Evangelio
según san Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte
y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a
enseñarles, hablándoles así:
"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino
de los cielos. Dichosos los que lloran,
porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos
los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los
misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de
corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se
les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los
injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense
y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos".
Reflexión:
¿Qué me hace feliz?
El deseo de ser felices en esta época, por
no decir que siempre lo ha sido, nos ha llevado a centrarnos en “lo que me
hace feliz”, centrándonos en nuestras aspiraciones y en aquello que creemos
nos traerá esa felicidad buscada. En contra parte, hoy se nos recuerda cual es
el camino propuesto por Jesús para realmente alcanzar la vida plena (felicidad),
en este mundo terrenal y en la vida eterna, cuando regresemos de donde venimos.
San Ignacio de Loyola, en el Principio y Fundamento
de los Ejercicios Espirituales (EE.23), nos dice
que “El hombre (y la mujer) es criado para alabar, hacer reverencia y servir
a Dios nuestro Señor, y mediate esto salvar su ánima” … lo que podríamos
traducir en lenguaje de hoy como: “Somos creaturas, con una para
qué vivir, que la vida valga la pena; y el modo o actitudes que
la hacen que valga la pena son: amistad gratuita (alabanza), respeto
a los demás (reverencia) y servicio que tiende la mano, sin ahogar a
quien se sirve..” (cfr. Carlos Morgín, SJ).
Conectando lo anterior con la liturgia de hoy,
podemos relacionar las lecturas y el evangelio, de la siguiente manera, para
lograr la felicidad que vale la pena vivir, a la manera de Jesús:
·
Las actitudes que nos disponen a la felicidad para la que somo
creados son: humildad, verdad y justicia
(cfr. Sof
2, 3; 3, 12-13)
De tal manera que la felicidad no sea una narcisista
- egoísta, que solo busque “lo que me hace feliz”, sino
que, encuentre dicha, alegría, plenitud, felicidad, en el construir
relaciones interpersonales fraternas, cuyo fruto sea bien común.
En concreto, Jesús, con las bienaventuranzas
nos muestra actitudes de cómo podemos lograr la fraternidad que nos da felicidad
- plenitud:
· Pobreza de
espíritu: es evitar el poseer algo, a causa del abuso y sufrimiento de
alguien más…
· Mansedumbre: serenidad
y paciencia que posibilita recuperar al otro, sin imponer ni dominar...
· Sensibilidad:
ante el llanto, dolor y lágrimas de quien sufre, de manera
solidaria y pragmática…
· Justicia: ser
alimento que posibilite a quien carece de lo indispensable, para vivir en
libertad y crecimiento con dignidad…
·
Misericordia: empatía
activa en las acciones que reivindican a las personas que sufren o tienen
carencias…
·
Corazón limpio: transparencia,
buena intensión y sinceridad, que solo busca el bien…
·
Pacíficos: constructores de paz y armonía,
que posibilita el con-vivir en fraternidad…
·
Fortaleza ante la persecución, cuando
posibilite que el reinado del amor de Dios, se haga presente…
Vivir las bienaventuranzas, nos pone en el
camino de crecer humanamente, seguir creciendo y avanzando hacia el horizonte
de la vida plena para la que somos llamando, no individualmente, sino
comunitariamente.
¿Cómo evitar el egoísmo?... ¿Qué
actitud de las mencionadas, necesito desarrollar más?... ¿Cómo puedo vivir
mejor cada una de las bienaventuranzas?...

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