jueves, 22 de octubre de 2026

XXX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 XXX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 25, 2026
Éxodo 22, 20-26 / Salmo 17 / 1 Tesalonicenses 1, 5-10

Continuamos en este domingo, con otro diálogo más entre Jesús y los fariseos que insisten en ponerlo a prueba …

Evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?"

Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".

Reflexión:

¿Qué es lo más importante?

El evangelio y la primera lectura están directamente relacionadas, mientras que la segunda lectura nos confirma como es que hay que vivir poniendo en práctica las enseñanzas de Jesús.

Primero hay que dejar claro que, la intención de “poner a prueba” a Jesús, de parte de los sacerdotes y doctores de la ley, era para desafiar su autoridad y desacreditarlo, si no daba una respuesta correcta; había 613 preceptos en la Torá (los cinco primeros libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio).

La respuesta de Jesús es clara:  

§  Amar a Dios: Deuteronomio 6, 5

§  Amar al prójimo como a uno mismo: Levítico 19, 18.

Y ambas coinciden en: AMAR. Son las dos caras del amor, una de Dios, otra de sus creaturas; son dimensiones inseparables de una misma experiencia.

Las normas, leyes, preceptos o mandatos son para orientar la vida del pueblo de Dios, indican lo que podríamos hacer para hacer presente en nuestra la vida, la Voluntad del Dios: justicia, paz fraternidad y bien común; como se comentó la semana pasada, en el Principio y Fundamento Ignaciano: nuestro sentido de vida es “que nuestra vida valga la pena vivir” (cfr. Carlos Morfín SJ).

Solo reconociendo y sabiéndolos amados por Dios, podremos reflejar su imagen desde la nuestra propia, en el prójimo. Así, ya desde el Éxodo nos llaman a cuidar del prójimo, para no hacerlo sufrir, explotarlo,  abusarlo, desprotegerlo, y de manera especial a los indefensos, viudas y niños (cfr Éx 22, 20-26) .

Porque cuando nos sentimos amados por alguien más grande y maravilloso, como Dios, a quien reconocemos como nuestro “creador”, “refugio”,  “protector”, “fuerza”, “liberador”… debemos “Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas”… (Lev 6, 5) … primera parte de Ley más importante para Jesús.

Y entonces, viene la segunda parte de la Ley: “… actuar entre nosotros, prójimos, como imitadores del Señor… difundiendo la Palabra de Dios y el Amor del Hijo, Jesús…” nos diría también hoy Pablo, como a los Tesalonicenses en la segunda lectura. Es poner en acción el amor que hemos recibido.

Por eso, al reconocerme amado por Dios (don / regalo), puedo dejar que ese amor trasforme mi interior y cambie mi manera de mirar y relacionarme con los demás y traduzca ese amor en obras concretas, especialmente en el cuidado de los más vulnerables.

La respuesta de Jesús es, que lo más importante es AMAR. Es el gran reto que tenemos; como diría San Agustín “ama y haz lo que quieras” («Dilige et quod vis fac»)…

¿Cómo cambiaría mi vida si aprendiera amar?... ¿Por qué crees que el amor trasformaría la dinámica social?... ¿Cómo amarme a mí mismo y no ser egoísta?

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XXX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 XXX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 25, 2026
Éxodo 22, 20-26 / Salmo 17 / 1 Tesalonicenses 1, 5-10


Evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?"

Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

EL AMOR LO ES TODO

José Antonio Pagola

Los judíos llegaron a contar hasta seiscientos trece mandamientos que debían ser observados para cumplir íntegramente la Ley. Por eso no era extraño en los círculos rabínicos hacerse preguntas como la que plantean a Jesús en un intento de buscar lo esencial: ¿qué mandamiento es el primero de todos?

Jesús responde de manera clara y precisa: «El primero es: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». ¿Cómo escuchar hoy estas palabras fundamentales de Jesús?

Hay algo que se nos revela con toda claridad: el amor lo es todo. Lo que se nos pide en la vida es amar. Ahí está la clave. Podremos luego sacar toda clase de consecuencias y derivaciones, pero lo esencial es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. Si pudiéramos actuar siempre así, todo estaría salvado. Nada hay más importante que esto, ni siquiera la práctica de una determinada religión.

