XIV Domingo de Tiempo Ordinario –
Ciclo A – julio 5, 2026
Zacarías
9, 9-10 / Salmo 144 / Romanos 8, 9. 11-13
Evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre,
Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y
entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así
te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al
Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo
se lo quiera revelar.
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la
carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que
soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave
y mi carga, ligera''.
Para profundizar:
Reflexiones
Buena Nueva
#Microhomilia
Hernán
Quezada, SJ
“”
DIOS ES PARA GENTE
SENCILLA
Fue hace muchos
años, en L’École Biblique de Jerusalén, un maestro de exégesis nos iniciaba en
el difícil arte de desentrañar el evangelio de Mateo. Todo parecía poco para
captar el sentido último del texto: crítica textual, análisis literario,
estructura del pasaje. Un día llegamos a esos versículos en los que Jesús
exclama: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla».
El profesor hizo un largo silencio. Después nos dijo muy despacio: «No olviden
nunca estas palabras. Todo lo demás lo pueden olvidar». Fue probablemente la
mejor lección de exégesis que he recibido nunca. Luego, a lo largo de los años,
he podido ver que es así.
Siempre que he
tenido la impresión de estar junto a una persona cercana a Dios, ha sido
alguien de corazón sencillo. A veces una persona sin grandes conocimientos,
otras alguien de notable cultura, pero siempre un hombre o mujer de alma
humilde y limpia.
En más de una
ocasión he podido comprobar que no basta hablar de Dios para que se despierte
la fe. Para mucha gente, ciertos conceptos religiosos están muy gastados, y
aunque uno trate de sacarles todo el vigor y sabor que tuvieron en su origen,
Dios sigue como «fosilizado» en sus conciencias. Sin embargo, me he encontrado
con gentes sencillas que no parecen necesitar grandes ideas ni razonamientos.
Intuyen enseguida que Dios es «un Dios oculto», y de su corazón nace espontánea
una invocación: «Señor, muéstrame tu rostro».
Me he encontrado
también con personas que se mueven siempre en el terreno de lo útil. Algunas
abandonan a Dios porque les resulta perfectamente inútil; otras le retienen y
dan culto porque les sirve. Sin embargo, he podido conocer a gentes sencillas
que viven dando gracias a Dios. Disfrutan de lo bueno de la vida, soportan con
paciencia los males; saben vivir y hacer vivir. No sé cómo lo logran, pero de
su corazón parece estar siempre brotando la alabanza al Creador. Su vida es un
acierto.
He expuesto muchas
veces temas religiosos y he hablado de Dios ante gentes muy diversas. En
ocasiones me he encontrado con personas que planteaban preguntas y más
preguntas sobre toda clase de cuestiones teológicas, sin mostrar el menor
interés por encontrarse con Dios. Pero he visto también a gente sencilla cuyos
ojos brillaban de forma especial cuando yo leía textos como este del profeta
Isaías: «Yo soy el Señor, tu Dios… Tú eres de gran precio a mis ojos, eres
valioso y yo te quiero… No temas, que estoy contigo» (Isaías 43,4); o cuando
pronunciaba el Salmo 103: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así
siente ternura el Señor por quienes le temen. Pues él sabe de qué estamos
hechos, se acuerda de que somos barro» (Salmo 103,13-14). Sí, Dios se revela a
gente sencilla.
DIOS NI ESCONDE NI REVELA
NADA A NADIE
Fray Marcos
En el evangelio de
hoy hay tres párrafos bien definidos. El primero se refiere a Dios. El segundo,
a la interdependencia total entre Jesús y Dios. El tercero hace referencia a la
relación entre nosotros y Jesús. En la primera comunidad cristiana todos eran
personas sencillas. ¿Qué hubiera dicho Jesús después de Constantino?
Te doy gracias,
Padre, porque…” Lo importante no es
la acción de gracias, sino el motivo. Jesús no puede afirmar que Dios da a
algunos lo que niega a otros. Lo que quiere decir es que el verdadero Dios no
puede ser aceptado más que por la gente sencilla sin prejuicios. Los sabios son
capaces de crearse su propio Dios.
¿Quiénes eran los
sencillos? El “nepios” griego tiene muchos significados, pero todos van en la
misma dirección: infantil, niño, menor de edad, incapaz de hablar; y también:
tonto, infeliz, ingenuo, débil. Para la élite religiosa, los sencillos eran
unos malditos, porque no conocían la Ley y, por lo tanto, no podían cumplirla.
Estas cosas no son conocimientos, sino las experiencias de Dios
que Jesús vivió y que nos quiere transmitir. No se trata de saber más cosas,
sino de una experiencia más profunda. “Todo me lo ha entregado mi Padre…” Ese
conocimiento de Dios no es fruto del esfuerzo humano, sino puro don; aunque no
se niegue a nadie.
El error de la
teología fue creer que conocemos a Jesús porque conocíamos a Dios; si Jesús era
Dios, sabíamos lo que era Jesús. El texto dice lo contrario, la manera de
conocer a Dios es conocer a Jesús, haciendo nuestra su experiencia de Dios.
Venid a mí todos los
que estáis cansados y agobiados. El yugo era la Ley,
que era ciertamente insoportable. El hombre desaparecía bajo el peso de más de
600 preceptos y 5.000 prescripciones. Para los fariseos, la Ley era lo único
absoluto. La tarea de Jesús fue liberar al hombre de todas las ataduras religiosas.
Mi yugo es
llevadero. Jesús libera del yugo que
oprime al hombre. No propone un camino de rosas. Sin esfuerzo no hay verdadera
humanidad. No es el trabajo duro lo que malogra una vida, sino los esfuerzos
que no llevan a plenitud.
Jesús quiere
ayudarnos a desplegar nuestro ser sin opresiones. El yugo y la carga serían,
como el peso de las alas para el ave. Las alas tienen su peso, pero si se las
quitas, ¿con qué volarán? El motor de un avión es una tremenda carga, pero
gracias a ese peso el avión vuela. Nuestras limitaciones nos permiten avanzar.
No hemos hecho caso
a este mensaje. En cuanto pasaron los primeros siglos de cristianismo, se
olvidó este evangelio, y se recuperó “el sentido común”. Nunca más se ha
reconocido que Dios se pueda revelar a la gente sencilla. Es tan sorprendente
lo que nos dice Jesús, que nunca nos lo hemos creído.
Hacemos mal cuando
nos dejamos guiar por entendidos. A todos los niveles estamos en manos de
expertos. En religión la dependencia es absoluta, hasta el punto de impedirnos
pensar por nosotros mismos. Doctores tiene la Iglesia…
Pío IX dijo: “solo
hay dos clases de cristianos, los que tienen el derecho de mandar y los que
tienen la obligación de obedecer”. Ningún jerarca hoy se atrevería a repetir
esas palabras, pero en la práctica, todos actúan desde esa perspectiva.
Jesús propone una
manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Esa Vida profunda es
la que da sentido a la existencia, tanto del sabio como del ignorante, tanto
del rico como del pobre. Lo que nos lleve a plenitud, será ligero.