La invitación de la Palabra este domingo
es para ser previsores y vivir desde ahora de tal manera que podamos llegar a
la meta última, que es el encuentro definitivo con el Padre …
Evangelio según san Mateo 5, 1-12
En
aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los
cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al
encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las
descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de
nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto
con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A
medianoche se oyó un grito: '¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!' Se
levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus
lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: 'Dennos un poco de su
aceite, porque nuestras lámparas se están apagando'. Las previsoras les
contestaron: 'No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan
mejor a donde lo venden y cómprenlo'.
Mientras
aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron
con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras
jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos'. Pero él les respondió: 'Yo les
aseguro que no las conozco'.
Estén
pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora''.
Reflexión:
¿Cuál es la
sabiduría de Dios?
Hoy, después de haber recordado, al comienzo de la semana, a
todos los Santos, que nos muestran que es posible vivir haciendo la
voluntad de Dios, y a los Fieles Difuntos, que nos recuerdan nuestra
realidad humana: todos vamos a morir, sin saber ni cómo, ni cuándo.
Ahora bien, para comprender mejor nuestro potencial y realidad
humana, hay que considerar primeramente que hemos sido creados para “tener una
vida que valga la pena vivir”, como insistimos en esta columna, pero,
también consientes que no toda manera de vivir vale la pena, de acuerdo con
nuestra fe. Lo valioso de una vida terrena, es que seamos y colaboremos con los
demás, para seamos dichosos y felices en este mundo y luego, al morir, lleguemos
a la Casa del Padre, como los santos.
Si queremos alcanzar la felicidad (en este mundo) y
salvar nuestra alma (alcanzar la vida eterna), entonces hay que estar
preparados, en otras palabras, aprender a vivir. Jesús es nuestro maestro de
vida: confiar en el Padre, descubrir y desarrollar nuestros dones y ponerlos al
servicio del Reino.
Ir aprendiendo a vivir, mientras transitamos por la vida, es
la manera de prepararnos para saber vivir. En la casa, en la escuela y en la
vida, vamos aprendiendo muchas cosas, pero entre ellas, hay que saber elegir lo
que nos lleva en la dirección de una vida plena, esto es el reto de cada ser
humano.
Una vida con sentido es la que nos hacer vivir y crecer en plenitud,
con altas y bajas, pero siempre avanzando hacia la meta: la plenitud.
Conocer a Jesús, su modo de vivir, de actuar, de relacionarse
y sus intensiones nos enseñan lo que vale la pena. Escucharlo, aprender de él y
ponerlo en práctica y la manera de prepararnos. Aprender de Jesús, es acceder a
su sabiduría, que es la capacidad de dejar que tu amor nos envuelva, es desear el
bien y aprender a ver el mundo con ojos limpios, es poner su verdad en el
centro de las búsquedas, es tomar en serio a Dios, que solo desea nuestro bien.
Con la sabiduría de Dios, que nos comunica Jesús, todo encuentra
su sitio y nos lleva a la plenitud. Hay que buscarla, reconocerla, vivirla …
para estar preparados cada día terrenal y llegar listos a al encuentro con el Padre.
¿Cómo tener la sabiduría de Dios?... ¿Dónde la
encuentro?... ¿Cómo puedo integrarla en mi vida ordinaria?

No hay comentarios.:
Publicar un comentario