Pero, ¿por qué el amor es la fuerza que da sentido, verdad y plenitud a la vida? Esta centralidad del amor se arraiga, según la fe cristiana, en una realidad: Dios, el origen de toda vida, él mismo es amor. Esa es la definición osada e insuperable de la fe cristiana: «Dios es amor» (1 Juan 4,8). Por decirlo de alguna manera, aunque sea deficiente, Dios consiste en amar; Dios no sabe, no quiere y no puede hacer otra cosa que amar. Podemos dudar de todo, pero de lo que no hemos de dudar nunca es de su amor.

Precisamente por esto, amar a Dios es encontrar nuestro propio bien. Lo que da verdadera gloria a Dios no es nuestro mal, sino nuestra vida y plenitud. Quien ama a Dios y se sabe amado por él con amor infinito aprende a mirarse, estimarse y cuidarse con verdadero amor. Qué fuerza y dinamismo genera en nosotros esta peculiar manera de entendernos. Cuántos miedos y angustias se diluyen dentro de nosotros. Qué diferente es la vida cuando la persona aprende a decir: «Señor, que se haga tu voluntad, porque así se va forjando también mi bien».

Por otra parte, es entonces cuando se comprende en su verdadera profundidad el segundo mandamiento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Quien ama a Dios sabe que no puede vivir en una actitud de indiferencia, despreocupación u olvido de los demás. La única postura humana ante cualquier persona que encontremos en la vida es amarla.

Esto no significa que se haya de vivir de la misma forma la intimidad con la esposa, la relación con el cliente o el encuentro fortuito con alguien en la calle. Lo que se nos pide es actuar, en cada caso, buscando positivamente el bien que queremos para nosotros mismos. En unos tiempos en que parece cuestionarse todo, es bueno recordar que hay algo incuestionable: el hombre es humano cuando sabe vivir amando a Dios y a su prójimo.

EL AMOR EN DIOS NO ES RELACIÓN SINO IDENTIFICACIÓN,

EL AMOR A DIOS ES VIVIR SU AMOR.

Fray Marcos

La mayoría consideraba que todos los mandamientos tenían la misma importancia. Otros defendían que guardar el sábado era el primero. La mayoría, que el amor a Dios era el principal. A nadie se le había ocurrido que el principal mandamiento, eran dos.

Jesús hace referencia al (Lev 19,18) pero elimina la primera parte que dice: “no guardarás rencor ni tomarás venganza de los hijos de tu pueblo”. Deja claro quién es el prójimo. La originalidad de Jesús está en unir los dos mandamientos, dejándolos convertidos en uno.

Se trata de una identificación en toda regla, que, además, prepara el terreno a Juan para poder decir con rotundidad: un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros como yo os he amado (Jn 13,34). Es el mandamiento nuevo, que convierte la Ley en vieja.

El valor absoluto de la persona es la originalidad de Jesús. Hasta entonces el individuo no contaba más que como perteneciente al grupo. Lo único que interesaba era la manifestación del amor, no el amor mismo. De ese modo, el precepto recaía sobre las manifestaciones.

El concepto de “prójimo” es modificado por Jesús de manera sustancial. Para un judío, prójimo era el que pertenecía al pueblo y, a lo sumo, el prosélito. Jesús desbarata esa barrera y postula que todos somos exactamente iguales para Dios. El cristianismo no ha sabido trasmitir esta idea de igualdad y hemos seguido creyéndonos privilegiados.

La exigencia de Jesús no es con relación a Dios sino con relación al hombre. Si proponemos los mandamientos como marco de convivencia es que no hemos entendido el mensaje de Jesús. S. Agustín dijo: Ama y haz lo que quieras. Y Pablo: Quien ama ha cumplido el resto de la Ley. No se trata de una nueva Ley, sino de hacer inútil toda ley.

El “como a ti mismo” es también superado por Jesús: “como yo os he amado” necesitaría un comentario más extenso. Únicamente diré que el amor solo se puede dar entre iguales. Si considero superior o inferior al otro, mi relación con él nunca será de amor. Lo que me pide Jesús es que quiera para los demás todo lo que estoy deseando para mí.

Una vez más tenemos que resaltar la imposibilidad de aceptar el mensaje de Jesús sin abandonar la idea de Dios del AT. Esta es la trampa en la que cayeron los primeros cristianos que eran todos judíos. Aquí está la clave para entender tantas aparentes contradicciones en los evangelios. Lo que pide Jesús es más de lo que puede enseñar una religión.

