En este día recordamos a todas aquellas
personas que han superado la debilidad y las tentaciones, siendo dóciles al
Espíritu Santo y viven en plenitud la Gloria de Dios …
Evangelio según san Mateo 5, 1-12
En
aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó.
Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles,
hablándoles así:
"Dichosos
los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los
que lloran,
porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos
los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los
misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de
corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se
les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque
de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos
serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de
ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será
grande en los cielos".
Reflexión:
¿Cómo ser santos?
Todos somos creaturas de Dios, de él venimos y estamos llamados
a volver a él, después de nuestra vida terrena… es el fin de nuestra vida, el para
qué vivimos y somos. Como con frecuencia repito en esta columna, fuimos
creados para “tener una vida que valga la pena vivir … para ser felices”
(cfr.
Carlos Morfín, SJ).
Desde nuestra fe en el Dios de Jesús, podemos alcanzar el
deseo de Dios para nosotros, cuando nos dejamos guiar por él y vivir de acuerdo
con sus enseñanzas. Un ejemplo son “todos los santos” que recordamos hoy, que con su vida son
testimonio de que es posible lograrlo.
Hoy, con las Bienaventuranzas, Jesús nos dice cuál
es el camino y actitudes que al vivirlas, nos permiten acceder a la dicha y
felicidad, a la que estamos llamados a gozar; "bienaventurados",
"dichosos" y "felices"
comparten una profunda raíz espiritual que va mucho más allá de la simple
alegría pasajera o la buena suerte material, significan poseer una felicidad
plena, sagrada y permanente que proviene de estar en comunión con lo
divino.
Las actitudes en nuestra vida, que nos llevan por el
camino de esta felicidad, son la manera de ser solidario y fraterno con los
demás, con lo que los otros puedan sentirse “hermanos” míos, cuando se crucen
conmigo:
· Pobreza espiritual: confianza y apertura
a la gratuidad, pues todo viene de Dios; carencia de codicia (de acumulación,
consumo, ostentación) es un lugar de revelación, de encuentro con el Espíritu.
· Empatía con los que lloran y sufren
dolor … para tenderles una mano y brindemos ayuda y consuelo.
· Deseo de contribuir a
la satisfacción y justicia, que procure que los menos favorecidos,
tengan acceso a lo necesario para vivir dignamente.
· Misericordia, es ser compasivo, proactivo,
ante la miseria, necesidad o sufrimiento de las personas.
· Pureza de corazón, es vivir de manera
auténtica, transparente, que busca ser y hacer el bien, por amor.
· Trabajar por la paz, es crear condiciones
para vivir la fraternidad mutua con los demás.
· Ser colaborador de que el Reino del
amor, se haga presente en la vida de todos, aún en la adversidad y persecución.
Vivir de esta manera, como nos enseña Jesús, con su
Espíritu que nos impulsa y fortalece, es como lograremos reflejar la imagen de
Dios y alcanzaremos, ya en esta vida la santidad para la que fuimos creados.
¿Qué me parecen la Bienaventuranzas?... ¿Las
quiero vivir?... ¿Cómo puedo integrarlas en mi vida ordinaria?

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