jueves, 15 de octubre de 2026

XXIX Domingo de Tiempo Ordinario – A – (Reflexión)

 XXIX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 18, 2026 
Isaίas 45, 1. 4-6 / Salmo 95 / 1 Tesalonicenses 1, 1-5

En este domingo, recordamos como el Señor nos llama para colaborar en Él, para que lo hagamos presente, con la fuerza del Espíritu Santo, ahí, dónde andamos en la vida diaria …

Evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.

Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: "Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?"

Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: "Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo". Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: "¿De quién es esta imagen y esta inscripción?" Le respondieron: "Del César". Y Jesús concluyó: "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".

 

Reflexión:

¿Qué es lo de Dios?

El evangelio de hoy termina con la frase de Jesús "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" … la cual nos debe llevar a reflexionar y aclarar “qué es lo de Dios”, y qué es lo del mundo, actuales Cesares, que dirigen y gobiernan…

Hoy, los que mueven los hilos “del mundo” (o pequeños mundos: casa, trabajo, colonia, ciudad, estado o país), cuando son guiados por el mal espíritu, compran gente (como si fueran una cosa) y manipulan información para su beneficio propio y, a la vez,  desvían nuestra atención de lo que es importante y nos conviene como seres humanos.

El mal del mundo, con su estrategia de mentiras y engaños, quiere controlarnos y alejarnos del deseo de Dios para nosotros: que salvemos nuestra vida, seamos libres y con ello podamos tener una vida que valga la pena vivir. Podemos caer en la trampa, cuando no conocemos la verdad.

Jesús, nos muestra como “descubrir” el engaño del mal, para evitar ser sometidos y que se adueñen de nosotros… de aquí la afirmación “a Dios, lo que es de Dios”: El ser humano, es de Dios, quien lo creo.

En los Ejercicios Espirituales ignacianos, en el Principio y Fundamento, San Ignacio dice: “El hombre (y mujer) es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y con esto salvar su alma”… o sea, somos creaturas que venimos de Él y a Él vamos, y ese es nuestro sentido de vida: Somos de Dios.

Vamos a Dios, nos unimos Él, en cuanto “alabamos” la creación de Dios, en las relaciones interpersonales fraternas, de gratuidad, … con “respeto” a los demás, sin chantajes, ni manipulaciones, ni imposiciones de mis criterios… en un “servicio” a las personas, echando una mano, sin abrumar, para ayudar a que avancen y crezcan en libertad…

Si bien necesitamos de un “gobierno civil”, para que organice y administre recursos, para el bien común, no le pertenecemos. Somos de Dios. Él nos ha escogido, “nos llama por nuestro nombre”, “se nos da a conocer, como nuestro Señor” (cfr. Is 45, 1.4-6), “nos gobierna con justicia” (Sal 95), y al conocerlo y vivir sus enseñanzas, “daremos frutos de fe, gracias a la fuerza del Espíritu Santo” (cfr 1 Tes 1, 1-5).

¿Cómo le doy su lugar a Dios?... ¿Cómo evitar el adueñarnos de los demás?... ¿Cómo alabar, reverenciar y servir a Dios, en las personas?


Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XXIX Domingo de Tiempo Ordinario –A– (Profundizar)

 XXIX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 18, 2026 
Isaίas 45, 1. 4-6 / Salmo 95 / 1 Tesalonicenses 1, 1-5

Evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.

Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: "Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?"

Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: "Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo". Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: "¿De quién es esta imagen y esta inscripción?" Le respondieron: "Del César". Y Jesús concluyó: "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

SOLO PERTENECEMOS A DIOS

José Antonio Pagola

«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Estas palabras de Jesús han sido utilizadas con frecuencia para establecer una frontera clara entre lo político y lo religioso, y defender así la autonomía absoluta del Estado ante cualquier interpelación hecha desde la fe.

Según esta interpretación, Jesús habría colocado al hombre, por una parte, ante unas obligaciones de carácter cívico-político y, por otra, ante una interpelación religiosa. Como si el hombre tuviera que responder de los asuntos sociopolíticos ante el poder político y de los asuntos religiosos ante Dios.

