miércoles, 22 de abril de 2026

IV Domingo de Pascua – Ciclo A – (Profundizar)

 IV Domingo de Pascua Ciclo A abril 26, 2026 
Hechos 2, 14.36-41 / Salmo 22 / 1 Pedro 2, 20-25


Evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.

Para profundizar:

Reflexiones Buena Nueva

  #Microhomilia

Hernán Quezada, SJ 

«Yo soy la puerta», nos dice Jesús en el Evangelio de hoy.

La puerta es una imagen que nos evoca movimiento: entrar y salir; nos evoca rechazo y acogida, apertura y cerrazón.

«Sálvense de esta generación perversa», nos dice la Palabra hoy; y es que el mundo nos ofrece puertas falsas, puertas que excluyen o atrapan, puertas que no nos llevan a ningún lado; puertas hechas para dejar entrar al ladrón.

Jesús no solo es el buen pastor, sino la puerta por la que cruzan las ovejas, la que nos da cuidado y protección; es la puerta por la que salen los enviados y por la que llegan los necesitados de descanso y cobijo.

Jesús es la puerta que transitamos, por la que salimos y por la que entramos; es la puerta que nos lleva a «los pastos» que nos dan buena nutrición.

Detengámonos un poco; veamos, con la vista de la imaginación, las promesas de puertas falsas, las puertas que no nos dan salvación.

Veamos «La Puerta», date cuenta de a qué te sientes invitado o invitada hoy. ¿Es tiempo para entrar? ¿Es tiempo para salir? ¿Es tiempo para abrir o para cerrar? ¿A qué te invita Jesús, tu puerta, hoy?.

#FelizDomingo

“Yo soy la puerta”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Hace varios años, a las afueras de Villa Carrillo, un pequeño pueblo de la provincia de Jaén, en España, conocí a Francisco, un pastor que cuidaba un rebaño de unas 400 ovejas y algunas cabras que, efectivamente, están más locas que las ovejas... Pasé todo un día caminando con Francisco por valles y collados, pastoreando su rebaño. Fue un día lleno de novedad y enseñanzas para mí; experimentar de cerca la vida de un pastor, ver cómo conoce a sus ovejas y cómo las ovejas lo conocen a él; cuando se iban alejando demasiado del rebaño, Francisco les gritaba y, todas, reconociendo su voz, volvían la cabeza y regresaban, caminando mansamente, hacia el pastor. Fue un día maravilloso de contemplación de la naturaleza y de esa hermosa relación entre el pastor que guía a sus ovejas hacia fuentes tranquilas, y las conduce por verdes praderas, donde las hace recostar... Al caer la tarde me tocó ser testigo de la forma como las ovejas y las cabras, con una sumisión admirable, entraban, casi saltando de la dicha, al corral para pasar una noche tranquila y segura con la vigilancia del buen pastor. Evidentemente, las ovejas entran por una puerta, y las cabras por otra...

San Juan suele poner en boca de Jesús expresiones como: Yo soy la luz del mundo, yo soy el pan de vida, yo soy la vid verdadera, yo soy la resurrección y la vida, yo soy el camino, la verdad y la vida. Todas son expresiones que nos ayudan a entender la misión de Jesús como fuente de vida, y de una vida abundante. Sin embargo, casi nunca consideramos la identificación de Jesús con una puerta: La expresión, Yo soy la puerta, aparece dos veces en este evangelio: “Jesús volvió a decirles: ‘Esto les aseguro: Yo soy la puerta por donde pasan las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí, fueron unos ladrones y bandidos; pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entre, será salvo. Será como una oveja que entra y sale y encuentra pastos”.

Una puerta, como lo dice el mismo Jesús, sirve para entrar y salir... Hay un dicho popular que dice: “Si puerta, para qué abierta; y si abierta, para qué puerta”; sin embargo, la puerta tiene sentido en la medida en que permanezca abierta y cerrada; no tendría sentido una puerta que esté siempre cerrada, o una puerta que esté siempre abierta... Dejar entrar y dejar salir, es el sentido más profundo de la puerta... Tengo un compañero jesuita que, por principio, siempre tiene la puerta de su cuarto abierta de par en par; ha llegado incluso a molestar a sus vecinos por el ruido que genera con su música o cuando habla por teléfono. Hay otras personas que siempre están con su puerta cerrada y, no raras veces, hasta con seguro. ¿Cómo está tu puerta? ¿Permites a otros entrar y salir por tu puerta? ¿Estás tan abierto que no tienes espacio para tu propia intimidad y para permitir la intimidad de los demás? ¿Vives bajo llave, encerrado frente a lo distinto, frente a los otros?

Benjamín González Buelta, dice en una de sus poesías estas palabras: “No quiero que mi casa sea de una sola puerta, entrada sin salida, como una trampa para cazar ciguas palmeras...”. Si quieres tener vida, y vida en abundancia, deja que otros entren y salgan por tu puerta y busca entrar por la Puerta que es Jesús, saltando de la dicha, como las ovejas y las cabras de Francisco, el pastor de Villa Carrillo.

ACERTAR CON LA PUERTA

José Antonio Pagola

El evangelio de Juan presenta a Jesús con imágenes originales y bellas. Quiere que sus lectores descubran que solo él puede responder plenamente a las necesidades más fundamentales del ser humano. Jesús es «el pan de la vida»: quien se alimente de él no tendrá hambre. Es «la luz del mundo»: quien le siga no caminará en la oscuridad. Es «el buen pastor»: quien escuche su voz encontrará la vida.

