
Evangelio
según san Mateo 28, 16-20
Así pues, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al
cerro que Jesús les había indicado. Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron,
aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo:
“Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la
tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis
discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por
mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.
Reflexión:
¿Cómo unir lo del cielo,
en la tierra?
La Ascensión de Jesús, es más “que subir
al cielo”, es la culminación de toda su vida, muerte y resurrección. Es la
revelación de quién es Jesús y también de qué está llamado a ser el
ser humano.
La Ascensión significa que Jesús participa
de la Vida Divina, que es el Señor y que su misión en la tierra se
ha cumplido; es volver a su origen, al Padre, de donde procede. Jesús,
ha vencido la muerte de manera definitiva, es decir, venció aquello que nos “quita
vida” y nos impide vivir plenamente. Jesús, “asciende a su trono“, “desde donde
Reina”, (cfr. Sal 46).
La Ascensión muestra el camino al que estamos llamados todos y cada uno
de nosotros, creaturas del Padre, y rescatadas / salvadas por la entrega del
Hijo, Jesucristo.
Jesús nos ha mostrado que Él es Camino,
Verdad y Vida. Sus enseñanzas, puestas en práctica, nos llevan a
vivir “el cielo” en la tierra … en cuanto reine entre nosotros su
justicia, misericordia y paz.
La Ascensión de Jesús al Padre, no nos deja “huérfanos”,
nos deja su Espíritu, para que como brisa suave nos refresque, recuerde
sus enseñanzas y nos impulse a ser constructores de la fraternidad, que nos de
la paz y unidad necesarias para que podamos disfrutar de “una vida que valga
la pena vivir”, la cual es fruto de cuando “hacemos lo que nos ha mandado
Jesús”, … amar.
Cuando “amamos al prójimo, como a uno mismo”, cuando
vivimos fraternalmente, en comunión, nos elevamos humanamente, reflejamos la
imagen del Padre y del Hijo, de donde venimos y hacia donde estamos llamados a
volver, al final de nuestro tiempo terrenal (vida eterna).
“Hagan discípulos a todos los pueblos”, es la misión que nos encomienda
Jesús, es colaborar para más personas conozcan a Jesús, su propuesta de vida,
se enamoren del proyecto del Reino de su Padre y lo sigan, colaborando para que sea una realidad
humana…
“El Cielo”, no es un lugar allá, arriba entre las
nubes, es la comunión con Dios, es vivir el Amor, en la Verdad, desde ahora,
aquí en la tierra…
Conocer a Jesús, es comenzar a vivir la vida eterna (cfr.
Jn 17,3), en cuanto ponemos en práctica sus enseñanzas: amando, perdonando,
siendo justos … echándonos una mano, unos a otros, sirviendo, para que ya
gocemos la vida a la que somos llamados.
La Ascensión, es una llamada a la acción, es “no
quedarnos mirando al cielo”, sino un llamado a ser “contemplativos en la
acción”, es nuestra respuesta de "amor y servicio" ha de
ser más en obras que en palabras, "haciéndonos prójimos" (cfr
1Jn 3,18) de todo el que reclama nuestra solidaridad... es una mirada
nueva, con una actitud de la entrega total para: «en todo amar y servir»,
a Dios en nuestros hermanos.
¿Cómo escuchar y dejarme guiar por Espíritu?...
¿Cómo colaboro para hacer presente el Reinado de Dios, en la tierra?... ¿Cómo
hacemos presente hoy su modo de amar en el mundo?
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