jueves, 15 de enero de 2026

II Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Profundizar)

 II Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – enero 18, 2026 
Isaías 49, 3.5-6 / Salmo 39 / 1 Corintios 1, 1-3


Evangelio según san Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: “Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.

Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

En tiempos en que el poder pretende erigirse como "dios", en que las mentiras constituyen tinieblas densas que nos envuelven y en que la desvergüenza se exhibe como bandera, podemos con el salmista exclamar: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad".

Confiar en Dios, dejar que de nuestra boca solo salgan "cantos nuevos", que nuestros oídos sepan escuchar y colocar en nuestro corazón la ley de Dios —el amor—, nos hace no ser solo seguidores, sino testigos del Señor.

Para ser testigo, hay que tener fresca la memoria y ese es un buen ejercicio hoy: recordar dónde, cuándo y cómo te has encontrado con el Señor y cómo Él ha sido luz que disipó tinieblas, fuerza que te restableció, salvación que te rescató.

La memoria agradecida permite responder a la llamada de ser testigos hoy de que Dios es amor, que la Verdad libera y que el respeto y el cuidado tienen mucho valor. No perdamos la esperanza y seamos los testigos que el mundo necesita hoy. #FelizDomingo

“(...) soy testigo de que es el Hijo de Dios”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 En una vieja historia se habla de una vendedora de manzanas. La buena mujer acudía cada mañana al mercado a vender su mercancía. Pero pasadas las horas apenas lograba vender algún kilo. Con el paso del tiempo el poco éxito de sus ventas hizo que la mujer se fuera desanimando. Una mañana se acercó un joven a su puesto. Al verla triste y desanimada le preguntó qué le pasaba. “Ya ves –respondió la mujer– cada mañana acudo a este mercado a vender mis manzanas pero cuando la tarde cae apenas he logrado vender algún kilo. Mis manzanas no deben ser buenas”. 

De repente y sin que nadie se lo pidiera el joven comenzó a gritar: “Compren, compren las mejores manzanas de la huerta. Recién recogidas para llevarlas a su mesa... compren”. Al sonido de los gritos se fueron formando corros de personas alrededor de la vendedora y muchas personas pedían ansiosamente algunos kilos de manzanas. Al cabo de pocas horas la mujer había vendido toda su mercancía. “¿Cómo lo has hecho?” –preguntó la mujer– “Durante muchas semanas he acudido a este mercado y no he logrado vender mi mercancía y tú en solo un par de horas has logrado vender más de lo que yo he vendido a lo largo de todo ese tiempo”. “Ha sido muy fácil” –respondió el joven– tus manzanas eran muy buenas, pero ni tu ni ellos lo sabían. Alguien tenía que decírselo. 

Cuando Juan el Bautista vio a Jesús que se acercaba a él, dijo: “¡Miren, ese es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! A él me refería yo cuando dije: ‘Después de mí viene uno que es más importante que yo, porque existía antes que yo’. Yo mismo no sabía quién era; pero he venido bautizando con agua precisamente para que el pueblo de Israel lo conozca. Juan también declaró: “He visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma y reposar sobre él. Yo todavía no sabía quién era; pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que el Espíritu baja y reposa, es el que bautiza con Espíritu Santo’. Yo ya lo he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios”. 

Cuando hemos experimentado la salvación que nos trae el encuentro con Jesús, sentimos la imperiosa necesidad de anunciarlo a los demás. Tenemos la obligación de contarle a otros lo que hemos experimentado en carne propia. Evidentemente, esto tenemos que hacerlo con nuestro testimonio de vida, pero también con nuestras palabras. Callarnos y no compartir con las personas que nos rodean esta riqueza, es contradictorio. Muchas personas esperan de nosotros un anuncio explícito, y no sólo una presencia testimonial. Como las manzanas, la noticia que tenemos es muy buena, pero alguien tiene que decirlo. ¡Adelante! Seguro que hay muchas personas que están esperando.


AMAR LA VIDA

José Antonio Pagola

La gente no quiere oír hablar de espiritualidad, porque no sabe lo que encierra esta palabra; ignora que significa más que religiosidad, y que no se identifica con lo que tradicionalmente se entiende por piedad. «Espiritualidad» quiere decir vivir una «relación vital» con el Espíritu de Dios, y esto solo es posible cuando se experimenta a Dios como «fuente de vida» en cada experiencia humana.