La excesiva fidelidad a la institución nos impide alcanzar el mandamiento nuevo. Por eso Jesús criticó tan duramente las instituciones religiosas de su tiempo (Templo, Ley, culto); se habían convertido en un obstáculo para llegar al hombre. A Dios no se le puede amar directamente ni mucho ni poco. Dios no es un sujeto con el que me pueda relacionar.

No es nada distinto de mí. Amar a Dios y amar al prójimo es un único acto. Dios y el prójimo no se pueden separar. Tampoco Dios puede amar a sus criaturas porque no son nada fuera de Él. Demuestro que estoy abierto al Amor si amo a todos. Si dejo de amar a una persona, puedo estar seguro de que lo que me mueve no es amor, sino egoísmo o programación.

El amor no responde a necesidad alguna de mi ego. Acontece en la profundidad del ser, incluyendo todos sus aspectos. Es el único camino para un crecimiento armónico del ser, impidiendo que la parte material y biológica se imponga y arrastre a la parte espiritual. El superar el egoísmo no significa una renuncia a nada sino plenitud de humanidad.

En nosotros el amor es una cualidad que podemos tener o no tener, permaneciendo en el ser. En Dios el amor-unidad es su esencia. Pero resulta que nuestro amor a Dios consiste en tomar conciencia del amor de Dios a nosotros y vivirlo como nuestro verdadero ser.

 

 

jueves, 15 de octubre de 2026

XXIX Domingo de Tiempo Ordinario – A – (Reflexión)

 XXIX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 18, 2026 
Isaίas 45, 1. 4-6 / Salmo 95 / 1 Tesalonicenses 1, 1-5

En este domingo, recordamos como el Señor nos llama para colaborar en Él, para que lo hagamos presente, con la fuerza del Espíritu Santo, ahí, dónde andamos en la vida diaria …

Evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.

Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: "Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?"

Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: "Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo". Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: "¿De quién es esta imagen y esta inscripción?" Le respondieron: "Del César". Y Jesús concluyó: "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".

 

Reflexión:

¿Qué es lo de Dios?

El evangelio de hoy termina con la frase de Jesús "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" … la cual nos debe llevar a reflexionar y aclarar “qué es lo de Dios”, y qué es lo del mundo, actuales Cesares, que dirigen y gobiernan…

Hoy, los que mueven los hilos “del mundo” (o pequeños mundos: casa, trabajo, colonia, ciudad, estado o país), cuando son guiados por el mal espíritu, compran gente (como si fueran una cosa) y manipulan información para su beneficio propio y, a la vez,  desvían nuestra atención de lo que es importante y nos conviene como seres humanos.

El mal del mundo, con su estrategia de mentiras y engaños, quiere controlarnos y alejarnos del deseo de Dios para nosotros: que salvemos nuestra vida, seamos libres y con ello podamos tener una vida que valga la pena vivir. Podemos caer en la trampa, cuando no conocemos la verdad.

Jesús, nos muestra como “descubrir” el engaño del mal, para evitar ser sometidos y que se adueñen de nosotros… de aquí la afirmación “a Dios, lo que es de Dios”: El ser humano, es de Dios, quien lo creo.

En los Ejercicios Espirituales ignacianos, en el Principio y Fundamento, San Ignacio dice: “El hombre (y mujer) es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y con esto salvar su alma”… o sea, somos creaturas que venimos de Él y a Él vamos, y ese es nuestro sentido de vida: Somos de Dios.

Vamos a Dios, nos unimos Él, en cuanto “alabamos” la creación de Dios, en las relaciones interpersonales fraternas, de gratuidad, … con “respeto” a los demás, sin chantajes, ni manipulaciones, ni imposiciones de mis criterios… en un “servicio” a las personas, echando una mano, sin abrumar, para ayudar a que avancen y crezcan en libertad…

Si bien necesitamos de un “gobierno civil”, para que organice y administre recursos, para el bien común, no le pertenecemos. Somos de Dios. Él nos ha escogido, “nos llama por nuestro nombre”, “se nos da a conocer, como nuestro Señor” (cfr. Is 45, 1.4-6), “nos gobierna con justicia” (Sal 95), y al conocerlo y vivir sus enseñanzas, “daremos frutos de fe, gracias a la fuerza del Espíritu Santo” (cfr 1 Tes 1, 1-5).

