Evangelio
según san
Juan 14, 15-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman,
cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Consolador
para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede
recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen,
porque habita entre ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de
poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco
vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi
Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.
El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me
ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.
Para profundizar:
“”
Hermann
Rodríguez Osorio, S.J.
NO ESTAMOS HUÉRFANOS
José Antonio Pagola
Una Iglesia formada
por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas
recordado de manera rutinaria es una Iglesia que corre el riesgo de irse
extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que
no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.
En la Iglesia de
Jesús necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él.
Necesitamos comunidades cristianas marcadas por la experiencia viva de Jesús.
Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta y se le viva a Jesús
de manera nueva. Podemos hacer que sea más de Jesús, que viva más unida a él.
¿Cómo?
Juan recrea en su
evangelio la despedida de Jesús en la última cena. Los discípulos intuyen que
dentro de muy poco les será arrebatado. ¿Qué será de ellos sin Jesús? ¿A quién
le seguirán? ¿Dónde alimentarán su esperanza? Jesús les habla con ternura especial.
Antes de dejarlos quiere hacerles ver cómo podrán vivir unidos a él, incluso
después de su muerte.
Antes que nada, ha
de quedar grabado en su corazón algo que no han de olvidar jamás: «No os dejaré
huérfanos. Volveré». No han de sentirse nunca solos. Jesús les habla de una
presencia nueva que los envolverá y les hará vivir, pues los alcanzará en lo más
íntimo de su ser. No los olvidará. Vendrá y estará con ellos.
Jesús no podrá ya
ser visto con la luz de este mundo, pero podrá ser captado por sus seguidores
con los ojos de la fe. ¿No hemos de cuidar y reavivar mucho más esta presencia
de Jesús resucitado en medio de nosotros? ¿Cómo vamos a trabajar por un mundo más
humano y una Iglesia más evangélica si no le sentimos a él junto a nosotros?
Jesús les habla de
una experiencia nueva que hasta ahora no han conocido sus discípulos, mientras
lo seguían por los caminos de Galilea: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y
vosotros conmigo». Esta es la experiencia básica que sostiene nuestra fe. En el
fondo de nuestro corazón cristiano sabemos que Jesús está con el Padre y
nosotros estamos con él. Esto lo cambia todo.
Esta experiencia
está alimentada por el amor: «Al que me ama… yo también lo amaré y me revelaré
a él». ¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día sin amarlo y sin
sentirnos amados entrañablemente por él? ¿Es posible evitar la decadencia del
cristianismo sin reavivar este amor? ¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo
dejamos apagar? ¿Quién podrá llenar el vacío de Jesús? ¿Quién podrá sustituir
su presencia viva en medio de nosotros?
DIOS TRINO ES VIDA Y ESTÁ
EN MÍ
Se habla de la
presencia del Padre, Jesús y el Espíritu en los miembros de la comunidad.
Quiere hacer ver que no estaban en inferioridad de condiciones con relación a
los que habían conocido a Jesús; por eso es tan importante para nosotros hoy.
Nos pone ante la realidad de Jesús vivo que nos hace vivir a nosotros con la
misma Vida que él tenía.
No debemos dejarnos
confundir por la manera de formular estas ideas sobre la relación de Jesús, el
Padre y el Espíritu. No se trata de una relación con alguna entidad exterior al
ser humano. Tampoco se está hablando de tres realidades separadas, Padre, Jesús,
Espíritu. Se habla de la misma realidad con nombres distintos. Insiste en la
identidad de los tres.
Si me amáis,
guardaréis mis mandatos. En el capítulo
siguiente, quedan reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los
demás no ama a Jesús, ni al Padre, porque están en cada ser humano. Lo mandado
es el amor. Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera, sino
urgencia que viene del interior y que se manifiesta en obras.
Yo pediré al Padre
que os mande otro defensor que esté con vosotros siempre. No está hablando de una realidad distinta de lo que él o
el Padre es. Será una nueva manera de experimentar el amor. Dice que mandará al
Espíritu, después que él volverá y por fin que el Padre y él vendrán y se
quedarán. Se trata de una realidad múltiple y a la vez única.
Defensor
(paraklêtos) es el que ayuda en cualquier circunstancia; abogado, defensor en
un juicio. Tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús y dar
seguridad y guiar a los discípulos. Mientras estaba con ellos, era el mismo
Jesús quien les defendía. Ahora, será el Espíritu el único defensor, pero más
eficaz, porque los defenderá desde dentro.
No os voy a dejar
desamparados. En el AT el huérfano era prototipo
de aquel con quien se pueden cometer impunemente toda clase de injusticias.
Jesús no va a dejar a los suyos indefensos ante el poder del mal. Esa fuerza no
se manifestará eliminando al enemigo sino fortaleciendo al agredido, de forma
que la supere sin que le afecte en nada.
El mundo dejará de
verme; vosotros, en cambio, me veréis,
porque yo tengo Vida y también vosotros la tendréis. No se trata de la visión
sensorial, sino de descubrir que sigue dándoles Vida. El mundo dejará de verlo.
Ellos que durante la vida terrena lo habían visto como el mundo, ahora serán
capaces de verlo de una manera nueva.
Aquel día
experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo
con vosotros. Al participar de la Vida del Padre, experimentarán la unidad con
Jesús y con el Padre. Es el sentido más profundo del amor, unidad (ágape). Ya
no hay sujeto que ama ni objeto amado. Es una experiencia de unidad tan viva
que nadie podrá arrancarles.
“El que acepta mis
mandamientos y los guarda, ese me ama”. Su mensaje es el
del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios se
experimenta como una cercanía interior, no externa. El domingo pasado iba a
preparar sitio en el hogar del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen
a vivir con el discípulo.
Un versículo después
dice: el que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos
a él y permaneceremos con él. Tienen garantizada la presencia del Padre de
Jesús y del Espíritu. Dios no tiene que venir de ninguna parte porque está en
nosotros antes de empezar a ser. Queda confirmada la identidad de Jesús y del
Padre.
Jesús vivió una
identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. A esa misma
identificación estamos llamados nosotros. Hacernos una cosa con Dios, que es
espíritu y que no está en nosotros como parte alícuota de un todo que soy yo,
sino como fundamento de mi ser, sin el cual nada puede haber de mí mismo. Yo
soy totalmente humano y divino.

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