Como ha expuesto Jürgen Moltmann, vivir en contacto con el Espíritu de Dios «no conduce a una espiritualidad que prescinde de los sentidos, vuelta hacia dentro, enemiga del cuerpo, apartada del mundo, sino a una nueva vitalidad del amor a la vida». Frente a lo muerto, lo petrificado o lo insensible, el Espíritu despierta siempre el amor a la vida. Por eso, vivir «espiritualmente» es «vivir contra la muerte», afirmar la vida a pesar de la debilidad, el miedo, la enfermedad o la culpa. Quien vive abierto al Espíritu de Dios vibra con todo lo que hace crecer la vida y se rebela contra lo que la hace daño y la mata.

Este amor a la vida genera una alegría diferente, enseña a vivir de manera amistosa y abierta, en paz con todos, dándonos vida unos a otros, acompañándonos en la tarea de hacernos la vida más digna y dichosa. A esta energía vital que el Espíritu infunde en la persona, Jürgen Moltmann se atreve a llamar «energía erotizante», pues hace vivir de manera gozosa, atractiva y seductora.

Esta experiencia espiritual dilata el corazón: comenzamos a sentir que nuestras expectativas y anhelos más hondos se mezclan con las promesas de Dios; nuestra vida finita y limitada se abre a lo infinito. Entonces descubrimos también que «santificar la vida» no es moralizarla, sino vivirla desde el Espíritu Santo, es decir, verla y amarla como Dios la ve y la ama: buena, digna y bella, abierta a la felicidad eterna.

Esta es, según el Bautista, la gran misión de Cristo: «bautizarnos con Espíritu Santo», enseñarnos a vivir en contacto con el Espíritu. Solo esto nos puede liberar de una manera triste y raquítica de entender y vivir la fe en Dios.

 

JESÚS NOS LIBRÓ DE TODA OPRESIÓN

Fray Marcos

Todo lo que nos dice Juan del Bautista es sorprendente e indica una relación especial de esa comunidad con él. Seguramente había en aquella comunidad seguidores del Bautista. Juan pone en labios del Bautista la cristología de su comunidad como base y fundamento de la comprensión de Jesús que va a desplegar en su evangelio.

Juan quiere aclarar que no hay rivalidad entre Jesús y el Bautista. Para ello nos presenta un Bautista totalmente integrado al plan de salvación de Dios. Su tarea es la de preparar el camino al Mesías. Juan no narra el bautismo en sí, va directamente al grano y nos habla del Espíritu, que es lo importante en todos los relatos del bautismo.

"El cordero de Dios". Juan propone a Jesús preexistente, portador del Espíritu e Hijo de Dios. No se puede decir más. Está claro que se está reflejando aquí setenta años de evolución cristología en la comunidad. Es una pena que después, hayamos interpretado tan mal el intento de comunicarnos esa profunda experiencia.

Es difícil precisar lo que “cordero” significaba para aquella comunidad. Podían entenderlo en sentido apocalíptico: un cordero victorioso que aniquilará definitivamente el mal (la bestia). Este concepto encajaría con las ideas del Bautista; pero no con las de Jesús.

Podían entenderlo como el Siervo doliente. Juan interpretó la figura del Siervo, aplicada al Jesús, pero nunca con sentido expiatorio. Sería el cordero pascual, que era signo de la liberación de Egipto, pero sin connotación sacrificial. Cristo nos libera de la esclavitud.

“Que quita el pecado del mundo”. En el evangelio de Juan, pecado es la opresión de un hombre sobre otro. Así se entiende la actitud de Jesús con los pecadores. Cuando dice: tus pecados están perdonados, nos dice que no hay nada que perdonar. Jesús quita el pecado del mundo, no muriendo, sino viviendo el servicio incondicional a todos.

La palabra más usada en la Biblia para indicar “pecado” significa errar el blanco. No se trata de mala voluntad como lo entendemos hoy. En el evangelio de Juan, “pecado del mundo” tiene un significado muy preciso. Se trata de la opresión que un ser humano ejerce sobre otro. El pecado es siempre colectivo. Si hay pecado hay opresor y víctima.

El modo de “quitar” este pecado, no es una muerte expiatoria. Esta manera de entender la salvación de Jesús es consecuencia de una idea arcaica de Dios. Estamos ante la idea de un dios externo, soberano, justiciero y tirano. Nada que ver con la experiencia del Abba de Jesús. El “pecado del mundo” no tiene que ser expiado, sino eliminado.

Jesús salvó al ser humano, suprimiendo de su propia vida toda opresión que impida el proyecto de creación definitiva del hombre. Jesús nos salvó, ayudando a todos los oprimidos a salir de su opresión. Un mandamiento, el amor. Un pecado, la opresión.