La intención de Jesús no es esa. El acento de sus palabras está en la parte final. Le han preguntado insidiosamente por el problema de los tributos y Jesús resuelve prontamente el problema. Si manejan moneda que pertenece al César, habrán de someterse a las consecuencias que ello implica. Pero Jesús introduce una idea nueva que no aparecía en la pregunta de los adversarios.

De forma inesperada introduce a Dios en el planteamiento. La imagen de la moneda pertenece al César, pero los hombres no han de olvidar que llevan en sí mismos la imagen de Dios y, por lo tanto, solo le pertenecen a él. Así lo afirmaba la tradición bíblica. Es entonces cuando podemos captar el pensamiento de Jesús. «Dad al César lo que le pertenece a él, pero no olvidéis que vosotros mismos pertenecéis a Dios».

Para Jesús, el César y Dios no son dos autoridades de rango semejante que se han de repartir la sumisión de los hombres. Dios está por encima de cualquier César, y este no puede nunca exigir lo que pertenece a Dios.

En unos tiempos en que crece el poder del Estado y a los ciudadanos les resulta cada vez más difícil defender su libertad en medio de una sociedad, donde casi todo está dirigido y controlado, los creyentes no hemos de dejarnos robar nuestra conciencia y nuestra libertad por ningún poder.

Hemos de cumplir con honradez nuestros deberes ciudadanos, pero no hemos de dejarnos modelar ni dirigir por ningún poder que nos enfrente con las exigencias fundamentales del reino de Dios.

No hay un Dios-césar ni un césar-Dios

Fray Marcos

Los jefes comprendieron que las parábolas ‘obreros de última hora’, ‘hermanos mandados a la viña’ y banquete de boda se referían a ellos. Contraatacan con tres preguntas que intentan tenderle una trampa: ‘el tributo al César’, ‘la resurrección de los muertos’ y ‘cuál es el primer mandamiento’, que leeremos el próximo domingo.

Merece atención el texto del segundo Isaías que hemos leído. Es muy interesante, porque es la primera vez que la Biblia habla de un único Dios. Estamos a mediados del s. VI a. C., y hasta ese momento, Israel tenía su Dios, pero no ponía en cuestión que otros pueblos tuvieran sus propios dioses. Esto no lo hemos tenido nunca claro.

Jesús contesta a lo que no le habían preguntado. No se mete en política, pero apunta a una actitud vital que supere la disyuntiva. Una nefasta interpretación dio argumentos para apoyar el maniqueísmo. Seguimos entendiendo la frase como una oposición entre lo religioso y lo profano; hoy entre Iglesia y Estado. Se trata de una falta de perspectiva.

Cuando se instauró la monarquía al rey se le consideró como un representante de Dios (hijo de Dios), sin ningún poder al margen del conferido por su divinidad. En la pregunta, los fariseos no piensan en una confrontación entre el poder religioso y el poder civil, sino entre su Dios y el César divinizado. La moneda es clave para entender la respuesta.

TI (berius) CAESAR DIVI AUG (usti) F(ilius) AUGUSTUS: PONTIF (ex) MAXIM (us)

Tiberio César, glorioso hijo del divino Augusto // sumo pontífice

Se cuestiona si un judío tiene que aceptar la soberanía del César o seguir teniendo a Dios como único soberano. Con su respuesta, Jesús no está proponiendo una separación del mundo civil y el religioso. En tiempo de Jesús tal cosa era impensable. No hay base alguna para convertir la religión en una especulación de sacristía sin influencia en la vida.

Fariseos y herodianos, enemigos irreconciliables, se unen contra Jesús. Los fariseos eran contrarios a la ocupación. Los herodianos eran partidarios del poder de Roma. La pregunta era una trampa. Si decía que no, se ponía en contra de Roma. Si decía sí, los fariseos podían acusarlo de antijudaísmo, porque se ponía en contra del sentir del pueblo.

El verbo que emplea Jesús, "apodídômi", no significa dar, sino devolver. Los fariseos emplean (dídomi), que sí significa “dar”. Una pista para comprender la respuesta. Estaban contra el César, pero utilizaban su moneda. Un judío debía renunciar a utilizar el dinero de Roma. Les hace ver que ya han contestado, pues aceptan la soberanía de Roma.

