viernes, 26 de diciembre de 2025

𝖫𝖠 𝖲𝖠𝖦𝖱𝖠𝖣𝖠 𝖥𝖠𝖬𝖨𝖫𝖨𝖠 - (Reflexión)

 I DOMINGO DE NAVIDAD Ciclo A Diciembre 28, 2025 
𝖫𝖠 𝖲𝖠𝖦𝖱𝖠𝖣𝖠 𝖥𝖠𝖬𝖨𝖫𝖨𝖠 (se omite fiesta de los Santos Inocentes)
Eclesiástico 3, 3-7. 14-17 / Salmo 127 / Colosenses 3, 12-21



Hoy, después de haber celebrado la Navidad, este domingo honramos a Jesús, María y José como modelo de vida familiar, con la Fiesta de la Sagrada Familia …

Evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño”.

Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre, Herodes, tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños, se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: Se le llamará nazareno.

Reflexión:

¿Cómo es mi familia?

Celebrar la fiesta de la Sagrada Familia, nos lleva indudablemente a reflexionar sobre nuestra propia familia y como es que vivimos cada uno en ella.

Contemplar a Jesús, María y José, nos lleva a “reflexionar, para sacar provecho” en nuestra vida; podemos ver como ellos nos modelan una manera ser y vivir en el mundo:

Jesús, Emanuel (Dios-con-nosotros), se encarna desde la fragilidad, sin privilegios, en una familia “tradicional, sencilla, humilde … común”, de su tiempo, y del nuestro también …

María, con su a colaborar en la misión, para ser la madre del Salvador; desde su disponibilidad a cuidar y servir (embarazada, acompañó a su prima Isabel) …

José, atento, prudente y comprometido, escucha “en sueños”, acepta y asume su rol de esposo y padre, con toda seguridad, no a lo loco, sino reflexionando y meditando (discerniendo), qué y cómo toca actuar para proteger a su familia …

Esta “Sagrada Familia”, como tantas otras, tiene que luchar para sobrevivir y enfrentar las dificultades. Son un modelo por seguir, con su sencillez y humildad. Representan el inicio de algo grande: la vida, una vida de entrega y servicio.

José, en este domingo (y cada día), nos enseña a escuchar con el corazón, para discernir lo que proviene de Dios, estar atentos a su voz y dejarnos guiar por su espíritu, teniendo el valor de tomar decisiones y abrirnos a nuevos caminos. Su respuesta es oportuna y efectiva, basada en la confianza en Dios y en la apertura a su voluntad.

José enfrentó lo que tantas familias siguen viviendo, falta de oportunidad, opresión, persecución, inseguridad… migración. La Sagrada Familia, son todas las familias que viven hoy lo mismo… y es precisamente, por esta condición de sufrimiento que, Jesús se encarna, para salvarnos.

La salvación, se hace realidad cada vez que, cada uno de nosotros, y comenzando por la familia, aprendemos a vivir con responsabilidad, respeto, cuidado y servicio, propiciando así la fraternidad familiar y social.

Así, ahora nos toca participar y colaborar que se haga realidad el plan de Dios, que es que “tengamos una vida que valga la pena vivir”.

 

¿Cómo escuchar a la voz de Dios, en el ruido cotidiano?... ¿Cómo vivo mi rol familiar?... ¿De qué manera puedo contribuir a la fraternidad familiar y social?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

𝖫𝖠 𝖲𝖠𝖦𝖱𝖠𝖣𝖠 𝖥𝖠𝖬𝖨𝖫𝖨𝖠 - (Profundizar)

 I DOMINGO DE NAVIDAD Ciclo A Diciembre 28, 2025 
𝖫𝖠 𝖲𝖠𝖦𝖱𝖠𝖣𝖠 𝖥𝖠𝖬𝖨𝖫𝖨𝖠 (se omite fiesta de los Santos Inocentes) 
Eclesiástico 3, 3-7. 14-17 / Salmo 127 / Colosenses 3, 12-21


Evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño”.

Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre, Herodes, tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños, se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: Se le llamará nazareno.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Apenas hace tres días celebramos la Navidad y hoy el Evangelio nos narra que José y María tuvieron que irse de casa para proteger a Jesús. Como tantas familias de nuestro tiempo, también la Sagrada Familia vivió la migración forzada; Jesús vivió sus primeros años de vida como extranjero y dependía del cuidado y protección de sus padres.

