miércoles, 17 de diciembre de 2025

IV DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo A (Profundizar)

 IV DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Diciembre 21, 2025 
Isaías 7, 10-14 / Salmo 23 / Romanos 1, 1-7


Evangelio según san Mateo 1, 18-24

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Dios con nosotros, y nosotros con Dios.

En los Ejercicios Espirituales, san Ignacio de Loyola nos propone contemplar cómo la Trinidad mira el mundo, este mundo: unos naciendo, otros muriendo; unos en guerra, otros en paz. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo contemplan la realidad convulsa de nuestros tiempos, pero no surge en Dios la determinación de exterminarnos por todo el desastre que hemos hecho con la creación, sino el deseo de hacer redención, y ésta arranca con la encarnación. El Hijo, siendo Dios, se encarna en nuestra realidad, volviéndose verdaderamente humano; es decir, vulnerable y dependiente de los demás. Quizás la expresión de poder más grande que ha tenido nuestro Dios: siendo Dios, volverse vulnerable.

María habrá de dar su sí, y José también; así lo ha querido Dios: que la instauración de su reinado sea CON NOSOTROS.

Ya en este último domingo de Adviento, es el momento de preparar el corazón, de prepararlo para que sea un buen pesebre que acoja la Novedad, la Esperanza, la Salvación; que acoja a Dios que ha querido ser con nosotros.

Es tiempo de remover basura, miedos, rencores; es tiempo de pedir perdón; es tiempo de disponer nuestro “corazón pesebre”.

¿Qué te pide Dios quitar del corazón? ¿Qué te pide Dios reacomodar? ¿Qué quieres poner para acoger la Novedad? ¿Crees que Dios llegará a tu vida esta Navidad?

#FelizDomingo

“ (...) salvará a su pueblo de sus pecado”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Hace un tiempo fui a visitar un sector de la ciudad de Medellín que no visitaba hacía unos años. Colaboré allí cuando era novicio. Fui al barrio Popular No. 1 con una religiosa que trabaja allí, en una escuela de Fe y Alegría en la que se educan dos mil doscientos (2200) niños y niñas, desde preescolar hasta undécimo grado. Lo primero que me impactó fue llegar allí en Metro Cable, un sistema novedoso que bien podrían envidiar cualquier ciudad del mundo. Unas góndolas que surcan los aires por encima de las viviendas sencillas de la gente que habita el nororiente de Medellín. Un espectáculo maravilloso, construido por el ingenio humano. Toda una alabanza al Dios bueno que nos sigue salvando en medio de nuestras miserias.

Pero lo que realmente me impactó fue la visita que pude hacer a cuatro hogares que tienen toda una historia, de la cual pude ser testigo en algún momento de mi vida y que hoy han vuelto a hacerse Palabra de Dios para mí... La primera visita fue a la casa de las Amayas, que siguen gozando de buena salud a pesar de su avanzada edad. Nunca he sabido cómo subsisten en medio de tanta pobreza. Me recibieron con la misma alegría de siempre. Ya María, la mayor, está gozando de Dios, con el abuelo José, un verdadero santo. Ángela, arrugada como una uva pasa, sigue irradiando optimismo. Lola, más sorda que una tapia, recuerda las fechas con una exactitud prodigiosa. Carmen sigue con su buen humor. Por último, la Nena, con una trombosis que la tiene medio paralizada. Todo un himno de confianza en Dios, propio de este tiempo de Adviento.

Estuve luego en la casa de Francisco y Oralia. Mientras Francisco seguía arreglando un nicho para colocar una imagen de María Auxiliadora en la puerta de su casa, Oralia me contó una historia muy triste: cuatro de sus seis hijos varones han sido asesinados. Siempre que recibió en sus brazos el cadáver de alguno de sus hijos, repitió una oración para pedir a Dios que perdonara a los asesinos. “Perdonar de corazón, me ha liberado de la amargura y del odio. Nunca he querido guardar ningún resentimiento contra los que nos han hecho tanto daño...”, me dijo, mientras las lágrimas se asomaban a sus ojos. Dios le ha permitido perdonar de corazón, otra gracia típica de este tiempo.

La tercera familia que visité fue el hogar de Quique y Orfa. Cuando los conocí en 1979, tenían cuatro hijos; al irme para Bogotá, dos años después, tenían seis; y al volver a los dos años, tenían ocho... En total, tuvieron diez hijos que han sacado adelante con el trabajo honrado y sencillo de los pobres de este mundo. Juan, el segundo de los hijos, está desempleado. Siguen caminando a pesar de las dificultades. No han dejado de luchar. Me invitaron a esperar contra toda esperanza.

Por último, visité a doña Angélica, una señora muy pobre que me daba el almuerzo los domingos, durante el tiempo de mi noviciado. La encontré muy decaída y enferma; tiene un cáncer que se la está comiendo poco a poco. Su hijo menor también murió asesinado y Juan, el penúltimo, sigue con ella, trabajando para sostenerla. “Pídale al Señor, que, si es su voluntad, me devuelva la salud. Si no, que se haga su voluntad”, me dijo cuando me despedí. Ya quisiera yo tener la misma tranquilidad para repetir con ella y con la virgen María: “Hágase en mí, según tu palabra”.

