jueves, 23 de julio de 2026

XVII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 XVII Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A julio 26, 2026 
1 Reyes 3, 5. 7-12 / Salmo 118 / Romanos 8, 28-30


Hoy, el evangelio continúa hablando sobre el Reino y nos invita a reflexionar sobre el valor que tiene para mí y cuánto estoy dispuesto a que sea parte de mi vida …

Evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.

También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?'' Ellos le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".

Reflexión:

¿Qué valor tiene para mí el Reino de Dios?

Continuamos escuchando a Jesús hablarnos sobre el Reino, y ahora nos lo describe, nuevamente, mediante comparaciones:

·        se parece a un tesoro escondido

·        a un comerciante de perlas finas

·        a una red de pescadores

·        a un padre de familia

Para descubrir y elegir el Reino necesitamos algunas actitudes que nos ayuden a reconocer aquello que verdaderamente vale la pena: (cfr. 1 Reyes 3, 5. 7-12):

·        Humildad, para pedir al Señor y creador de todo, su sabiduría, para vivir de acuerdo con su voluntad …  

·        Prudencia, para discernir cómo poner en prácticas sus enseñanzas, en nuestra vida diaria …

·        Confianza, en que sus mandatos (mandamientos, preceptos) buscan nuestro bien y nos ayudan a ser mejores seres humanos (cfr. Sal 118) ...

Descubrir ese tesoro de gran valor nos lleva no solo a “buscarlo”, sino a discernir y elegir lo que “más me conduce al fin para el que fui creado” (cfr. Principio y fundamento de San Ignacio de Loyola), así, como los pescadores separan de la red los peces buenos, y el padre de familia, que saca de su tesoro, cosas nuevas y antiguas.

El verdadero tesoro es dejar que Dios reine en nuestro corazón, porque su presencia va transformando nuestra manera de pensar, elegir y actuar, hasta hacernos cada vez más semejantes a Jesús (cfr. Rom 8, 28-30).

Al descubrir que algo vale verdaderamente la pena, seremos capaces de elegirlo con alegría, aun cuando tengamos que dejar otras cosas. Así sucede con el Reino: descubrir su valor nos lleva a elegirlo y vivirlo desde ahora, en este tiempo que nos ha tocado vivir…

PD. Próximo mes de agosto, iniciamos con el Taller de Autoconocimiento, desde la autobiografía de San Ignacio de Loyola, para revisar la vida y la presencia de Dios en nosotros (https://tinyurl.com/TallerDeAutoconocimiento).

¿Cuál es hoy, mi mayor tesoro?... ¿Qué necesito dejar para parecerme cada vez más a Jesús?... ¿Qué cambiaría en mi vida, si dejo que reine Dios en mi corazón?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

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