miércoles, 18 de septiembre de 2024

XXV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B (Reflexión)

 XXV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B (Marcos 9, 30-37) – septiembre 22, 2024  
Sabiduría 2,17. 17-20; Salmo 53; Santiago: 3, 16-4,3

 


Hoy, en el evangelio Jesús nos da una lección de humildad y servicio, mostrándonos que todo cristiano está llamado a servir a los demás, en especial a los más pequeños …

Evangelio según san Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero Él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará". Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones. Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: "¿De qué discutían por el camino?" Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: "Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos".

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: "El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado".

Reflexión:

¿Cómo puedo en todo amar y servir?

Leemos en las lecturas de hoy, como las personas, por una parte, si no controlamos nuestro ego, envidias y rivalidades, podemos caer actitudes que lastiman al prójimo, por nuestras  malas obras y maldad: “ponemos trampas al justo”, “porque nos molesta que nos echen en cara, que estamos mal” … (cfr. Sab 2,17. 17-20); es la ambición y codicia, que surge de nuestro interior, lo que nos lleva a generar violencia para alcanzar aquello que deseamos y no podemos tener por nuestros medios, por lo que descontrolados: arrebatamos, robamos, hasta poder ”eliminar / matar”, con tal de poseerlo. Así, movidos por el deseo de acumular bienes, alimentamos nuestro ego y falso honor, para sentirnos poderosos y dominar a los demás.

Por otra parte, el apóstol Santiago y el mismo Jesús nos dicen que es lo importante para ser persona de bien y para bien, hay que:

·        buscar la sabiduría de Dios…

·        ser misericordiosos, compasivos…

·        aprender a pedir a Dios, lo necesario para hacer el bien...

·        siendo serviciales con los demás…

·        en especial a los niños, los pequeños, los pobres, los vulnerables y descartados…

Necesitamos estar atentos a lo que Jesús nos enseña, no andar distraídos en posicionarnos, como los apóstoles, buscando puestos y honor. Dios nos ha dado dones, que hay que desarrollar y pulir, para ponerlos a trabajar para procurar el bien, la justicia y la paz, en la comunidad, la ciudad.

Jesús, es ejemplo de como servir, sin favoritismos, sin interés; simple y sencillamente, por amor. Él mismo fue víctima de los ambiciosos y poderosos, que lo llevaron a la muerte, por que les incomodaban sus enseñanzas.

No tengamos miedo de escucharlo, de seguirlo, de servir, de amar… podemos ser y hacer el bien, porque  “el Señor es quien me ayuda" (Sal 53).

¿Cómo purificar mis deseos, intenciones y acciones... ¿Cómo ser artesano de justicia y paz?...¿A dónde voltear mi mirada y tender una mano que ayude y sirva?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Para profundizar, leer aquí. 
Columna publicada en: https://bit.ly/RBNenElHeraldoSLP

sábado, 14 de septiembre de 2024

XXIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B (Reflexión)

XXIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B (Marcos 8, 27-35) – septiembre 15, 2024 
Isaías 50, 5-9; Salmo 114; Santiago: 2, 14-18

 


En este domingo en el evangelio Jesús nos la hace las mismas preguntas que hace a sus discípulos, para discernir y responder a los desafíos de nuestro tiempo…

Evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas".

Entonces Él les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Pedro le respondió: "Tú eres el Mesías". Y Él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día. Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: "¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres".

Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará".

Reflexión:

¿Quién es Jesús para mi?

Hoy, las lecturas nos llevan a reflexionar sobre cual es la respuesta que podemos dar cada uno, a la pregunta que nos hace Jesús: “¿quién dices que soy yo?”.

La respuesta posible que demos, tiene que ser en primera persona: depende de lo que he aprendido y escuchado sobre él, de lo que yo conozco y he experimentado sobre su persona, pero hay que evitar, el riesgo de idealizar o fabricar una imagen de Jesús, a mi medida, a mi conveniencia; porque mi respuesta pudiera ser imprecisa, incompleta o equivocada, alineada a mis gustos y deseos.

Mi respuesta, por tanto, habrá que ser meditada, reflexionada y profundizada, a partir de lo que ha quedado registrado en la Sagrada Escritura, de dónde podemos, como dice San Ignacio de Loyola “pedir conocimiento interno del Señor Jesús, que por mi se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga.” EE 104

El conocer de primera mano a Jesús, quien nos “habla con entera claridad”, con verdad, sin irse por las ramas, nos invita a seguirlo, ser sus discípulos: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará".

