (praeis): manso, humilde, suave, gentil; es decir, no violento. No se trata de debilidad, sino de fuerza bajo control.

Ten hambre y sed de justicia.

Sé misericordioso.

Ten un corazón íntegro, sincero y transparente.

Trabaja por la paz.

Sé justo y busca la justicia, aunque te persigan, insulten y calumnien por ello y por la causa de Jesús.

Recuerda que el Señor es fiel, alimenta y libera; abre los ojos, endereza nuestros “dobleces”, nos ama, nos guarda y sustenta. No se trata de ser fuerte, sino de saber que en nuestra fragilidad somos sostenidos y fortalecidos por la gracia de Dios.

¿Cómo estás viviendo? ¿Eliges vivir el programa y la llamada de Dios?

#FelizDomingo

“(...) él tomó la palabra y comenzó a enseñarles”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 Leí alguna vez esta historia que me parece que puede ayudarnos a entender las Bienaventuranzas que nos presenta hoy san Mateo en su Evangelio. “El dueño de una tienda estaba clavando un letrero sobre la puerta que decía 'Cachorros para la venta'. Letreros como ese atraen a los niños, y tan es así que un niñito apareció bajo el letrero. –¿Cuánto cuestan los cachorros? – preguntó. – Entre quince y veinte mil pesos – replicó el dueño. El niño buscó en sus bolsillos y sacó unas monedas. Tengo ocho mil pesos – dijo – ¿Puedo verlos, por favor? El dueño sonrió y dio un silbido, y de la perrera salió Laika, corriendo por el pasillo de la tienda seguida de cinco diminutas bolas plateadas de pelaje. Uno de los cachorros se retrasaba considerablemente detrás de los demás.

– ¿Qué pasa con ese perrito? – dijo el niño señalando al cachorro que cojeaba rezagado. El dueño de la tienda le explicó que el veterinario lo había examinado, y había descubierto que no tenía la cavidad del hueso de la cadera. Siempre sería cojo. El niño se emocionó. Ese es el cachorro que quiero comprar. No tienes que comprar ese perrito – le dijo el dueño de la tienda –. Si realmente lo quieres te lo daré. El niño se molestó un poco. Miró directamente a los ojos del dueño de la tienda, y señalándolo con el dedo dijo: – No quiero que me lo regale. Ese perrito vale tanto como los demás, y pagaré todo su valor. En efecto, le daré ocho mil pesos ahora, y mil pesos mensuales hasta que lo haya pagado completamente. No creo que quieras comprar ese perrito – replicó el dueño –. Nunca va a poder correr ni jugar ni saltar contigo como los demás cachorros. En ese momento, el pequeño se agachó y arremangó su pantalón para mostrar una pierna malamente lisiada, retorcida y sujeta por una gran abrazadera de metal. ¡Bien – replicó suavemente el niño mirando al dueño de la tienda – yo tampoco corro muy bien, y el cachorrito necesitará a alguien que lo entienda!

Sólo una persona que tenga espíritu de pobre, podrá entender a los que tienen espíritu de pobres. Sólo alguien que haya sufrido, entenderá a los que sufren. Sólo entenderá a los humildes, quien sea verdaderamente humilde. Sólo quien ha tenido hambre y sed de justicia, entenderá a quienes tienen hambre y sed de justicia. Sólo una persona compasiva, podrá entender a quienes son compasivos. Sólo aquel que tienen un corazón limpio, podrá entender a los que tienen un corazón limpio. Sólo el que ha trabajado por la paz, entenderán a quienes trabajan por la paz. Sólo aquel que ha sufrido persecuciones por causa de la justicia, entenderá a quienes son perseguidos por causa de la justicia. Sólo quien han recibido insultos y maltratos, y haya sido atacado con toda clase de mentiras, podrá entender a quienes son insultados, maltratados y atacados con toda clase de mentiras...

Tal vez por eso es por lo que estas expresiones muchas veces nos rechinan interiormente cuando las escuchamos. Porque nuestro corazón ha estado alejado de los valores que nos presenta aquí el Señor. Valores que sólo podremos entender cuando los hayamos hecho nuestros. No es fácil predicar esto hoy en una sociedad hedonista que huye del dolor y se le esconde al sacrificio. Pero tampoco podemos dejar de pensar que Jesús vivió esto mismo y por eso pudo entender estas realidades como fuentes de salvación.

