Evangelio
según san Juan 14, 15-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman,
cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Consolador
para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede
recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen,
porque habita entre ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de
poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco
vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi
Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.
El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me
ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.
Reflexión:
¿Quién mueve mi vida?
El término paráclito proviene del
griego parakletos y significa “aquel que es llamado al lado de uno”
para ayudar, defender, consolar o interceder; en el contexto cristiano, se
utiliza principalmente para referirse al Espíritu Santo, como
consolador, abogado y guía fiel prometido por Jesús.
El Espíritu Santo, tercera Persona de la
Trinidad, es el ruaj (רוּחַ), una fuerza invisible
pero poderosa, como el viento o el aliento de vida que Dios sopla
en el ser humano.
El Espíritu Santo es el maestro interior
que guía el discernimiento de los espíritus: entre el “buen espíritu” (que trae
paz, alegría y consuelo) y el “mal espíritu” (que trae inquietud y tristeza), y
así poder encontrar y hacer la voluntad de Dios en la vida cotidiana.
Cuando conozco a Jesús, conozco al Padre;
conocerlos y poner en práctica sus enseñanzas, es dejarme habitar por su Espíritu,
y permitirle me conduzca a ser y hacer el bien; como Felipe, en
la primera lectura, que además de anunciar el Evangelio del Resucitado, hacía
cosas extraordinarias, con la fuerza del Espíritu.
Cuando el Espíritu de Dios sopla, nos mueve a ser
reflejo de la imagen de Dios (así fuimos creados), a través de poner
nuestros dones y habilidades al servicio del Reino. Conocer a Jesús, transforma
nuestro corazón, nos enamora de su mensaje y misión; nos mueve a colaborar con
Él.
Se le llama Espíritu de Verdad (Jn 14, 17) porque su función
principal es revelar la realidad profunda de Dios y desenmascarar los engaños
que nos alejan de Él; el Espíritu de Verdad actúa como una luz que:
§ Ayuda a distinguir si
un deseo nace del amor de Dios o del egoísmo.
§ Rompe con las
“mentiras” de la sociedad o del propio orgullo que nos hacen creer que la
felicidad está en cosas pasajeras.
Es Jesús, el primer Paráclito, que nos revela al Padre
y su deseo de que tengamos una “vida que valga la pena vivir”; el “otro” paráclito,
es el Espíritu santo, que nos recuerda las enseñanzas de Jesús, nos acompaña y
guía en cada momento de nuestra vida.
La Pascua, es el tiempo de alcanzar la nueva vida, que
transforma nuestro interior y nos invita a transformar el mundo (en el que vivimos),
con la guía del Espíritu de Dios, y que su amor, misericordia, justicia
y paz, reine entre nosotros.
PD. ¡Felicidades a todas las mamás, biológicas y
espirituales, en este día. Dios las bendiga!
¿Cómo permitir que el Espíritu esté
en mí?... ¿Cómo transparentar en mi vida al Espíritu?... ¿A dónde y a qué, me mueve
el Espíritu de Dios?...
Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP

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