Como hemos comentado anteriormente y hoy nos recuerda el evangelio, Jesús viene a salvarnos, y el camino es “su camino”: la entrega, el servicio, la búsqueda del bien común … un camino que no es fácil, por las adversidades que habremos de enfrentar por ir a contracorriente, por seguirlo, por confiar en Él, como lo dice Isaías en la primera lectura (Is 50, 5-9). Habremos de estar vigilantes de que no nos espante, como a Pedro, lo que implica el seguimiento de Jesús.

Ánimo, si realmente conozco a Jesús, me habré de enamorar de su proyecto, y lo seguiré confiadamente, porque “Caminaré en la presencia del Señor” (Sal 114), y así salvo mi vida, colaborando con Él en hacer presente el reinado de su amor, con mi testimonio y obras, haciendo uso de los dones recibidos. (cfr. Sant 2, 14,18)

¿En qué medida he permitido que mis propias expectativas sobre Jesús influyan, en mi comprensión de Él?... ¿Estoy dispuesto a tomar mi cruz y seguir a Cristo, incluso cuando esto implique sufrimiento?... ¿Cómo puedo fortalecer mis relaciones con otros cristianos y crecer juntos en la fe?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Para profundizar, leer aquí. 
Columna publicada en: https://bit.ly/RBNenElHeraldoSLP

XXIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B (Profundizar)

XXIV Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B (Marcos 8, 27-35) – septiembre 15, 2024 
Isaías 50, 5-9; Salmo 114; Santiago: 2, 14-18

 


Evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas".

Entonces Él les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Pedro le respondió: "Tú eres el Mesías". Y Él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día. Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: "¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres".

Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará".

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia 

¿Quién dices que soy yo?

La Palabra hoy parece desconcertante: Perder para ganar, cargar para soltar, renunciar para tener. Eso, sólo es posible para quien vive en libertad, para quien tiene fe. Tiene fe quien ha suplicado y Dios lo ha escuchado, quien ha caído en tristeza y angustia y Dios lo ha salvado. Tiene fe quien sabe, porque ha experimentado, que Dios es bueno, justo y compasivo, quien está convencido que nunca habrá de soltarse de su mano.

 Quien tiene fe, tiene obras “Yo, por las obras, te probaré mi fe”, escuchamos afirmar hoy al apóstol Santiago. La fe en Cristo se proclama, no con palabras sino con actos. Escuchemos a Jesús hoy preguntarnos, sobre qué vamos con nuestra vida, con nuestros actos de Él anunciando: ¿Quién dices que soy yo, con tus obras, con tus actos?

Pidamos a Dios que refuerce nuestra fe, para vivir valientes, libres y entregados. #FelizDomingo

“(...) el que quiera salvar su vida la perderá” 

Hace algunos meses me llegó un mensaje por la Internet que contaba que el 14 de octubre de 1998, en un vuelo trasatlántico de la línea Aérea British Airways tuvo lugar el siguiente suceso: A una dama la sentaron en el avión al lado de un hombre de raza negra. La mujer pidió a la azafata que la cambiara de sitio, porque no podía sentarse al lado de una persona tan desagradable. La azafata argumentó que el vuelo estaba muy lleno, pero que iría a revisar en primera clase a ver por si acaso podría encontrar algún lugar libre.

Todos los demás pasajeros observaron la escena con disgusto, no solo por el hecho en sí, sino por la posibilidad de que hubiera un sitio para la mujer en primera clase. La señora se sentía feliz y hasta triunfadora porque la iban a quitar de ese sitio y ya no estaría cerca de aquella persona. Minutos más tarde regresó la azafata y le informó a la señora: “Discúlpeme señora, pero efectivamente todo el vuelo está lleno... pero afortunadamente encontré un lugar vacío en primera clase. Sin embargo, para poder hacer este tipo de cambios le tuve que pedir autorización al capitán. Él me indicó que no se podía obligar a nadie a viajar al lado de una persona tan desagradable”.

La señora con cara de triunfo, intentó salir de su asiento, pero la azafata en ese momento se voltea y le dice al hombre de raza negra: “Señor, ¿sería usted tan amable de acompañarme a su nuevo asiento?” Todos los pasajeros del avión se pararon y ovacionaron la acción de la azafata. Ese año, la azafata y el capitán fueron premiados por esa actitud. La empresa se dio cuenta que no le había dado demasiada importancia a la capacitación de su personal en el área de atención al cliente. Por tanto, se hicieron algunos cambios de inmediato. Desde ese momento en todas las oficinas de British Airways se lee el siguiente mensaje: “Las personas pueden olvidar lo que les dijiste. Las personas pueden olvidar lo que les hiciste. Pero nunca olvidarán como los hiciste sentir".

Qué bueno es este ejemplo para exaltar las palabras que dirigió Jesús a sus discípulos después de la discusión sobre quién era él y el anuncio de su pasión: “Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por causa mía y por acepar el evangelio, la salvará”.