Si el hombre es imagen de Dios, hay que devolver a Dios lo que se le ha arrebatado, el hombre. La moneda que representa al César tiene un valor relativo, pero el hombre tiene un valor absoluto. Jesús no pone al mismo nivel a Dios y al César, sino que toma claro partido por Dios. El hombre como valor supremo es la clave de su mensaje.

Jesús dice que el César no es Dios, pero no hemos dudado en convertir a Dios en un César (he leído en una homilía). No es fácil asimilar que tampoco Dios es un César.

 

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – A – (Reflexión)

 XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 11, 2026 
Isaίas 25, 6-10 / Salmo 22 / Filipenses 4, 12-14.19-20


La Palabra de este domingo, nos invita a reconocer y agradecer al Señor, que siempre está atento a nuestras necesidades, para que tengamos una vida plena, que valga la pena vivir …

Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

Reflexión:

¿Acepto la invitación a gozar del Reino?

Con una analogía más, Jesús nos explica a qué se parece el Reino de su Padre: a una fiesta de un banquete de boda … en el cual podemos estar todos, si aceptamos la invitación.

Cuando conozco a la familia y/o a los novios, es “normal” que asistamos, cuando nos invitan, y estemos contentos con ellos, acompañando a los novios que inician una vida nueva; nos unimos y gozamos con ellos, en su alegría, con la convivencia, la comida y la fiesta… ¡todos queremos ir y gozar en la fiesta!

Pero, no todos aceptan la invitación, unos por no quieren, otros no pueden o no les interesa asistir. Así estamos hoy también, con la invitación que Jesús nos hace para “ser felices”, “tener una vida plena” o “gozar la vida”… no todos le hacemos caso a su “invitación” a vivir y gozar de la vida, a su manera.

Como que no le creemos a Jesús, que su “buena noticia” es para que, al hacerla realidad en nuestra vida ordinaria, seamos felices. Eso es lo que Dios quiere para nosotros, que seamos felices. La Buena Nueva de Jesús el “festín con platillos suculentos para todos… es alegría y gozo … ” (cfr. Is 25, 6-10)

Cuando pedimos en la oración del Padrenuestro, “que venga a nosotros tu Reino”, implica de nuestra parte, aceptar su invitación a estar con el Señor, habitando en su Casa, participando de su fiesta; es dejarme amar por Él, ponerme en sus manos, dejarme abrazar y cuidar por Él (cfr. Sal 22).

Pero, otro pero, participar del deseo de Dios, “de su fiesta”, requiere de cada uno, estar dispuestos a llevar “el traje adecuado”, es decir revestirnos de Cristo: que sus enseñanzas, principios y valores guíen nuestra vida, para ambientar con su fraternidad, justicia y paz, mi vida y la de los demás.

Por tanto, ser parte del Reino de Dios, es que reine en mí, en mi corazón, el amor generoso, compasivo, inclusivo y compartido, del Padre, que solo desea el bien de todos y cada uno.

¿Qué necesito para poder participar dignamente del banquete?... ¿Cómo se nota que he aceptado la invitación a vivir en Reino del Padre?... ¿A quiénes podría yo invitar a la fiesta del Señor?

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 11, 2026 
Isaίas 25, 6-10 / Salmo 22 / Filipenses 4, 12-14.19-20

Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

   #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“Inviten a la boda a todos los que encuentren”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 Diana, la condesa de Belflor y Teodoro, son los protagonistas de El perro del hortelano, comedia de Lope de Vega que Pilar Miró, directora de cine española, llevó a la pantalla pocos años antes de morir. Lope de Vega recoge en esta comedia una de las realidades humanas más paradójicas.

Diana se enamora perdidamente de Teodoro, su secretario, pero sabe que es un amor imposible, porque los separa una distancia insalvable de cuna: la una, perteneciente a la alta nobleza, y el otro, un simple plebeyo. La condesa de Belflor no se atreve a expresar, sino de modo muy sutil, su afecto. Pero cuando ve que Teodoro busca a una mujer de su estirpe para establecer un hogar, Diana manifiesta, sin manifestar, sus sentimientos por Teodoro y lo seduce. Sin embargo, cuando ha logrado que Teodoro abandone a su prometida, y abrigue la esperanza de un amor que parecía imposible, Diana vuelve a tomar la distancia que le signó su nobleza. No alargo el cuento, porque la comedia se desarrolla en el ir y venir de los afectos, que nunca se encuentran. Seducciones y rechazos, atracciones y distancias.

