jueves, 25 de junio de 2026

XIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 XIII Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A junio 28, 2026 
2 Reyes 4, 8-11. 14-16 / Salmo 88 / Romanos 6, 3-4.8-11



Evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva


   #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

APRENDER A DAR

José Antonio Pagola

A veces no es tan fácil responder a las preguntas más sencillas. Hemos oído decir con frecuencia que amar es dar. Pero ¿qué es dar? Muchos suponen que dar es solo privarse de algo, renunciar a algo, «sacrificarse» desprendiéndose de algo. Estamos tan condicionados por nuestra sociedad del bienestar y tan inclinados a poseer, acumular y ganar, que «dar» nos parece algo improductivo. Un empobrecimiento que no estamos dispuestos a aceptar. En nuestra sociedad, quien da sin recibir es una persona poco práctica, sin sentido realista, poco inteligente.

Sin embargo, dar es algo totalmente distinto. El gesto de dar es la expresión más rica de vitalidad, riqueza y poder creador. Cuando damos algo de verdad, nos experimentamos a nosotros mismos llenos de vida, desbordantes, con capacidad de enriquecer a otros, aunque sea en grado muy modesto. «Solo el amor hace que la vida merezca ser vivida. Solo la ayuda a los demás procura la gran alegría de vivir» (Karl Tillmann).

Dar significa estar vivo y ser rico. El que tiene mucho y no sabe dar, no es rico. Es un hombre pequeño, impotente, empobrecido, por mucho que posea. En realidad, solo es rico quien es capaz de regalar algo de sí mismo a los demás.

Necesitamos todos escuchar con más atención y hondura las palabras de Jesús. No quedará sin recompensa ni siquiera el vaso de agua fresca que sepamos dar a un pobre sediento. Hemos de aprender a regalar lo que está vivo en nosotros y puede hacer bien a los demás; dar nuestra alegría, comprensión, aliento, esperanza, acogida o cercanía.

Muchas veces no se trata de cosas grandes ni espectaculares. Sencillamente, «un vaso de agua fresca»: una sonrisa acogedora, una escucha sin prisas, una ayuda a levantar el ánimo decaído, un gesto de solidaridad, una visita, un signo de apoyo y amistad. No lo olvidemos. En el fondo de la vida hay alguien que bendice, acoge y recompensa todo gesto de amor, por pequeño que nos pueda parecer. Se llama Dios, nuestro Padre.

 

SI AMAR A DIOS SE OPONE A OTRO AMOR, UNO DE LOS DOS ES FALSO

Fray Marcos

La manera de hablar semita, por contrastes excluyentes, nos puede jugar una mala pasada. El evangelio propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen más alcance del que se puede sospechar.

El que quiere a sus padres más que a mí, no es digno de mí. El amor a la madre y a Dios son realidades de distinta naturaleza; no se pueden comparar. Jesús no pudo decir eso con el significado que tiene para nosotros hoy. El amor a Dios no puede entrar en conflicto con el amor a nadie, y menos con el amor a la madre.

Hay que tener mucho cuidado al hablar del amor a Dios o a Jesús. Creer que puedo amar directamente a Dios es una quimera. Solo puedo amar a Dios, amando a los demás. Jesús no pudo decir: tienes que amarme a mí más que al Hijo. Recordemos: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber”.

No existe más amor que el que llega a concretarse en obras. Ahora bien, lo más próximo a cada ser humano son los miembros de su propia familia. La advertencia del evangelio está encaminada a hacernos ver que desplegar a tope esos impulsos instintivos, no garantiza el más mínimo grado de calidad humana. Pero sería un error aún mayor el creer que pueden estar en contra de mi humanidad.

El evangelio no quiere decir, que el amor a los hijos o a los padres sea malo y que debemos olvidarlo para amar a Jesús o a Dios. Pero nos advierte de que ese amor puede ser un egoísmo camuflado que busca una seguridad mayor para el ego, sin tener en cuenta a Dios y a los demás. Ese “amor” es egoísmo amplificado.

El hombre puede poner como objetivo el despliegue exclusivo de su animalidad, cercenando así sus posibilidades humanas. Esto es degradarse en su verdadera ser, al poner su mente al servicio del instinto. Si estamos en esa dinámica y metemos a los demás en ella, estamos “amando” mal, y ese amor se convierte en veneno.

Un verdadero amor nunca puede oponerse a otro amor auténtico. Cuando un marido se encuentra atrapado entre el amor a su madre y el amor a su esposa, algo no está funcionando bien. Uno de esos amores (o los dos) está viciado. Si el amor a Dios está en contradicción con el amor al padre o a la madre, los dos pueden ser falsos.

El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda, la encontrará. En griego hay tres palabras para decir vida: “Zoe”, “bios” y “psiques”. El texto no dice zoe ni bios, sino psiques. No se trata de la vida biológica, ni de la vida sicológica. No se trataría de dejarse matar, sino de poner tu humanidad al servicio de los demás.

Esto no sería perder nada, sino ganarlo todo. Quien pretenda defender a toda costa su individualidad egoísta malogrará todos los aspectos de su existencia, porque pasará por ella sin desplegar su verdadera esencia. Mi humanidad no responde a una visión egoísta de mi ser, está inextricablemente unida a la de los demás.

La evolución ha permitido al ser humano ir más allá de los instintos y alcanzar conscientemente una meta más alta que no está en contradicción con la biología. Todo lo que le acerca a ese objetivo último le puede causar más felicidad que satisfacer sus instintos. Nada más falso que la lucha entre lo biológico y lo espiritual.

La trampa es quedarnos en el placer inmediato que nos proporciona nuestra biología y perder de vista el bien total del ser humano. Ahí está la causa de tanto desajuste en la conducta humana. Debemos tomar conciencia de que lo que es malo para nuestro verdadero ser, no puede ser bueno bajo ningún aspecto del ser humano.

 

 

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