La Encarnación no es un recurso teatral, sino la realidad de que Jesús, siendo verdaderamente Dios, fue verdaderamente hombre y abrazó también la vulnerabilidad de nuestra condición.

Seguir a Jesús hoy implica reconocer nuestra propia humanidad y dejar que sea transformada por Él. Se trata de ser compasivos, magnánimos, humildes, amables y pacientes; se trata de ser capaces de perdonar y, sobre todo, de tener amor, el vínculo de la perfecta unión con Cristo. Si no nos mueve el amor, si no vivimos amando, somos "cristianos fake".

La primera lectura nos propone una expresión bastante concreta del amor: el amor a nuestros padres. "Cuida de tus padres en la vejez y en su vida no les causes tristeza".

Amar no exime de conflicto ni de riesgos. Jesús, que tanto nos ha amado, aun en pañales, por ese amor ya está en riesgo, porque quien vive en el amor incomoda a quienes solo saben amarse a sí mismos.

#FelizDomingo 

“Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Leí alguna vez una carta que un niño dirigió a todos los padres del mundo. Creo que en este día, en que celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, nos puede ayudar mucho escuchar lo que este niño escribía:

No me des todo lo que pido. A veces solo pido para ver hasta cuánto puedo coger. No me grites. Te respeto menos cuando lo haces. Además, me enseñas a gritar a mi también y no quiero hacerlo. No me des siempre órdenes. Si en vez de ordenar me pides las cosas, yo las haré más rápido y con más gusto. Cumple las promesas que me hagas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también hazlo si es un castigo. No me compares con nadie, especialmente con mis hermanos. Si me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir, y si me haces lucir peor, seré yo quien sufra. No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debes hacer... decide y mantén esa decisión. Déjame valer por mí mismo. Si haces todo por mi, yo nunca podré aprender”. 

“No digas mentiras delante de mi, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un aprieto. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices. Cuando hago algo malo no me exijas que te diga por qué lo hice. A veces, ni yo mismo lo sé. Cuando estés equivocado en algo, admítelo. Crecerá la opinión que tengo de ti y me enseñarás a admitir también mis errores. Trátame con la misma amabilidad y cortesía con que tratas a tus amigos. Que sea tu hijo no quiere decir que no podamos ser amigos ni que tengas derecho a tratarme bruscamente. No me exijas que haga lo que tu no haces. Siempre haré lo que tu haces, aunque no lo digas. Pero nunca haré lo que tu digas y no hagas. Enséñame a amar y a conocer a Dios. No importa si en el colegio me enseñan; de nada vale si veo que tu ni conoces ni amas a Dios. Cuando te cuente un problema no me digas ‘no tengo tiempo para boberías’ o ‘eso no tiene importancia’. Trata de comprenderme y ayudarme. Quiéreme y dímelo. Me gusta oírtelo decir, aunque no lo creas necesario”.

José recibió en sueños la instrucción de proteger al Niño Jesús y a su madre, María: “Cuando ya los sabios se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. Más tarde, estando ya en Egipto, volvió a recibir otra orden del Señor: “Pero después que murió Herodes, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José, en Egipto, y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y regresa a Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño”. En ambas ocasiones, José cumplió fielmente lo que el Señor le pedía para proteger la vida del niño Jesús y de su madre.

Los padres son responsables de la vida de sus hijos e hijas, y Dios les va indicando en cada momento lo que deben hacer para protegerlos y ayudarlos a crecer. En la carta que encabeza este sencillo escrito, hay una serie de recomendaciones que un niño hace a su papá y a su mamá. Tal vez, la voz de Dios no nos llegue hoy en sueños, como le llegó a José, sino desde las palabras de este niño que pide respeto y amor. Escuchemos esta invitación como venida directamente del Señor para cada uno de nosotros.

SEGUIR A JESÚS DESDE LA FAMLIA

José Antonio Pagola

¿Es posible tomar juntos la decisión de seguir a Jesús en familia? No es fácil. Es una decisión que hay que preparar y madurar despacio, y respetando a todos, pues se trata de una decisión personal de cada uno. Son los padres creyentes los primeros responsables de crear un clima apropiado.

Desde el comienzo ha de quedar claro que seguir a Jesús no es copiar un modelo reproduciendo los rasgos de un Maestro del pasado de manera pasiva, infantil y sin creatividad alguna. Es una aventura mucho más apasionante. Los evangelios nunca hablan de imitar a Jesús, sino de seguirlo. Jesús no es un espejo, sino un camino. Jesús resucitado está vivo en medio de nosotros, en el centro de la familia. Más aún, su Espíritu está dentro de cada uno de nosotros, sosteniendo, alentando e inspirando nuestras vidas. Hemos de escuchar su llamada a seguirlo hoy de manera creativa, confiando siempre en su fuerza.

«Seguir a Jesús» es una metáfora tomada de la costumbre que tenía de caminar unos pasos por delante de sus discípulos. Por eso nos recuerda que el seguimiento a Jesús exige «dar pasos»: tomar una primera decisión, ponernos en camino, dejarnos guiar por el Evangelio, levantarnos cuando hemos caído, volvernos a orientar cuando nos hemos perdido… Para impulsar el seguimiento a Jesús con realismo creo que hemos de recuperar la lectura del evangelio en familia, primero entre los padres, luego, si es posible, con los hijos.

Los evangelios no son libros didácticos que exponen doctrina sobre Jesús. No son catecismos. Lo primero que se aprende en los evangelios es el estilo de vida de Jesús: su manera de estar en el mundo, su forma de hacer la vida más humana, su modo de pensar, de sentir, de amar, de sufrir.

Los evangelios fueron escritos para suscitar nuevos discípulos y seguidores. Son relatos que invitan a cambiar, a seguir de cerca a Jesús, a identificarnos con su causa, a colaborar con él abriendo caminos al reino de Dios. Por eso han de ser leídos, meditados y compartidos escuchando su llamada a entrar en un proceso de cambio y conversión.

No pensemos en algo muy complicado. Se trata de leer los relatos muy despacio, deteniéndonos en la persona de Jesús; fijándonos bien en qué dice y qué hace. Luego, entre todos, nos podemos ayudar a hacernos algunas preguntas: ¿qué verdad nos enseña o nos recuerda Jesús con su actuación? ¿A qué nos llama? ¿Cómo nos anima y alienta con sus palabras?

Una familia empieza a seguir de verdad a Jesús cuando comienza a introducir en casa la verdad del Evangelio. No hemos de tener miedo a poner nombre a las cosas. Hemos de atrevernos a discernir qué hay de verdad evangélica y qué hay de antievangélico en las costumbres de la familia, en la convivencia, en los gestos, en la manera de vivir. No para echarnos las culpas unos a otros, sino para animarnos a vivir al estilo de Jesús.

 

LA FAMILIA ES LO MÁS SUBLIME

Fray Marcos

El tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto no ha existido nunca. Lo razonable es pensar que fue una familia normal. El modelo de familia de aquel tiempo era el patriarcal. La familia molecular era inviable. María dejó la familia de su padre y pasó a integrarse en la familia de José.

El valor supremo de la familia era el honor, en él estaban basadas todas las relaciones sociales, desde las económicas hasta las religiosas. Si una persona no pertenecía a un clan respetado, no era nadie. En consecuencia, el primer deber de todo miembro de la familia, era el mantener y aumentar su honorabilidad. Por eso su madre y sus hermanos vinieron a llevarse a Jesús.

Las instituciones son imprescindibles para el desarrollo humano. Ni son buenas ni son malas. Todas pueden ser mal utilizadas y, en vez de ayudar, nos impiden progresar en humanidad. La familia también puede utilizarse para oprimir y someter y, por lo tanto, para anularte como persona. Esto puede ocurrir de dos maneras: por la opresión o por caer en la trampa de un egoísmo amplificado.

En los evangelios no encontramos ningún modelo especial de familia. Se dio siempre por bueno el ya existente. Mas tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal, era muy avanzado. No sólo se adoptó sino que se vendió después como cristiano, sin hacer la más mínima critica a los defectos que conllevaba. Voy a señalar sólo tres:

No contaba para nada el amor. El contrato era firmado por la familia según sus conveniencias materiales o sociales. Una vez firmado por las partes, no había más remedio que cumplirlo, sin tener en cuenta para nada si los contrayentes se querían y estaban a gusto en el matrimonio.

La mujer quedaba anulada como sujeto de derechos y deberes jurídicos. De un plumazo se reducían a la mitad los posibles conflictos legales. Esto ha tenido vigencia prácticamente hasta hoy. Hasta hace unos años, la mujer no podía abrir una cuenta corriente sin permiso del marido.

El fin del matrimonio era tener hijos. Al imperio romano lo único que le importaba es que nacieran muchos hijos para nutrir las legiones romanas que eran diezmadas en las fronteras. Hoy se sigue defendiendo esta ideología en nombre del evangelio. El número de hijos no tiene por qué afectar a la calidad de una paternidad; siempre que la ausencia de hijos no sea fruto del egoísmo.

Aunque esos fallos no están superados del todo, hoy son otros los problemas que plantea la familia. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio indisoluble, indisoluble, aunque la estadística nos diga que más del 50% se separan.

Razones de esta situación: a) La estructura nuclear. Antes las relaciones familiares eran entre muchos. Hoy al ser menos miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor. b) La mayor duración de esa relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta u ochenta años juntos. En un tiempo tan prolongado, es más fácil que en algún momento surjan diferencias insuperables.

Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser; a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios.

Es verdad que la familia está en crisis, pero las crisis no tienen por qué ser negativas. Todos los cambios profundos en la evolución de la humanidad vienen precedidos de una crisis. La familia no está en peligro, porque es algo completamente natural e instintivo. Tenemos que demostrar con hechos, que el evangelio es el mejor instrumento para conseguir una humanidad más humana.

La familia es el marco en que mejor se pueden desarrollar las más profundas relaciones humanas. En ninguna otra institución podemos encontrar mayor intimidad y mayor estabilidad, que son las mejores e indispensables condiciones para que una relación se profundice y sea humana.

Jesús fue un ser plenamente humano. Es Dios el que se hace hombre, no Jesús el que se hace Dios. Si a Jesús le hacemos Dios, nosotros quedamos al margen de ese acontecimiento. Si descubro que Dios se hace humano, podré experimentar que se está haciendo en mí. Este es el verdadero mensaje del evangelio. Esta es la buena noticia que nos aportó Jesús.

 


miércoles, 17 de diciembre de 2025

IV DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo A (Reflexión)

 IV DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Diciembre 21, 2025 
Isaías 7, 10-14 / Salmo 23 / Romanos 1, 1-7


En este cuarto Domingo de Adviento, previo a la celebración de la Navidad, la liturgia nos ofrece puntos interesantes para reflexionar, para concluir la espera / preparación a la venida del Salvador…

Evangelio según san Mateo 1, 18-24

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.

Reflexión:

¿Cuándo vuelve a nacer Jesús?

Esta cuarta Semana de Adviento, tan solo “durará” tres días (por cuestión del calendario civil), pero, nos ayuda grandemente a cerrar nuestra espera al nacimiento del Salvador.

El siguiente extracto, nos ayuda comprender: “Esta semana comienza con la promesa de una "señal", anunciada por Isaías (cf. Is 7,10-14) y termina con el cumplimiento de la promesa, es decir: la "señal" se hace visible a toda criatura. Vemos la buena noticia de la señal haciéndose realidad y esto nos llena de Esperanza alegre, de modo que, al reconocer la "señal", cantamos: "¡Ya escuché tus señales!". El Adviento es tiempo de vivir en actitud de apertura para recibir el cariño de Dios en la Navidad. Aunque podemos palpar Su mano misericordiosa, se plantea la pregunta de si permitimos que los efectos de este encuentro amoroso se prolonguen en el día a día. La invitación es a experimentar el significado de la fuerza creadora de la Palabra, desde la Creación hasta la Encarnación, a lo largo de la historia, una Palabra que se convierte en sustento y compañía renovando nuestra Esperanza.”  Hna. Consolación de Matos, FI (Retiro de Advento e Natal 2025, p.76

Nos hemos preparado y esperando, proactivamente, para recordar la venida del Salvador a nuestro corazón, para que, con Él en nuestro interior podamos dar testimonio de que Dios está presente en nuestra vida: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros” (Isaías 7, 10-14), y esa fue la señal del profeta y que se cumplió y se confirma, cada vez que lo aceptamos en nuestra vida.

En los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, se nos invita a imaginar cómo es que la “Trinidad contempla el mundo, con sus luces y sombras, y decide hacer Redención, enviando a la segunda Persona de la Trinidad (el Hijo), para salvar el género humano” (cfr. EE102)

Nos salva de todo aquello que nos impide tener la vida que Dios sueña para nosotros, esto es, “que seamos felices” (en esta vida y en la eterna); nos salva para que podamos reconocer su presencia, aún en “nuestras noches oscuras” (las angustias, desolación, sufrimiento y opresión), tal como lo vivió san José, al saber que su prometida esperaba un hijo. En un sueño, a través de un ángel, se conecta con la realidad y reconoce las señales, confía en las palabras “de la buena noticia”, y de manera “humilde y obediente” aceptó y se dispuso a ser custodio del proyecto de salvación, cuidando de María y del niño por nacer.

Hoy, podemos ser como José, y estar dispuestos a que el Hijo nazca en nuestro corazón y que seamos colaboradores en el proyecto salvador de Dios, con la certeza de que el amor que Dios nos tiene, nos fortalece para enfrentar y superar las dificultades que pudiéramos tener nuestra familia, comunidad o país.

El Adviento nos ha estado preparando para recibir al Salvador, “Palabra, que se hace carne”, cumpliendo su promesa salvadora, con el nacimiento de Jesús.

Que esta próxima Noche Buena y Navidad, sea para cada uno de nosotros, una nueva oportunidad para que la luz del amor que Dios nos tiene, permanezca en nosotros, nos guíe y seamos reflejo de su amor, en donde andemos y con quien compartamos: ¡FELIZ NAVIDAD!

¿Cómo renovar mi confianza y esperanza en Jesús?... ¿Cuáles son las señales que me revelan la presencia de Dios?... ¿Cómo preparo mi corazón, para recibir el Amor y Paz de Dios?

 

Alfredo Aguilar Pelayo
#RecursosParaVivirMejor

 

IV DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo A (Profundizar)

 IV DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Diciembre 21, 2025 
Isaías 7, 10-14 / Salmo 23 / Romanos 1, 1-7


Evangelio según san Mateo 1, 18-24

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

Dios con nosotros, y nosotros con Dios.

En los Ejercicios Espirituales, san Ignacio de Loyola nos propone contemplar cómo la Trinidad mira el mundo, este mundo: unos naciendo, otros muriendo; unos en guerra, otros en paz. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo contemplan la realidad convulsa de nuestros tiempos, pero no surge en Dios la determinación de exterminarnos por todo el desastre que hemos hecho con la creación, sino el deseo de hacer redención, y ésta arranca con la encarnación. El Hijo, siendo Dios, se encarna en nuestra realidad, volviéndose verdaderamente humano; es decir, vulnerable y dependiente de los demás. Quizás la expresión de poder más grande que ha tenido nuestro Dios: siendo Dios, volverse vulnerable.

María habrá de dar su sí, y José también; así lo ha querido Dios: que la instauración de su reinado sea CON NOSOTROS.

Ya en este último domingo de Adviento, es el momento de preparar el corazón, de prepararlo para que sea un buen pesebre que acoja la Novedad, la Esperanza, la Salvación; que acoja a Dios que ha querido ser con nosotros.

Es tiempo de remover basura, miedos, rencores; es tiempo de pedir perdón; es tiempo de disponer nuestro “corazón pesebre”.

¿Qué te pide Dios quitar del corazón? ¿Qué te pide Dios reacomodar? ¿Qué quieres poner para acoger la Novedad? ¿Crees que Dios llegará a tu vida esta Navidad?

#FelizDomingo

“ (...) salvará a su pueblo de sus pecado”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Hace un tiempo fui a visitar un sector de la ciudad de Medellín que no visitaba hacía unos años. Colaboré allí cuando era novicio. Fui al barrio Popular No. 1 con una religiosa que trabaja allí, en una escuela de Fe y Alegría en la que se educan dos mil doscientos (2200) niños y niñas, desde preescolar hasta undécimo grado. Lo primero que me impactó fue llegar allí en Metro Cable, un sistema novedoso que bien podrían envidiar cualquier ciudad del mundo. Unas góndolas que surcan los aires por encima de las viviendas sencillas de la gente que habita el nororiente de Medellín. Un espectáculo maravilloso, construido por el ingenio humano. Toda una alabanza al Dios bueno que nos sigue salvando en medio de nuestras miserias.

Pero lo que realmente me impactó fue la visita que pude hacer a cuatro hogares que tienen toda una historia, de la cual pude ser testigo en algún momento de mi vida y que hoy han vuelto a hacerse Palabra de Dios para mí... La primera visita fue a la casa de las Amayas, que siguen gozando de buena salud a pesar de su avanzada edad. Nunca he sabido cómo subsisten en medio de tanta pobreza. Me recibieron con la misma alegría de siempre. Ya María, la mayor, está gozando de Dios, con el abuelo José, un verdadero santo. Ángela, arrugada como una uva pasa, sigue irradiando optimismo. Lola, más sorda que una tapia, recuerda las fechas con una exactitud prodigiosa. Carmen sigue con su buen humor. Por último, la Nena, con una trombosis que la tiene medio paralizada. Todo un himno de confianza en Dios, propio de este tiempo de Adviento.

Estuve luego en la casa de Francisco y Oralia. Mientras Francisco seguía arreglando un nicho para colocar una imagen de María Auxiliadora en la puerta de su casa, Oralia me contó una historia muy triste: cuatro de sus seis hijos varones han sido asesinados. Siempre que recibió en sus brazos el cadáver de alguno de sus hijos, repitió una oración para pedir a Dios que perdonara a los asesinos. “Perdonar de corazón, me ha liberado de la amargura y del odio. Nunca he querido guardar ningún resentimiento contra los que nos han hecho tanto daño...”, me dijo, mientras las lágrimas se asomaban a sus ojos. Dios le ha permitido perdonar de corazón, otra gracia típica de este tiempo.

La tercera familia que visité fue el hogar de Quique y Orfa. Cuando los conocí en 1979, tenían cuatro hijos; al irme para Bogotá, dos años después, tenían seis; y al volver a los dos años, tenían ocho... En total, tuvieron diez hijos que han sacado adelante con el trabajo honrado y sencillo de los pobres de este mundo. Juan, el segundo de los hijos, está desempleado. Siguen caminando a pesar de las dificultades. No han dejado de luchar. Me invitaron a esperar contra toda esperanza.

Por último, visité a doña Angélica, una señora muy pobre que me daba el almuerzo los domingos, durante el tiempo de mi noviciado. La encontré muy decaída y enferma; tiene un cáncer que se la está comiendo poco a poco. Su hijo menor también murió asesinado y Juan, el penúltimo, sigue con ella, trabajando para sostenerla. “Pídale al Señor, que, si es su voluntad, me devuelva la salud. Si no, que se haga su voluntad”, me dijo cuando me despedí. Ya quisiera yo tener la misma tranquilidad para repetir con ella y con la virgen María: “Hágase en mí, según tu palabra”.

Cuando llegué a la casa de las religiosas donde estaba acompañando una experiencia de Ejercicios Espirituales, me “encontré” con esta Palabra que me recuerda lo que Dios le dijo en sueños a San José: “María, tendrá un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados”. Dios nos sigue salvando de nuestros pecados haciéndose alabanza, confianza, perdón, esperanza y apertura a su voluntad en la vida de los pobres y sencillos de este mundo. El Emanuel, el “Dios con nosotros” se sigue revelando de una manera privilegiada en la vida de los pobres y solamente desde allí nos vendrá la salvación que tanto esperamos.

 

LE PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS

José Antonio Pagola

Entre los hebreos no se le ponía al recién nacido un nombre cualquiera, de forma arbitraria, pues el «nombre», como en casi todas las culturas antiguas, indica el ser de la persona, su verdadera identidad, lo que se espera de ella.

Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar desde el comienzo a sus lectores el significado profundo del nombre de quien va a ser el protagonista de su relato. El «nombre» de ese niño que todavía no ha nacido es «Jesús», que significa «Dios salva». Se llamará así porque «salvará a su pueblo de los pecados».

En el año 70, Vespasiano, designado como nuevo emperador mientras estaba sofocando la rebelión judía, marcha hacia Roma, donde es recibido y aclamado con dos nombres: «Salvador» y «Benefactor». El evangelista Mateo quiere dejar las cosas claras. El «salvador» que necesita el mundo no es Vespasiano, sino Jesús.

La salvación no nos llegará de ningún emperador ni de ninguna victoria de un pueblo sobre otro. La humanidad necesita ser salvada del mal, de las injusticias y de la violencia; necesita ser perdonada y reorientada hacia una vida más digna del ser humano. Esta es la salvación que se nos ofrece en Jesús.