ESCUCHAR DE CERCA LAS BIENAVENTURANZAS

José Antonio Pagola

Cuando Jesús sube a la montaña y se sienta para anunciar las bienaventuranzas, hay un gentío en aquel entorno, pero solo «los discípulos se acercan» a él para escuchar mejor su mensaje. ¿Qué escuchamos hoy los discípulos de Jesús si nos acercamos a él?

Dichosos «los pobres de espíritu», los que saben vivir con poco, confiando siempre en Dios. Dichosa una Iglesia con alma de pobre porque tendrá menos problemas, estará más atenta a los necesitados y vivirá el evangelio con más libertad. De ella es el reino de Dios.

Dichosos «los sufridos», los que viven con corazón benévolo y clemente. Dichosa una Iglesia llena de mansedumbre. Será un regalo para este mundo lleno de violencia. Ella heredará la tierra prometida.

Dichosos «los que lloran», porque padecen injustamente sufrimientos y marginación. Con ellos se puede crear un mundo mejor y más digno. Dichosa la Iglesia que sufre por ser fiel a Jesús. Un día será consolada por Dios.

Dichosos «los que tienen hambre y sed de justicia», los que no han perdido el deseo de ser más justos ni el afán de hacer un mundo más digno. Dichosa la Iglesia que busca con pasión el reino de Dios y su justicia. En ella alentará lo mejor del espíritu humano. Un día su anhelo será saciado.

Dichosos «los misericordiosos» que actúan, trabajan y viven movidos por la compasión. Son los que, en la tierra, más se parecen al Padre del cielo. Dichosa la Iglesia a la que Dios le arranca el corazón de piedra y le da un corazón de carne. Ella alcanzará misericordia.

Dichosos «los que trabajan por la paz» con paciencia y fe, buscando el bien para todos. Dichosa la Iglesia que introduce en el mundo paz y no discordia, reconciliación y no enfrentamiento. Ella será «hija de Dios».

Dichosos los que, «perseguidos a causa de la justicia», responden con mansedumbre a las injusticias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien. Dichosa la Iglesia perseguida por seguir a Jesús. De ella es el reino de Dios.

 

 

A PESAR DE LLORAR, PUEDES SER FELIZ SI NO HACES LLORAR A OTROS

Fray Marcos

Después de sesenta años explicando las bienaventuranzas me he dado cuenta de que no tienen explicación posible. No van dirigidas a la racionalidad sino al ser, al corazón. Qué atrevimiento decirle a uno que pasa hambre: ¡Enhorabuena! Qué suerte tienes, da gracias a Dios por lo que te está pasando. Sería un sarcasmo cruel e inaceptable.

Es completamente absurdo decirle al pobre, al que pasa hambre, al que llora, al perseguido…. aguanta, porque algún día se cambiarán las tornas y tú serás como el que ahora te oprime. La formulación arcaica impide descubrir su sentido. Quieren decir que la verdadera humanidad no consiste en buscar el placer, sino en desplegarla al máximo.

Sobre las bienaventuranzas se han dicho las cosas más dispares. Para Gandhi eran la quintaesencia del evangelio. Para Nietzsche son una maldición ya que atentan contra la dignidad del hombre. ¿A qué se debe esta abismal diferencia? Muy sencillo. Uno habla desde la mística. El otro pretende comprenderlas desde la razón.

Mateo las coloca en el primer discurso programático de Jesús. No es verosímil que Jesús haya comenzado su predicación con un discurso tan solemne y radical. El escenario del sermón nos indica hasta qué punto lo considera importante. El “monte” está haciendo clara referencia al Sinaí. Jesús, un nuevo Moisés que promulga la “nueva Ley”.

No tiene importancia que Lucas proponga cuatro y Mateo, nueve. Bastaría con una para romper los esquemas mentales de cualquier ser humano. Se trata del ser humano que sufre limitaciones materiales o espirituales por caprichos de la naturaleza o por causa de otro, y que unas veces se manifiestan por el hambre y otras por las lágrimas.