Cuando llegué a la casa de las religiosas donde estaba acompañando una experiencia de Ejercicios Espirituales, me “encontré” con esta Palabra que me recuerda lo que Dios le dijo en sueños a San José: “María, tendrá un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados”. Dios nos sigue salvando de nuestros pecados haciéndose alabanza, confianza, perdón, esperanza y apertura a su voluntad en la vida de los pobres y sencillos de este mundo. El Emanuel, el “Dios con nosotros” se sigue revelando de una manera privilegiada en la vida de los pobres y solamente desde allí nos vendrá la salvación que tanto esperamos.

 

LE PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS

José Antonio Pagola

Entre los hebreos no se le ponía al recién nacido un nombre cualquiera, de forma arbitraria, pues el «nombre», como en casi todas las culturas antiguas, indica el ser de la persona, su verdadera identidad, lo que se espera de ella.

Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar desde el comienzo a sus lectores el significado profundo del nombre de quien va a ser el protagonista de su relato. El «nombre» de ese niño que todavía no ha nacido es «Jesús», que significa «Dios salva». Se llamará así porque «salvará a su pueblo de los pecados».

En el año 70, Vespasiano, designado como nuevo emperador mientras estaba sofocando la rebelión judía, marcha hacia Roma, donde es recibido y aclamado con dos nombres: «Salvador» y «Benefactor». El evangelista Mateo quiere dejar las cosas claras. El «salvador» que necesita el mundo no es Vespasiano, sino Jesús.

La salvación no nos llegará de ningún emperador ni de ninguna victoria de un pueblo sobre otro. La humanidad necesita ser salvada del mal, de las injusticias y de la violencia; necesita ser perdonada y reorientada hacia una vida más digna del ser humano. Esta es la salvación que se nos ofrece en Jesús.

Mateo le asigna además otro nombre: «Emmanuel». Sabe que nadie ha sido llamado así a lo largo de la historia. Es un nombre chocante, absolutamente nuevo, que significa «Dios con nosotros». Un nombre que le atribuimos a Jesús los que creemos que, en él y desde él, Dios nos acompaña, nos bendice y nos salva.

Las primeras generaciones cristianas llevaban el nombre de Jesús grabado en su corazón. Lo repetían una y otra vez. Se bautizaban en su nombre, se reunían a orar en su nombre. Para Mateo, el nombre de Jesús es una síntesis de su fe. Para Pablo, nada hay más grande. Según uno de los primeros himnos cristianos, «ante el nombre de Jesús se ha de doblar toda rodilla» (Filipenses 2,10).

Después de veinte siglos, los cristianos hemos de aprender a pronunciar el nombre de Jesús de manera nueva: con cariño y amor, con fe renovada y en actitud de conversión. Con su nombre en nuestros labios y en nuestro corazón podemos vivir y morir con esperanza.

 

LO DIVINO ESTÁ SIEMPRE AHÍ PERO NO SE PERCIBE

Fray Marcos

Los relatos “de la infancia” de Mateo y Lucas no son crónicas de sucesos, son teología narrativa. Ni Marcos ni Juan saben nada de esas historias. La fuente Q tampoco. Los relatos de Mt y Lc coinciden en lo esencial, en los detalles, no se parecen casi en nada.

El interés por Jesús empezó con su vida pública. Al nacer nada extraordinario sucedió. Hablar de esas maravillas fue una necesidad de comunicación, para hacer creíble lo que habían descubierto en Jesús. Lo hicieron tomando ejemplo de otros personajes famosos.

En todas las culturas se ha intentado explicar la grandeza de un personaje contando historias sobre su nacimiento. De más de cuarenta personajes anteriores, se dice, que han nacido de madre virgen. En todos los casos, se incluyen el anuncio de su concepción.

Solo después de la experiencia pascual, se intentó explicar quién era Jesús con relatos que iban más allá de lo que se podía percibir por los sentidos. El modo en que lo hicieron era lo lógico para ellos. Ni se engañaban ni quisieron engañar. Nos engañamos nosotros al entender literalmente el texto, dando al relato un sentido distinto al que ellos le dieron.

“María estaba desposada con José”. El matrimonio, constaba de dos partes: el contrato y la boda. Lo importante era el contrato. En la boda se celebraba la acogida de la esposa en la casa familiar del novio. María y José estaban formalmente casados. El anuncio y el encargo de poner el nombre se hace a José. En Lc se hace a María.     

“Antes de vivir juntos”. Todo lo que es y significa Jesús, es obra del Espíritu. El pensar que Dios garantiza su presencia en Jesús por vía biológica es una monstruosidad. Dios no puede manipular el material genético. Dios no tiene actos puntuales. En Dios ser y actuar son lo mismo. Dios en Jesús, se manifiesta en lo más profundo de lo humano, no fuera.

“Por obra del Espíritu Santo”. Lc habla del Espíritu sin artículo. Al ponerle artículo, nos empujan a entenderlo mal. “Pneumatos Agiou”, hace referencia a Dios Espíritu. Sería: “por obra de la fuerza de Dios”. “Agiou” tampoco coincide con nuestro concepto de santo; significa, más bien, separado, incontaminado, distinto, y además separador y purificador.

José, su esposo que era bueno.” José es el centro del relato. Ni la palabra “bueno”, ni la de “justo”, traducen la riqueza del término griego. Significaría un israelita auténtico, temeroso de Dios y cumplidor de la Ley. Manifiesta el conflicto vivido entre el judaísmo fiel al AT y la nueva comunidad. Recibir a María invita aceptar lo nuevo que Dios ofrece.