La parábola que Jesús cuenta a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos, en el templo de Jerusalén, refleja esta misma realidad humana. Los invitados a la fiesta de bodas no aceptan la convocatoria y desprecian la invitación a unirse a la alegría del rey el día del matrimonio de su hijo. Esto es lo que motiva al rey a ordenar a sus criados que vayan “a las calles principales, e inviten a la boda a todos los que encuentren”. Dice Jesús que “los criados salieron a las calles y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y así la sala se llenó de gente”. Pero, desde luego, es importante estar dispuestos para la fiesta; esto es lo que explica la reacción del rey con el que no iba vestido con traje de boda.

Los dueños de la religión y de la fe, en la época de Jesús, ni aceptaban ellos mismos la oferta de la salvación, ni dejaban que otros la aceptaran; en lugar de ser mediadores entre Dios y los hombres, se convertían en obstáculos para este encuentro. Por eso Dios se ve obligado a extender su invitación a todos los pueblos, a todas las gentes que quieran acoger este llamado, malos y buenos.

Tal vez hoy también nos pase un poco de lo mismo. Somos invitados por Dios al banquete del reino, pero muchas veces tenemos excelentes disculpas para no participar de la fiesta de Dios; y fácilmente nos podemos convertir en obstáculos para que otros se encuentren con Dios. No nos contentamos con despreciar la invitación, sino que, además, impedimos que otros vayan a la fiesta. Mejor dicho, nos pasa como al perro del hortelano, que ni come, ni deja comer...

LA INVITACIÓN DE DIOS

José Antonio Pagola

Al parecer, la parábola del banquete fue muy popular entre las primeras generaciones cristianas, y ha quedado recogida en Lucas, Mateo e incluso en el evangelio apócrifo de Tomás. Las versiones son tan diferentes y las aplicaciones que se extraen tan diversas que solo nos podemos aproximar a los elementos esenciales del relato original.

Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos, pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plena. Esta fue ciertamente una de las imágenes más queridas por Jesús para «sugerir» el final último de la historia humana. No se contentaba solo con decirlo con palabras. Se sentaba a la mesa con todos, y comía hasta con pecadores e indeseables, pues quería que todos pudieran ver plásticamente algo de lo que Dios deseaba llevar a cabo.

Por eso Jesús entendió su vida como una gran invitación en nombre de Dios. No imponía nada, no presionaba a nadie. Anunciaba la buena noticia de Dios, despertaba la confianza en el Padre, quitaba los miedos, encendía la alegría y el deseo de Dios. A todos debía llegar su invitación, sobre todo a los más necesitados de esperanza.

Jesús era realista. Sabía que la invitación podía ser rechazada. En la versión de Mateo se describen diversas reacciones. Unos la rechazan de manera consciente: «No quisieron ir». Otros responden con la indiferencia: «No hicieron caso». Les importan más sus tierras y negocios. Hubo quienes reaccionaron de manera hostil contra los criados.

Son muchos los que ya no escuchan llamada alguna de Dios. Les basta con responder de sí mismos ante sí mismos. Sin ser tal vez muy conscientes de ello, viven una existencia «solitaria», encerrados en un monólogo perpetuo consigo mismos. El riesgo siempre es el mismo: vivir cada día más sordos a toda llamada que pueda transformar de raíz su vida.

Tal vez una de las tareas más importantes de la Iglesia sea hoy crear espacios y facilitar experiencias donde las personas puedan escuchar de manera sencilla, transparente y gozosa la invitación de Dios proclamada en el evangelio de Jesús.

DAMOS MIL EXCUSAS PARA NO ACEPTAR EL REINO

Fray Marcos

El domingo pasado el símbolo era la viña, hoy la imagen es el banquete. Es un relato polémico que acusa a los dirigentes judíos de haber rechazado la oferta de salvación que Dios hace por medio de Jesús. El relato intenta superar el trauma de la separación de la religión judía y advertir del peligro de repetir los mismos errores en la comunidad.

