jueves, 19 de marzo de 2026

V Domingo de Cuaresma – Ciclo A – (Reflexión)

 V Domingo de Cuaresma Ciclo A marzo 22, 2026 
Ezequiel 37, 12-14 / Salmo 129 / Romanos 8, 8-11



En este quinto domingo de Cuaresma, la liturgia nos recuerda, como es que la vida, es lo que desea Dios para nosotros, en el plano terrenal y en la vida eterna

Evangelio según san Juan 11, 1-45

En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”.

Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”. Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver allá?” Jesús les contestó: “¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta la luz”.

Dijo esto y luego añadió: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”. Entonces le dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, es que va a sanar”. Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Entonces Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás discípulos: “Vayamos también nosotros, para morir con él”.

Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana María y le dijo en voz baja: “Ya vino el Maestro y te llama”. Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que iba al sepulcro para llorar allí y la siguieron.

Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?”

Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra.

Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de allí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”.

Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Reflexión:

¿Cómo volver a la vida?

Las lecturas nos recuerdan que el Dios de la vida, nos puede sacar de “nuestros sepulcros”, pues aunque vivos, pareciera que andamos muertos, por causa de nuestras fallas, desórdenes, egoísmos y pecados, que nos alejan de los demás, de nuestra escencia y por ende de Dios.

Durante este tiempo de Cuaresma, hemos sido invitados a reconocer que, a pesar de nuestro distanciamiento de Dios, Él siempre nos procura e invita a volver al camino de la vida; su misericordia es mayor que nuestras faltas. Reconocer que nos alejemos y elegir volver a Él, es regresar al camino de lo que nos da una “vida que vale la pena vivir”.

Para volver a vivir (ser dichosos, plenos, felices…) tan solo habremos de escucharlo, llenarnos de su Espíritu y dejarnos guiar, para vivir de tal manera que se refleje en nuestra manera de ser, que nos mueve: su amor y deseo de vida, cuyo fruto es la fraternidad.

Al igual que a Lázaro, hoy nos dice: “sal de allí” (de nuestro sepulcro); y para ello, habremos de quitarnos lo que nos ata, esclaviza, mata … y no nos deja vivir en plenitud en esta vida terrena, en comunidad y fraternidad.

Jesús, llora por nosotros, que no sabemos vivir y por ello, nos ofrece beber de la fuente de la vida, mirar la realidad con sus ojos, para tener una vida plena, ya desde ahora, para luego, al morir definitivamente, acceder a la vida eterna, en la Casa del Padre.

¿Qué actitudes y acciones, me tienen “muerto” en vida?... ¿Cómo reconocer a Jesús como fuente de vida?... ¿Cómo ayudo a “desatar” a quién está esclavo del pecado?...

 

Alfredo Aguilar Pelayo 
#RecursosParaVivirMejor 

 

Columna publicada en: https://tinyurl.com/BNenElHeraldoSLP 

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