La inmensa mayoría de los exegetas están de acuerdo en que las tres primeras de Lucas, recogidas también en Mateo, son las originales e incluso se puede afirmar con cierta probabilidad que se remontan al mismo Jesús. Parece que Mateo las espiritualiza, no solo porque dice pobre de espírituy hambre y sed de justicia, sino porque añade: bienaventurados los pacíficos, los limpios de corazón, que nos saca de la materialidad.

Las bienaventuranzas quieren decir: es preferible ser pobre, que ser rico a costa de la pobreza de los demás. Es preferible llorar a hacer llorar al otro. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros pasen hambre. Dichosos no por ser pobres, sino por no empobrecer a otro. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no ser opresores.

Si el ser pobre es motivo de dicha, por qué Jesús se empeñó en liberarlos de sus miserias. Y si la pobreza es una desgracia, por qué la disfrazamos de bienaventuranza. Ahí tenemos la contradicción más radical al intentar explicar racionalmente las bienaventuranzas.

Por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús tiene como objetivo el que deje de haber pobres. En ningún caso puede bendecirse la pobreza. Cualquier clase de pobreza causada por el hombre debe ser combatida como una lacra y la causada por los desastres naturales debe ser compartida y en lo posible paliada.

Las bienaventuranzas nos dicen que otro mundo es posible. No es justo que yo esté pensando en consumir más, mientras hay personas que mueren por no tener un puñado de arroz que comer. Si no quieres ser cómplice de la injusticia, escoge la pobreza, no pongas el objetivo en consumir. Comprende que mientras menos necesites, más rico eres.

Ni el pobre ni el rico se puede considerar aisladamente. La riqueza y la pobreza son dos términos correlativos, no existiría uno sin el otro. Es más, la pobreza es mayor cuanto mayor es la riqueza, y viceversa. Si desaparece la pobreza, desaparecerá la riqueza. Si todos fuésemos igualmente pobres o igualmente ricos no había problema alguno.

 

miércoles, 21 de enero de 2026

III Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 III Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A enero 25, 2026 
Isaías 8, 23-9,3 / Salmo 26 / 1 Corintios 1, 10 -13.17


Evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

Reflexión:

¿Qué respondo a Jesús?

Este tercer domingo de tiempo ordinario, recordamos como la profecía de Isaías, que se hace realidad en la persona de Jesús, y cómo sigue vigente, cada vez que escuchamos el llamado que nos hace a cada uno de nosotros.

La profecía de Isaías fue sobre la esperanza de llegada de una “gran luz, sobre tierra de tinieblas…” (cfr. Isaías 8, 23-9,3), la cual hoy día necesitamos todavía, pues sigue habiendo sufrimiento y dolor a causa de la opresión que ejercemos unos sobre otros, en mayor o menor grado.

Recordemos como el domingo pasado, Juan Bautista señalaba a Jesús como quien “quita el pecado del mundo”… y es que nuestro pecado como humanidad, sociedad, familia, o persona, es que nos ”equivocamos / fallamos en el blanco” y elegimos vivir lo contario a como exhortaba Pablo, necesitamos “vivir en concordia y sin divisiones” (cfr. 1 Cor 1, 10 -13.17)

La misión de Jesús es acercarnos el Reino de los cielos (el reinado del Amor de Dios entre nosotros), a través de la Buena Noticia (evangelio), que nos presenta la manera en que podríamos relacionarnos y así, vivir de una mejor manera. Lo que Dios quiere para su nosotros sus hijos, sus criaturas, es que tengamos una “vida que valga la pena vivir”; es cuestión, ahora, de que escuchemos su llamado, pongamos atención a sus Palabras y las pongamos en práctica (cfr. Lc 11,28)

Hoy, como a Simón, Andrés, Santiago, Juan y Pablo, Jesús se acerca a nosotros, allí donde andamos en la vida diaria y también nos invita a ser “pesadores de hombres y mujeres”, esto es, que con nuestras palabras y hechos les acerquemos el Reino de Dios.

Sí, hoy nos llama a seguirlo, a estar con Él, para conocerlo internamente, de primera mano; a conocer su proyecto salvador, aprender de Él, siendo sus discípulos ... para luego, colaborar con Él, en su misión.

