miércoles, 7 de octubre de 2026

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – A – (Reflexión)

 XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 11, 2026 
Isaίas 25, 6-10 / Salmo 22 / Filipenses 4, 12-14.19-20


La Palabra de este domingo, nos invita a reconocer y agradecer al Señor, que siempre está atento a nuestras necesidades, para que tengamos una vida plena, que valga la pena vivir …

Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

Reflexión:

¿Acepto la invitación a gozar del Reino?

Con una analogía más, Jesús nos explica a qué se parece el Reino de su Padre: a una fiesta de un banquete de boda … en el cual podemos estar todos, si aceptamos la invitación.

Cuando conozco a la familia y/o a los novios, es “normal” que asistamos, cuando nos invitan, y estemos contentos con ellos, acompañando a los novios que inician una vida nueva; nos unimos y gozamos con ellos, en su alegría, con la convivencia, la comida y la fiesta… ¡todos queremos ir y gozar en la fiesta!

Pero, no todos aceptan la invitación, unos por no quieren, otros no pueden o no les interesa asistir. Así estamos hoy también, con la invitación que Jesús nos hace para “ser felices”, “tener una vida plena” o “gozar la vida”… no todos le hacemos caso a su “invitación” a vivir y gozar de la vida, a su manera.

Como que no le creemos a Jesús, que su “buena noticia” es para que, al hacerla realidad en nuestra vida ordinaria, seamos felices. Eso es lo que Dios quiere para nosotros, que seamos felices. La Buena Nueva de Jesús el “festín con platillos suculentos para todos… es alegría y gozo … ” (cfr. Is 25, 6-10)

Cuando pedimos en la oración del Padrenuestro, “que venga a nosotros tu Reino”, implica de nuestra parte, aceptar su invitación a estar con el Señor, habitando en su Casa, participando de su fiesta; es dejarme amar por Él, ponerme en sus manos, dejarme abrazar y cuidar por Él (cfr. Sal 22).

Pero, otro pero, participar del deseo de Dios, “de su fiesta”, requiere de cada uno, estar dispuestos a llevar “el traje adecuado”, es decir revestirnos de Cristo: que sus enseñanzas, principios y valores guíen nuestra vida, para ambientar con su fraternidad, justicia y paz, mi vida y la de los demás.

Por tanto, ser parte del Reino de Dios, es que reine en mí, en mi corazón, el amor generoso, compasivo, inclusivo y compartido, del Padre, que solo desea el bien de todos y cada uno.

¿Qué necesito para poder participar dignamente del banquete?... ¿Cómo se nota que he aceptado la invitación a vivir en Reino del Padre?... ¿A quiénes podría yo invitar a la fiesta del Señor?

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 11, 2026 
Isaίas 25, 6-10 / Salmo 22 / Filipenses 4, 12-14.19-20

Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

   #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

LA INVITACIÓN DE DIOS

José Antonio Pagola

Al parecer, la parábola del banquete fue muy popular entre las primeras generaciones cristianas, y ha quedado recogida en Lucas, Mateo e incluso en el evangelio apócrifo de Tomás. Las versiones son tan diferentes y las aplicaciones que se extraen tan diversas que solo nos podemos aproximar a los elementos esenciales del relato original.

Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos, pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plena. Esta fue ciertamente una de las imágenes más queridas por Jesús para «sugerir» el final último de la historia humana. No se contentaba solo con decirlo con palabras. Se sentaba a la mesa con todos, y comía hasta con pecadores e indeseables, pues quería que todos pudieran ver plásticamente algo de lo que Dios deseaba llevar a cabo.

Por eso Jesús entendió su vida como una gran invitación en nombre de Dios. No imponía nada, no presionaba a nadie. Anunciaba la buena noticia de Dios, despertaba la confianza en el Padre, quitaba los miedos, encendía la alegría y el deseo de Dios. A todos debía llegar su invitación, sobre todo a los más necesitados de esperanza.

Jesús era realista. Sabía que la invitación podía ser rechazada. En la versión de Mateo se describen diversas reacciones. Unos la rechazan de manera consciente: «No quisieron ir». Otros responden con la indiferencia: «No hicieron caso». Les importan más sus tierras y negocios. Hubo quienes reaccionaron de manera hostil contra los criados.

