jueves, 1 de enero de 2026

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – Ciclo A – (Reflexión)

 II Domingo de Navidad Ciclo A enero 4, 2026

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR 

Isaías 60, 16 / Salmo 71 / Efesios 3, 2-3.5-6



Hoy, celebramos la Solemnidad de la Epifanía, dentro del tiempo de Navidad y se refiere a la revelación visible y tangible de Jesús al mundo, mostrando su identidad como el Hijo de Dios …

Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Reflexión:

¿Qué estrellas sigo?

Continuamos viviendo el tiempo de Navidad y hoy, primero recordamos como los “Magos de Oriente” buscan y reconocen a Jesús, como Luz para todas las naciones, y también se las actitudes contrarias de parte de Herodes (inquietud, envidia y miedo); segundo, podemos reflexionar para revisar el año que acaba de terminar, y mirar con otros ojos hacia el nuevo año que comienza.

El significado de la palabra Epifanía es: "manifestación", del griego ἐπιφάνεια (epipháneia), y con la cual, Jesús, el Salvador, “se da a conocer” a los gentiles (no judíos), representados por los Reyes Magos que vinieron de Oriente.

Nosotros podríamos ser hoy, uno de esos “magos” o “sabios”, que supieron, a través de la observación de los astros, ser capaces de reconocer dónde está el Salvador en nuestra vida. También podemos aprender, como las actitudes de Herodes son egoísmos que debemos evitar y erradicar de nosotros y de nuestras relaciones interpersonales, para poder ser salvados.

El Examen Ignaciano, nos puede ayudar a darnos cuenta que “espíritus” / “estrellas” hemos seguido durante el año pasado; haciendo una reflexión profunda sobre lo vivido y experimentado, para ver la vida como un regalo, reconocer la reciprocidad en el amor y prepararnos con paz para el año que comienza, no como un juicio, sino como un encuentro amoroso. Haz tu examen, de la siguiente manera:

Prepárate: Ponte cómodo, respira hondo, y pide la luz del Espíritu Santo para ver tu año con claridad, reconociendo la presencia de Dios en todo momento.

Acción de Gracias: Agradece los dones, las personas, los aprendizajes y los momentos de felicidad. ¿De qué estás especialmente agradecido este año?

Revisión del Año: Repasa mentalmente los últimos 12 meses, como una película. ¿Dónde sentiste alegría, consuelo o cercanía a Dios? (momentos de consolación) ¿Qué te molestó, te desafió o te causó tristeza/ira? (momentos de desolación) ¿Cómo respondiste a Dios en esos momentos? ¿Cómo actuaste?

Respuesta y Perdón: Habla con Dios sobre tus experiencias. Pide perdón por tus errores y distracciones. Reconoce cómo te has alejado o acercado a Él.

Mirada al mañana: Piensa en el año que viene. ¿Qué te ilusiona o te preocupa? Pide la gracia para vivir con el espíritu de Dios, siendo un instrumento de Su amor, y comprométete a colaborar más eficazmente con Su plan.

Cierre: Termina con una oración, quizás un Padrenuestro, sintiendo la paz de Dios y entregándole todo lo vivido y lo que vendrá.

Dios está en los detalles y en el amor compartido. Suelta miedos y culpas para entrar al nuevo año con el corazón ligero. Este examen te ayuda a ser un “mago de este siglo”, para poder "buscar y encontrar a Dios en todas las cosas".

Los mejores deseos al comenzar el nuevo año, para permanecer con Jesús, nuestro Salvador, a largo de todo el año 2026.

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP  

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – Ciclo A – (Profundizar)

 II Domingo de Navidad  Ciclo A enero 4, 2026

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR 

Isaías 60, 16 / Salmo 71 / Efesios 3, 2-3.5-6




Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“ ”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

¿A QUIÉN ADORAMOS?

José Antonio Pagola

Los magos vienen del «Oriente», un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras Sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de «adorar».

Su presencia provoca un sobresalto en todo Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva que les hace pensar que ya ha nacido «el rey de los judíos» y vienen a «adorarlo». Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. ¿Dónde está? Esta es su pregunta.

Herodes se «sobresalta». La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido designado por Roma «rey de los judíos». Hay que acabar con el recién nacido: ¿Dónde está ese rival extraño? Los «sumos sacerdotes y letrados» conocen las Escrituras y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo.

Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes religiosos. Solo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.

Los magos prosiguen su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de «inmensa alegría». Por fin se encuentran con el Niño y, «cayendo de rodillas, lo adoran». Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su Rey y Señor.

En su aparente ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿Ante quién nos arrodillamos nosotros? ¿Cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén? ¿Ponemos a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar? ¿Estamos dispuestos a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia?

En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos guía hacia Belén.

 

DIOS SE ESTÁ MANIFESTANDO SIEMPRE

Fray Marcos

Epifanía significa manifestaciones. En el sentido original significó la primera luz que aparece en el horizonte antes de salir el sol. Esa luz se tomó como símbolo de la iluminación espiritual en todas las religiones; por eso la luz viene siempre de oriente.

Toda manifestación de Dios es universal. Dios no puede tener privilegios. No estamos celebrando la fecha de un acontecimiento. Sino la realidad de lo que es Dios y la alegría de poder descubrirlo. Es un relato fantástico que no es original del cristianismo.

La Natividad de Jesús se celebró el 6 de enero en toda la Iglesia durante varios siglos. Más tarde en Occidente se comenzó a celebrar el 25 de diciembre y se reservó la fecha del 6 de enero para celebrar la Epifanía, el Bautismo del Señor y las Bodas de Caná.

Cuando nació Jesús no pasó nada fuera de lo normal. Todo el relato se desarrolla en un lenguaje mateano. Deja muy claro que los de cerca rechazan a Jesús por lo que es, y los de lejos lo buscan y lo aceptan como lo que es: luz que ilumina a todo hombre.

A través de los siglos se ha ido adornando el relato con afirmaciones que no están en el texto, pero que hoy todo el mundo cree. El relato ni dice que eran tres. Mucho menos sus nombres. Ni dice que eran reyes. Ni “Mago” tiene, para nada, el significado que hoy damos a la palabra mago. magoi significaba miembro de la casta sacerdotal.

Los intentos que se han hecho a través de la historia de explicar la posibilidad de un fenómeno celeste que explicara la estrella, no merecen mayor comentario. Ni cometa ni estrella ni conjunción de astros tiene sentido alguno. Se trata de un relato simbólico.

También queda fuera de lógica alguna que se sobresaltase toda Jerusalén con Herodes. El anuncio de un rey distinto solo podía provocar alegría, no miedo entre los habitantes de Jerusalén. Mateo piensa en la Jerusalén que dio muerte a Jesús. Para Mateo el rechazo de los judíos es constante y anterior a cualquier manifestación de Jesús.

El miedo de Herodes es también nuestro miedo. El reinado de Dios es una amenaza para nuestro egoísmo. Cuántas veces en nuestra vida hemos dicho: esto no lo creo, cuando queríamos decir: esto no me gusta. Un Dios que reine sin hacernos reinar a nosotros, no nos interesa. Seguiremos sin enterarnos y el encuentro no se producirá.

Los letrados lo saben todo sobre el Mesías, pero, instalados en sus privilegios, no mueven un dedo para comprobarlo. Los paganos adoran al Niño, los judíos intentan matarlo. Los paganos reconocen al Niño, los judíos no lo reconocen.

Las Escrituras pueden indicarnos el camino a seguir cuando atravesamos lugares o tiempos sin estrella. Pero el valor de la Escritura depende de la actitud del que las estudia. A la Biblia hay que acercarse sin prejuicios y abiertos a lo que nos va a decir.

El hombre tiene que dejarse iluminar por su estrella, pero también debe ser guía para los demás. Nuestra obligación es hacer ver a los demás el Dios de Jesús, manifestado en nuestra vida. Hacemos presente a Dios, siempre que vamos en ayuda de los otros.

El relato nos lanza más allá de una iglesia. Dios se manifiesta siempre a todos. En el momento que nos sentimos privilegiados, hemos destrozado el mensaje de esta fiesta. Todos recibimos todo de Dios y todos tenemos la obligación de aprender de los demás y enseñar. Debemos completar nuestra verdad aceptando la verdad de los otros.

Lo que celebramos hoy es la apertura de Dios a todos los hombres. Allí donde haya un ser humano que crece en humanidad, amando a los demás, allí está Dios. No podemos hacer a los gentiles una propuesta para que se conviertan a nuestra religión.

 

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – Ciclo A – (Reflexión)

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