¿Cómo anda mi escucha de la Palabra, en oración?... ¿Cómo podría ser mejor discípulo de Jesús?... ¿Cómo podría llevar la Buena nueva en mi comunidad?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 


III Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 III Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A enero 26, 2026 
Isaías 8, 23-9,3 / Salmo 26 / 1 Corintios 1, 10 -13.17


Evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva


   
#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

"Discordia" proviene del latín y se compone de dos elementos: el prefijo "dis", que significa separación, y "cor", que se traduce como "corazón". Así pues, la discordia que denuncia San Pablo en la segunda lectura, que acontece entre las comunidades cristianas, se da cuando los corazones de las personas están separados; entonces sus sentimientos y voluntades se alejan. La discordia termina con la unidad.

Por otra parte, en el Evangelio se nos presenta a Jesús en un momento de crisis: Juan el Bautista ha sido arrestado. El conflicto no encierra a Jesús, sino que lo moviliza a predicar la conversión: "conviértanse, porque ya está cerca el Reino...", y lo moviliza a formar comunidad, llamando a sus primeros discípulos. Y es que el conflicto y el anuncio se realizan "en relación", en comunidad, en concordia (con unión de corazón).

Y finalmente, ¡qué importante la llamada que llega el día de hoy!: "arrepiéntanse", Μετανοεῖτε, que quiere decir: cambia de mente.

Evita la discordia, busca la concordia y cambia tu mente con decisión". Esta es la invitación que recibimos hoy. ¿Cómo se concretan en ti estas llamadas? ¿A qué te invita hoy el Señor?


Síganme y yo los haré pescadores de hombres

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Al enterarse de que Juan el Bautista había sido encarcelado, Jesús se dirigió a Galilea, pero no se quedó a vivir en Nazaret, donde se había criado, sino que se fue a la ciudad de Cafarnaúm, a orillas del lago, en la región de las tribus de Zabulón y Neftalí. “Desde entonces, Jesús comenzó a proclamar: ‘Vuélvanse a Dios, porque el reino de Dios está cerca”. Fue allí en esta pequeña población de pescadores, donde Jesús comenzó a formar una pequeña comunidad que viviera ya la realidad del reino que él anunciaba. El evangelio que nos propone hoy la liturgia nos habla del llamamiento que recibieron los primeros cuatro discípulos. Eran pescadores que pasaban su tiempo ocupado en las labores propias de su profesión. Simón Pedro, Andrés, Santiago y Juan dejaron las redes, sus familias y todo lo que tenían, para seguir al Señor.

Hace algunos meses me pidieron algunas orientaciones para formar una comunidad cristiana. Les sugerí que las reuniones deberían tener estos cuatro momentos:

1. Un momento para compartir la VIDA: Esto se puede hacer con base en una pregunta que puede estar orientada de muchas maneras. También podría organizarse algún tipo de dinámica que ayude a conocerse más, a conversar sobre lo que les llama la atención, lo que les gusta, lo que vive cada uno, etc. Algunas preguntas, podrían ser las siguientes: ¿Qué buscamos cuando venimos a construir una comunidad cristiana? ¿Cuál es mi historia de vida? ¿Qué etapas ha tenido mi vida, mi relación con Dios, mi desarrollo profesional, etc.? ¿Qué es lo que más nos ha impresionado en nuestro vida familiar en este último tiempo? ¿Qué es lo que más nos ha impresionado a nivel social y político en este último tiempo? La idea es generar un momento de compartir la VIDA, que es el elemento inicial de cualquier comunicación y construcción comunitaria.

2. Un momento para escucha la PALABRA DE DIOS: Podrían ir leyendo en cada reunión, una parte del libro de los Hechos de los Apóstoles; en él, san Lucas, cuenta cómo fue que los primeros cristianos hicieron para construir una comunidad fraterna alrededor de la fe en Jesús. No conozco otro método más apropiado para aprender a construir una comunidad cristiana. Podrían comenzar por leer juntos una pequeña introducción al libro de los Hechos de los Apóstoles. Luego pueden ir leyendo, en cada reunión, un capítulo o una pequeña parte y comentarla entre todos. ¿Qué nos enseña? ¿Cómo ilumina este texto lo que hemos compartido sobre nuestras vidas? etc.

