Evangelio
según san
Mateo 9, 36 - 10, 8
En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de
ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos.
Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus
campos”.
Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para
expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y
dolencias.
Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos,
Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de
Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de
Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a
tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca
de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino
que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos;
resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han
recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”.
Para profundizar:
“”
Hermann
Rodríguez Osorio, S.J.
PROGRAMA LIBERADOR
José Antonio Pagola
Muchos cristianos
piensan estar viviendo su fe con responsabilidad porque se preocupan de cumplir
determinadas prácticas religiosas y tratan de ajustar su comportamiento a unas
leyes morales y unas normas eclesiásticas.
Asimismo, muchas
comunidades cristianas piensan estar cumpliendo fielmente su misión porque se
afanan en ofrecer servicios de catequesis y educación de la fe, y se esfuerzan
por celebrar con dignidad el culto cristiano.
¿Es esto lo único
que Jesús quería poner en marcha al enviar a sus discípulos por el mundo? ¿Es
esta la vida que quería infundir en el corazón de la historia?
Necesitamos escuchar
de nuevo las palabras de Jesús para redescubrir la verdadera misión de los
creyentes en medio de esta sociedad. Así recoge el evangelista Mateo su
mandato: «Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos,
resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis lo habéis
recibido, dadlo gratis».
Nuestra primera
tarea también hoy es proclamar que Dios está cerca de nosotros, empeñado en
salvar la felicidad de la humanidad. Pero este anuncio de un Dios salvador no
se hace solo a través de discursos y palabras sugestivas. No se asegura solo
con catequesis ni clases de religión. Jesús nos recuerda la manera de proclamar
a Dios: trabajar gratuitamente por infundir a los hombres nueva vida.
«Curar enfermos», es
decir, liberar a las personas de todo lo que les roba vida y hace sufrir. Sanar
el alma y el cuerpo de los que se sienten destruidos por el dolor y angustiados
por la dureza despiadada de la vida diaria.
«Resucitar muertos»,
es decir, liberar a las personas de aquello que bloquea sus vidas y mata su
esperanza. Despertar de nuevo el amor a la vida, la confianza en Dios, la
voluntad de lucha y el deseo de libertad en tantos hombres y mujeres en los que
la vida va muriendo poco a poco.
«Limpiar leprosos»,
es decir, limpiar esta sociedad de tanta mentira, hipocresía y
convencionalismo. Ayudar a las gentes a vivir con más verdad, sencillez y
honradez.
«Arrojar demonios»,
es decir, liberar a las personas de tantos ídolos que nos esclavizan, nos
poseen y pervierten nuestra convivencia. Allí donde se está liberando a las
personas, allí se está anunciando a Dios.
ESTAR MÁS CERCA O MÁS LEJOS DE JESÚS
NO LO DETERMINA ÉL
Las lecturas de hoy tienen una gran
variedad de temas. La pregunta que nos debíamos hacer en este domingo es la
siguiente: ¿Qué salvación ofrece Jesús en el evangelio? Lo que ha llegado a
nosotros es ya una interpretación de lo que dijo.
El relato del Éxodo
fue para el pueblo judío la cima de su experiencia religiosa, pero no se trató
de ninguna actuación puntual de Dios. La experiencia de salvación de los
israelitas no fue más que una interpretación de acontecimientos favorables.
Cuando los acontecimientos eran adversos, los interpretaban como castigo del
mismo Dios.
En tiempo de Jesús
se sintieron liberados del demonio, de las enfermedades, de sus pecados. ¿De
qué nos tienen que salvar hoy? Para la mayoría de los cristianos, salvarse es
evitar la condenación. Salvación debe ser alcanzar la plenitud de ser a la que
estoy destinado. Esa plenitud tenía que dar sentido a toda mi vida.
Tal como entendemos
la salvación, da la impresión de que a Dios le salió mal la creación y ahora
solo con remiendos puede llevar a feliz término su obra. La Biblia dice en el
relato de la creación que vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. Dios
no tiene que cambiar nada, somos nosotros lo que debemos cambiar.
Dios no tiene que
librarnos de nada. Nuestras limitaciones son consecuencia de nuestra condición
de criaturas. Dios no puede evitarlas. La salvación hay que buscarla a pesar de
las limitaciones. En una ocasión Jesús dijo "Esta es la vida eterna, que
te conozcan a ti único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo."
Cuando habla de los
doce no quiere decir que los apóstoles fueran exactamente doce, con nombres y
apellidos, sino el nuevo Israel. También las doce tribus son un mito: El dios
sol rodeado de los signos del zodiaco. Tomar hoy los doce como número de personas
investidas por Jesús de un poder especial es anacrónico. La necesidad de un
nuevo fundamento del nuevo pueblo llegó mucho más tarde.
No podemos seguir
manteniendo la idea de que lo importante en nuestra Iglesia, es la jerarquía.
La obligación de “proclamar” el evangelio es de todos los que forman la
comunidad, no de unas personas separadas y elegidas especialmente para esa
tarea. El Vaticano II habló de la misión de los laicos, pero no queremos
enterarnos.
La misión no debía
ser un ingente esfuerzo por acrecentar el número de los que pertenecen a la
Iglesia, sino el aumentar el número de los que son objeto de nuestro cuidado.
El verdadero seguidor de Jesús tiene que considerar a todo hombre como
perteneciente a la comunidad, porque todos tienen que ser el objetivo de su
servicio.
Una comunidad no es
cristiana si no está abierta a todos los hombres. A la comunidad cristiana
pertenecen todos los seres humanos. Si dejamos fuera a uno solo, se convertirá
en un gueto y dejará de ser la comunidad de Jesús. La Iglesia (pueblo de Dios)
debe estar volcada sobre los demás, no replegada sobre sí misma.
Es sorprendente la
frase: ”no vayáis a tierra de paganos”. Parece que va en contra del espíritu de
Jesús. Él mismo salió varias veces de galilea. Una vez más, nos faltan datos
para una interpretación adecuada. Tal vez quiera decir que no los veía
preparados para una tarea universal y prefería afianzar la fe de los ya judíos.
Termina el evangelio
con una frase tajante: “Gratis habéis recibido, dad gratis”. Solo cuando doy lo
que he recibido, lleno de sentido el don que se me ha regalado. Cuando quiero
acaparar lo que soy y lo que tengo, lo convierto en algo estéril para mí y para
los demás. La gratuidad tenía que ser la norma de la comunidad cristiana.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario