miércoles, 4 de febrero de 2026

V Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A – (Reflexión)

 IV Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A febrero 8, 2026
Isaías 58, 7-10 / Salmo 111 / 1 Corintios 2, 1-5


Continuamos en este domingo con exhortaciones de parte de parte de Jesús, para de manera puntual, con nuestras acciones ser testimonio vivo de Jesús …

Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos''.

Reflexión:

¿Cómo reflejar la Luz de Jesús?

Como dice el dicho popular, “más claro, ni el agua” … y así es con las lecturas, el salmo y el evangelio de este domingo: nos indican como podemos ser, si seguimos a Jesús y ponemos nen práctica sus enseñanzas.

Para poner en práctica las Bienaventuranzas (que reflexionamos la semana pasada), hoy, de manera concreta nos dice la Palabra, cuáles son las acciones que tenemos que hacer, con los siguientes verbos: compartir con, acoger y vestir, a quien tiene necesidad; además de evitar oprimir, amenazar, ofender, a cualquier persona. Actuar de la manera anterior nos trae, es precisamente como colaboramos con Jesús a que el reinado del amor se haga presente hoy, es la forma de llevar la felicidad, y así, nos transformamos en gente luz, justa, clemente, compasiva, con corazón sano…

Acercar un pedacito de “cielo”, “de amor”, a este mundo terreno, es como dice Ignacio de Loyola, “el amor, se pone más en obras que en palabras” … y lo hacemos con acciones concretas, que son fruto de la Palabra sembrada por el Señor, en nuestro corazón (cfr. Mt 13, 1-9).

San Pablo, por otra parte, como con la humildad de nuestras acciones, es cómo podemos predicar mejor la buena noticia del reino del amor; es dejarnos guiar por el espíritu de Dios, el Espíritu Santo, para que nos lleve a ser reflejo de la luz de Cristo en el mundo… en mi mundo: en casa, el trabajo, con amistades, en la calle…

Jesús lo confirma con su analogía, de “ustedes son” … sal y luz:

·        Sal, para darle sabor a lo que alimenta y conserva lo que da vida… donde ando y vivo.

·        Luz, que me da claridad y despeja la tiniebla, que impide ver hacia dónde voy, para poder ser feliz, bienaventurado, dichoso … y que los demás también puedan serlo.

Ser sal y luz en este mundo, son medio para que el Reino de los cielos / el Reino de Dios se haga presente. Si, equivocadamente los hacemos nuestro fin, entonces sería para destacar nuestro egoísmo, luciéndonos, exhibiéndonos; así, como mucha sal, empalaga.

Andar por el mundo, haciendo el bien, por amor, como reflejo de Jesús, es la manera humilde de ser testigos que reina en nuestro corazón y entre nosotros el Amor de Dios.

“Hoy, Jesús nos sigue llamando a ser sal y luz en el mundo, preservando la verdad e iluminando en nuestro corazón con su amor. Si perdemos nuestra escencia, no cumplimos nuestra misión: transformar la realidad que nos rodea” (cfr. Eliomar Ribeiro, SJ)

¿Qué actitudes cristianas debo pulir?... ¿Cómo ser luz que ilumina y orienta?... ¿Cómo puedo “dar buen sabor” en mi familia, iglesia y sociedad?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

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