“El ángel del Señor”, no es una naturaleza angélica como lo concebimos nosotros, sino la presencia misteriosa del mismo Dios. Es Dios mismo el que hace la invitación a dar el salto. Los judíos pueden sentirse seguros al abandonar el AT. “En sueño”, es la manera de dirigirse Dios a los hombres en todo el AT. “Hijo de David”, deja clara la pertenencia al pueblo judío. Se trata de deshacer toda prevención por parte de los judíos.

“Tú le pondrás por nombre Jesús”. El nombre es resumen de lo que va a ser una persona. La imposición de ese nombre va a depender de otro hombre, José. En el relato de Lucas el nombre se lo revela a María el ángel y ella será quien se lo imponga.

“Para que se cumpliera la Escritura”. Isaías usa ‘almâ’, que significa joven, fue traducida al griego por “párthenos” que significa (célibe, soltera, doncella, virgen). En hebreo hay una palabra (betûâ) que significa virgen, pero no fue la usada. Se refiere a la joven esposa del rey Acaz al tener su primer hijo que iba a suponer la salvación del reino.

“Dios-con-nosotros”. La ausencia de Dios fue la causa de todos los males para Judá. Su presencia garantizaba que las cosas iban a ir bien. Jesús no será un enviado más de Dios. No podía tener padre humano, porque sería a quien tenía que imitar. Su modelo será exclusivamente Dios. Será Hijo porque en todo imitará al Padre.

martes, 9 de diciembre de 2025

III DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo A (Reflexión)

 III DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Diciembre 14, 2025 
Isaías 35, 1-6a.10 / Salmo 145 / Santiago 5, 7-10


Al tercer Domingo de Adviento se le llama “Gaudete”, es decir “Domingo de la Alegría”, y nos invita a estar contentos por que la venida del Salvador está próxima … en cuanto me disponga a recibirlo en mi corazón.

Evangelio según san Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”

Jesús les respondió: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”.

Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: “¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se los aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él”.

Reflexión:

¿Lo espero con alegría?

Normalmente, por las mañanas, saludamos a familiares, amigos y compañeros, con un “buenos días” o bien deseando un “feliz día”, y hoy podríamos preguntarnos qué tipo de bienestar o felicidad deseamos para los demás y para nosotros mismos.

Pues bien, en este domingo de la alegría (Gaudete), de manara preparatoria a la Navidad, lo que nos debe alegrar, es que Dios ya vieney que su llegada a nuestro corazón, lo transforma todo. Pero esa llegada no siempre se ve rápido, hay que esperar, sí, pero con los ojos abiertos a los signos de vida que ya están brotando.

Preparar y disponer nuestro corazón, a la venida de Dios es como el paisaje que “parece sacado de un sueño: el desierto se llena de flores, los cojos brincan, los mudos cantan… cuando Dios llega, la vida revienta donde menos te lo esperas; no es magia barata; es una promesa de transformación profunda” (cfr. Is 35, 1-6).

Saber como actúa Dios en nuestra vida, nos dice cómo es su estilo de ser: “mantiene su fidelidad a sus promesas, sostiene a quien se cae, libera, ilumina y protege” (cfr. Sal 145) … por lo cual, debo estar atento a reconocer su presencia, cada día… ¡y eso es motivo de alegría!

Este tiempo de adviento, de espera, no es cruzarse de brazos, no es paciencia pasiva ni resignada, es paciencia activa, la de quien confía porque sabe en quién confía; es preparar la tierra para recibir lo que viene, “así como el campesino espera la lluvia…” (cfr. Sant 5, 7-10)

Al igual que Juan Bautista, hoy, desde la celda que nos aprisiona y no nos deja ser libres (para amar), podríamos preguntarnos “¿es Jesús al que esperamos nos salve? … ¿o es otro?” … porque hay gente que ofrece “felicidad” y “soluciones mágicas” … que engañan, manipulan, mienten e instrumentalizan a las personas, a través de “dar algo” con el fin de alimentar su ego, su poder y sacar beneficios solo para él (y su camarilla) …

En contraste, Jesús, a quien esperamos, nos responde hoy, como a los enviados de Juan, invitándonos a ver como llega el Reino de Dios a través de sus obras, que transforman la vida de aquellos a quienes salva y sana: “los ciegos ven, los cojos andan … los pobres reciben una buena noticia”.

La venida de Jesús a nuestro corazón, nos hacer ver, con su mirada; nos ayuda a caminar por sus senderos, que llevan y son buena noticia, principalmente a los pobres, a los empobrecidos, a los oprimidos, a los esclavizados, a los que sufren…

Hoy es “Domingo de la Alegría”, no porque la vida esté resuelta, no por tener todo bajo control, sino al notar que Dios ya está haciendo brotar vida donde pensábamos que ya no había nada, donde alguien recupera la fuerza, la dignidad o la esperanza… ahí está Él.

¿En qué parte de mi vida siento “desierto”, falta de vida?... ¿Qué significa para mí hoy tener una “paciencia activa”?... ¿Cómo puedo colaborar a que sigan apareciendo más signos del Reino?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

III DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo A (Profundizar)

 III DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Diciembre 14, 2025 
Isaías 35, 1-6a.10 / Salmo 145 / Santiago 5, 7-10


Evangelio según san Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”

Jesús les respondió: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”.

Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: “¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se los aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él”.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Regocíjate, alégrate, grita de júbilo porque el Señor ya viene.

Cada año, suelo contar en el Adviento la historia de Javier, un "niño" con gran discapacidad física y mental que conocí en una residencia atendida por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl (unas mujeres que son auténtico testimonio cristiano). En esta casa, las condiciones son de lo más desafiantes que he conocido en toda mi vida. Ahí, en la sala que acoge a las personas con mayor discapacidad, vivía Javier; su cuerpecillo anquilosado pasaba de su camita a una mecedora vieja en la que era acomodado con cuidado para que no cayera.

Pero cuando se entraba a aquella sala, era imposible no ser tocado por el júbilo y la alegría de Javier, que con una sonaja vieja y a viva voz anunciaba a quien entrase que ¡hoy!, ¡hoy! venía su papá. Al abrir los ojos, Javier era poseído por la certeza de que su papá ya venía; se dejaba bañar, canturreaba y contagiaba su alegría. Javier era un sol que iluminaba el lugar y los corazones de todos los que lo escuchaban y veían. Sus deformidades se opacaban por la belleza de la esperanza que lo envolvía.

Al pasar el día, como todos los días, su papá no llegaba, y su alegría disminuía, pero no desaparecía, solo se escondía; y así se dormía ya sin cantos ni gritos y con menos alegría. Pero al otro día, todo comenzaba de nuevo: Javier volvía a iluminarnos y nos llenaba de alegría. Así cada día, hasta que por fin su Papá, nuestro Papá bueno, misericordioso y eterno, pasó un día y se lo llevó en brazos a vivir en la perfecta y eterna paz para toda su vida.

Ese es el espíritu del Adviento: vivir sostenidos por la auténtica esperanza de quien sabe que Él, nuestro Padre, ya viene, ya llega; y por eso no perdemos la alegría en las condiciones desafiantes. Los hombres y mujeres del Adviento son luz, son fuente, son alegría.

Que Dios nos conceda que este Adviento nuestros "corazones apocados" crezcan; nuestras rodillas vacilantes se fortalezcan; nuestros "desiertos" florezcan y nuestros miedos desaparezcan. Que seamos esperanza en este mundo al que le quieren arrebatar su paz.

#FelizDomingo


“ Vayan y díganle a Juan lo que están viendo y oyendo”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Un niño estaba dibujando un retrato, y su profesor se le acercó y le dijo: – Ese es un retrato interesante. Dime algo de él. El niño le respondió: – Es un retrato de Dios. Entonces, el profesor le dijo: – Pero nadie sabe cómo es Dios. – Lo sabrán cuando haya terminado, dijo el niño... Esta historia me trajo a la memoria una anécdota que escuché en estos días. Dicen que un hombre que escuchó una conferencia de la Madre Teresa de Calcuta en las Naciones Unidas se acercó a la anciana religiosa y le dijo: “Hermana, le cuento que yo no creo en Dios. Soy ateo. Pero le aseguro que, si Dios existe, debe ser muy parecido a usted”.

Estando Juan el Bautista en la cárcel, oyó hablar de Jesús y envió a algunos de sus seguidores para que le preguntaran si él era de veras el que había de venir, o si debían esperar a otro. La respuesta fue muy clara: “Vayan y díganle a Juan lo que están viendo y oyendo. Cuéntenle que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordos oyen, los muertos vuelven a la vida y a los pobres se les anuncia la buena noticia. ¡Y dichoso aquel que no encuentre en mí motivo de tropiezo!” Jesús no da explicaciones ni fundamenta su autoridad en teorías o doctrinas de ningún tipo. Lo único que pide es que se fijen en su comportamiento. Las señales son evidentes y cualquiera que tenga los ojos abiertos y los oídos atentos, podrá reconocer que él es el Mesías de Dios.

Cuando los discípulos de Juan volvieron a la cárcel a contar lo que habían visto y oído, Jesús comenzó a exaltar la misión del Bautista: “¿Qué salieron ustedes a ver al desierto? ¿Un hombre vestido lujosamente? Ustedes saben que los que se visten lujosamente están en las casas de los reyes. En fin, ¿a qué salieron? ¿A ver un profeta? Sí, de veras, y a uno que es mucho más que profeta. Juan es aquel de quien dice la Escritura: ‘Yo te envío mi mensajero delante de ti, para que te prepare el camino”. Esa fue la misión de Juan y es la misión de los profetas de hoy: Preparar los caminos de Jesús y señalar su presencia entre nosotros.

Jesús es el rostro de Dios para nosotros y los que nos decimos sus seguidores debemos ser el retrato de Dios para el mundo. Un niño es capaz de saber cómo es Dios y un ateo es capaz de reconocer sus rasgos en una persona como la Madre Teresa de Calcuta. La pregunta que nos puede asaltar hoy es si los que nos ven hacer lo que hacemos y nos oyen decir lo que decimos, son capaces de reconocer los rasgos de Dios en nosotros. Muchas personas no podrán leer otro evangelio distinto a nuestras vidas. Por eso, tenemos la responsabilidad de transparentar a Dios y abrirle un espacio para que vuelva a encarnarse entre nosotros y en nosotros en esta Navidad. Precisamente, prepararnos para que eso pueda suceder es lo que busca el tiempo de Adviento que estamos viviendo.