No tenemos que oprimir a nadie de ningún modo. No tengo que dejarme oprimir. Tengo que ayudar a todos a salir de cualquier clase de opresión. Tengo que seguir suprimiendo el pecado del mundo. Si no estoy dispuesto, no solo a no oprimir sino a liberar al oprimido, es que no me he enterado del mensaje.

En el mundo en que vivimos, si no explotas te explotan; si no estás por encima de los demás, los demás ten pisotearán. Esta postura obedece al puro instinto y no te lleva a la plenitud. Debo descubrir que sufrir la injusticia es más humano que cometerla.

Es el oprimir al otro, no que intenten oprimirme, lo que me destroza como ser humano. Jesús prefirió que le mataran antes de imponerse a los demás. Esta es la clave que no queremos descubrir, porque nos obligaría a cambiar nuestras actitudes para con los demás. Cuando me impongo a los demás no soy más sino menos.

miércoles, 7 de enero de 2026

BAUTISMO DEL SEÑOR -A- (Reflexión)

 BAUTISMO DEL SEÑOR– Ciclo A – enero 11, 2026 
Isaías 42, 1-4.6-7 / Salmo 28 / Hech 10, 34-38


Con el Bautismo de Jesús, cerramos el tiempo de Navidad, y damos el inicio al tiempo litúrgico ordinario, para conocer a Jesús en su vida pública y cómo lleva al cabo su misión salvadora, por nosotros…

Evangelio según san Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

Reflexión:

¿Quién es Jesús?

Jesús, vivió y creció en una vida “ordinaria”, de acuerdo con la cultura de su tiempo. En ella, fue aprendiendo, experimentando y descubriendo quien era él, el poder darse cuenta de cuál era su misión.

Le llevó casi treinta años el “descubrirse”, “cuestionarse” y “aprender” a vivir. Me imagino que ponía atención, observaba, reflexionaba y oraba lo que iba experimentando; al mirar a Juan, el Bautista, su primo, escuchar su predicación y contemplar a las personas que lo seguían y se bautizaban, decidió también hacerlo, como uno más del pueblo de Dios.

Comencemos la reflexión, recordando el significado de palabra Bautismo: proviene del griego baptizein (βάπτειν), que significa "sumergir" o "introducir dentro del agua", y eso es lo que Juan hacía con el rito del bautismo, la inmersión completa de las personas en el río Jordán, para la purificación de los pecados y el renacimiento, que representa la muerte de la "vida antigua" pecaminosa y el nacimiento a una "vida nueva".

Jesús, al acercarse, haciendo fila, como uno de tantos para ser bautizado, lo hace para, junto a quien viene a salvar, iniciar una nueva vida, y cumplir con su misión. Para Jesús fue un momento fundante, “un instante crucial y concreto en la vida de una persona o en la historia de un grupo que marca un antes y un después, definiendo o redefiniendo su identidad, propósito o camino, como una experiencia transformadora que "cimenta" su existencia y sentido, a menudo relacionado con vocaciones, crisis existenciales o descubrimientos profundos” (cfr. Revista Christus). 

Al ser bautizado, Jesús es confirmado como el Hijo de Dios: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”, dando así cumplimiento a la profecía “Miren a mi siervo, a quien sostengo, a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu para que haga brillar la justicia sobre las naciones…” (Is 42, 1-4)

También nosotros como católicos, cuando somos bautizados, aunque todavía pequeños, “somos hechos hijos, en el Hijo”, en otras palabras, somos incorporados al Cuerpo Místico de Cristo, metáfora bíblica, popularizada por San Pablo y la teología católica, que describe a la Iglesia como un cuerpo espiritual único, donde Jesucristo es la cabeza y todos los creyentes son sus miembros, unidos por el Espíritu Santo para formar una sola comunidad.

Hoy, el bautismo de Jesús, nos invita a festejar lo que somos y nuestra misión (única) dentro de la Iglesia. Habremos también de tomar conciencia de lo que implica y como al reconocernos también hijos de Dios, tendremos que ser colaboradores en la misión salvadora y reflejando que fuimos hechos a su “imagen y semejanza”, para entonces aprender de Jesús y poder … “andar por la vida, haciendo el bien y sanado a los oprimidos por el mal” (cfr. Hech 10, 38)

¿Cuándo fui bautizado y quiénes fueron mis padrinos?... ¿Qué tan consciente soy de ser hijo de Dios?... ¿Conozco mi misión, como bautizado?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

BAUTISMO DEL SEÑOR -Ciclo A- (Profundizar)

 BAUTISMO DEL SEÑOR– Ciclo A – enero 11, 2026 
Isaías 42, 1-4.6-7 / Salmo 28 / Hech 10, 34-38


Evangelio según san Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva


   #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Jesús llega a bautizarse, los cielos se abren y escucha que es el Hijo muy amado y que el Padre se complace en él. La certeza de su filiación y del amor le llevarán a compartir filiación y amor, y a vivir con un corazón "contentado", como el de Dios; por ello será el amoroso, el esperanzado; será alianza y luz, abrirá los ojos y liberará a los cautivos y a los que habitan en tinieblas, a la gente sin luz.