¿Cómo le doy su lugar a Dios?... ¿Cómo evitar el adueñarnos de los demás?... ¿Cómo alabar, reverenciar y servir a Dios, en las personas?


Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XXIX Domingo de Tiempo Ordinario –A– (Profundizar)

 XXIX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 18, 2026 
Isaίas 45, 1. 4-6 / Salmo 95 / 1 Tesalonicenses 1, 1-5

Evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.

Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: "Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?"

Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: "Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo". Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: "¿De quién es esta imagen y esta inscripción?" Le respondieron: "Del César". Y Jesús concluyó: "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia
Hernán Quezada, SJ 

«Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», escuchamos exclamar a Jesús en el Evangelio ante la trampa que le ponen unos hombres que, queda claro, no actúan como «de Dios». Esta frase suele citarse con frecuencia e injusticia para indicarnos que a los «de Dios» no habrían de importarnos los asuntos «del César». Pero la frase en su contexto tiene mucha más profundidad y hoy puede plantearnos una cuestión sobre nuestra pertenencia: ¿De quién somos? ¿Cuál es la marca que nos da identidad y pertenencia? ¿Somos de Dios o somos del César?

Los fariseos, nos dice el Evangelio, están marcados por la malicia y son llamados por Jesús hipócritas; mientras que los tesalonicenses están marcados por obras que manifiestan su fe, trabajos fatigosos que emprenden por amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo.

Pidamos al Señor que no seamos moneda del mundo, sino hijos de Dios, de esos capaces de la esperanza en tiempos de complicación, de esos audaces que, llenos de amor, son capaces de colaborar en la misión de Dios.

#FelizDomingo

“Cuando oyeron esto, se quedaron admirados”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 En la Biblioteca Mario Valenzuela, que contiene la colección de libros de la Comunidad de Profesores María Inmaculada, de la Compañía de Jesús en Colombia, y que actualmente está en el edificio Pedro Arrupe de la Universidad Javeriana, hay una vitrina en la que se expone una hermosísima colección de arqueología bíblica. Son objetos de gran valor, encontrados en Tierra Santa por el P. Gustavo Baena, SJ. Uno de los objetos que más me llamó la atención la primera vez que vi esta colección fue una moneda que tiene grabado un rostro y una inscripción: “TI CLAUDIUS CAESAR AUG PM TRUMPH”. Afortunadamente, junto a la moneda, hay una explicación de su origen y la traducción de su inscripción: “Tiberio Claudio César Augusto Pontífice Máximo Triunfador”. Es una moneda en bronce de la época de la dominación de Judea bajo Tiberio César, Emperador romano desde el año 14 al 37 de nuestra era, justamente la época de la vida de Jesús.

Después de las tres parábolas que hemos leído durante los domingos anteriores que, desde luego, habían movido el piso de los jefes de los sacerdotes y los ancianos del templo, vienen dos escenas en las que Mateo quiere resaltar la forma como los fariseos primero, y los saduceos después, tienden sendas trampas a Jesús para tener cómo acusarlo delante de las autoridades romanas y judías, respectivamente.

Mateo nos cuenta hoy cómo “los fariseos fueron y se pusieron de acuerdo para hacerle decir a Jesús algo que les diera motivo para acusarlo. Así que mandaron a algunos de sus partidarios, junto con otros del partido de Herodes, a decirle: – Maestro, sabemos que tú dices la verdad, y que enseñas de veras a vivir como Dios exige, sin dejarte llevar por lo que diga la gente, porque no juzgas a los hombres por su apariencia. Danos, pues tu opinión: ¿Está bien que paguemos impuestos al emperador romano, o no?”

Si Jesús dice que está bien pagar impuestos al emperador romano, sería acusado por los que rechazaban la dominación romana y reclamaban la independencia política y religiosa judía, que eran muy radicales y, en algunos casos, violentos... Si dice que no se deben pagar los impuestos al imperio, sería detenido y castigado por los invasores... No era fácil la coyuntura. Pero Jesús, que, como dicen los españoles, no tenía ni un pelo de tonto, “dándose cuenta de la mala intención que llevaban, les dijo: – Hipócritas, ¿por qué me tienden trampas? Enséñenme la moneda con que se paga el impuesto. Le trajeron un denario, y Jesús les preguntó: ¿De quién es esta cara y el nombre que aquí está escrito?”