Nuestra sociedad nos ha ido acostumbrando a buscar lo mejor para nosotros. Incluso, los padres de familia le enseñan a sus hijos e hijas a no dejarse de los compañeros. Primero yo, segundo yo, y si alcanza para un tercero, también yo, parece ser lo normal en nuestras relaciones interpersonales y sociales. Los que buscan el poder político, económico, social y cultural, pocas veces están pensando en el beneficio de los demás. Pero mucho más escasa es la disposición a sacrificarse o a entregarse por los otros a costa de nuestro bienestar y mucho menos de nuestra vida. ¡Qué distinto es el mensaje de Jesús, el Mesías, como Pedro lo reconoció delante de sus compañeros! Su proyecto va en contravía de nuestros valores. No podemos olvidar que el que quiera salvar su vida, con toda seguridad, la perderá. Ni podemos perder de vista que cuando se está dispuesto a perder la vida por los demás, a lo mejor lo pasan a primera clase...

¿QUÉ NOS PUEDE APORTAR JESÚS? 

«¿Quién decidió que soy yo?». No sé exactamente cómo contestarán a esta pregunta de Jesús los cristianos de hoy, pero tal vez podemos intuir un poco lo que puede ser para nosotros en estos momentos si logramos encontrarnos con él con más hondura y verdad.

Jesús nos puede ayudar, antes que nada, a conocernos mejor. Su evangelio hace pensar y nos obliga a plantearnos las preguntas más importantes y decisivas de la vida. Su manera de sentir y de vivir la existencia, su modo de reaccionar ante el sufrimiento humano, su confianza indestructible en un Dios amigo de la vida es lo mejor que ha dado la historia humana.

Jesús nos puede enseñar sobre todo un estilo nuevo de vida. Quien se acerca a él no se siente tanto atraído por una nueva doctrina como invitado a vivir de una manera diferente, más arraigado en la verdad y con un horizonte más digno y más esperanzado.

Jesús nos puede liberar también de formas poco sanas de vivir la religión: fanatismos ciegos, desviaciones legalistas, miedos egoístas. Puede, sobre todo, introducir en nuestras vidas algo tan importante como la alegría de vivir, la mirada compasiva hacia las personas, la creatividad de quien vive amando.

Jesús nos puede redimir de imágenes enfermas de Dios que vamos arrastrando sin medir los efectos dañinos que tienen en nosotros. Nos puede enseñar a vivir a Dios como una presencia cercana y amistosa, fuente inagotable de vida y ternura. Dejarnos conducir por él nos llevará a encontrarnos con un Dios diferente, más grande y humano que todas nuestras teorías.

Eso sí. Para encontrarnos con Jesús en un nivel un poco auténtico hemos de atrevernos a salir de la inercia y del inmovilismo, recuperar la libertad interior y estar dispuestos a «nacer de nuevo», dejando atrás la observancia rutinaria y aburrida de una religión convencional.

Sé que Jesús puede ser el sanador y liberador de no pocas personas que viven atrapadas por la indiferencia, distraídas por la vida moderna, paralizadas por una religión vacía o seducidas por el bienestar material, pero sin camino, sin verdad y sin vida.

NUNCA DESCUBRIRÉ QUIÉN ES JESÚS SI NO VIVO LO QUE ÉL VIVIÓ 

Responder a la pregunta de ¿quién es Jesús? es una tarea desorbitada. Desde el día de Pascua, los seguidores de Jesús no han hecho otra cosa que intentar responderla. Durante los tres últimos siglos, pero sobre todo en el pasado y lo que va de este, se ha dado un vuelco en la manera de entender los evangelios. Hasta ese momento nadie cuestionó que los evangelios eran historia y había que entenderlos literalmente.

Hoy sabemos que son una interpretación de la figura de Jesús, condicionada por sus circunstancias de todo tipo. Nos transmitieron lo que ellos grababan, pero no lo que fue en realidad Jesús. No podemos aceptar hoy su interpretación con la idea que hoy tenemos de 'historia'. Hoy estamos en mejores condiciones para hacer una nueva interpretación de Jesús y no podemos desaprovechar la ocasión. Tenemos la obligación de intentar traducir su figura a un lenguaje más adecuado a la realidad.

Todo recuerdo es interpretación de lo que entra por los sentidos. Solo somos conscientes de una mínima parte de lo que vemos y oímos. De esa pequeña parte solo recordamos lo que tiene algún interés para nuestra vida. Si no fuera así, nos volveríamos todos locos. Los primeros seguidores de Jesús, todos judíos, no tenían otra herramienta que el AT para explicar lo que vieron y oyeron en él. Por eso la respuesta de Pedro no puede coincidir con el verdadero mesianismo de Jesús.