La certeza del amor nos hace no romper lo que está doblado; nos hace creer que se puede volver a encender lo que aún humea. Y todo esto es lo que da "contentamiento" a Dios.

Sin la experiencia de filiación, es decir, de pertenecer libremente en el amor, hay inseguridad; entonces nos volvemos esclavos sumisos mendigando aceptación, y gritamos porque creemos que no nos quieren escuchar. Porque no amamos, rompemos lo débil y declaramos apagado lo que todavía puede volver a brillar.

En este domingo del Bautismo del Señor, hagamos memoria del amor, hagamos memoria de nuestras filiaciones. ¿Quiénes te han amado gratuitamente? ¿A quiénes perteneces por puro amor? ¿Cuándo has estado "doblado" y Dios, el Padre amoroso, te levantó? ¿Cuándo eras ya "mecha humeante" y el Señor reavivó tu llama? Pidamos a Dios que nos ayude a recordar y agradecer nuestras experiencias de amor, que aleje de nosotros cualquier tentación de ser violentos y vivamos siempre en la esperanza y el amor. #FelizDomingo 


“Jesús fue de Galilea al río Jordán, donde estaba Juan (...)”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Después de haber pasado treinta años de su vida en el anonimato de Nazaret, dedicado a los trabajos ordinarios y sencillos de una vida campesina, Jesús decidió un día, dejar atrás sus pequeñas seguridades y ponerse en camino hacia el sur, junto al río Jordán, donde Juan estaba bautizando. Se despidió de los suyos y se lanzó a una aventura de la cual no regresaría más. Tomó una decisión que resultó ser trascendental para su vida y para la nuestra. Por eso, vale la pena preguntarse ¿Qué fue lo que llevó a Jesús a tomar esta decisión? ¿Qué esperaba encontrar con el bautismo de Juan? ¿Cuáles fueron los sentimientos que lo acompañaron durante este recorrido de más de cien kilómetros desde Nazaret hasta el lugar donde recibió su bautismo? ¿Fue un viaje solitario o lo hizo en compañía de algunos amigos y amigas que también buscaban lo mismo?

Seguramente a Nazaret llegaron las noticias de lo que Juan el Bautista estaba haciendo en un recodo del río Jordán, cerca de Betabara: Invitaba a los pecadores a cambiar de vida, a preparar los caminos del Señor. La llegada del Mesías era algo que todos los israelitas habían esperado con impaciencia durante muchos años. Todos esperaban al Ungido de Dios que liberaría a Israel de la dominación romana y les devolvería la libertad. Haría de ellos una gran nación. Los guiaría en la construcción de una sociedad que fuera sólo de Dios. Muchos de los estudiosos de la Biblia se preguntan si Jesús tenía en este momento de su vida una conciencia plena de su misión, o si la fue descubriendo poco a poco, a través de los mismos acontecimientos históricos que siguieron, a partir de esta decisión.

Todos nosotros, en un momento u otro de nuestra vida, sentimos la llamada a reorientar nuestro camino. Tuvimos que tomar la decisión de dejar atrás los espacios y las personas conocidas que formaban nuestro entorno vital. Dirigimos nuestros pasos hacia rumbos desconocidos, sobre los cuales no estábamos totalmente seguros. Nos aventuramos a establecer nuevas relaciones, nuevas prácticas, nuevas formas de comunicación con nuestro entorno, nuevas formas de pensar la misma realidad. Caminamos hacia lo desconocido confiados en la promesa y en la fidelidad de Dios. Por Él y en Él, nos fuimos a descubrir nuevos horizontes. De la mano de Dios también salió Jesús de Nazaret y fue a bautizarse junto con todos los pecadores y pecadoras de su tiempo, que acudían a recibir el baño regenerador del bautismo de Juan.

Ver a Jesús dirigirse hacia lo desconocido, confiado solamente en la cercanía de su Padre Dios, nos anima a emprender también un camino nuevo cada día, con la confianza de que Dios nos acompañará y repetirá de nuevo lo que el mismo Jesús escuchó en el Jordán: “Este es mi hijo amado, a quien he elegido”.