Evidentemente, el que estaba allí retratado era el César. Y Jesús les dice la famosa frase que hoy se sigue utilizando a nivel popular: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Nadie le había preguntado por Dios, pero Jesús les recuerda que sus compromisos políticos no los exime de su compromiso con Dios, que debe estar por encima de todo lo demás. Desde luego, “cuando oyeron esto, se quedaron admirados; y dejándolo, se fueron”. La moneda que está en la Biblioteca Mario Valenzuela nos recuerda hoy la pregunta de Jesús: ¿Le estamos dando a Dios lo que es suyo?

SOLO PERTENECEMOS A DIOS

José Antonio Pagola

«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Estas palabras de Jesús han sido utilizadas con frecuencia para establecer una frontera clara entre lo político y lo religioso, y defender así la autonomía absoluta del Estado ante cualquier interpelación hecha desde la fe.

Según esta interpretación, Jesús habría colocado al hombre, por una parte, ante unas obligaciones de carácter cívico-político y, por otra, ante una interpelación religiosa. Como si el hombre tuviera que responder de los asuntos sociopolíticos ante el poder político y de los asuntos religiosos ante Dios.

La intención de Jesús no es esa. El acento de sus palabras está en la parte final. Le han preguntado insidiosamente por el problema de los tributos y Jesús resuelve prontamente el problema. Si manejan moneda que pertenece al César, habrán de someterse a las consecuencias que ello implica. Pero Jesús introduce una idea nueva que no aparecía en la pregunta de los adversarios.

De forma inesperada introduce a Dios en el planteamiento. La imagen de la moneda pertenece al César, pero los hombres no han de olvidar que llevan en sí mismos la imagen de Dios y, por lo tanto, solo le pertenecen a él. Así lo afirmaba la tradición bíblica. Es entonces cuando podemos captar el pensamiento de Jesús. «Dad al César lo que le pertenece a él, pero no olvidéis que vosotros mismos pertenecéis a Dios».

Para Jesús, el César y Dios no son dos autoridades de rango semejante que se han de repartir la sumisión de los hombres. Dios está por encima de cualquier César, y este no puede nunca exigir lo que pertenece a Dios.

En unos tiempos en que crece el poder del Estado y a los ciudadanos les resulta cada vez más difícil defender su libertad en medio de una sociedad, donde casi todo está dirigido y controlado, los creyentes no hemos de dejarnos robar nuestra conciencia y nuestra libertad por ningún poder.

Hemos de cumplir con honradez nuestros deberes ciudadanos, pero no hemos de dejarnos modelar ni dirigir por ningún poder que nos enfrente con las exigencias fundamentales del reino de Dios.

No hay un Dios-césar ni un césar-Dios

Fray Marcos

Los jefes comprendieron que las parábolas ‘obreros de última hora’, ‘hermanos mandados a la viña’ y banquete de boda se referían a ellos. Contraatacan con tres preguntas que intentan tenderle una trampa: ‘el tributo al César’, ‘la resurrección de los muertos’ y ‘cuál es el primer mandamiento’, que leeremos el próximo domingo.

Merece atención el texto del segundo Isaías que hemos leído. Es muy interesante, porque es la primera vez que la Biblia habla de un único Dios. Estamos a mediados del s. VI a. C., y hasta ese momento, Israel tenía su Dios, pero no ponía en cuestión que otros pueblos tuvieran sus propios dioses. Esto no lo hemos tenido nunca claro.

Jesús contesta a lo que no le habían preguntado. No se mete en política, pero apunta a una actitud vital que supere la disyuntiva. Una nefasta interpretación dio argumentos para apoyar el maniqueísmo. Seguimos entendiendo la frase como una oposición entre lo religioso y lo profano; hoy entre Iglesia y Estado. Se trata de una falta de perspectiva.

Cuando se instauró la monarquía al rey se le consideró como un representante de Dios (hijo de Dios), sin ningún poder al margen del conferido por su divinidad. En la pregunta, los fariseos no piensan en una confrontación entre el poder religioso y el poder civil, sino entre su Dios y el César divinizado. La moneda es clave para entender la respuesta.