La obligación de un cristiano será siempre tratar de conocer a Jesús. Solo en la medida que le conozcamos mejor podremos vivir lo que él vivió. La idea que hoy tenemos de Dios del mundo y del hombre nos tiene que llevar a una comprensión más profunda del mensaje evangélico. Jesús fue un ser humano fuera de serie que nos empuja a una nueva comprensión de lo que significa ser plenamente humanos.

La doble pregunta de Jesús parece suponer que esperaba una respuesta distinta. La realidad es que, a pesar de la rotunda respuesta de Pedro: “tú eres el Mesías”, la manera de entender ese mesianismo estaba lejos de la verdadera comprensión de Jesús. Pedro, como se manifestará más adelante, sigue en la dinámica de un Mesías terreno y glorioso. Para él es incomprensible un Mesías vencido y humillado hasta la aparente aniquilación total. Apenas tres versículos después, Pedro increpa a Jesús por hablarles de la cruz.

El Hijo de hombre tiene que padecer mucho. Hijo de hombre significa, perteneciente a la raza humana, pero en plenitud. Por cierto, “este hombre” es el único título que se atribuye Jesús a sí mismo. “Tiene que” no alude a una necesidad metafísica oa una voluntad de Dios externa, sino a la exigencia del verdadero ser del hombre. “Padecer mucho” hace referencia no solo a la intensidad del dolor en un momento determinado sino a la multitud de sufrimientos que se van a extender durante toda su vida.

Jesús proclama, con toda claridad, cuál es el sentido de su misión como ser humano. Diametralmente opuesta a la que esperaban los judíos y la que también esperaban los discípulos de un Mesías. Nada de poder y dominio sobre los enemigos, sino todo lo contrario, dejarse matar, antes de hacer daño a nadie. Pedro se ve obligado a decirle a Jesús lo que tiene que hacer, porque su postura equivocada le hace pensar que ni Dios puede estar de acuerdo con lo que acaba de proponer a Jesús como itinerario de salvación.

Como Pedro habla en nombre de los apóstoles, Jesús responde de cara a los discípulos, para que todos se den por enterados del tremendo error que supone no aceptar la entrega al servicio de los demás y de la cruz. Ese mensaje es irrenunciable. Pedro le propone exactamente lo mismo que le propuso Satanás: el mesianismo del triunfo y del poder, por eso le llama Satanás. Claro que esa manera de pensar es la más humana (demasiado humana) que podríamos imaginar, pero no es la manera de pensar de Dios.

Lo que acaba de decir de sí mismo, lo explica ahora a la gente. “Si uno quiere venirse conmigo, que se niegue a sí mismo…” No es fácil adquirir el verdadero significado de esta frase; sobre todo si tenemos en cuenta que el texto no dice negarse, sino renegar de sí mismo. Aquí el 'sí mismo' hace referencia a nuestro falso yo. El desapego del falso yo es imprescindible para poder entrar por el camino que Jesús propone.

“El que quiera salvar su vida la perderá…” No está claro el sentido de 'psykhe': No puede significar vida biológica, porque diría 'bios'; tampoco significa alma, porque los judíos no tenían el concepto de alma. No se trata de elegir entre dos vidas, sino buscar la plenitud de la Vida en su totalidad. El que solo se preocupa de su individualidad, malogra toda su existencia; pero el que, superando el egoísmo, descubre su verdadero ser y actúa en consecuencia, dándose a los demás, dará pleno sentido a su vida y alcanzará su plenitud.

La esencia del mensaje de Jesús sigue sin ser aceptada. Ni el instinto ni los sentidos ni la razón podrán comprender nunca que el fin del individuo sea deshacerse. Por eso hemos hecho verdaderas filigranas para terminar tergiversando el evangelio. Si creemos que lo importante es lo sensato, lo material que me da seguridades egoístas, lo defenderemos con uñas y dientes y no dejaremos que lo que vale de veras cobre su importancia.

¿Quién es Jesús? La respuesta no puede ser la conclusión de un razonamiento. No servirán de nada ni filosofías ni teologías. Los análisis externos de lo que hizo y dijo no nos lleva a ninguna parte, porque no son comprensibles. Solo una vivencia interior que te haga descubrir dentro de ti lo que vivió Jesús, podrás llevarte al conocimiento de tu persona. Jesús desplegó todas las posibilidades de ser humano. La clave de todo el mensaje de Jesús es esta: dejarse machacar es más humano que hacer daño a alguien.

Debemos seguir preguntándonos quién es Jesús. Pero lo que nos debe interesar es un Jesús que encarna el ideal del ser humano, que nos puede descubrir quién es Dios y quién es el hombre. La pregunta que debo contestar es: ¿Qué significa, para mí, Jesús? Pero debemos dejar muy claro que no se puede responder a la pregunta si no nos preguntamos ¿Quién soy yo? No se trata del conocimiento externo. Ni siquiera se trata de conocer y aceptar su doctrina. Se trata de responder con mi propia vida.