 

NO SENTIRNOS DEFRAUDADOS POR JESÚS

José Antonio Pagola

En estos tiempos de crisis religiosa y confusión interior es importante recordar que Jesucristo no es propiedad particular de las Iglesias. Es de todos. A él pueden acercarse quienes lo confiesan como Hijo de Dios, y también quienes andan buscando un sentido más humano a sus vidas.

Hace ya algunos años, el conocido pensador Roger Garaudy, marxista convencido en aquel tiempo, gritaba así a los cristianos: «Vosotros habéis recogido y conservado esta esperanza que es Jesucristo. Devolvédnosla, pues ella pertenece a todo el mundo».

Casi por la misma época, Jean Onimus publicaba su apasionante e insólito libro sobre Jesús con el provocativo título de Le Perturbateur. Dirigiéndose a Jesús, decía así el escritor francés: «¿Por qué vas a permanecer propiedad privada de los predicadores, de los doctores y de algunos eruditos, tú que has dicho cosas tan sencillas, palabras directas, palabras que permanecen para los hombres, palabras de vida eterna?»

Por eso pocas cosas me producen más alegría que saber que hombres y mujeres alejados de la práctica religiosa habitual buscan en mis escritos encontrarse con Jesús. Estoy convencido de que él puede ser para muchos el mejor camino para encontrarse con el Dios Amigo y para dar un sentido más esperanzado a sus vidas.

Jesús no deja indiferente a nadie que se acerca a él. Uno se encuentra, por fin, con alguien que vive en la verdad, alguien que sabe por qué hay que vivir y por qué merece la pena morir. Intuye que ese estilo de vivir «tan de Jesús» es la manera más acertada y humana de enfrentarse a la vida y a la muerte.

Jesús sana. Su pasión por la vida pone al descubierto nuestra superficialidad y convencionalismo. Su amor a los indefensos desenmascara nuestros egoísmos y mediocridad. Su verdad desvela nuestros autoengaños. Pero, sobre todo, su fe incondicional en el Padre nos invita a salir de la incredulidad y a confiar en Dios.

Quienes hoy abandonan la Iglesia porque se encuentran incómodos dentro de ella, o porque discrepan de alguna de sus actuaciones o directrices concretas, o porque sencillamente la liturgia cristiana ha perdido para ellos todo interés vital, no deberían por ello abandonar automáticamente a Jesús.

Cuando uno ha perdido otros puntos de referencia y siente que «algo» está muriendo en su conciencia, puede ser decisivo no perder contacto con Jesucristo. El texto evangélico nos recuerda sus palabras: «¡Dichoso el que no se sienta defraudado por mí!» Dichoso el que entienda todo lo que Cristo puede significar en su vida.

 

LA SALVACIÓN PARA TU EGO SERÍA INÚTIL

Fray Marcos

La pregunta de Juan es muy concreta, pero Jesús responde a dos cuestiones. De sí mismo responde de manera indirecta con un texto de Isaías. De Juan responde por su cuenta y riesgo, de una manera sorprendente. El relato que nos propone hoy el evangelio es desconcertante. El Precursor dudando que el anunciado sea auténtico.

¿No había dicho, no soy digno de llevarle las sandalias? ¿No había dicho que él bautizaría con Espíritu Santo? ¿No había dicho que él era el que tenía que ser bautizado por Jesús? ¿No había visto al Espíritu bajar sobre él? ¿No había oído la voz: este es mi Hijo amado? ¿Quiere decir que Jesús no respondía a lo esperado?

El tema propuesto hoy fue muy difícil de resolver. El mensaje y su comportamiento, nada tenía que ver con lo que los judíos de su tiempo esperaban del Mesías. En la respuesta de Jesús, no se trata tanto de hablar de Juan cuanto de intentar que todos los que le están oyendo se den cuenta de lo que significa Jesús y su mensaje.

Contadle a Juan lo que estáis viendo. Jesús recuerda el texto de Isaías, para que Juan asociara lo visto con los tiempos mesiánicos anunciados. Ni todos los leprosos van a quedar limpios, ni todos los sordos van a oír. También nos dice Isaías que el lobo habitará con el cordero y la pantera se tumbará con el cabrito. Estas imágenes tenemos que entenderlas como símbolos. ¿Por qué interpretamos otras como reales?

El texto quiere decir que la llegada del Reino tendrá consecuencias para todos, pero sobre todo para los más desfavorecidos. Quiere decir que el que acoja el Reino, saldrá de la dinámica de la opresión y entrará en la del servicio. Por cierto, entre las imágenes que se refieren a la presencia del Mesías no hay ni un solo signo religioso.

La noticia es que Dios no va a pedirnos cuenta de nuestros pecados, sino que nos ha liberado de todos ellos. La noticia de que no son los sabios y entendidos los que descubrirán a Dios sino los sencillos. La noticia de que no son los que detentan el poder religioso los que están más cerca de Dios sino los que lo sufren y padecen.