TI (berius) CAESAR DIVI AUG (usti) F(ilius) AUGUSTUS: PONTIF (ex) MAXIM (us)

Tiberio César, glorioso hijo del divino Augusto // sumo pontífice

Se cuestiona si un judío tiene que aceptar la soberanía del César o seguir teniendo a Dios como único soberano. Con su respuesta, Jesús no está proponiendo una separación del mundo civil y el religioso. En tiempo de Jesús tal cosa era impensable. No hay base alguna para convertir la religión en una especulación de sacristía sin influencia en la vida.

Fariseos y herodianos, enemigos irreconciliables, se unen contra Jesús. Los fariseos eran contrarios a la ocupación. Los herodianos eran partidarios del poder de Roma. La pregunta era una trampa. Si decía que no, se ponía en contra de Roma. Si decía sí, los fariseos podían acusarlo de antijudaísmo, porque se ponía en contra del sentir del pueblo.

El verbo que emplea Jesús, "apodídômi", no significa dar, sino devolver. Los fariseos emplean (dídomi), que sí significa “dar”. Una pista para comprender la respuesta. Estaban contra el César, pero utilizaban su moneda. Un judío debía renunciar a utilizar el dinero de Roma. Les hace ver que ya han contestado, pues aceptan la soberanía de Roma.

Si el hombre es imagen de Dios, hay que devolver a Dios lo que se le ha arrebatado, el hombre. La moneda que representa al César tiene un valor relativo, pero el hombre tiene un valor absoluto. Jesús no pone al mismo nivel a Dios y al César, sino que toma claro partido por Dios. El hombre como valor supremo es la clave de su mensaje.

Jesús dice que el César no es Dios, pero no hemos dudado en convertir a Dios en un César (he leído en una homilía). No es fácil asimilar que tampoco Dios es un César.

 

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – A – (Reflexión)

 XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 11, 2026 
Isaίas 25, 6-10 / Salmo 22 / Filipenses 4, 12-14.19-20


La Palabra de este domingo, nos invita a reconocer y agradecer al Señor, que siempre está atento a nuestras necesidades, para que tengamos una vida plena, que valga la pena vivir …

Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

Reflexión:

¿Acepto la invitación a gozar del Reino?

Con una analogía más, Jesús nos explica a qué se parece el Reino de su Padre: a una fiesta de un banquete de boda … en el cual podemos estar todos, si aceptamos la invitación.

Cuando conozco a la familia y/o a los novios, es “normal” que asistamos, cuando nos invitan, y estemos contentos con ellos, acompañando a los novios que inician una vida nueva; nos unimos y gozamos con ellos, en su alegría, con la convivencia, la comida y la fiesta… ¡todos queremos ir y gozar en la fiesta!

Pero, no todos aceptan la invitación, unos por no quieren, otros no pueden o no les interesa asistir. Así estamos hoy también, con la invitación que Jesús nos hace para “ser felices”, “tener una vida plena” o “gozar la vida”… no todos le hacemos caso a su “invitación” a vivir y gozar de la vida, a su manera.

Como que no le creemos a Jesús, que su “buena noticia” es para que, al hacerla realidad en nuestra vida ordinaria, seamos felices. Eso es lo que Dios quiere para nosotros, que seamos felices. La Buena Nueva de Jesús el “festín con platillos suculentos para todos… es alegría y gozo … ” (cfr. Is 25, 6-10)

Cuando pedimos en la oración del Padrenuestro, “que venga a nosotros tu Reino”, implica de nuestra parte, aceptar su invitación a estar con el Señor, habitando en su Casa, participando de su fiesta; es dejarme amar por Él, ponerme en sus manos, dejarme abrazar y cuidar por Él (cfr. Sal 22).

Pero, otro pero, participar del deseo de Dios, “de su fiesta”, requiere de cada uno, estar dispuestos a llevar “el traje adecuado”, es decir revestirnos de Cristo: que sus enseñanzas, principios y valores guíen nuestra vida, para ambientar con su fraternidad, justicia y paz, mi vida y la de los demás.

Por tanto, ser parte del Reino de Dios, es que reine en mí, en mi corazón, el amor generoso, compasivo, inclusivo y compartido, del Padre, que solo desea el bien de todos y cada uno.

¿Qué necesito para poder participar dignamente del banquete?... ¿Cómo se nota que he aceptado la invitación a vivir en Reino del Padre?... ¿A quiénes podría yo invitar a la fiesta del Señor?