La razón puede dejarse llevar de las exigencias biológicas y utilizar toda su capacidad para buscar el placer o para huir del dolor. Pero el hombre, desde su vivencia interior, puede descubrir que su meta no es el gozo inmediato, sino alcanzar la plenitud humana, que le llevará más allá de la satisfacción sensorial. Si la razón no cede a las exigencias del ego, y pretende imponerse un bien superior, la biología reaccionará produciendo dolor. Este dolor es el que Jesús propone como inevitable para alcanzar la plenitud.

 


sábado, 7 de septiembre de 2024

XXIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B (Reflexión)

 XXIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B (Marcos 7, 31-37) – septiembre 8, 2024
Isaías: 35, 4-7; Salmo 145; Santiago: 2, 1-5


Las lecturas de este domingo son una bocanada de esperanza, para este tiempo que vivimos en nuestro país, son un llamado a la fraternidad y confianza en Dios…

Evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “¡Effetá!”. (Que quiere decir “¡Ábrete!”). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más selo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: “¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

Reflexión:

¿Cómo abrir mi corazón a la Palabra?

Hoy, tal vez, más que nunca, necesitamos poner atención y escuchar con claridad a Jesús, que como lo anunciaba el profeta Isaías, Él es quien viene a salvarnos. Podemos preguntarnos, ¿de qué nos salva?, pues nada más ni nada menos que de nuestras debilidades, cegueras, sorderas, cojeras, injusticias, opresiones, agobios, conveniencias, favoritismos, egoísmos y falta de fraternidad.

En gran parte, todos los sufrimientos de la gente son causa directa o indirecta, de acciones maquinadas por personas que en su corazón no tienen amor por los demás; que actúan desde su pobreza de corazón, que es la “ausencia de Dios” en ellos, y cuyas decisiones y acciones condenan injustamente, sobre todo a los menos favorecidos, a pobreza material, intelectual y biológica, que los condena a fácilmente ser objeto de abuso y explotación, que les impide tener una buena vida.

Los textos de hoy, nos ofrecen una profunda reflexión sobre la condición humana y la esperanza en tiempos de crisis; su mensaje sigue siendo relevante y nos invitan a una profunda introspección, personal y comunitaria; son imagen de sanación física y espiritual, una invitación a la esperanza, en un mundo marcado por la enfermedad, la injusticia y la exclusión, estas palabras nos recuerdan que la transformación es posible y que Dios sigue actuando en la historia.

Necesitamos pedir a Jesús que ¡abra nuestros oídos!, para que lo escuchemos y lo entendamos, y así podamos vivir como Él los invita: fraternalmente, cuidando unos de otros, procurando siempre el bien común. Necesitamos que más gente escuche la Buena Nueva, a través de nuestro testimonio, de palabra y obra; que nuestras trabas se suelten y hablemos de las maravillas que realiza el Señor en cada uno de nosotros; que nuestras manos levanten, abracen, limpien y alimenten, a quien sufre por causa de personas que “no saben amar”.

Agradezcamos al Señor que nos ha dado a conocer su modo de proceder, que nos empodera para ser su “imagen y semejanza” en este mundo, en la ciudad, la colonia y en nuestra familia… y así todos puedan decir sobre Jesús “¡Qué bien lo hace todo!”.

¿Por qué se nos dificulta escuchar y hablar, sobre Dios?... ¿Cómo podemos escuchar más y mejor a los necesitados de mi entorno? ... ¿Qué podemos hacer para ayudar, desde el amor?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Para profundizar, leer aquí.

Columna publicada en: https://bit.ly/RBNenElHeraldoSLP

XXIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B (Profundizar)

 XXIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B (Marcos 7, 31-37) – septiembre 8, 2024 
Isaías: 35, 4-7; Salmo 145; Santiago: 2, 1-5


Evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “¡Effetá!”. (Que quiere decir “¡Ábrete!”). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más selo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: “¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia 

La Palabra con la clara intensión de dirigirse a los corazones cobardes, nos recuerda que Dios es muy activo: abre los ojos del ciego, los oídos del sordo, fortalece la fuerza del cojo y hace cantar la lengua del mudo. Dios transforma; el desierto lo vuelve estanque y la tierra reseca en manantial. Dios hace justicia, da pan, libera, abre, endereza, ama, sustenta y aparta a los malvados. Dios es pues, un Dios activo, no permanece impasible ante nuestra necesidad. Pero todo esto, podemos ignorarlo porque estamos "cerrados", sin escuchar. Podemos oír con bastante agudeza, pero no escuchar; entonces nuestra vida transcurre "balbuceante". Pero siempre hay otros que buscan llevarnos ante Jesús, como el sordo del Evangelio de hoy, es llevado, él no va. Jesús sabe que su sordera es producto de su cerrazón, y entonces lo llama a hacer lo que necesita hacer: "Ábrete", y el hombre lo escucha y se libera.