Jesús rompe todos los moldes, desbarata todos los deseos. Lo que aporta va en la dirección contraria de las expectativas. No viene a imponer nada, sino a proponer el servicio. Su actitud de no-violencia, de no defenderse de los enemigos, de no destruir al adversario, escandaliza a todos. No solo no vine a imponer “justicia” sino que acepta la injusticia en su propia carne. …y dichoso el que no se escandalice de mí.

El Reino no lo hacen presentes los ciegos o sordos o cojos curados, sino el que se preocupa de ellos. Por no tener esto en cuenta, creemos que lo importante es librar al pobre de sus carencias. El objetivo primero debe ser librarme yo de mi inhumanidad. Incluso para un ciego, más importante que ver, es recuperar su humanidad.

La advertencia sirve también para nosotros. Seguimos creyendo que la salvación que Jesús nos trajo no responde a lo que esperábamos. Seguimos sin enterarnos de que el amor que predica Jesús es eficaz solo si se hace vida y es inútil si se queda en teoría.

El amor nunca se pondrá al servicio de nuestro ego para alcanzar provecho personal. El amor va siempre en dirección a los demás y se olvida de sí. Nos empujará siempre a desprendernos de nuestro ego. El amor compasivo es nuestra verdadera naturaleza.

La mayoría de las miserias humanas no están a lo fisiológico. Todos estamos rodeados de carencias más importantes que las biológicas. La falta de alimento me puede matar, pero la falta de amor me destroza como ser humano. Entraré en la dinámica del Adviento cuando haga presente el Reino no defraudando al que espera algo de mí.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

II DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo A (Reflexión)

 II DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Diciembre 7, 2025 
Isaías 11, 1-10 / Salmo 71 / Romanos 15, 4-9


En este segundo Domingo de Adviento, recordamos en voz de los profetas la venida del Salvador, la cual tenemos que actualizar en este tiempo que vivimos…

Evangelio según san Mateo 3, 1-12

En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”. Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.

Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.

Al ver que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su arrepentimiento y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham, porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto, será cortado y arrojado al fuego.

Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han arrepentido; pero el que viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. Él tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.

Reflexión:

¿Qué espera Jesús de nosotros?

La reflexión de este Segundo Domingo de Adviento puede partir de la pregunta: ¿a dónde voy y a qué… en mi vida? la cual surge de la meditación del “Llamamiento del Rey Temporal”, en los Ejercicios Espirituales (EE91) de San Ignacio de Loyola, y  hoy nos ayuda a comprender el llamado de Juan Bautista: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos” … porque si sabemos dónde estamos y hacia dónde vamos y nos damos cuenta de que nos hemos desviado y alejado de aquello a lo que somos llamados por Dios, “tener una vida que valga la pena vivir” (cfr. PyF EE 22), entonces necesitamos regresar al camino que nos conviene.

Corregir la forma de vida y las actitudes con que andamos por ella, es la manera de preparar la venida de Jesús, a nuestro corazón; lo cual implica la necesidad de una transformación personal, tanto interior como exterior; y para lograrlo es necesario dejarnos impulsar por el Espíritu de Jesús.

El Espíritu Santo, nos ilumina y abre nuestro entendimiento para comprender cómo es que Jesús ha venido a salvarnos, de aquello que nos aleja de Él. Desde nuestro desierto interior, habremos de reconocer que andamos mal y necesitamos cambiar, para el bien propio y el bien común.

Isaías, profetiza que Jesús, es poseedor del Espíritu de Dios: sabiduría y entendimiento, consejo y fortaleza, ciencia y temor de Dios (respeto y reverencia) y es Él quien nos salva, cuando vivimos con su justicia y lealtad, en armonía y fraternidad con los demás; Pablo, nos recuerda como la Palabra es para instruirnos y que el reinado del amor en nuestro corazón se instale y sea reflejado a los demás.

Adviento es preparar nuestro corazón, es escuchar y dejar que nos guíe el Espíritu, para que la Palabra germine y de fruto en el mundo; Adviento es, docilidad y humildad, para hacer presente el amor que Dios nos tiene, a todos.

Prepararnos en este tiempo, y en cada día de nuestra vida, es posibilitar que al final, seamos el trigo que será cosechado y llevado al granero del Reino de Dios.

¿Cómo ser dócil y humilde, para reflejar el amor de Dios, a la comunidad?... ¿Cómo puedo preparar mi corazón, para que lo habite Jesús?... ¿Cómo elegir caminos que me lleven al Reinado del Amor?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

II DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo A (Profundizar)

 II DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Diciembre 7, 2025 
Isaías 11, 1-10 / Salmo 71 / Romanos 15, 4-9

Evangelio según san Mateo 3, 1-12

En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”. Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.

Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.

Al ver que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su arrepentimiento y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham, porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto, será cortado y arrojado al fuego.

Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han arrepentido; pero el que viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. Él tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Las Escrituras nos dan consuelo, alimentan nuestra paciencia, de modo que mantengamos nuestra esperanza. Estamos en Adviento, este tiempo de nuestra comunidad en el que nuestra esperanza recibe buena nutrición o cuidados intensivos en algunos casos, pero nunca cuidados paliativos; pues, para nosotros, los amigos de Jesús, la esperanza no muere.

Este tiempo de Adviento es un buen momento para mirar cómo andamos de esperanza; es decir, ese seguir creyendo en medio de dificultades, problemas y tristezas, que el mal, la muerte y la injusticia no tienen la última palabra. Ha de retumbar en nuestro corazón, sacudiendo las puertas y ventanas cerradas, el anuncio del Bautista: "Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos".