Mateo le asigna además otro nombre: «Emmanuel». Sabe que nadie ha sido llamado así a lo largo de la historia. Es un nombre chocante, absolutamente nuevo, que significa «Dios con nosotros». Un nombre que le atribuimos a Jesús los que creemos que, en él y desde él, Dios nos acompaña, nos bendice y nos salva.

Las primeras generaciones cristianas llevaban el nombre de Jesús grabado en su corazón. Lo repetían una y otra vez. Se bautizaban en su nombre, se reunían a orar en su nombre. Para Mateo, el nombre de Jesús es una síntesis de su fe. Para Pablo, nada hay más grande. Según uno de los primeros himnos cristianos, «ante el nombre de Jesús se ha de doblar toda rodilla» (Filipenses 2,10).

Después de veinte siglos, los cristianos hemos de aprender a pronunciar el nombre de Jesús de manera nueva: con cariño y amor, con fe renovada y en actitud de conversión. Con su nombre en nuestros labios y en nuestro corazón podemos vivir y morir con esperanza.

 

LO DIVINO ESTÁ SIEMPRE AHÍ PERO NO SE PERCIBE

Fray Marcos

Los relatos “de la infancia” de Mateo y Lucas no son crónicas de sucesos, son teología narrativa. Ni Marcos ni Juan saben nada de esas historias. La fuente Q tampoco. Los relatos de Mt y Lc coinciden en lo esencial, en los detalles, no se parecen casi en nada.

El interés por Jesús empezó con su vida pública. Al nacer nada extraordinario sucedió. Hablar de esas maravillas fue una necesidad de comunicación, para hacer creíble lo que habían descubierto en Jesús. Lo hicieron tomando ejemplo de otros personajes famosos.

En todas las culturas se ha intentado explicar la grandeza de un personaje contando historias sobre su nacimiento. De más de cuarenta personajes anteriores, se dice, que han nacido de madre virgen. En todos los casos, se incluyen el anuncio de su concepción.

Solo después de la experiencia pascual, se intentó explicar quién era Jesús con relatos que iban más allá de lo que se podía percibir por los sentidos. El modo en que lo hicieron era lo lógico para ellos. Ni se engañaban ni quisieron engañar. Nos engañamos nosotros al entender literalmente el texto, dando al relato un sentido distinto al que ellos le dieron.

“María estaba desposada con José”. El matrimonio, constaba de dos partes: el contrato y la boda. Lo importante era el contrato. En la boda se celebraba la acogida de la esposa en la casa familiar del novio. María y José estaban formalmente casados. El anuncio y el encargo de poner el nombre se hace a José. En Lc se hace a María.     

“Antes de vivir juntos”. Todo lo que es y significa Jesús, es obra del Espíritu. El pensar que Dios garantiza su presencia en Jesús por vía biológica es una monstruosidad. Dios no puede manipular el material genético. Dios no tiene actos puntuales. En Dios ser y actuar son lo mismo. Dios en Jesús, se manifiesta en lo más profundo de lo humano, no fuera.

“Por obra del Espíritu Santo”. Lc habla del Espíritu sin artículo. Al ponerle artículo, nos empujan a entenderlo mal. “Pneumatos Agiou”, hace referencia a Dios Espíritu. Sería: “por obra de la fuerza de Dios”. “Agiou” tampoco coincide con nuestro concepto de santo; significa, más bien, separado, incontaminado, distinto, y además separador y purificador.

José, su esposo que era bueno.” José es el centro del relato. Ni la palabra “bueno”, ni la de “justo”, traducen la riqueza del término griego. Significaría un israelita auténtico, temeroso de Dios y cumplidor de la Ley. Manifiesta el conflicto vivido entre el judaísmo fiel al AT y la nueva comunidad. Recibir a María invita aceptar lo nuevo que Dios ofrece.

“El ángel del Señor”, no es una naturaleza angélica como lo concebimos nosotros, sino la presencia misteriosa del mismo Dios. Es Dios mismo el que hace la invitación a dar el salto. Los judíos pueden sentirse seguros al abandonar el AT. “En sueño”, es la manera de dirigirse Dios a los hombres en todo el AT. “Hijo de David”, deja clara la pertenencia al pueblo judío. Se trata de deshacer toda prevención por parte de los judíos.

“Tú le pondrás por nombre Jesús”. El nombre es resumen de lo que va a ser una persona. La imposición de ese nombre va a depender de otro hombre, José. En el relato de Lucas el nombre se lo revela a María el ángel y ella será quien se lo imponga.