 

¿A QUIÉN ADORAMOS?

José Antonio Pagola

Jesús no es un hombre vacío ni disperso interiormente. No actúa por aquellas aldeas de Galilea de manera arbitraria ni movido por cualquier interés. Los evangelios dejan claro desde el principio que Jesús vive y actúa movido por «el Espíritu de Dios». 

No quieren que se le confunda con cualquier «maestro de la ley», preocupado por introducir más orden en el comportamiento de Israel. No quieren que se le identifique con un falso profeta, dispuesto a buscar un equilibrio entre la religión del templo y el poder de Roma. 

Los evangelistas quieren, además, que nadie lo equipare con el Bautista. Que nadie lo vea como un simple discípulo y colaborador de aquel gran profeta del desierto. Jesús es «el Hijo amado» de Dios. Sobre él «desciende» el Espíritu de Dios. Solo él puede «bautizar» con Espíritu Santo. 

Según toda la tradición bíblica, el «Espíritu de Dios» es el aliento de Dios, que crea y sostiene la vida entera. La fuerza que Dios posee para renovar y transformar a los vivientes. Su energía amorosa que busca siempre lo mejor para sus hijos e hijas . 

Por eso Jesús se siente enviado no a condenar, destruir o maldecir, sino a curar, construir y bendecir. El Espíritu de Dios lo conduce a potenciar y mejorar la vida. Lleno de ese «Espíritu» bueno de Dios, se dedica a liberar a la gente de «espíritus malignos», que no hacen sino dañar, esclavizar y deshumanizar. 

Las primeras generaciones cristianas tenían muy claro lo que había sido Jesús. Así resumían el recuerdo que dejó grabado en sus seguidores: «Ungido por Dios con el Espíritu Santo… pasó por la vida haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hechos de los Apóstoles 10,38). 

Qué «espíritu» nos anima hoy a los seguidores de Jesús? ¿Cuál es la «pasión» que mueve a su Iglesia? ¿Cuál es la «mística» que hace vivir y actuar a nuestras comunidades? ¿Qué estamos poniendo en el mundo? Si el Espíritu de Jesús está en nosotros, viviremos «curando» a oprimidos, deprimidos o reprimidos por el mal.

 

CELEBRAMOS EL VERDADERO NACIMIENTO DE JESÚS

Fray Marcos

Empezamos el tiempo ordinario del año litúrgico. Este año recorreremos el evangelio de Mateo. Es lógico que empecemos con el primer relato importante de esa andadura, el bautismo de Jesús. El bautismo es el primer dato de la vida de Jesús que podemos considerar histórico con gran probabilidad. Sin duda fue muy importante para Jesús.
Hoy en las tres lecturas se habla del Espíritu (de Dios) como determinante de la presencia salvadora de Dios. La presencia de Dios en la historia se lleva a cabo siempre a través de su Espíritu. Dios no puede ser causa segunda. Actúa siempre desde lo hondo del ser y sin violentarlo. Por eso decimos que actúa como Espíritu.
Aunque fuera un hecho histórico, la manera de contarlo nos lleva más allá de una crónica de sucesos. Lo narran los tres sinópticos. Hechos alude a él varias veces y Juan hace referencia a él como dato conocido. Si a pesar de las dificultades de encajarlo, se narra en todos los evangelios, es que era una tradición muy antigua.
El relato intenta concentrar en un momento, lo que fue un proceso que duró toda la vida de Jesús. En ningún momento concreto quedó definitivamente clara su trayectoria. No tiene lógica que un simple bautismo marque el punto de inflexión en su vida. Aceptar el bautismo de Juan era aceptar su doctrina y su actitud vital.
El brevísimo diálogo entre Jesús y Juan rompe todos los esquemas del mesianismo judío. No es el bautizar a Jesús lo que le cuesta aceptar al Bautista, sino el significado de su bautismo. Es muy probable que Jesús fuera discípulo de Juan y que no solo se vio atraído por su doctrina, sino que formó parte del grupo de seguidores.
Con sus constantes referencias al AT, Mateo quiere dejar claro que toda la posible comprensión de la figura de Jesús tiene que partir del AT. La manera de hablar es simbólica. Todo pasó en el interior de Jesús. Lucas nos dice: “y mientras oraba...”
Jesús no fue un extraterrestre, dispensado de la trayectoria que todo ser humano tiene que recorrer para alcanzar su plenitud. Los primeros cristianos tomaron muy en serio la humanidad de Jesús. Jesús necesitó aclarar sus ideas sobre Dios y sobre él.
Dios llega siempre desde dentro, no desde fuera. El centro del mensaje de Jesús consiste en invitar a todos los hombres a tener la misma experiencia de Dios, que él tuvo. Después de esa experiencia, Jesús ve con toda claridad que esa es la meta de cualquier ser humano y puede decir a Nicodemo: “hay que nacer de nuevo”.
Los cielos que se abren eran la esperanza de todo el AT. (Is 63,16) “¡Ah si se rasgasen los cielos y descendieses!” La comunicación entre lo divino y lo humano se había interrumpida por culpa de la infidelidad del pueblo. Ahora es posible gracias a la fidelidad de Jesús. La distancia entre Dios y el Hombre queda superada para siempre.
Estamos celebrando el verdadero nacimiento de Jesús. Y éste sí que ha tenido lugar por obra del Espíritu Santo. Dejándose llevar por el Espíritu, se encamina él mismo hacia la plenitud humana, marcándonos el camino de nuestra propia plenitud. Pero tenemos que ser muy conscientes de que, solo naciendo de nuevo, naciendo del Espíritu, podremos desplegar todas nuestras posibilidades humanas.
La presencia de Dios en el hombre tiene que darse en aquello que tiene de específicamente humano; no puede ser una inconsciente presencia mecánica. Dios está en todas las criaturas como la base y el fundamento de su ser, pero solo el ser humano puede tomar conciencia de esa realidad y vivirla. Esto es su meta y objetivo último. Jesús consiguió esa meta e intentó que todos la consigamos también.