¿Convertirnos de qué? De toda actitud que destruye la esperanza, es decir, de la impaciencia y del desconsuelo; de las prácticas injustas que provocan violencia y obstaculizan la paz.

¡Ya viene nuestro Señor! Ya viene a darnos la justicia, a liberarnos, a protegernos, a salvarnos; viene a iluminar nuestras oscuridades, viene a traernos la paz. ¿Cuándo llegará? No sabemos, pero la certeza de que viene nos levanta, nos fortalece para mantener la alegría profunda y participar con Él en la construcción de la paz.

Respira profundo y llena tu corazón de la esperanza que nos regala este tiempo de Adviento.

#FelizDomingo 

“Pórtense de tal modo que se vea claramente que se han vuelto al Señor”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Cuentan que un sacerdote y un taxista que tenían idéntico nombre, murieron el mismo día. El taxista tenía fama de ser muy mal conductor, mientras que el sacerdote era reconocido entre sus vecinos como santo. Al llegar al cielo, al taxista lo atendieron muy bien; lo hicieron seguir a la mejor sala y le dieron un puesto importante, mientras que al sacerdote lo dejaron a un lado. Cuando el sacerdote se dio cuenta de la discriminación con que lo habían tratado, le dijo a San Pedro: “Oiga, debe haber una equivocación. Ese señor taxista se llama igual que yo, pero tenía pésima fama entre los vecinos de nuestro pueblo. ¿Cómo es posible que lo hayan recibido como a un santo, mientras que a mí, que fui sacerdote toda la vida, me han dejado en un puesto sin el menor brillo?” San Pedro, entonces, le explicó al sacerdote: “Mire, aquí trabajamos por resultados”. El sacerdote puso cara de no haber entendido nada, de modo que San Pedro continuó: “Verá usted, los informes que hemos recibido dicen que cuando ese taxista manejaba, todo el mundo rezaba, incluidos los que iban en el taxi. Pero nos han informado que cuando usted predicaba los domingos en la parroquia, todo el mundo dormía...”.

El tiempo de Adviento tiene un carácter penitencial... Es un tiempo de preparación para la venida del Señor. Los cristianos y cristianas estamos invitados a renovar nuestra propia vida para acoger a Dios que quiere volver a poner su tienda entre nosotros. La misión de Juan el Bautista fue precisamente llamar a sus contemporáneos a preparar los caminos del Señor: “En su predicación decía: ‘¡Vuélvanse a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!”. Eso mismo nos dice hoy a cada uno de nosotros. Este tiempo, entonces, es una oportunidad para revisar nuestra vida y reconocer aquellas actitudes que tenemos que cambiar. Es un tiempo de reforma, de conversión, de cambio.

Es posible que haya dimensiones de nuestra vida que tengamos que revisar y corregir para que Dios pueda encarnarse de nuevo en nuestra historia. Dios no nace en el pesebre bien adornado y bonito que organizamos en nuestras casas. No nace en los pesebres con muchas luces y figuritas que se elaboran en las parroquias. Mucho menos va a nacer debajo de los arbolitos de navidad que nada tienen que ver con nuestra tradición cristiana. Dios sólo puede nacer en un corazón que se prepara para acoger su propuesta y se dispone a dejarse transformar por el amor. Nuestro corazón es el único pesebre en el que Dios puede volver nacer de nuevo entre nosotros. Los otros pesebres son apenas el símbolo de lo que queremos vivir nosotros mismos.

Es posible que nuestro corazón, como el pesebre de Belén, no sea el lugar más elegante, ni tenga todas las comodidades de un gran palacio. Es posible que nuestro corazón necesite una limpieza y algunos ajustes para acoger al Hijo de Dios. Lo importante es que esté dispuesto a recibir la pequeñez de un Dios que se abaja para rescatarnos. Muy seguramente esto significará un cambio de rumbo en nuestro camino, una reforma de vida, una transformación interior. Y, por otra parte, esto tendrá que hacerse visible y expresarse en comportamientos nuevos de cercanía a los más frágiles, de acogida a los más débiles, de amor a los más pequeños. No olvidemos tampoco que lo más importante no son los títulos o las certificaciones. En el cielo nos evaluarán por los resultados.

 

RECUPERAR CAMINOS

José Antonio Pagola

Es muy fácil quedarse en la vida «sin caminos» hacia Dios. No hace falta ser ateo. No es necesario rechazar a Dios de manera consciente. Basta seguir la tendencia general de nuestros días e instalarnos en la indiferencia religiosa. Poco a poco, Dios desaparece del horizonte. Cada vez interesa menos. ¿Es posible recuperar hoy caminos hacia Dios?

Tal vez, lo primero sea recuperar «la humanidad de la religión». Abandonar caminos ambiguos que conducen hacia un Dios interesado y dominador, celoso solo de su gloria y su poder, para abrirnos a un Dios que busca y desea, desde ahora y para siempre, lo mejor para nosotros. Dios no es el Ser Supremo que aplasta y humilla, sino el Amor Santo que atrae y da vida. Las personas de hoy volverán a Dios no empujadas por el miedo, sino atraídas por su amor.

