jueves, 2 de julio de 2026

XIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 XIV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A julio 5, 2026 
Zacarías 9, 9-10 / Salmo 144 / Romanos 8, 9. 11-13


Es interesante lo que este domingo se nos recuerda en la Palabra: nuestro Padre, quiere salvarnos de lo que impide tengamos una vida que valga la pena vivir, ya desde aquí, en la tierra …

Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera''.

Reflexión:

¿Dónde encuentro el verdadero descanso?

Hoy, en este domingo de tiempo ordinario, seguimos conociendo a Jesús, que nos revela en qué consiste el Reino de su Padre y cómo es que podemos hacerlo realidad en nuestra vida.

En situaciones, como las que vivimos actualmente, como: polarización, precariedad, violencia y muerte, el profeta Zacarías, sigue vigente y con sus palabras nos recuerda que es de alegrarnos porque el Señor está con nosotros para traernos paz y salvarnos de todo aquello que produce enfrentamientos y conflictos. Pero, esto no sucede de manera mágica, hay que estar atentos a su presencia en nuestra vida, hay que reconocerlo, y a su vez, hacerlo presente en nuestras acciones cotidianas (cfr. Zacarías 9, 9-10).

Sin lugar a duda, las situaciones que provocan impedimentos para “tener una vida que valga la pena vivir”, son nuestros “desórdenes egoístas”, personales y sociales, como dice san Pablo (Rom 8, 9. 11-13). Darnos cuenta de qué y cuales son “nuestros desórdenes”, es el principio del camino espiritual según Sn. Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales [1], y poder “ordenar la vida, para buscar y hallar la voluntad divina”.

El Rey (del amor) que ha venido y permanece para salvarnos es Jesús; es Él quien nos revela la voluntad divida del Padre; para recibirla y conocerla, hay que, además de estar atentos, necesitamos ser “sencillos” y “humildes”, para captar lo que Jesús quiere revelarnos. Como nos recuerda el salmista, el Señor es bueno con todos y que su ternura alcanza a todas sus criaturas. Esa es la manera de reinar de Dios: no desde la imposición, sino desde la misericordia, la justicia y el amor.

Jesús nos muestra que existe una forma de vivir que nos libera de nuestros egoísmos y de todo aquello que destruye nuestras relaciones. Con sus palabras y con su ejemplo nos enseña a construir vínculos marcados por el amor, la justicia y la compasión, cuyo fruto es la paz y el bien común.

Cuando Jesús nos invita a cargar con su yugo, no nos está imponiendo un peso más. Nos está proponiendo compartir su manera de amar. Su yugo es aprender a vivir desde el amor (ágape), la misericordia y el servicio. Paradójicamente, es ahí donde encontramos el descanso que tanto buscamos.

Cuando vivimos como Jesús nos enseña, descubrimos que la verdadera paz no depende de que desaparezcan los problemas, sino de caminar con Él. Entonces nuestra vida, y también la de quienes nos rodean, comienza a convertirse en una vida que verdaderamente vale la pena vivir.

PD. Próximo mes de agosto, tendremos un Taller de Autoconocimiento, para revisar la vida y la presencia de Dios en ella (https://tinyurl.com/TallerDeAutoconocimiento).

¿Cómo puedo tomar conciencia de la presencia de Dios en mi vida?... ¿Qué cargas o afectos desordenados me impiden tener una vida plena?... ¿Cómo aprender a ser manso y humilde de corazón?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 XIV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A julio 5, 2026 
Zacarías 9, 9-10 / Salmo 144 / Romanos 8, 9. 11-13


Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

DIOS ES PARA GENTE SENCILLA

José Antonio Pagola

Fue hace muchos años, en L’École Biblique de Jerusalén, un maestro de exégesis nos iniciaba en el difícil arte de desentrañar el evangelio de Mateo. Todo parecía poco para captar el sentido último del texto: crítica textual, análisis literario, estructura del pasaje. Un día llegamos a esos versículos en los que Jesús exclama: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla». El profesor hizo un largo silencio. Después nos dijo muy despacio: «No olviden nunca estas palabras. Todo lo demás lo pueden olvidar». Fue probablemente la mejor lección de exégesis que he recibido nunca. Luego, a lo largo de los años, he podido ver que es así.

Siempre que he tenido la impresión de estar junto a una persona cercana a Dios, ha sido alguien de corazón sencillo. A veces una persona sin grandes conocimientos, otras alguien de notable cultura, pero siempre un hombre o mujer de alma humilde y limpia.

En más de una ocasión he podido comprobar que no basta hablar de Dios para que se despierte la fe. Para mucha gente, ciertos conceptos religiosos están muy gastados, y aunque uno trate de sacarles todo el vigor y sabor que tuvieron en su origen, Dios sigue como «fosilizado» en sus conciencias. Sin embargo, me he encontrado con gentes sencillas que no parecen necesitar grandes ideas ni razonamientos. Intuyen enseguida que Dios es «un Dios oculto», y de su corazón nace espontánea una invocación: «Señor, muéstrame tu rostro».