jueves, 1 de enero de 2026

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – Ciclo A – (Reflexión)

 II Domingo de Navidad– Ciclo A – enero 4, 2026

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR 

Isaías 60, 16 / Salmo 71 / Efesios 3, 2-3.5-6



Hoy, celebramos la Solemnidad de la Epifanía, dentro del tiempo de Navidad y se refiere a la revelación visible y tangible de Jesús al mundo, mostrando su identidad como el Hijo de Dios …

Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Reflexión:

¿Qué estrellas sigo?

Continuamos viviendo el tiempo de Navidad y hoy, primero recordamos como los “Magos de Oriente” buscan y reconocen a Jesús, como Luz para todas las naciones, y también se las actitudes contrarias de parte de Herodes (inquietud, envidia y miedo); segundo, podemos reflexionar para revisar el año que acaba de terminar, y mirar con otros ojos hacia el nuevo año que comienza.

El significado de la palabra Epifanía es: "manifestación", del griego ἐπιφάνεια (epipháneia), y con la cual, Jesús, el Salvador, “se da a conocer” a los gentiles (no judíos), representados por los Reyes Magos que vinieron de Oriente.

Nosotros podríamos ser hoy, uno de esos “magos” o “sabios”, que supieron, a través de la observación de los astros, ser capaces de reconocer dónde está el Salvador en nuestra vida. También podemos aprender, como las actitudes de Herodes son egoísmos que debemos evitar y erradicar de nosotros y de nuestras relaciones interpersonales, para poder ser salvados.

El Examen Ignaciano, nos puede ayudar a darnos cuenta que “espíritus” / “estrellas” hemos seguido durante el año pasado; haciendo una reflexión profunda sobre lo vivido y experimentado, para ver la vida como un regalo, reconocer la reciprocidad en el amor y prepararnos con paz para el año que comienza, no como un juicio, sino como un encuentro amoroso. Haz tu examen, de la siguiente manera:

Prepárate: Ponte cómodo, respira hondo, y pide la luz del Espíritu Santo para ver tu año con claridad, reconociendo la presencia de Dios en todo momento.

Acción de Gracias: Agradece los dones, las personas, los aprendizajes y los momentos de felicidad. ¿De qué estás especialmente agradecido este año?

Revisión del Año: Repasa mentalmente los últimos 12 meses, como una película. ¿Dónde sentiste alegría, consuelo o cercanía a Dios? (momentos de consolación) ¿Qué te molestó, te desafió o te causó tristeza/ira? (momentos de desolación) ¿Cómo respondiste a Dios en esos momentos? ¿Cómo actuaste?

Respuesta y Perdón: Habla con Dios sobre tus experiencias. Pide perdón por tus errores y distracciones. Reconoce cómo te has alejado o acercado a Él.

Mirada al mañana: Piensa en el año que viene. ¿Qué te ilusiona o te preocupa? Pide la gracia para vivir con el espíritu de Dios, siendo un instrumento de Su amor, y comprométete a colaborar más eficazmente con Su plan.