El texto de Is es una joya. El profeta tiene que hablar a un pueblo que atraviesa la peor crisis de su historia. Lo hace con una visión de futuro muy lúcida. Habla de manjares enjundiosos y vinos generosos, de quitar el luto de todos los pueblos, de alejar el oprobio y enjugar las lágrimas de todos los rostros, de aniquilar la muerte.

Bella oferta para un pueblo hundido en la miseria. Se trata de una salvación total por parte de un Dios en quien confía el profeta a pesar de las circunstancias adversas. Dios salva a todos. Apuntado, porque también allí se ponen condiciones: los que no son judíos se ven obligados a venir a “este” monte (Jerusalén) para encontrar salvación.

El banquete es una imagen muy repetida en el AT. Para Jesús significa el Reino de Dios. Para los que pasan hambre diariamente, es una ocasión única para quitar las penas. El banquete de boda era la única ocasión que tenía el pueblo de celebrar una fiesta. Se trata de una metáfora para indicar que Dios está con el pueblo.

Los primeros invitados son los jefes religiosos judíos que se negaron a aceptar el mensaje de Jesús. El prender fuego a la ciudad hace una alusión clara a la destrucción de Jerusalén. Los nuevos invitados son todos los seres humanos, sin importar ni raza ni condición social y, lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos.

El Dios de Jesús no es un señor que monta en cólera y manda acabar con aquellos asesinos. Esto no tiene nada que ver con la idea que Jesús tiene de Dios, pero responde muy bien al Dios del AT que a su vez refleja la manera de ser del hombre. Nos sentimos más a gusto con el Dios que premia y castiga que con el de Jesús.

Tampoco el añadido del individuo que no llevaba traje de fiesta tiene mucho que ver con el evangelio. Si salen a los cruces de los caminos para obligar a toda la gente que encuentren, ¿qué sentido tiene que se le exija un vestido de boda? La intención del evangelista es buena, pero se ha entendido literalmente y nos ha despistado.

El texto quiere evitar malas interpretaciones de la pertenencia a la comunidad. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar las ventajas sin vivir de acuerdo con el evangelio. No basta pertenecer a una comunidad. Solo el que de verdad se revista de Cristo (Pablo) puede estar seguro de entrar en el Reino.

Cuando el texto dice que los primeros invitados no se lo merecían, tiene razón, pero existe el peligro grave de creer que los llamados en segunda convocatoria lo merecían. El centro del mensaje del evangelio está en que invitan a todos: malos y buenos. Seguimos creyéndonos los elegidos, los privilegiados, los buenos con derecho a excluir.

Ojo a los motivos de los primeros invitados para rechazar la oferta. La llamada a una vida en profundidad queda ofuscada, entonces y ahora, por el hedonismo. Los cantos de sirenas de los placeres inmediatos son más persuasivos que las posibilidades de plenitud que podíamos desplegar desde nuestro ser más profundo.

No puede haber banquete, no puede haber alegría, si alguno de los invitados tiene motivos para llorar. Solamente cuando hayan desaparecido las lágrimas de todos los rostros, podremos sentarnos a celebrar la gran fiesta. La realidad de nuestro mundo nos muestra muchas lágrimas y sufrimiento causados por nuestro egoísmo.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

XXVII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 XXVII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 4, 2026 
Isaίas 5, 1-7 / Salmo 79 / Filipenses 4, 6-9

El evangelio de hoy, narra de una manera irónica, la historia del pueblo de Israel, que también es la nuestra como cristianos…

Evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: "Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?'' Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".

Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos''.

Reflexión:

¿Qué frutos del Reino doy?

La primera lectura y el evangelio nos describen muy bien actualmente, como vivimos en la sociedad: donde la inseguridad, violencia, abusos y egoísmo, parecen dominar; se da en todos los ambientes, familiares, laborares, comunitarios, políticos… personas y grupos queriendo sacar ventaja para beneficio propio.

Así es la viña que se describe en los textos de hoy, desde la mirada de nuestro Padre, creador de todo cuanto hay en este mundo, y quien nos ha arrendado / encargado todo para nuestro propio bien; sin embargo, al igual que en la narración, “ya nos consideramos dueños” de todo y de todos, incluso de la vida de los demás.