Escuchemos a este nuestro Dios actuante decirnos: Se fuerte, no temas. ¿Te han dicho últimamente que sería bueno que escuches? ¿Quiénes te van llevando o intentan llevarte a ese encuentro liberador? Coloquémonos ante Jesús, y dejemos que meta sus dedos en nuestros oídos, que toque nuestra lengua y escuchemos su invitación.

Si escuchamos, Jesús transformará nuestras debilidades en fuerza y nuestros desiertos en fuentes de agua viva. ¡Effetá! #FelizDomingo

Llenos de admiración decían: Todo lo hace bien” 

Los jesuitas de Chile se empeñaron hace algunos años en una campaña publicitaria de gran despliegue a través de los medios masivos de comunicación social. La intención de la campaña era invitar a los televidentes a desarrollar actitudes humanas fundamentadas en los valores del Evangelio, pero utilizando un lenguaje cercano y cotidiano. Tuve la oportunidad de conocer algunos de los cortos e impactantes avisos que pasaron durante varios meses por la televisión chilena. Recuerdo uno que me impactó particularmente cuando nos lo mostró el P. Gabriel Jaime Pérez, SJ, después de un viaje suyo al país austral.

El spot publicitario, como se le llama a este tipo de anuncios, presentaba a un mendigo sucio, descuidado, harapiento y despeinado que estaba sentado en la acera de una calle muy concurrida. Mientras pedía limosna, la gente pasaba sin prestarle mayor atención. De pronto, aparece una hermosa joven rubia espectacularmente vestida que viene hacia el mendigo. Se acerca a él y comienza a besarlo en la boca de una manera apasionada. Desde luego, los transeúntes se detienen aterrados ante semejante escena. Después de unos segundos, aparecía un aviso que decía: “No te pedimos tanto. Sencillamente que lo trates como un ser humano...”.

Creo que este tipo de mensajes no nos cae mal en ningún momento. A veces pensamos que lo que se nos pide es demasiado o que no somos capaces de hacer nada por las personas derrengadas que nos encontramos por el camino de la vida. Tal vez esta es la actitud que tuvo Jesús con esas personas que eran despreciadas y marginadas en su medio social. Cuando le presentaron a aquel sordomudo para que le impusiera las manos, “Jesús se lo llevó a un lado, aparte de la gente, le metió los dedos en los oídos y con saliva le tocó la lengua. Luego, mirando al cielo, suspiró y dijo al hombre: ‘¡Efatá!’ (es decir: ‘¡Ábrete!’)”.

Esta actitud de cercanía con un ser humano sufriente, que había perdido, o tal vez nunca había tenido la posibilidad de comunicarse o escuchar a los demás, debió resultar sorprendente para los que acompañaban al Señor en su recorrido por territorios extranjeros. No estaba bien acercarse a un enfermo y mucho menos tocarlo. Sin embargo, el Señor no sólo se acerca, sino que le mete los dedos en los oídos y le toca la lengua con saliva, de manera que “los oídos del sordo se abrieron, y se le desató la lengua y pudo hablar bien”. Este hombre vivió, seguramente, el momento más importante de su vida. Se sintió atendido, respetado y acogido en su limitación.

Cualquiera de nosotros podría decir ante este milagro del Señor: “¡Eso es imposible para mí! Yo no sé cómo hacer ese tipo de milagros... No sé cómo devolverle a una persona sorda su capacidad de oír, o a una persona muda su capacidad para hablar”. Pero el Señor nos diría: “No te pedimos tanto. Sencillamente trátalo como un ser humano...”. Tal vez ese es el mejor milagro que podamos hacer hoy.

SALIR DEL AISLAMIENTO 

La soledad se ha convertido en una de las plagas más graves de nuestra sociedad. Los hombres construyen puentes y autopistas para comunicarse con más rapidez. Lanzan satélites para transmitir toda clase de ondas entre los continentes. Se desarrolla la telefonía móvil y la comunicación por Internet. Pero muchas personas están cada vez más solas.

El contacto humano se ha enfriado en muchos ámbitos de nuestra sociedad. La gente no se siente apenas responsable de los demás. Cada uno vive encerrado en su mundo. No es fácil el regalo de la verdadera amistad.