“Para que se cumpliera la Escritura”. Isaías usa ‘almâ’, que significa joven, fue traducida al griego por “párthenos” que significa (célibe, soltera, doncella, virgen). En hebreo hay una palabra (betûâ) que significa virgen, pero no fue la usada. Se refiere a la joven esposa del rey Acaz al tener su primer hijo que iba a suponer la salvación del reino.

“Dios-con-nosotros”. La ausencia de Dios fue la causa de todos los males para Judá. Su presencia garantizaba que las cosas iban a ir bien. Jesús no será un enviado más de Dios. No podía tener padre humano, porque sería a quien tenía que imitar. Su modelo será exclusivamente Dios. Será Hijo porque en todo imitará al Padre.

martes, 9 de diciembre de 2025

III DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo A (Reflexión)

 III DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Diciembre 14, 2025 
Isaías 35, 1-6a.10 / Salmo 145 / Santiago 5, 7-10


Al tercer Domingo de Adviento se le llama “Gaudete”, es decir “Domingo de la Alegría”, y nos invita a estar contentos por que la venida del Salvador está próxima … en cuanto me disponga a recibirlo en mi corazón.

Evangelio según san Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”

Jesús les respondió: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”.

Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: “¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se los aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él”.

Reflexión:

¿Lo espero con alegría?

Normalmente, por las mañanas, saludamos a familiares, amigos y compañeros, con un “buenos días” o bien deseando un “feliz día”, y hoy podríamos preguntarnos qué tipo de bienestar o felicidad deseamos para los demás y para nosotros mismos.

Pues bien, en este domingo de la alegría (Gaudete), de manara preparatoria a la Navidad, lo que nos debe alegrar, es que Dios ya vieney que su llegada a nuestro corazón, lo transforma todo. Pero esa llegada no siempre se ve rápido, hay que esperar, sí, pero con los ojos abiertos a los signos de vida que ya están brotando.

Preparar y disponer nuestro corazón, a la venida de Dios es como el paisaje que “parece sacado de un sueño: el desierto se llena de flores, los cojos brincan, los mudos cantan… cuando Dios llega, la vida revienta donde menos te lo esperas; no es magia barata; es una promesa de transformación profunda” (cfr. Is 35, 1-6).

Saber como actúa Dios en nuestra vida, nos dice cómo es su estilo de ser: “mantiene su fidelidad a sus promesas, sostiene a quien se cae, libera, ilumina y protege” (cfr. Sal 145) … por lo cual, debo estar atento a reconocer su presencia, cada día… ¡y eso es motivo de alegría!

Este tiempo de adviento, de espera, no es cruzarse de brazos, no es paciencia pasiva ni resignada, es paciencia activa, la de quien confía porque sabe en quién confía; es preparar la tierra para recibir lo que viene, “así como el campesino espera la lluvia…” (cfr. Sant 5, 7-10)

Al igual que Juan Bautista, hoy, desde la celda que nos aprisiona y no nos deja ser libres (para amar), podríamos preguntarnos “¿es Jesús al que esperamos nos salve? … ¿o es otro?” … porque hay gente que ofrece “felicidad” y “soluciones mágicas” … que engañan, manipulan, mienten e instrumentalizan a las personas, a través de “dar algo” con el fin de alimentar su ego, su poder y sacar beneficios solo para él (y su camarilla) …

En contraste, Jesús, a quien esperamos, nos responde hoy, como a los enviados de Juan, invitándonos a ver como llega el Reino de Dios a través de sus obras, que transforman la vida de aquellos a quienes salva y sana: “los ciegos ven, los cojos andan … los pobres reciben una buena noticia”.

La venida de Jesús a nuestro corazón, nos hacer ver, con su mirada; nos ayuda a caminar por sus senderos, que llevan y son buena noticia, principalmente a los pobres, a los empobrecidos, a los oprimidos, a los esclavizados, a los que sufren…

Hoy es “Domingo de la Alegría”, no porque la vida esté resuelta, no por tener todo bajo control, sino al notar que Dios ya está haciendo brotar vida donde pensábamos que ya no había nada, donde alguien recupera la fuerza, la dignidad o la esperanza… ahí está Él.

¿En qué parte de mi vida siento “desierto”, falta de vida?... ¿Qué significa para mí hoy tener una “paciencia activa”?... ¿Cómo puedo colaborar a que sigan apareciendo más signos del Reino?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

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