Son muchos los que ya no escuchan llamada alguna de Dios. Les basta con responder de sí mismos ante sí mismos. Sin ser tal vez muy conscientes de ello, viven una existencia «solitaria», encerrados en un monólogo perpetuo consigo mismos. El riesgo siempre es el mismo: vivir cada día más sordos a toda llamada que pueda transformar de raíz su vida.

Tal vez una de las tareas más importantes de la Iglesia sea hoy crear espacios y facilitar experiencias donde las personas puedan escuchar de manera sencilla, transparente y gozosa la invitación de Dios proclamada en el evangelio de Jesús.

DAMOS MIL EXCUSAS PARA NO ACEPTAR EL REINO

Fray Marcos

El domingo pasado el símbolo era la viña, hoy la imagen es el banquete. Es un relato polémico que acusa a los dirigentes judíos de haber rechazado la oferta de salvación que Dios hace por medio de Jesús. El relato intenta superar el trauma de la separación de la religión judía y advertir del peligro de repetir los mismos errores en la comunidad.

El texto de Is es una joya. El profeta tiene que hablar a un pueblo que atraviesa la peor crisis de su historia. Lo hace con una visión de futuro muy lúcida. Habla de manjares enjundiosos y vinos generosos, de quitar el luto de todos los pueblos, de alejar el oprobio y enjugar las lágrimas de todos los rostros, de aniquilar la muerte.

Bella oferta para un pueblo hundido en la miseria. Se trata de una salvación total por parte de un Dios en quien confía el profeta a pesar de las circunstancias adversas. Dios salva a todos. Apuntado, porque también allí se ponen condiciones: los que no son judíos se ven obligados a venir a “este” monte (Jerusalén) para encontrar salvación.

El banquete es una imagen muy repetida en el AT. Para Jesús significa el Reino de Dios. Para los que pasan hambre diariamente, es una ocasión única para quitar las penas. El banquete de boda era la única ocasión que tenía el pueblo de celebrar una fiesta. Se trata de una metáfora para indicar que Dios está con el pueblo.

Los primeros invitados son los jefes religiosos judíos que se negaron a aceptar el mensaje de Jesús. El prender fuego a la ciudad hace una alusión clara a la destrucción de Jerusalén. Los nuevos invitados son todos los seres humanos, sin importar ni raza ni condición social y, lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos.

El Dios de Jesús no es un señor que monta en cólera y manda acabar con aquellos asesinos. Esto no tiene nada que ver con la idea que Jesús tiene de Dios, pero responde muy bien al Dios del AT que a su vez refleja la manera de ser del hombre. Nos sentimos más a gusto con el Dios que premia y castiga que con el de Jesús.

Tampoco el añadido del individuo que no llevaba traje de fiesta tiene mucho que ver con el evangelio. Si salen a los cruces de los caminos para obligar a toda la gente que encuentren, ¿qué sentido tiene que se le exija un vestido de boda? La intención del evangelista es buena, pero se ha entendido literalmente y nos ha despistado.

El texto quiere evitar malas interpretaciones de la pertenencia a la comunidad. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar las ventajas sin vivir de acuerdo con el evangelio. No basta pertenecer a una comunidad. Solo el que de verdad se revista de Cristo (Pablo) puede estar seguro de entrar en el Reino.

Cuando el texto dice que los primeros invitados no se lo merecían, tiene razón, pero existe el peligro grave de creer que los llamados en segunda convocatoria lo merecían. El centro del mensaje del evangelio está en que invitan a todos: malos y buenos. Seguimos creyéndonos los elegidos, los privilegiados, los buenos con derecho a excluir.

Ojo a los motivos de los primeros invitados para rechazar la oferta. La llamada a una vida en profundidad queda ofuscada, entonces y ahora, por el hedonismo. Los cantos de sirenas de los placeres inmediatos son más persuasivos que las posibilidades de plenitud que podíamos desplegar desde nuestro ser más profundo.

No puede haber banquete, no puede haber alegría, si alguno de los invitados tiene motivos para llorar. Solamente cuando hayan desaparecido las lágrimas de todos los rostros, podremos sentarnos a celebrar la gran fiesta. La realidad de nuestro mundo nos muestra muchas lágrimas y sufrimiento causados por nuestro egoísmo.

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – A – (Reflexión)

  XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – octubre 11, 2026  Isaίas 25, 6-10 / Salmo 22 / Filipenses 4, 12-14.19-20 La Palabra de...