Hay quienes han perdido la capacidad de llegar a un encuentro cálido, cordial, sincero. No son ya capaces de acoger y amar sinceramente a nadie, y no se sienten comprendidos ni amados por nadie. Se relacionan cada día con mucha gente, pero en realidad no se encuentran con nadie. Vive con el corazón bloqueado. Cerrados a Dios y cerrados a los demás.

Según el relato evangélico, para liberar al sordomudo de su enfermedad, Jesús le pide su colaboración: «Ábrete». ¿No es esta la invitación que hemos de escuchar también hoy para rescatar nuestro corazón del aislamiento?

Sin duda, las causas de esta falta de comunicación son muy diversas, pero, con frecuencia, tienen su raíz en nuestro pecado. Cuando actuamos egoístamente nos alejamos de los demás, nos separamos de la vida y nos encerramos en nosotros mismos. Queriendo defensor nuestra propia libertad e independencia caemos en el riesgo de vivir cada vez más solos.

Sin duda es bueno aprender nuevas técnicas de comunicación, pero hemos de aprender, antes que nada, a abrirnos a la amistad y al amor verdadero. El egoísmo, la desconfianza y la insolidaridad son también hoy lo que más nos separa y aísla a unos de otros. Por ello, la conversión al amor es camino indispensable para escapar de la soledad. El que se abre al amor al Padre ya los hermanos no está solo. Vive de manera solidaria.

 

NO TE QUEDES EN LA SUPERFICIE DEL RELATO 

El episodio que nos narra hoy Marcos no tiene localización precisa como casi siempre. Solo dice que vuelve del Tiro al lago de Galilea, pasando por Sidón, atravesando la Decápolis. Podemos suponer que estamos en la Decápolis, tierra de paganos. Si alguno intentara marcar un recorrido geográfico lógico de los itinerarios de Jesús en el evangelio de Marcos, se encontraría con una galimatías indescifrable. Para Marcos la geografía no tiene ninguna importancia. Coloca a Jesús en cada momento donde más le interesa teológicamente.

En el AT, los tiempos mesiánicos se anunciaron como salvación para los marginados, los pobres, los que no tenían valedor en este mundo injusto. Seguramente hemos entendido demasiado literalmente el anuncio hecho por los profetas de que los sordos oirán, los mudos hablarán, los ciegos verán, los cojos saltarán... En realidad, nunca se dice en toda la Biblia que el Mesías tenía esa misión. También dicen los textos que nacerán fuentes en la estepa, que el león pacerá con el buey, que el niño cogerá la serpiente en la mano etc. y nadie espera que eso vaya a suceder en la realidad. Todo es signo del Reino, no el Reino.

Considerar el milagro como una excepción de las leyes de la naturaleza resulta anacrónico si se aplica a los milagros de los evangelios. En tiempos de Jesús no se cuestionaba la posibilidad del milagro. Todo el mundo aceptaba no solo la posibilidad sino la realidad de los milagros. Ni entonces ni ahora conocemos las leyes de la naturaleza para poder determinar lo que las sobrepasa o las violas. Lo que hasta tiempos muy cercanos sirvieron para apoyar la fe, es hoy un obstáculo para aceptarla. Los milagros narrados en los evangelios tratan de llevarnos a descubrir el mensaje de Jesús que está más allá de ellos.

Para aquella cultura el hecho de que una persona fuera sorda o muda o ciega, no era un problema de salud sino un problema religioso. Esa carencia era signo de que Dios le había abandonado. Si Dios lo había abandonado la institución religiosa estaba obligada a hacer lo mismo. Eran, por tanto, marginados por la religión, que era la mayor desgracia que podía recaer sobre una persona. Jesús, con su actitud, manifiesta que Dios está más cerca de los marginados, de los que sufren. Al curar, Jesús les está sacando de su marginación religiosa, demostrando que Dios no margina a nadie y que la religión no actúa en su nombre.

El relato está plagado de simbolismos que hacen imposible interpretarlo como crónica de unos hechos. En el capítulo siguiente se narra la curación del ciego de Betsaida, utilizando el mismo cliché: Es presentado por otros, le piden que lo toque (le imponga las manos), lo separa de la multitud, hace un tocamiento con su saliva, y les manda que guarden silencio. En los profetas, la ceguera y la sortera son símbolos de resistencia a la palabra de Dios. En el evangelio son símbolos de la incomprensión y resistencia al mensaje de Jesús. Los discípulos de Jesús no comprenden el mensaje y por lo tanto, no pueden trasmitirlo.