Cierre: Termina con una oración, quizás un Padrenuestro, sintiendo la paz de Dios y entregándole todo lo vivido y lo que vendrá.

Dios está en los detalles y en el amor compartido. Suelta miedos y culpas para entrar al nuevo año con el corazón ligero. Este examen te ayuda a ser un “mago de este siglo”, para poder "buscar y encontrar a Dios en todas las cosas".

Los mejores deseos al comenzar el nuevo año, para permanecer con Jesús, nuestro Salvador, a largo de todo el año 2026.

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP  

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – Ciclo A – (Profundizar)

 II Domingo de Navidad – Ciclo A – enero 4, 2026

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR 

Isaías 60, 16 / Salmo 71 / Efesios 3, 2-3.5-6




Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

 #Microhomilia
 Hernán Quezada, SJ 

Epifanía (επιφάνεια) significa "manifestación". Este domingo en la Iglesia celebramos la Epifanía del Señor; Dios se nos ha manifestado en Belén y las tinieblas que nos envolvían son disipadas por su luz.

Sin embargo, vemos en el Evangelio dos tipos de reacciones ante la Epifanía del Señor: la de los Magos de Oriente y la de Herodes. Los primeros son capaces de ver, porque están buscando; son capaces de ir, porque tienen un corazón curioso. Por otra parte, Herodes ni mira ni busca; la noticia de la epifanía del Señor lo sobresalta, convoca para asegurarse, llama en secreto, miente y manipula.

Hoy el Señor se nos sigue revelando, sigue brillando ante las tinieblas de este mundo, y sigue habiendo estos tipos de personas con este tipo de reacciones: aquellos que no se mueven y confabulan, y aquellos que, con los ojos bien abiertos y el corazón curioso, se ponen en camino "siguiendo estrellas". Estos llegan y encuentran la novedad donde menos esperaban; descubren que en los sitios inimaginables ahí está el Señor manifestándose; estos se llenan de alegría.

Reflexionemos: ¿Cómo estás viviendo? ¿Ojos abiertos o cerrados? ¿Corazón curioso o asustado? ¿Envuelto en tinieblas o buscando estrellas? Dios nos conceda un corazón curioso, que mira, busca y encuentra. #FelizDomingo


“(...) regresaron a su tierra por otro camino”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Había un ciego sentado en el camino, con una lata vacía a sus pies y un pedazo de cartón que decía: "Por favor ayúdeme, soy ciego". Un poeta que pasaba frente a él, se detuvo y vio unas pocas monedas dentro de la lata. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de cartón sobre los pies del ciego y siguió su camino. Por la tarde el poeta volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, y vio que su lata estaba llena de billetes y monedas. El ciego reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él quien reescribió su cartel y sobre todo, qué había puesto. El poeta le contestó: “Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras". Sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: "Hoy es primavera, y no puedo verla".

Esta historia nos invita a reemprender el año nuevo por otro camino, como hicieron los sabios del Oriente de los que nos habla hoy la liturgia de la Palabra: “Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces unos sabios del Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron: ‘–¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo. El rey Herodes se inquietó mucho al oír esto, y lo mismo les pasó a todos los habitantes de Jerusalén. Mandó el rey llamar a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Mesías. Ellos le dijeron: –En Belén de Judea (...)”.

Luego el rey Herodes informó de esto a los sabios del Oriente y los mandó a Belén para que averiguaran todo lo que pudieran acerca del niño, y les pidió que al regresar, le avisaran para ir él también a rendirle homenaje. Con las indicaciones del rey, los sabios llegaron al lugar donde estaba el niño. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y arrodillándose le rindieron homenaje. Le hicieron regalos y después, “advertidos en sueños de que no debían volver a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”.

Después del encuentro con el Niño Jesús, nacido en un pesebre para nuestra salvación, no deberíamos regresar a nuestra tierra por el mismo camino por el que vinimos. Reemprender un camino nuevo es lo que debería caracterizar el comienzo del año. Y este cambio de estrategia, debería ser creativo, buscando alternativas desconocidas y nuevas para afrontar los retos que nos presenta la realidad en la que vivimos. La creatividad no está en decir o hacer cosas raras o extraordinarias, sino en saber decir y hacer lo mismo, con otras palabras, de manera que el resultado sea mejor. Por eso, digamos: "Hoy es primavera, y no puedo verla".


¿A QUIÉN ADORAMOS?

José Antonio Pagola

Los magos vienen del «Oriente», un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras Sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de «adorar».

Su presencia provoca un sobresalto en todo Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva que les hace pensar que ya ha nacido «el rey de los judíos» y vienen a «adorarlo». Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. ¿Dónde está? Esta es su pregunta.

