LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
Isaías 60, 16 / Salmo 71 / Efesios 3, 2-3.5-6
Evangelio
según san
Mateo 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos
magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el
rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos
venido a adorarlo”.
Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda
Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del
pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
“En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén,
tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres
de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le
precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a
Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y,
cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.
Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de
pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se
detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron
de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y
postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos:
oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a
Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Para
profundizar:
“ ”
Hermann
Rodríguez Osorio, S.J.
¿A QUIÉN ADORAMOS?
José Antonio Pagola
Los magos vienen del
«Oriente», un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de
otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras Sagradas de
Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en
marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de
«adorar».
Su presencia provoca
un sobresalto en todo Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva
que les hace pensar que ya ha nacido «el rey de los judíos» y vienen a
«adorarlo». Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. ¿Dónde está? Esta es su
pregunta.
Herodes se
«sobresalta». La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido
designado por Roma «rey de los judíos». Hay que acabar con el recién nacido:
¿Dónde está ese rival extraño? Los «sumos sacerdotes y letrados» conocen las
Escrituras y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño
ni se ponen en marcha para adorarlo.
Esto es lo que
encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los
representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes
religiosos. Solo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.
Los magos prosiguen
su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en
la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de «inmensa
alegría». Por fin se encuentran con el Niño y, «cayendo de rodillas, lo
adoran». Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más
valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su
Rey y Señor.
En su aparente
ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿Ante quién nos
arrodillamos nosotros? ¿Cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de
nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén?
¿Ponemos a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar? ¿Estamos dispuestos
a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia?
En nuestras vidas
siempre hay alguna estrella que nos guía hacia Belén.
DIOS SE ESTÁ MANIFESTANDO SIEMPRE
Fray Marcos
Epifanía significa
manifestaciones. En el sentido original significó la primera luz que aparece en
el horizonte antes de salir el sol. Esa luz se tomó como símbolo de la
iluminación espiritual en todas las religiones; por eso la luz viene siempre de
oriente.
Toda manifestación
de Dios es universal. Dios no puede tener privilegios. No estamos celebrando la
fecha de un acontecimiento. Sino la realidad de lo que es Dios y la alegría de
poder descubrirlo. Es un relato fantástico que no es original del cristianismo.
La Natividad de
Jesús se celebró el 6 de enero en toda la Iglesia durante varios siglos. Más
tarde en Occidente se comenzó a celebrar el 25 de diciembre y se reservó la
fecha del 6 de enero para celebrar la Epifanía, el Bautismo del Señor y las
Bodas de Caná.
Cuando nació Jesús
no pasó nada fuera de lo normal. Todo el relato se desarrolla en un lenguaje
mateano. Deja muy claro que los de cerca rechazan a Jesús por lo que es, y los
de lejos lo buscan y lo aceptan como lo que es: luz que ilumina a todo hombre.
A través de los
siglos se ha ido adornando el relato con afirmaciones que no están en el texto,
pero que hoy todo el mundo cree. El relato ni dice que eran tres. Mucho menos
sus nombres. Ni dice que eran reyes. Ni “Mago” tiene, para nada, el significado
que hoy damos a la palabra mago. magoi significaba miembro de
la casta sacerdotal.
Los intentos que se
han hecho a través de la historia de explicar la posibilidad de un fenómeno
celeste que explicara la estrella, no merecen mayor comentario. Ni cometa ni
estrella ni conjunción de astros tiene sentido alguno. Se trata de un relato
simbólico.
También queda fuera
de lógica alguna que se sobresaltase toda Jerusalén con Herodes. El anuncio de
un rey distinto solo podía provocar alegría, no miedo entre los habitantes de
Jerusalén. Mateo piensa en la Jerusalén que dio muerte a Jesús. Para Mateo el
rechazo de los judíos es constante y anterior a cualquier manifestación de
Jesús.
El miedo de Herodes
es también nuestro miedo. El reinado de Dios es una amenaza para nuestro
egoísmo. Cuántas veces en nuestra vida hemos dicho: esto no lo creo, cuando
queríamos decir: esto no me gusta. Un Dios que reine sin hacernos reinar a
nosotros, no nos interesa. Seguiremos sin enterarnos y el encuentro no se
producirá.
Los letrados lo
saben todo sobre el Mesías, pero, instalados en sus privilegios, no mueven un
dedo para comprobarlo. Los paganos adoran al Niño, los judíos intentan matarlo.
Los paganos reconocen al Niño, los judíos no lo reconocen.
Las Escrituras
pueden indicarnos el camino a seguir cuando atravesamos lugares o tiempos sin
estrella. Pero el valor de la Escritura depende de la actitud del que las
estudia. A la Biblia hay que acercarse sin prejuicios y abiertos a lo que nos
va a decir.
El hombre tiene que
dejarse iluminar por su estrella, pero también debe ser guía para los demás.
Nuestra obligación es hacer ver a los demás el Dios de Jesús, manifestado en
nuestra vida. Hacemos presente a Dios, siempre que vamos en ayuda de los otros.
El relato nos lanza
más allá de una iglesia. Dios se manifiesta siempre a todos. En el momento que
nos sentimos privilegiados, hemos destrozado el mensaje de esta fiesta. Todos
recibimos todo de Dios y todos tenemos la obligación de aprender de los demás y
enseñar. Debemos completar nuestra verdad aceptando la verdad de los otros.
Lo que celebramos
hoy es la apertura de Dios a todos los hombres. Allí donde haya un ser humano
que crece en humanidad, amando a los demás, allí está Dios. No podemos hacer a
los gentiles una propuesta para que se conviertan a nuestra religión.

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