Sordo y mudo, en el AT, simbólicamente era el que no quería escuchar la palabra de Dios, y por lo tanto, tampoco podía cumplirla o proclamarla. Si tenemos en cuenta que la religión judía está fundamentada en el cumplimiento de la Ley, descubriremos que, el que no puede oírla ni proclamarla queda totalmente excluido. La imposición de manos era signo de la comunicación del Espíritu. La mirada al cielo era signo de relación íntima con Dios. Apartarlo de la gente era separarlo del mundo. El dedo hace referencia al dedo de Dios que actúa con fuerza. La saliva se considera como vehículo del Espíritu. Aparentemente Jesús actúa como cualquier sanador de la época. Pero los taumaturgos hacían sus curaciones con la máxima ostentación posible. Jesús quiere hacer ver a todos que su objetivo es muy distinto.

Jesús nunca identifica el Reino de Dios con una supresión de las limitaciones. Las bienaventuranzas dejan claro que el Reino de Dios está abierto a todos, a pesar de las circunstancias adversas. Él dice expresamente que el Reino de Dios está dentro de vosotros. El Reino de Dios es una actitud vital de cada persona. Es un descubrimiento de Dios en lo hondo del ser. Claro que una vez que la persona entra en esa dinámica, tiene que manifestarse después en la manera de actuar. La atención a los marginados no es el Reino de Dios, sino la manifestación de que está presente y visible a todo el que lo quiera ver.

Si queremos llevar a los marginados el Reino de Dios, antes de haber entrado nosotros en él, caeremos en la trampa de la programación. Mientras no cambiemos nosotros, por mucha que atención reciban los que sufren, no ha llegado el Reino de Dios, ni para nosotros ni para ellos. Para el mismo Jesús, desde una perspectiva del AT, la señal de que el Reino de Dios ha llegado, es que los sordos oyen, los cojos andan, los ciegos ven, y los pobres son evangelizados. Aquí podemos encontrar la clave de interpretación del relato.

El Reino consiste en que los que excluimos dejemos de hacerlo, y los excluidos dejen de sentirse marginados a causa de sus limitaciones. El objetivo de Jesús no es erradicar la pobreza o la enfermedad, sino hacer ver que hay algo más importante que la salud y que la satisfacción de las necesidades más perentorias. Sacar al pobre de su pobreza no garantiza que lo hemos introducido en el Reino. Pero salir de nuestro egoísmo y preocuparnos por los pobres sí garantiza la presencia del Reino y puede hacer que el pobre lo descubra.

Tampoco podemos pensar en un Reino de Dios puramente espiritual. Hemos dicho muchas veces que una relación auténtica con Dios es imposible al margen de una preocupación por los demás. Creer que podemos servir una relación con Dios al margen de los demás es ilusión. No hemos aprendido la lección, ni como individuos ni como iglesia. El ejemplo de Santiago, dentro de su simplicidad, es esclarecedor. ¿Quién de los aquí presentes aprecia más a un andrajoso que a un rico? ¿Qué sacerdote, incluyéndome a mí, trata mejor la los pobres que a los ricos? La conclusión es clara: el Reino de Dios no ha llegado a nosotros.

El mensaje de Jesús tendría que operar en nosotros los mismos efectos que tuvieron su saliva y su dedo en el sordomudo. Escuchar el mensaje de Jesús es la clave para descubrir cuál debe ser la trayectoria de mi vida. La postura de cerrarse a la palabra es mucho más común de lo que solemos pensar. El miedo a equivocarnos nos paraliza. Un proverbio oriental dice: si te empeñas en cerrar la puerta a todos los errores, dejarás inevitablemente fuera de la verdad. El episodio de hoy nos debe hacer reflexionar. Tenemos que abrirnos a la verdad y tratar de comunicarla a todos para llevarles un poco de esperanza e ilusión.

Jesús dijo en (Jn 10, 9): “Yo soy la puerta, el que entre por mí quedará a salvo, podrá entrar y salir y encontrar pastos”. Pero, “puerta” se puede entender como el hueco que permite el acceso a una estancia o el elemento material que, girando sobre unos goznes, puede permitir o impedir el paso. El contexto de la cita deja claro que se trata de la apertura para entrar y salir. Pero por desgracia usamos a Jesús como el elemento giratorio que nosotros usamos para dejar entrar o para impedir el paso a la intimidad de Dios. Con mucha frecuencia, hemos cerrado la puerta y nos hemos guardado la llave.

No nos salva escuchar la palabra de Dios, pero es el instrumento que nos permite descubrir dentro de nosotros la salvación. Las frutas defienden la vida que está latente en la semilla de dos maneras: rodeándola con gran cantidad de pulpa o con un caparazón duro que la aísla del entorno. En los dos casos, lo aparente, que es lo que parece importante, no es más que un medio para conservar la semilla hasta la primavera siguiente. Entonces la cáscara desaparecerá para que germine la semilla. En el caso de la manzana o el melón, pudriéndose. En el caso de la almendra o la nuez, separando las dos partes para dejar paso al germen.

 

XVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

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