Herodes se «sobresalta». La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido designado por Roma «rey de los judíos». Hay que acabar con el recién nacido: ¿Dónde está ese rival extraño? Los «sumos sacerdotes y letrados» conocen las Escrituras y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo.

Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes religiosos. Solo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.

Los magos prosiguen su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de «inmensa alegría». Por fin se encuentran con el Niño y, «cayendo de rodillas, lo adoran». Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su Rey y Señor.

En su aparente ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿Ante quién nos arrodillamos nosotros? ¿Cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén? ¿Ponemos a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar? ¿Estamos dispuestos a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia?

En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos guía hacia Belén.

 

DIOS SE ESTÁ MANIFESTANDO SIEMPRE

Fray Marcos

Epifanía significa manifestaciones. En el sentido original significó la primera luz que aparece en el horizonte antes de salir el sol. Esa luz se tomó como símbolo de la iluminación espiritual en todas las religiones; por eso la luz viene siempre de oriente.

Toda manifestación de Dios es universal. Dios no puede tener privilegios. No estamos celebrando la fecha de un acontecimiento. Sino la realidad de lo que es Dios y la alegría de poder descubrirlo. Es un relato fantástico que no es original del cristianismo.

La Natividad de Jesús se celebró el 6 de enero en toda la Iglesia durante varios siglos. Más tarde en Occidente se comenzó a celebrar el 25 de diciembre y se reservó la fecha del 6 de enero para celebrar la Epifanía, el Bautismo del Señor y las Bodas de Caná.

Cuando nació Jesús no pasó nada fuera de lo normal. Todo el relato se desarrolla en un lenguaje mateano. Deja muy claro que los de cerca rechazan a Jesús por lo que es, y los de lejos lo buscan y lo aceptan como lo que es: luz que ilumina a todo hombre.

A través de los siglos se ha ido adornando el relato con afirmaciones que no están en el texto, pero que hoy todo el mundo cree. El relato ni dice que eran tres. Mucho menos sus nombres. Ni dice que eran reyes. Ni “Mago” tiene, para nada, el significado que hoy damos a la palabra mago. magoi significaba miembro de la casta sacerdotal.

Los intentos que se han hecho a través de la historia de explicar la posibilidad de un fenómeno celeste que explicara la estrella, no merecen mayor comentario. Ni cometa ni estrella ni conjunción de astros tiene sentido alguno. Se trata de un relato simbólico.

También queda fuera de lógica alguna que se sobresaltase toda Jerusalén con Herodes. El anuncio de un rey distinto solo podía provocar alegría, no miedo entre los habitantes de Jerusalén. Mateo piensa en la Jerusalén que dio muerte a Jesús. Para Mateo el rechazo de los judíos es constante y anterior a cualquier manifestación de Jesús.

El miedo de Herodes es también nuestro miedo. El reinado de Dios es una amenaza para nuestro egoísmo. Cuántas veces en nuestra vida hemos dicho: esto no lo creo, cuando queríamos decir: esto no me gusta. Un Dios que reine sin hacernos reinar a nosotros, no nos interesa. Seguiremos sin enterarnos y el encuentro no se producirá.

Los letrados lo saben todo sobre el Mesías, pero, instalados en sus privilegios, no mueven un dedo para comprobarlo. Los paganos adoran al Niño, los judíos intentan matarlo. Los paganos reconocen al Niño, los judíos no lo reconocen.

Las Escrituras pueden indicarnos el camino a seguir cuando atravesamos lugares o tiempos sin estrella. Pero el valor de la Escritura depende de la actitud del que las estudia. A la Biblia hay que acercarse sin prejuicios y abiertos a lo que nos va a decir.

El hombre tiene que dejarse iluminar por su estrella, pero también debe ser guía para los demás. Nuestra obligación es hacer ver a los demás el Dios de Jesús, manifestado en nuestra vida. Hacemos presente a Dios, siempre que vamos en ayuda de los otros.

El relato nos lanza más allá de una iglesia. Dios se manifiesta siempre a todos. En el momento que nos sentimos privilegiados, hemos destrozado el mensaje de esta fiesta. Todos recibimos todo de Dios y todos tenemos la obligación de aprender de los demás y enseñar. Debemos completar nuestra verdad aceptando la verdad de los otros.

Lo que celebramos hoy es la apertura de Dios a todos los hombres. Allí donde haya un ser humano que crece en humanidad, amando a los demás, allí está Dios. No podemos hacer a los gentiles una propuesta para que se conviertan a nuestra religión.

 

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