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 11, 2026 
Isaίas 25, 6-10 / Salmo 22 / Filipenses 4, 12-14.19-20

Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

   #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“Inviten a la boda a todos los que encuentren”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 Diana, la condesa de Belflor y Teodoro, son los protagonistas de El perro del hortelano, comedia de Lope de Vega que Pilar Miró, directora de cine española, llevó a la pantalla pocos años antes de morir. Lope de Vega recoge en esta comedia una de las realidades humanas más paradójicas.

Diana se enamora perdidamente de Teodoro, su secretario, pero sabe que es un amor imposible, porque los separa una distancia insalvable de cuna: la una, perteneciente a la alta nobleza, y el otro, un simple plebeyo. La condesa de Belflor no se atreve a expresar, sino de modo muy sutil, su afecto. Pero cuando ve que Teodoro busca a una mujer de su estirpe para establecer un hogar, Diana manifiesta, sin manifestar, sus sentimientos por Teodoro y lo seduce. Sin embargo, cuando ha logrado que Teodoro abandone a su prometida, y abrigue la esperanza de un amor que parecía imposible, Diana vuelve a tomar la distancia que le signó su nobleza. No alargo el cuento, porque la comedia se desarrolla en el ir y venir de los afectos, que nunca se encuentran. Seducciones y rechazos, atracciones y distancias.

La parábola que Jesús cuenta a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos, en el templo de Jerusalén, refleja esta misma realidad humana. Los invitados a la fiesta de bodas no aceptan la convocatoria y desprecian la invitación a unirse a la alegría del rey el día del matrimonio de su hijo. Esto es lo que motiva al rey a ordenar a sus criados que vayan “a las calles principales, e inviten a la boda a todos los que encuentren”. Dice Jesús que “los criados salieron a las calles y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y así la sala se llenó de gente”. Pero, desde luego, es importante estar dispuestos para la fiesta; esto es lo que explica la reacción del rey con el que no iba vestido con traje de boda.

Los dueños de la religión y de la fe, en la época de Jesús, ni aceptaban ellos mismos la oferta de la salvación, ni dejaban que otros la aceptaran; en lugar de ser mediadores entre Dios y los hombres, se convertían en obstáculos para este encuentro. Por eso Dios se ve obligado a extender su invitación a todos los pueblos, a todas las gentes que quieran acoger este llamado, malos y buenos.

Tal vez hoy también nos pase un poco de lo mismo. Somos invitados por Dios al banquete del reino, pero muchas veces tenemos excelentes disculpas para no participar de la fiesta de Dios; y fácilmente nos podemos convertir en obstáculos para que otros se encuentren con Dios. No nos contentamos con despreciar la invitación, sino que, además, impedimos que otros vayan a la fiesta. Mejor dicho, nos pasa como al perro del hortelano, que ni come, ni deja comer...

LA INVITACIÓN DE DIOS

José Antonio Pagola

Al parecer, la parábola del banquete fue muy popular entre las primeras generaciones cristianas, y ha quedado recogida en Lucas, Mateo e incluso en el evangelio apócrifo de Tomás. Las versiones son tan diferentes y las aplicaciones que se extraen tan diversas que solo nos podemos aproximar a los elementos esenciales del relato original.

Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos, pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plena. Esta fue ciertamente una de las imágenes más queridas por Jesús para «sugerir» el final último de la historia humana. No se contentaba solo con decirlo con palabras. Se sentaba a la mesa con todos, y comía hasta con pecadores e indeseables, pues quería que todos pudieran ver plásticamente algo de lo que Dios deseaba llevar a cabo.

Por eso Jesús entendió su vida como una gran invitación en nombre de Dios. No imponía nada, no presionaba a nadie. Anunciaba la buena noticia de Dios, despertaba la confianza en el Padre, quitaba los miedos, encendía la alegría y el deseo de Dios. A todos debía llegar su invitación, sobre todo a los más necesitados de esperanza.

Jesús era realista. Sabía que la invitación podía ser rechazada. En la versión de Mateo se describen diversas reacciones. Unos la rechazan de manera consciente: «No quisieron ir». Otros responden con la indiferencia: «No hicieron caso». Les importan más sus tierras y negocios. Hubo quienes reaccionaron de manera hostil contra los criados.

