miércoles, 13 de mayo de 2026

Ascensión del Señor – Ciclo A – (Profundizar)

 Ascensión del Señor Ciclo A mayo 17, 2026 
Hechos 1, 1-11 / Salmo 46 / Efesios 1, 17-23


Evangelio según san Mateo 28, 16-20

Así pues, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al cerro que Jesús les había indicado. Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo:

“Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

HACER DISCÍPULOS DE JESÚS

José Antonio Pagola

Mateo describe la despedida de Jesús trazando las líneas de fuerza que han de orientar para siempre a sus discípulos, los rasgos que han de marcar a su Iglesia para cumplir fielmente su misión.

El punto de arranque es Galilea. Ahí los convoca Jesús. La resurrección no los ha de llevar a olvidar lo vivido con él en Galilea. Allí le han escuchado hablar de Dios con parábolas conmovedoras. Allí lo han visto aliviando el sufrimiento, ofreciendo el perdón de Dios y acogiendo a los más olvidados. Es esto precisamente lo que han de seguir transmitiendo.

Entre los discípulos que rodean a Jesús resucitado hay «creyentes» y hay quienes «vacilan». El narrador es realista. Los discípulos «se postran». Sin duda quieren creer, pero en algunos se despierta la duda y la indecisión. Tal vez están asustados, no pueden captar todo lo que aquello significa. Mateo conoce la fe frágil de las comunidades cristianas. Si no contaran con Jesús, pronto se apagaría.

Jesús «se acerca» y entra en contacto con ellos. Él tiene la fuerza y el poder que a ellos les falta. El Resucitado ha recibido del Padre la autoridad del Hijo de Dios con «pleno poder en el cielo y en la tierra». Si se apoyan en él no vacilarán.

Jesús les indica con toda precisión cuál ha de ser su misión. No es propiamente «enseñar doctrina», no es solo «anunciar al Resucitado». Sin duda, los discípulos de Jesús habrán de cuidar diversos aspectos: «dar testimonio del Resucitado», «proclamar el evangelio», «implantar comunidades»… pero todo estará finalmente orientado a un objetivo: «hacer discípulos» de Jesús.

Esta es nuestra misión: hacer «seguidores» de Jesús que conozcan su mensaje, sintonicen con su proyecto, aprendan a vivir como él y reproduzcan hoy su presencia en el mundo. Actividades tan fundamentales como el bautismo, compromiso de adhesión a Jesús, y la enseñanza de «todo lo mandado» por él son vías para aprender a ser sus discípulos. Jesús les promete su presencia y ayuda constante. No estarán solos ni desamparados. Ni aunque sean pocos. Ni aunque sean solo dos o tres.

Así es la comunidad cristiana. La fuerza del Resucitado la sostiene con su Espíritu. Todo está orientado a aprender y enseñar a vivir como Jesús y desde Jesús. Él sigue vivo en sus comunidades. Sigue con nosotros y entre nosotros curando, perdonando, acogiendo… salvando.

 

LA ASCENSIÓN DE JESÚS SE INICIÓ EN SU NACIMIENTO Y TERMINÓ EN LA MUERTE

Fray Marcos

Las cuatro fiestas que vienen: subida de Jesús al cielo, venida del Espíritu, Trinidad, y eucaristía se presentan como realidades externas que se dieron en un tiempo y lugar. Al entender literalmente los textos, perdemos su verdadero sentido. Son realidades que están fuera del tiempo y del espacio, de las que no podemos hablar estrictamente.

No podemos seguir falseando el lenguaje. De Jesús se dice: Bajó del cielo, se hizo hombre, descendió a los infiernos y volvió al cielo. Dios no está en el cielo, el infierno es un invento nuestro y el hombre no está debatiéndose entre las dos. Nuestra manera de ver la realidad ha cambiado. Hoy no nos dice nada un cielo o un infierno.

Decir: a los tres días, a los ocho días, a los cuarenta días, a los cincuenta días, no tiene sentido ninguno. Hablar de Galilea o de Jerusalén, o decir que está sentado a la derecha de Dios, es literalmente absurdo. Se trata de una realidad única que está sucediendo en este mismo instante, porque está fuera del tiempo y del espacio.

No se trata de una realidad inventada, todo lo contrario, esa es la ÚNICA REALIDAD. Es lo que está sujeto al tiempo y al espacio la que no tiene consistencia. Esa realidad intangible ha tenido una repercusión real en la vida de los seguidores de Jesús. Esa realidad es la que debo descubrir para que tenga también en mí la misma eficacia.

La ascensión empezó en el pesebre y terminó en la cruz. ¡Todo está cumplido! Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús. Después de eso no existe el tiempo para él, no puede suceder nada. Es como un chispazo que dura toda la eternidad. Él había llegado a la plenitud total en Dios. Permaneció de él solo lo que había de Dios.

¿De verdad queremos ser cristianos? ¿Tenemos la intención de recorrer la misma senda, de alcanzar la misma plenitud, la misma meta? ¿Estamos dispuestos a dejarnos aniquilar en esa empresa, a aceptar que no quedará nada de lo que creo ser? Es duro, pero no puede haber otro camino. Si renuncio al don total, renuncio a la meta.

La idea de que Dios o Jesús o el Espíritu pueden hacer en un momento determinado algo por mí, ha desvirtuado la religiosidad cristiana. Dios, Jesús y el Espíritu lo han hecho todo por mí y lo siguen haciendo en todo instante. Yo soy quien tengo que hacer algo en un momento determinado para descubrir esa realidad y vivirla.

En el relato de Mateo no hay ninguna alusión a la subida al cielo, ni a dejar de verlo. Situar la escena en un monte, es una suficiente indicación de que lo que le interesa no es el lugar, sino el simbolismo. Situarlo en Galilea, tiene un significado muy concreto. Judea había rechazado a Jesús, no era ya el lugar donde encontrar a Dios.

Jesús no pudo decir que ‘se le ha dado todo poder’, porque después del bautismo rechazó el poder como una tentación. Este doble lenguaje nos ha despistado. No hay un poder bueno y otro malo. Todos son perversos. Se trata de expresar que ha alcanzado la plenitud absoluta por haberse identificado con Dios en el don total de sí.

El envío a predicar también tiene un carácter absoluto “todos los pueblos”. El tema de la misión es crucial en todos los relatos pascuales. La primera comunidad intenta justificar lo que era práctica generalizada de los cristianos. Predicar el Reino de Dios no es un capricho de unos iluminados sino mandato expreso de Jesús.

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Fue el tema del evangelio de los dos domingos pasados. Ya habían dejado claro que todo lo que hizo Jesús era obra del Padre y del Espíritu. Ahora sigue siendo Dios en sus tres dimensiones el que va a continuar la obra de salvación a través de sus seguidores.

 

 

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