Hoy,
el evangelio interpela nuestra congruencia y cuestiona nuestra confianza en el
proyecto del Reino de Dios, que nos anuncia Jesús…
Evangelio según san Mateo 21, 28-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los
ancianos del pueblo: "¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos
fue a ver al primero y le ordenó: 'Hijo, ve a trabajar hoy en la viña'. Él le
contestó: 'Ya voy, señor', pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le
dijo lo mismo. Éste le respondió: 'No quiero ir', pero se arrepintió y fue.
¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" Ellos le respondieron:
"El segundo".
Entonces Jesús les dijo: "Yo les aseguro que los publicanos y
las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque
vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en
cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera
después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él''.
Reflexión:
¿Qué tan
congruente soy con mi respuesta al Padre?
Ser una
persona congruente es cuando no hay contradicción entre
lo que uno dice (anuncia, promueve, pregona) y lo
que hace al respecto. Hoy la pregunta que respondemos cada uno
es: “¿cuál de los dos hace la voluntad del Padre?”.
San Ignacio de
Loyola, en sus Ejercicios Espirituales [EE 153-155 ], también habla de
esta congruencia, en cuanto al seguimiento de Jesús, en los tipos de personas
que dicen seguir a Jesús:
Al
escuchar la parábola del Evangelio, la
pregunta es para cada uno y la tenemos que responder: ¿acepto la
invitación a trabajar por el Reino? La respuesta que demos será
consecuencia de, por una parte, al haber escuchado, entendido y aceptado la Buena
Noticia y seguiremos a Jesús en nuestra vida, (y con ello, estaremos
colaborando en la construcción del reinado del amor entre nosotros: en la
familia, en la colonia, en el estado y en el país)… por la otra, la
segunda lectura, nos recuerda que de aceptar la invitación del Padre, implica que “nada hagan por espíritu de rivalidad ni
presunción; antes bien, por humildad, cada uno considere a los demás como
superiores a sí mismo y no busque su propio interés, sino el del prójimo”; de tal manera que nuestro
servicio, sea como el mismo Jesús
pone de ejemplo, al hacerse “como uno de nosotros”.
En
nuestra respuesta, congruente a trabajar para que el Reino se haga presente, nos
jugamos nuestra salvación, haciendo el bien a los demás, es decir: ayudando y
sirviendo a otros, es que nos salvaremos y nuestra vida terrena, valdrá la pena
y alcanzaremos la vida plena.
¿Cuál es la “voluntad del Padre”, que rezamos en el
Padrenuestro?... ¿Cómo podría colaborar en construcción de la Paz?... ¿Es mi
congruencia para el Bien Común?

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