Es necesario, al mismo tiempo, ensanchar el horizonte de nuestra vida. Estamos llenando nuestra existencia de cosas, y nos estamos quedando vacíos por dentro. Vivimos informados de todo, pero ya no sabemos hacia dónde orientar nuestra vida. Nos creemos las generaciones más inteligentes y progresistas de la historia, pero no sabemos entrar en nuestro corazón para adorar o dar gracias. A Dios nos acercamos cuando nos ponemos a buscar un espacio nuevo para existir.

Es importante, además, buscar un «fundamento sólido» a la vida. ¿En qué nos podemos apoyar en medio de tanta incertidumbre y desconcierto? La vida es como una casa: hay que cuidar la fachada y el tejado, pero lo importante es construir sobre cimiento seguro. Al final, siempre necesitamos poner nuestra confianza última en algo o en alguien. ¿No será que necesitamos a Dios?

Para recuperar caminos hacia él necesitamos aprender a callar. A lo más íntimo de la existencia se llega no cuando vivimos agitados y llenos de miedo, sino cuando hacemos silencio. Si la persona se recoge y queda callada ante Dios, tarde o temprano su corazón comienza a abrirse.

Se puede vivir encerrado en uno mismo, sin caminos hacia nada nuevo y creador. Pero también se puede buscar nuevos caminos hacia Dios. A ello nos invita el Bautista.

NUNCA HEMOS INTEGRADO LA FIGURA DE JUAN

Fray Marcos

Hoy Isaías y Juan tienen la palabra. El profeta es el hombre que ve un poco más allá que el resto de los mortales. No le gusta lo que ve y busca algo nuevo. Esa novedad la encuentra dentro de sí, viendo las exigencias de su ser. El profeta es siempre un explorador del espíritu que tiene la valentía de comunicar a los demás lo que ha visto.

Los tiempos mesiánicos llegarán cuando ni las religiones ni los conocimientos racionales tengan la última palabra, sino que la norma última sea “la ciencia del Señor”. ¡Genial! Esa sabiduría está en lo hondo de nuestro ser y solo allí debemos descubrirla.

El evangelio de hoy es un alimento tan condensado, que necesitaría muchas horas de explicación (diluirlo para que no resulte indigerible). El problema que tenemos es que lo hemos escuchado tantas veces, que es casi imposible que nos mueva a ningún examen serio sobre el rumbo de nuestra vida. Y, sin embargo, ahí está el revulsivo.

En aquellos días... Este comienzo es un intento de situar los acontecimientos y dejarlos insertados en un tiempo y en un lugar. Jesús tenía veintiocho o treinta años y estaba preparado para empezar su andadura. Los primeros pasos los quiere dar de la mano del primer profeta que aparecía en Israel después de trescientos años de sequía.

En el desierto. Aparece fuera de las instituciones y del templo, que sería el lugar más lógico, sobre todo si damos por supuesto que Juan era hijo de un sacerdote. Esto se dice con toda intención. Nos está advirtiendo que su predicación tiene muy poco que ver con la religiosidad oficial, que había desfigurado la imagen del verdadero Dios.

Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios. Convertirse no es renunciar a nada ni hacer penitencia por nuestros pecados. Conversión (metanoia) es cambio de mentalidad. Es exactamente la frase con que, en el capítulo siguiente, comienza su predicación el mismo Jesús. Quiere resaltar la coincidencia de la predicación de ambos.

Éste es el que anunció el profeta Isaías. Esta manera de referirse al Bautista es muy interesante, porque resume muy bien lo que pensaban los primeros cristianos de Juan. Para ellos, la figura de Juan responde a las expectativas de Isaías y del pueblo. Juan es Elías (correa de cuero) que vuelve para preparar los tiempos mesiánicos.

Llevaba un vestido de piel de camello. Su figura es ya un reflejo de lo que será su mensaje, desnudo y sin adornos, puro espíritu, pura esencia. Juan es un inconformista que no se amolda a la manera religiosa de vivir que tenían los judíos de su tiempo.

Acudía a él toda la gente. La gente se aparta del templo y busca la salvación en el desierto junto a un profeta. La religión oficial se había vuelto inútil, en vez de salvar esclavizaba. Mateo llevará la gente a Jesús, en quien encontrará la salvación definitiva.

Dad el fruto que pide la conversión. Los fariseos y los saduceos eran los dos grupos más influyentes. Van a bautizarse, pero sin cambiar. Las instituciones opresoras tratan de domesticar ese movimiento inesperado, pero son desenmascarados por Juan. 

Él os bautizará con Espíritu Santo. Está hablando de un bautismo superior al suyo. Toda plenitud es siempre realizada por el Espíritu. No se trata del Espíritu Santo, sino de la fuerza de Dios que actúa en Jesús y en todo el que “se bautice en él”.

La conclusión es demoledora. Ninguna religiosidad que no valore al hombre tendrá sentido. Somos propensos a dilucidar nuestra existencia relacionándonos directamente con Dios, pero se nos hace muy cuesta arriba el tener que salir del egoísmo y abrirnos a los demás. Nos cuesta aceptar que lo que me exige Dios (mi verdadero ser) es que cuide del otro. Si nos pudiéramos escamotear de esta exigencia, todos seríamos buenísimos.

 

 

XVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

  XVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – agosto 2, 2026  Isaίas 55, 1-3 / Salmo 144 / Romanos 8, 35. 37-39 En este domingo, Je...