3. Un momento para CELEBRAR LA FE EN COMUNIDAD: Un momento de oración, de pedir por nuestras necesidades, de dar gracias, etc. Se puede tomar una oración que uno conozca y repetirla juntos. Se puede invitar a que cada uno ore en voz alta o se puede dirigir un momento de oración personal. Lo fundamental es tener un momento de oración compartida.

4. Un momento para COMPARTIR fraternalmente. Este momento sería para compartir un trozo de ponqué y una gaseosa. Durante este último momento se puede tener también un rato de esparcimiento sano, organizar algún juego, alguna dinámica, un momento para departir un rato.

Algunas sugerencias adicionales: 1) Cada momento de la reunión lo puede preparar una persona distinta cada vez. 2) No deberían ser momentos muy largos; una buena medida podría ser media hora cada momento. 3) Es muy importante ser muy puntuales para empezar y para terminar. 4) Sería bueno tener durante toda la reunión una velita o un cirio encendido en medio de la comunidad, representando a Cristo resucitado. Y también tener una Biblia colocada en un lugar especial, también como símbolo de la presencia del Señor en medio de la comunidad. A esto se pueden añadir flores, algún otro símbolo, dependiendo del tema que vayan a tratar, etc. 5) Hoy, la Iglesia se tiene que formar a partir de pequeñas comunidades en las que se pueda compartir la vida de cada uno de sus miembros. Sólo así podremos decir que el reino de Dios está cerca.

PERDIDOS EN LA CRISIS RELIGIOSA

José Antonio Pagola

Vivimos tiempos de crisis religiosa. Parece que la fe va quedando como ahogada en la conciencia de no pocas personas, reprimida por la cultura moderna y por el estilo de vida del hombre de hoy. Pero, al mismo tiempo, es fácil observar que de nuevo se despierta en no pocos la búsqueda de sentido, el anhelo de una vida diferente, la necesidad de un Dios Amigo.

Es cierto que se ha extendido entre nosotros un escepticismo generalizado ante los grandes proyectos y las grandes palabras. Ya no tienen eco los discursos religiosos que ofrecen «salvación» o «redención». Ha disminuido, hasta casi desaparecer, la esperanza misma de que pueda realmente oírse en alguna parte una Buena Noticia para la humanidad.

Al mismo tiempo crece en no pocos la sensación de que hemos perdido la dirección acertada. Algo se hunde bajo nuestros pies. Nos estamos quedando sin metas ni puntos de referencia. Nos damos cuenta de que podemos solucionar «problemas», pero que somos cada vez menos capaces de resolver «el problema» de la vida. ¿No estamos más necesitados que nunca de salvación?

Vivimos también tiempos de «fragmentación». La vida se ha atomizado. Cada uno vive en su compartimento. Queda muy lejos aquel humanismo que buscaba la verdad y el sentido de totalidad. Hoy no se escucha a quien sabe de la vida, sino al especialista que sabe mucho de una parcela, pero lo ignora todo sobre el sentido de la existencia.

Al mismo tiempo, no pocas personas comienzan a sentirse mal en este mundo vertiginoso de datos, informaciones y cifras. No podemos evitar los interrogantes eternos del ser humano. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿No hay dónde encontrar un sentido último a la vida?

Son también tiempos de pragmatismo científico. El hombre moderno ha decidido (no se sabe por qué) que solo existe lo que puede comprobar la ciencia. No hay más. Lo que a ella se le escapa, sencillamente no existe. Naturalmente, en este planteamiento tan simple como poco científico, Dios no tiene cabida, y la fe religiosa queda relegada al mundo desfasado de los no progresistas.

Sin embargo, son muchos los que van tomando conciencia de que este planteamiento se queda muy corto, pues no responde a la realidad. La vida no es un «gran mecano», ni el hombre solo «una pieza» de un mundo que pueda ser desentrañado por la ciencia. Por todas partes se presiente el misterio: en el interior del ser humano, en la inmensidad del cosmos, en la historia de la humanidad.

Por eso surge de nuevo la sospecha: ¿no serán justamente las «cuestiones» sobre las que la ciencia guarda silencio las que constituyen el sentido de la vida? ¿No será un grave error olvidar la respuesta al misterio de la existencia? ¿No es una tragedia prescindir tan ingenuamente de Dios? Mientras tanto siguen ahí las palabras de Jesús: «Convertíos, porque está cerca el reino de Dios».