Me he encontrado también con personas que se mueven siempre en el terreno de lo útil. Algunas abandonan a Dios porque les resulta perfectamente inútil; otras le retienen y dan culto porque les sirve. Sin embargo, he podido conocer a gentes sencillas que viven dando gracias a Dios. Disfrutan de lo bueno de la vida, soportan con paciencia los males; saben vivir y hacer vivir. No sé cómo lo logran, pero de su corazón parece estar siempre brotando la alabanza al Creador. Su vida es un acierto.

He expuesto muchas veces temas religiosos y he hablado de Dios ante gentes muy diversas. En ocasiones me he encontrado con personas que planteaban preguntas y más preguntas sobre toda clase de cuestiones teológicas, sin mostrar el menor interés por encontrarse con Dios. Pero he visto también a gente sencilla cuyos ojos brillaban de forma especial cuando yo leía textos como este del profeta Isaías: «Yo soy el Señor, tu Dios… Tú eres de gran precio a mis ojos, eres valioso y yo te quiero… No temas, que estoy contigo» (Isaías 43,4); o cuando pronunciaba el Salmo 103: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente ternura el Señor por quienes le temen. Pues él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos barro» (Salmo 103,13-14). Sí, Dios se revela a gente sencilla.

 

DIOS NI ESCONDE NI REVELA NADA A NADIE

Fray Marcos

En el evangelio de hoy hay tres párrafos bien definidos. El primero se refiere a Dios. El segundo, a la interdependencia total entre Jesús y Dios. El tercero hace referencia a la relación entre nosotros y Jesús. En la primera comunidad cristiana todos eran personas sencillas. ¿Qué hubiera dicho Jesús después de Constantino?

Te doy gracias, Padre, porque…” Lo importante no es la acción de gracias, sino el motivo. Jesús no puede afirmar que Dios da a algunos lo que niega a otros. Lo que quiere decir es que el verdadero Dios no puede ser aceptado más que por la gente sencilla sin prejuicios. Los sabios son capaces de crearse su propio Dios.

¿Quiénes eran los sencillos? El “nepios” griego tiene muchos significados, pero todos van en la misma dirección: infantil, niño, menor de edad, incapaz de hablar; y también: tonto, infeliz, ingenuo, débil. Para la élite religiosa, los sencillos eran unos malditos, porque no conocían la Ley y, por lo tanto, no podían cumplirla.

Estas cosas no son conocimientos, sino las experiencias de Dios que Jesús vivió y que nos quiere transmitir. No se trata de saber más cosas, sino de una experiencia más profunda. “Todo me lo ha entregado mi Padre…” Ese conocimiento de Dios no es fruto del esfuerzo humano, sino puro don; aunque no se niegue a nadie.

El error de la teología fue creer que conocemos a Jesús porque conocíamos a Dios; si Jesús era Dios, sabíamos lo que era Jesús. El texto dice lo contrario, la manera de conocer a Dios es conocer a Jesús, haciendo nuestra su experiencia de Dios.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. El yugo era la Ley, que era ciertamente insoportable. El hombre desaparecía bajo el peso de más de 600 preceptos y 5.000 prescripciones. Para los fariseos, la Ley era lo único absoluto. La tarea de Jesús fue liberar al hombre de todas las ataduras religiosas.

Mi yugo es llevadero. Jesús libera del yugo que oprime al hombre. No propone un camino de rosas. Sin esfuerzo no hay verdadera humanidad. No es el trabajo duro lo que malogra una vida, sino los esfuerzos que no llevan a plenitud.

Jesús quiere ayudarnos a desplegar nuestro ser sin opresiones. El yugo y la carga serían, como el peso de las alas para el ave. Las alas tienen su peso, pero si se las quitas, ¿con qué volarán? El motor de un avión es una tremenda carga, pero gracias a ese peso el avión vuela. Nuestras limitaciones nos permiten avanzar.

No hemos hecho caso a este mensaje. En cuanto pasaron los primeros siglos de cristianismo, se olvidó este evangelio, y se recuperó “el sentido común”. Nunca más se ha reconocido que Dios se pueda revelar a la gente sencilla. Es tan sorprendente lo que nos dice Jesús, que nunca nos lo hemos creído.

Hacemos mal cuando nos dejamos guiar por entendidos. A todos los niveles estamos en manos de expertos. En religión la dependencia es absoluta, hasta el punto de impedirnos pensar por nosotros mismos. Doctores tiene la Iglesia…

Pío IX dijo: “solo hay dos clases de cristianos, los que tienen el derecho de mandar y los que tienen la obligación de obedecer”. Ningún jerarca hoy se atrevería a repetir esas palabras, pero en la práctica, todos actúan desde esa perspectiva.

Jesús propone una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Esa Vida profunda es la que da sentido a la existencia, tanto del sabio como del ignorante, tanto del rico como del pobre. Lo que nos lleve a plenitud, será ligero.

XIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

  XIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – julio 5, 2026  Zacarías 9, 9-10 / Salmo 144 / Romanos 8, 9. 11-13 Es interesante lo que...