Ahí está el problema de los seres humanos, la voracidad y egoísmo nos impide poder convivir y disfrutar, todos,  de lo que el Señor nos ha previsto para vivir. Seguimos siendo como los “malos viñadores”, cerrados en “nuestro propio querer e interés”, ignorando que, de todo lo que gozamos, tan solo somos administradores…

Afortunadamente, el dueño de la viña (la vida), el Padre, es misericordioso con nosotros y más que destruir o quitarnos la viña, ha enviado (y lo sigue haciendo) mensajeros que nos recuerden como hacer realidad el deseo del Padre para nosotros, para que tengamos “una vida que valga la pena”. San Ignacio de Loyola, en los Ejercicios Espirituales ignacianos, en la contemplación de la Encarnación [106-107], ante la realidad del mal y el caos en el mundo, decide la Trinidad hacer redención, en el Hijo, Jesucristo.

La invitación personal es a, escuchar y aprender de Jesús, que nos muestra el camino para dar frutos de vida, en palabras de san Pablo, para que, “pidamos en oración, que la paz custodie nuestros corazones, apreciemos lo verdadero y noble, lo justo y puro, lo amable y honroso”, que es lo que nos permitía vivir en fraternidad y en paz, entre nosotros.

Esa manera de con-vivir, es lo que nos salva; es lograr el bien común, fruto de tener en nuestro corazón, como “piedra angular”, las enseñanzas de Jesús. ¡A ponerlas en práctica!

¿Cómo administrar lo que se me ha confiado, para el bien común?... ¿Qué frutos son urgentes, en mi familio y comunidad?... ¿De qué manera puedo producir frutos de bien?


Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XXVII Domingo de Tiempo Ordinario - Ciclo A - (Profundizar)

 XXVII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 4, 2026 
Isaίas 5, 1-7 / Salmo 79 / Filipenses 4, 6-9

Evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: "Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?'' Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".

Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

¿Por qué, si ponemos todo el esfuerzo, el cuidado y el amor, las cosas salen mal? Esa pregunta nos la presenta la primera lectura con la metáfora de un viñador que preparó la tierra, puso la semilla, cuidó de ella y, sin embargo, el fruto falló: «¿Por qué, cuando yo esperaba uvas dulces, dio uvas amargas?».

El relato parece ilustrarnos lo que sentimos en el corazón cuando nos damos cuenta de que los frutos que brotan no fueron «uvas dulces», sino cardos amargos. Esto que pensamos sobre nuestra frustración también podríamos pensarlo del corazón de Dios: Él, que nos ha creado, ¿qué siente cuando lo que brota de nuestro corazón no es lo que Él esperó?

Pero ¿qué hacemos? Pues lo mismo que hace Dios: seguir sembrando, sin dejar que nos aniquile la frustración. Y para ello llegan las palabras de san Pablo: «Presenten sus peticiones a Dios, sigan sembrando lo verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud; y el Dios de la paz estará con ustedes».

Unamos nuestras voces a la del salmista: «Ven a visitar tu viña».

#FelizDomingo

“¿Qué creen ustedes que hará con esos labradores?”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 Les presento hoy algunos datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que me parece que pueden ayudar a pensar algunas cosas. En primer lugar, algunas cifras sobre la evolución de la distribución de los ingresos en los últimos dos siglos:

En 1820: el 20% más rico ganaba 3 veces más que el 20% más pobre.

En 1870: el 20% más rico ganaba 7 veces más que el 20% más pobre.

En 1913: el 20% más rico ganaba 11 veces más que el 20% más pobre.

En 1960: el 20% más rico ganaba 30 veces más que el 20% más pobre.

En 1990: el 20% más rico ganaba 60 veces más que el 20% más pobre.

En 1997: el 20% más rico ganaba 74 veces más que el 20% más pobre.

En un informe del Banco Mundial (2016), se afirma que “La aritmética es brutalmente simple. Si menos de 100 personas controlan la misma cantidad de riqueza que los 3.500 millones más pobres del planeta, el resultado puede expresarse con una sola palabra: Desigualdad”.

