miércoles, 6 de mayo de 2026

VI Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 VI Domingo de Pascua Ciclo A mayo 10, 2026 
Hechos 8, 5-8. 14-17 / Salmo 65 / 1 Pedro 3, 15-18


Evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Consolador para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

#Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

 

“”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 

NO ESTAMOS HUÉRFANOS

José Antonio Pagola

Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas recordado de manera rutinaria es una Iglesia que corre el riesgo de irse extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.

En la Iglesia de Jesús necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Necesitamos comunidades cristianas marcadas por la experiencia viva de Jesús. Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta y se le viva a Jesús de manera nueva. Podemos hacer que sea más de Jesús, que viva más unida a él. ¿Cómo?

Juan recrea en su evangelio la despedida de Jesús en la última cena. Los discípulos intuyen que dentro de muy poco les será arrebatado. ¿Qué será de ellos sin Jesús? ¿A quién le seguirán? ¿Dónde alimentarán su esperanza? Jesús les habla con ternura especial. Antes de dejarlos quiere hacerles ver cómo podrán vivir unidos a él, incluso después de su muerte.

Antes que nada, ha de quedar grabado en su corazón algo que no han de olvidar jamás: «No os dejaré huérfanos. Volveré». No han de sentirse nunca solos. Jesús les habla de una presencia nueva que los envolverá y les hará vivir, pues los alcanzará en lo más íntimo de su ser. No los olvidará. Vendrá y estará con ellos.

Jesús no podrá ya ser visto con la luz de este mundo, pero podrá ser captado por sus seguidores con los ojos de la fe. ¿No hemos de cuidar y reavivar mucho más esta presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros? ¿Cómo vamos a trabajar por un mundo más humano y una Iglesia más evangélica si no le sentimos a él junto a nosotros?

Jesús les habla de una experiencia nueva que hasta ahora no han conocido sus discípulos, mientras lo seguían por los caminos de Galilea: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo». Esta es la experiencia básica que sostiene nuestra fe. En el fondo de nuestro corazón cristiano sabemos que Jesús está con el Padre y nosotros estamos con él. Esto lo cambia todo.

Esta experiencia está alimentada por el amor: «Al que me ama… yo también lo amaré y me revelaré a él». ¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día sin amarlo y sin sentirnos amados entrañablemente por él? ¿Es posible evitar la decadencia del cristianismo sin reavivar este amor? ¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo dejamos apagar? ¿Quién podrá llenar el vacío de Jesús? ¿Quién podrá sustituir su presencia viva en medio de nosotros?

 

 

DIOS TRINO ES VIDA Y ESTÁ EN MÍ

Fray Marcos

Se habla de la presencia del Padre, Jesús y el Espíritu en los miembros de la comunidad. Quiere hacer ver que no estaban en inferioridad de condiciones con relación a los que habían conocido a Jesús; por eso es tan importante para nosotros hoy. Nos pone ante la realidad de Jesús vivo que nos hace vivir a nosotros con la misma Vida que él tenía.

No debemos dejarnos confundir por la manera de formular estas ideas sobre la relación de Jesús, el Padre y el Espíritu. No se trata de una relación con alguna entidad exterior al ser humano. Tampoco se está hablando de tres realidades separadas, Padre, Jesús, Espíritu. Se habla de la misma realidad con nombres distintos. Insiste en la identidad de los tres.

Si me amáis, guardaréis mis mandatos. En el capítulo siguiente, quedan reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los demás no ama a Jesús, ni al Padre, porque están en cada ser humano. Lo mandado es el amor. Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera, sino urgencia que viene del interior y que se manifiesta en obras.

Yo pediré al Padre que os mande otro defensor que esté con vosotros siempre. No está hablando de una realidad distinta de lo que él o el Padre es. Será una nueva manera de experimentar el amor. Dice que mandará al Espíritu, después que él volverá y por fin que el Padre y él vendrán y se quedarán. Se trata de una realidad múltiple y a la vez única.

Defensor (paraklêtos) es el que ayuda en cualquier circunstancia; abogado, defensor en un juicio. Tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús y dar seguridad y guiar a los discípulos. Mientras estaba con ellos, era el mismo Jesús quien les defendía. Ahora, será el Espíritu el único defensor, pero más eficaz, porque los defenderá desde dentro.

No os voy a dejar desamparados. En el AT el huérfano era prototipo de aquel con quien se pueden cometer impunemente toda clase de injusticias. Jesús no va a dejar a los suyos indefensos ante el poder del mal. Esa fuerza no se manifestará eliminando al enemigo sino fortaleciendo al agredido, de forma que la supere sin que le afecte en nada.

El mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo tengo Vida y también vosotros la tendréis. No se trata de la visión sensorial, sino de descubrir que sigue dándoles Vida. El mundo dejará de verlo. Ellos que durante la vida terrena lo habían visto como el mundo, ahora serán capaces de verlo de una manera nueva.

Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Al participar de la Vida del Padre, experimentarán la unidad con Jesús y con el Padre. Es el sentido más profundo del amor, unidad (ágape). Ya no hay sujeto que ama ni objeto amado. Es una experiencia de unidad tan viva que nadie podrá arrancarles.

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”. Su mensaje es el del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios se experimenta como una cercanía interior, no externa. El domingo pasado iba a preparar sitio en el hogar del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen a vivir con el discípulo.

Un versículo después dice: el que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y permaneceremos con él. Tienen garantizada la presencia del Padre de Jesús y del Espíritu. Dios no tiene que venir de ninguna parte porque está en nosotros antes de empezar a ser. Queda confirmada la identidad de Jesús y del Padre.

Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. A esa misma identificación estamos llamados nosotros. Hacernos una cosa con Dios, que es espíritu y que no está en nosotros como parte alícuota de un todo que soy yo, sino como fundamento de mi ser, sin el cual nada puede haber de mí mismo. Yo soy totalmente humano y divino.

 

 

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