Son muchos los que ya no escuchan llamada alguna de Dios. Les basta con responder de sí mismos ante sí mismos. Sin ser tal vez muy conscientes de ello, viven una existencia «solitaria», encerrados en un monólogo perpetuo consigo mismos. El riesgo siempre es el mismo: vivir cada día más sordos a toda llamada que pueda transformar de raíz su vida.

Tal vez una de las tareas más importantes de la Iglesia sea hoy crear espacios y facilitar experiencias donde las personas puedan escuchar de manera sencilla, transparente y gozosa la invitación de Dios proclamada en el evangelio de Jesús.

DAMOS MIL EXCUSAS PARA NO ACEPTAR EL REINO

Fray Marcos

El domingo pasado el símbolo era la viña, hoy la imagen es el banquete. Es un relato polémico que acusa a los dirigentes judíos de haber rechazado la oferta de salvación que Dios hace por medio de Jesús. El relato intenta superar el trauma de la separación de la religión judía y advertir del peligro de repetir los mismos errores en la comunidad.

El texto de Is es una joya. El profeta tiene que hablar a un pueblo que atraviesa la peor crisis de su historia. Lo hace con una visión de futuro muy lúcida. Habla de manjares enjundiosos y vinos generosos, de quitar el luto de todos los pueblos, de alejar el oprobio y enjugar las lágrimas de todos los rostros, de aniquilar la muerte.

Bella oferta para un pueblo hundido en la miseria. Se trata de una salvación total por parte de un Dios en quien confía el profeta a pesar de las circunstancias adversas. Dios salva a todos. Apuntado, porque también allí se ponen condiciones: los que no son judíos se ven obligados a venir a “este” monte (Jerusalén) para encontrar salvación.

El banquete es una imagen muy repetida en el AT. Para Jesús significa el Reino de Dios. Para los que pasan hambre diariamente, es una ocasión única para quitar las penas. El banquete de boda era la única ocasión que tenía el pueblo de celebrar una fiesta. Se trata de una metáfora para indicar que Dios está con el pueblo.

Los primeros invitados son los jefes religiosos judíos que se negaron a aceptar el mensaje de Jesús. El prender fuego a la ciudad hace una alusión clara a la destrucción de Jerusalén. Los nuevos invitados son todos los seres humanos, sin importar ni raza ni condición social y, lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos.

El Dios de Jesús no es un señor que monta en cólera y manda acabar con aquellos asesinos. Esto no tiene nada que ver con la idea que Jesús tiene de Dios, pero responde muy bien al Dios del AT que a su vez refleja la manera de ser del hombre. Nos sentimos más a gusto con el Dios que premia y castiga que con el de Jesús.

Tampoco el añadido del individuo que no llevaba traje de fiesta tiene mucho que ver con el evangelio. Si salen a los cruces de los caminos para obligar a toda la gente que encuentren, ¿qué sentido tiene que se le exija un vestido de boda? La intención del evangelista es buena, pero se ha entendido literalmente y nos ha despistado.

El texto quiere evitar malas interpretaciones de la pertenencia a la comunidad. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar las ventajas sin vivir de acuerdo con el evangelio. No basta pertenecer a una comunidad. Solo el que de verdad se revista de Cristo (Pablo) puede estar seguro de entrar en el Reino.

Cuando el texto dice que los primeros invitados no se lo merecían, tiene razón, pero existe el peligro grave de creer que los llamados en segunda convocatoria lo merecían. El centro del mensaje del evangelio está en que invitan a todos: malos y buenos. Seguimos creyéndonos los elegidos, los privilegiados, los buenos con derecho a excluir.

Ojo a los motivos de los primeros invitados para rechazar la oferta. La llamada a una vida en profundidad queda ofuscada, entonces y ahora, por el hedonismo. Los cantos de sirenas de los placeres inmediatos son más persuasivos que las posibilidades de plenitud que podíamos desplegar desde nuestro ser más profundo.

No puede haber banquete, no puede haber alegría, si alguno de los invitados tiene motivos para llorar. Solamente cuando hayan desaparecido las lágrimas de todos los rostros, podremos sentarnos a celebrar la gran fiesta. La realidad de nuestro mundo nos muestra muchas lágrimas y sufrimiento causados por nuestro egoísmo.

XXX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

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