 

SIEMPRE DEBO ESTAR CAMBIANDO DE MENTE

Fray Marcos

Todo Mateo deja claro que Jesús comienza su actividad lejos del templo, de las autoridades religiosas, desligado de toda conexión con la institución. Pero también deja claro que la predicación de Jesús es continuación de la de Juan: arrepentíos, está cerca el Reino.

Arrepentíos. El primer significado del “metanoeo” griego no es arrepentirse ni hacer penitencia sino cambiar de opinión, rectificar, cambiar de mentalidad. Si cambias de mentalidad, cambiarás de rumbo. Al traducirlo por arrepentirse, suponemos que la actitud anterior era pecaminosa. Y entonces solo se tiene que convertir el “pecador”.

Todos tenemos que estar cambiando de mentalidad. Convertirse es rectificar el camino que llevo, cuando me he dado cuenta de que la meta no está en esa dirección. Muchas veces no es posible descubrir que una senda es equivocada, hasta que no la hemos recorrido. El mayor peligro es estar convencido de que no tengo nada que rectificar.

Está cerca el Reino. Para ver la dificultad basta recordar algún texto evangélico: no está aquí ni está allá, está dentro de vosotros; mi Reino no es de este mundo. No debemos traducirlo por ‘está’, el Reino no es una realidad estática sino dinámica. La Vulgata lo traduce por “appropinquavit” que significa acercarse. El verbo “hggizw” significa estar cerca y acercarse. Los primeros cristianos decían: ya pero todavía no.

Reino de los Cielos. Los demás evangelis­tas (también alguna vez Mateo) hablan de "el Reino de Dios". Decían ‘de los cielos’, para evitar el nombre ‘Dios’. En el NT, fuera de los evangelios, se habla del Reino de Cristo. Expresión muy peligrosa porque nos induce pensar que Jesús es el dueño, olvidando que Jesús nunca se predicó a sí mismo.

Es imposible definir lo que es el Reino de Dios porque no es nada concreto. En el evangelio nunca se define, aunque fue el núcleo de la predicación de Jesús. Si no reina el amor no reina Dios. Jesús fue la más fiel manifestación del Reino que es Dios.

La palabra griega “basileia” se puede referir al poder que un rey tiene (reinado). Puede significar el territorio o puede significar el conjunto de los súbditos (reino). Ninguno expresa lo que Dios es. Porque no hay ningún rey, menos todopoderoso. Porque Dios nunca hace o deshace. Porque Dios no tiene súbditos a quienes gobernar.       

Es imposible entender esta expresión si no salimos de la idea de un dios soberano, todopoderoso, que desde su trono en el cielo gobierna el universo. Dios es Espíritu. Cuando decimos: Reina la paz, reina la oscuridad o reina el amor, no pensamos en entes que dominan alguna parte de la realidad sino en un ámbito en el que se desarrolla algo.    

Reinado de Dios quiere decir que el ser humano desarrolla lo que tiene de divino. Significa que ha tomado conciencia de lo divino presente en él. Es la atmósfera en que la relación humana consigo, con los demás y con las cosas se despliegan en total armonía.

Entrar en el Reino es tomar conciencia de esa realidad de Dios en mí y actuar en consecuencia. Hoy está clara esta dinámica. El Reino lo manifiesta el que cura, no en el curado. Es Jesús al curar quien hace presente a Dios, no el ciego cuando es curado.

El Reinado de Dios significa la radical fidelidad de Dios al hombre. La realidad primera de ese Reino la constituye Dios, no nosotros. No es una realidad que hace referencia al hombre, sino a Dios. Esto sí que es una “buena noticia”, la mejor que podrían darnos.

El hombre, para ser fiel a Dios no tiene que renunciar a sí mismo, al contrario, la única manera de ser él mismo es descubrir lo que Dios es en él. En cuanto pone su fin fuera de Dios, el hombre falla estrepitosamente a su verdadero ser y no hay ya posibilidad de ser fiel ni a Dios ni a sí mismo. Solo si soy fiel a mí mismo puedo ser fiel a Dios.


V Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

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