Y podríamos ofrecer alguna información adicional sobre la situación general de los países: De los casi 7.800 millones de seres humanos que habitamos el planeta, aproximadamente 1.300 millones viven en el norte, en países industrializados, mientras que 6.500 millones vivimos en el sur en países pobres, o como eufemísticamente se les llamó durante algunos años, países en ‘vías de desarrollo’. Se calcula que el 25% de la población mundial, es decir 1.950 millones de personas viven por debajo de los niveles de pobreza. 670 millones son analfabetas y cerca de 2.000 millones de personas carece de agua potable. Mas de 2.800 millones sobreviven con menos de 2 dólares al día, de los cuales la mayoría habitan en América Latina, Asia y África.

Junto a esto, anualmente, las empresas japonesas gastan 35.000 millones de dólares en recreación. 50.000 millones de dólares se gastan en cigarrillos y 105.000 millones en bebidas alcohólicas los europeos. En el mundo se gastan 400.000 millones de dólares en drogas estupefacientes y 780.000 millones en gastos militares. Junto a esto, contrastan las tres cifras siguientes para garantizar el acceso a los servicios básicos en todos los países pobres: Bastarían 6.000 millones de dólares para garantizar la enseñanza básica. 9.000 millones para dar agua potable y saneamiento. 13.000 millones para ofrecer salud y nutrición básicas.

Aunque la parábola que nos cuenta Jesús este domingo está dirigida a los jefes de los sacerdotes, a los que Jesús quería cuestionar sobre su responsabilidad en el manejo de la obra de Dios, comparándolos con los labradores de una finca que les había alquilado un señor, estas cifras nos cuestionan como seres humanos, en la medida en que también a nosotros nos corresponde administrar correctamente este mundo, según la voluntad del Padre, que quiere que todos sus hijos tengan vida, y la tengan en abundancia.

En este contexto de desigualdad creciente, en el que los pobres han dejado de ser importantes para los dueños de este mundo, levantar la voz para reclamar justicia y denunciar el desorden establecido es un verdadero peligro. Como a los enviados por el dueño de la viña, los profetas de ayer y de hoy han sido asesinados, como fue asesinado el mismo Hijo de Dios. ¿Cuándo le daremos a Dios la debida cosecha?

EL PELIGRO DE AHOGAR LA VOZ DE LOS PROFETAS

José Antonio Pagola

Cuando el año 70 las tropas romanas destruyeron Jerusalén y el pueblo judío desapareció como nación, los cristianos hicieron una lectura terrible de este trágico hecho. Israel, aquel pueblo tan querido por Dios, no ha sabido responder a sus llamadas. Sus dirigentes religiosos han ido matando a los profetas enviados por él; han crucificado, por último, a su propio Hijo. Ahora, Dios los abandona y permite su destrucción: Israel será sustituido por la Iglesia cristiana.

Así leían los primeros cristianos la parábola de los «viñadores homicidas», dirigida por Jesús a los sumos sacerdotes de Israel. Los labradores encargados de cuidar la «viña del Señor» van matando uno tras otro a los criados que él les envía para recoger los frutos. Por último matan también al hijo del propietario, con la intención de suprimir al heredero y quedarse con la viña. El señor no puede hacer otra cosa que darles muerte y entregar su viña a otros labradores más fieles.

Esta parábola no fue recogida por los evangelistas para alimentar el orgullo de la Iglesia, nuevo Israel, frente al pueblo judío, derrotado por Roma y dispersado por todo el mundo. La preocupación era otra: ¿le puede suceder a la Iglesia cristiana lo mismo que le sucedió al antiguo Israel? ¿Puede defraudar las expectativas de Dios? Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, ¿qué caminos seguirá Dios para llevar a cabo sus planes de salvación?

El peligro siempre es el mismo. Israel se sentía seguro: tenían las Escrituras Sagradas; poseían el templo; se celebraba escrupulosamente el culto; se predicaba la Ley; se defendían las instituciones. No parecía necesario nada nuevo. Bastaba conservarlo todo en orden. Es lo más peligroso que le puede suceder a una religión: que se ahogue la voz de los profetas y que los sacerdotes, sintiéndose los dueños de la «viña del señor», quieran administrarla como propiedad suya.