Entre estas imágenes hay una, humilde y casi olvidada, que, sin embargo, encierra un contenido profundo. «Yo soy la puerta». Así es Jesús. Una puerta abierta. Quien le sigue cruza un umbral que conduce a un mundo nuevo: una manera nueva de entender y vivir la vida.

El evangelista lo explica con tres rasgos: «Quien entre por mí se salvará». La vida tiene muchas salidas. No todas llevan al éxito ni garantizan una vida plena. Quien, de alguna manera, sintoniza con Jesús y trata de seguirle, está entrando por la puerta acertada. No echará a perder su vida. La salvará.

El evangelista dice algo más. Quien entra por Jesús «podrá salir y entrar». Tiene libertad de movimientos. Entra en un espacio donde puede ser libre, pues solo se deja guiar por el Espíritu de Jesús. No es el país de la anarquía o del libertinaje. «Entra y sale» pasando siempre a través de esa «puerta» que es Jesús, y se mueve siguiendo sus pasos.

Todavía añade el evangelista otro detalle: quien entre por esa puerta que es Jesús «encontrará pastos», no pasará hambre ni sed. Encontrará alimento sólido y abundante para vivir.

Cristo es la «puerta» por la que hemos de entrar también hoy los cristianos, si queremos reavivar nuestra identidad. Un cristianismo formado por bautizados que se relacionan con un Jesús mal conocido, vagamente recordado, afirmado de vez en cuando de manera abstracta, un Jesús mudo que no dice nada especial al mundo de hoy, un Jesús que no toca los corazones… es un cristianismo sin futuro.

Solo Cristo nos puede conducir a un nivel nuevo de vida cristiana, mejor fundamentada, motivada y alimentada en el evangelio. Cada uno de nosotros podemos contribuir a que, en la Iglesia de los próximos años, se le sienta y se le viva a Jesús de manera más viva y apasionada. Podemos hacer que la Iglesia sea más de Jesús.

 

JESÚS ALCANZÓ PLENITUD DÁNDOSE A LOS DEMÁS

Fray Marcos

Estos Las metáforas del pastor y de la puerta tienen menos peligro de entenderlas de forma literal, pero siguen teniendo un significado pascual. “Yo he venido para que tengan Vida y la tengan abundante”. De todos modos, hay mucho que aquilatar.

Puerta y pastor son la misma metáfora. La única puerta del aprisco era el pastor. El aprisco consistía en una cerca de piedra con una entrada muy estrecha para que tuvieran que pasar las ovejas de una en una. La única puerta era el guarda.

Por la mañana cada pastor iba a sacar las suyas para llevarlas a pastar. Cuando oían la voz, las ovejas que se identificaban con ella, salían. Con estos datos se entiende perfectamente el relato. Jesús se identifica con el pastor que cuida las ovejas como algo propio. No le mueve ningún provecho personal sino el fortalecer a cada oveja.

Las ovejas escuchan la voz porque la conocen. Llama a cada una por su nombre, la relación es personal. Jesús quiere personas libres. No las saca de un corral para meterlas en otro. No son los miembros de la comunidad los que deben estar al servicio de la institución. Es la institución la que debe estar al servicio de cada uno.

En un mismo aprisco había ovejas de muchos dueños, por eso dice que saca todas las suyas que conocen su voz y le siguen. El texto quiere dejar claro que las ovejas no podían salir por sí mismas del estado de opresión, para ellas no había alternativa.

Es Jesús el que les ofrece libertad y capacidad para decidir por sí mismas. Los dirigentes judíos son “extraños”, que no buscan la vida de las ovejas. Ellos las llevan a la muerte. Jesús les da vida. La diferencia no puede ser más radical. Por muy oveja que te sientas, tienes la obligación de distinguir al pastor auténtico del falso.

Él camina delante y las ovejas le siguen. Jesús recorrió una trayectoria humana. Esa experiencia nos sirve para recorrer el mismo camino. No pasó por la vida humana de manera ficticia y con el comodín de la divinidad en la chistera. Esta falsa idea nos ha hecho creer que lo que hizo Jesús es marcarnos el camino desde fuera.

Yo soy la puerta. No se refiere al elemento que gira para cerrar o abrir, sino al hueco por donde se accede a un recinto. El pastor que cuidaba las ovejas era la única puerta. Por eso dice que es la puerta de las ovejas, no del redil. Todos los que han venido antes, son ladrones y bandidos, no han dado libertad/vida a las ovejas.

Entrar por la puerta que es Jesús, es lo mismo que "acercarse a él", "darle nuestra adhesión", asemejarse a él, ir como él a la búsqueda del bien del hombre. Él da la Vida definitiva, y el que posee esa Vida quedará a salvo de la explotación.

Yo he venido para que tengan Vida y les rebose. Los dirigentes no solo despojan a la gente del pueblo de lo que es suyo, sino que sacrifican a las ovejas, es decir, les quitan la vida. La misión de Jesús es exactamente la contraria. Jesús no busca su provecho ni el de Dios. Su interés es que cada oveja alcance su plenitud.

Es muy importante el versículo siguiente, “El pastor modelo (ho poimên ho kalos) se entrega él mismo por las ovejas”. "kalos" significa: bello, ideal, modelo de perfección, único en su género. No se trata de resaltar el carácter de bondad. En griego hay una palabra (agathos), “bueno”; pero no es la que aquí se emplea.

Entrega su vida. En griego hay tres palabras para vida: zoê, bios y psukhê; pero no significan lo mismo. El evangelio dice psykhên = vida psicológica, no biológica. Se trata de poner a disposición de los demás lo que uno es como ser humano.

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