jueves, 25 de junio de 2026

XIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 XIII Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A junio 28, 2026 
2 Reyes 4, 8-11. 14-16 / Salmo 88 / Romanos 6, 3-4.8-11


En este domingo, el evangelio nos recuerda que nadie esta por encima de Dios, como nos lo indicó Jesús en su mandamiento: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”

Evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

Reflexión:

¿Qué ocupa hoy el centro de mi vida?

En el breve evangelio de hoy, Mateo nos recuerda de manera muy concreta “un orden”, que al vivirlo, nos ayuda a tener mejores relaciones interpersonales con los demás y así tener una “vida que vale la pena vivir”, que es deseo de Dios para todos nosotros.

Al poner a Dios como prioridad en nuestra vida, iremos “ordenamos nuestros afectos desordenados” de tal manera que, viviendo desde el amor que Él nos tiene y enseña, nuestra vida toma una nueva perspectiva, porque estaríamos relacionándonos con los demás, de la misma manera que Dios nos trata. Podemos decir en otras palabras que, si escuchamos y ponemos en práctica sus enseñanzas, es lo mejor que podemos hacer.

El amor de Dios no se agota, tampoco nuestra capacidad de hacerlo. Por eso, cuando Jesús nos pide que lo amemos como prioridad, es para que desde ese amor inagotable podamos crear y/o enmendar nuestras relaciones interpersonales, de tal manera que vivamos su amor en ellas. Su amor (ágape), en un sentido espiritual, representa un amor incondicional, altruista, fraterno y desinteresado, y es el mismo que tenemos que vivir.

Que Dios sea el primero no significa que sea el único a quien debemos amar. Significa que aprendemos de Él la manera de amar a todos los demás; cuando Dios ocupa el primer lugar, también nuestras relaciones encuentran su verdadero lugar; al hacerlo así, estaremos reflejando el amor del Padre, que siempre busca el bien.

En la espiritualidad ignaciana, el significado de prioridad bíblica se centra en el Principio y Fundamento: Dios es el absoluto y el fin supremo, es principio y fin, alfa y omega. Poéticamente, lo escribe San Agustín: “nos creaste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti”

Nos toca, a cada uno, en primer lugar, buscar y encontrar ese amor (ágape), para vivirlo de manera ordinaria, mostrando así que mi prioridad es vivir en esa fraternidad, que crea condiciones de bien común allí donde vivo y con quien convivo; como la “mujer distinguida” que acoge fraternalmente al profeta Eliseo (cfr. 2 Reyes 4, 8-11. 14-16); en segundo lugar, hay que aprender a elegir solo aquello que me lleve a hacer presente el Reino de Amor de dios, y también a saber enfrentar las dificultades que son presenten en la vida, “nuestras cruces”, como Jesús nos lo mostrado (cfr. Rom 6, 3-4.8-11).

Cuando Dios ocupa el centro de nuestra vida, dejamos de usar a las personas y comenzamos a amarlas. Entonces comprendemos que las riquezas, el trabajo, el éxito o la salud son dones valiosos, pero no el sentido último de nuestra existencia. Todo encuentra su lugar cuando Dios ocupa el primero.

¿Cómo puedo amar, como Dios me ama?... ¿Qué necesito reordenar para que Jesús sea mi prioridad?... ¿Qué decisión concreta puedo tomar esta semana para vivir desde su amor?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

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