Evangelio
según san Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él,
y exclamó: “Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste
es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia
sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a
bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.
Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del
cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me
envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa
el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues
bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.
Reflexión:
¿Cómo conocer
internamente Jesús?
La Biblia, compendio de setenta y tres
libros, nos narran la historia de salvación de la humanidad; en el Antiguo
Testamento, se narra la historia de la creación del mundo, la relación de Dios
con el pueblo de Israel (el pueblo elegido) y la revelación del plan de
redención para la humanidad, por parte de Dios.
A través de los profetas, el
Antiguo Testamento transmite los mensajes de Dios al pueblo, denunciando la
injusticia, llamando al arrepentimiento y anunciando la venida de un Mesías
(salvador) que restauraría la relación con Dios de forma permanente.
Hoy escuchamos en palabras de Isaías, como señalaba
la venida del Sirvo de Dios, como “luz de las naciones, para que mi
salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra”, a quien el
pueblo judío estaba esperando. Hoy sabemos que hablaba de Jesús, por lo
que nos dice el Evangelio (que está en el Nuevo Testamento de la Biblia),
sobre su bautismo, y cómo se posó sobre Él, el Espíritu de Dios y la voz (del
Padre) dijo “Este es mi Hijo muy amada, en quien tengo mis complacencias”.
Juan, en el Evangelio de hoy, confirma que es
Jesús “…el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” … y da testimonio
de que es Jesús, el Hijo de Dios.
Al igual que Juan, cada uno de nosotros estamos
llamados a conocer a Jesús, a aceptarlo como el Salvador de la
humanidad, pues quita el pecado del mundo.
Quitar el pecado,
es eliminar lo que provoca distanciamiento o enemistad entre las
personas y naciones; quitar de nuestro corazón las intenciones y
acciones que nos dividen y alejan de la fraternidad, es la misión del Jesús.
Conocer a Jesús, es saber de qué manera nos
propone ser constructores de fraternidad y unidad; conocerlo es reconocerlo e identificarme
con Él y su proyecto de vida. En los Ejercicios Espirituales Ignacianos, en la
segunda etapa, el proceso espiritual es para conocer “internamente a Jesús”,
para que, enamorarnos de su proyecto, lo sigamos y seamos colaboradores en su
misión salvadora.
Conociendo a Jesús, podremos reflejar, a su
imagen y semejanza, el deseo de Dios que “tengamos una vida que valga la
pena”, colaborando con Él, echando una mano, principalmente a los más débiles
de la sociedad, que son oprimidos por quienes, por sus pecados (malas
elecciones), los hacen sufrir.
Quitar el pecado del mundo, es el camino para
salvarnos, sanarnos y reintegrarnos al pueblo de hijos de Dios. Cada uno de
nosotros estamos llamados a conocer a Jesús, aprender de Él y poner en práctica
sus enseñanzas, para ser testigos vivos del amor creador y salvador de Dios.
¿Cómo reconocer al Hijo de Dios,
hoy?... ¿Qué resistencias internas tengo, para dar testimonio de Jesús?... ¿Cuál
creo sea la misión que Dios me confía?

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