jueves, 27 de noviembre de 2025

I DOMINGO DE ADVIENTO – Ciclo A (Reflexión)

 I DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Noviembre 30, 2025 
Isaías 2, 1-5 / Salmo 121 / Romanos 13, 11-14



Iniciamos con este primer Domingo de Adviento, un nuevo ciclo litúrgico - Ciclo A – y con el, una nueva una oportunidad para discernir cómo y dónde Dios se hace presente en nuestra historia.

Evangelio según san Mateo 24, 37-44

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo’ del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.

Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.

Reflexión:

¿Jesús viene o ya está?

Un año litúrgico es un recorrido para recordar, celebrar y actualizar los momentos más importantes de la historia de Jesús: su nacimiento, su vida pública, su pasión, su muerte, su resurrección y el envío del Espíritu Santo. La Iglesia nos guía por este camino para que nuestra fe crezca, se renueve y se haga más concreta en la vida diaria.

Cada año litúrgico inicia con el tiempo de Adviento, palabra que proviene del viene del latín adventus, que significa “venida” o “llegada”; nos prepara para recordar y festejar el nacimiento de Jesús y la cercanía de Dios con nosotros.

Comencemos entonces nuestra preparación para la venida de Jesús a nuestro corazón, dejando que sea el mismo “Dios de Jacob” quien nos “instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas”, para que con su luz y esperanza, podamos reconocer su presencia y así podamos ordenarnos y construir la paz, en este tiempo, donde sufrimos división y violencia… (cfr. Is 2, 1-5).

Prepararnos es “despertar”, es “estar atentos”, y que poco a poco, en silencio, con esperanza y vigilancia, nuestro corazón acoja el mensaje y reconozca la presencia de Dios en nuestra vida ordinaria. Prepararnos es abrir ojos y oídos, para darnos cuenta cómo es que Dios que siempre está con nosotros (Emmanuel).

Prepararnos es sensibilizarnos a  su presencia, aún en medio nuestras fatigas, conflictos, ruidos, trabajo, preocupaciones … es estar atentos, en “vela” , para que los males no nos roben la paz interior y comunitaria y que la semilla de su Palabra, germine en nuestro corazón, que crezca la confianza y esperanza de que Jesús ha venido y está para salvarnos, de aquello que no me deja tener “una vida que valga la pena vivir”.

Prepararme es para darme cuenta de que del Señor, ya está en mí en cuanto lo dejo habitar mi corazón, cuando lo dejo que me guíe “por sus caminos”, y colaborando para que su amor se haga presente en todos los ámbitos de nuestra vida.

Prepararme, es que, para que cuando venga “de manera definitiva” (nuestra muerte) nos encuentre listos, para disfrutar la vida eterna con Él, ya que de él venimos (nos creó) y a él vamos (nuestro destino)

El tiempo de Adviento, por tanto, es una nueva oportunidad para dejarme abrazar por su amor, para reaprender a vivir y poder encontrar a Dios, que es amor, “en todo y en todos”.

¿Cómo preparar mi corazón en este tiempo de Adviento?... ¿Qué actitudes y acciones me impiden reciba a Dios, en mi corazón?... ¿Cómo vigilar, estar atento, a que el mal no robe mi paz y esperanza?

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

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