Es también nuestro peligro. Pensar que la fidelidad de la Iglesia está garantizada por pertenecer a la Nueva Alianza. Sentirnos seguros por tener a Cristo en propiedad. Sin embargo, Dios no es propiedad de nadie. Su viña le pertenece solo a él. Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, Dios seguirá abriendo nuevos caminos de salvación.

 

DIOS NUNCA RECHAZA A NADIE

Fray Marcos

Al rechazo de los jefes responde Jesús con suma crudeza. Esta parábola se narra ya en el evangelio de Mc, del que copian Mt y Lc. Cuando se escriben ya se había producido la muerte de Jesús, la destrucción de Jerusalén y la separación de los cristianos de la religión judía. Era muy fácil anunciar como profecía lo que había sucedido ya.

El relato es a la vez parábola y alegoría. A cada elemento del relato, corresponde un elemento espiritual. El propietario es Dios. La viña es el pueblo judío. Los labradores son los jefes religiosos. Los enviados son los profetas. El hijo es el mismo Jesús. Los frutos que Dios espera son derecho y justicia. El nuevo pueblo es la comunidad cristiana.

El relato del evangelio es copia del texto de Isaías. Pero si nos fijamos, descubriremos matices que cambian sustancialmente el mensaje. En Is el protagonista es el pueblo (viña), que no ha respondido a las expectativas de Dios; en vez de uvas, dio agrazones.

En Mt los protagonistas son los jefes religiosos (viñadores), que quieren apropiarse de los frutos e incluso de la misma viña. No quieren reconocer los derechos del propietario. Pero al final se retoma la perspectiva de Isaías porque se dice que la viña será entregada a otro pueblo, cosa que ni a Isaías ni a Jesús se les podía ocurrir.

No es probable que Jesús la relatara tal como la encontramos en los evangelios. No solo porque en él se da por supuesta la muerte de Jesús y el total rechazo del pueblo de Israel, sino también porque a ningún judío le podía pasar por la cabeza que Dios los rechazara para elegir a otro pueblo. Refleja una reflexión de la comunidad cristiana.

Se os quitará la viña y se dará a otro pueblo que produzca sus frutos. Una manera muy bíblica de justificar que los cristianos se consideraran ahora el pueblo elegido. El relato no solo justifica la separación, sino que también advierte a las autoridades de la comunidad que pueden caer en la misma trampa y ser rechazadas.

Recordemos que entre la Torá y el mensaje del Jesús existe un peldaño, los profetas que dieron chispazos en la dirección correcta: “esto sucedió para que se cumpliesen las Escrituras”. Muchas de las enseñanzas de Jesús ya las encontramos en ellos.

La piedra desechada es ahora la piedra angular. Es la apreciación cristiana de la figura de Jesús. Jesús nunca pensó en una nueva religión ni un nuevo Dios. Jesús fue judío y nunca dejó de serlo. Muy a su pesar, su predicación dio lugar al nacimiento del cristianismo. El traspaso de la viña a otros sobrepasa el pensamiento bíblico.

Aquellos jefes religiosos no eran malvados. Su preocupación por el culto, por la Ley, por defender la institución, por el respeto a su Dios era sincera. Lo que los perdió fue confundir los derechos de Dios con sus propios intereses. De esta manera llegaron a identificar la voluntad de Dios con la suya propia y creerse dueños del pueblo.

La historia nos demuestra que es muy fácil caer en la trampa de identificar los intereses propios o de grupo con la voluntad de Dios. No se puede separar el interés de Dios del interés del hombre. Nunca se puede machacar al ser humano en nombre de Dios.

¿De qué frutos nos habla el evangelio? Isaías dice: “esperó de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos; esperó justicia y ahí tenéis lamentos”. Jesús da un paso más. No habla ya de “derecho y justicia” sino de amor total que es la norma suprema.

Dios no puede esperar nada de mí porque nada puedo darle. Lo que Dios espera de nosotros no es para Él sino para nosotros mismos. Siendo y dándose a los demás, Jesús alcanzó esa plenitud y nos marcó el camino para que todos podamos llegar a ella.

XXIX Domingo de Tiempo Ordinario – A – (Reflexión)

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